La Hacienda La Purísima, ubicada cerca de Toluca, tiene una rica historia que la convierte en un lugar emblemático de la región.
Orígenes como Rancho de Cantinflas
Originalmente conocido como el Rancho La Purísima, fue en 1959 cuando Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como “Cantinflas”, adquirió la propiedad. Su intención era iniciar una ganadería para la crianza de toros bravos.
La hacienda comprendía tres fracciones de la ex Hacienda de Cebúe, sumando un total de 500 hectáreas. Cantinflas compartió muchos sueños e ilusiones con sus hermanos en este lugar.
Infraestructura Original de la Hacienda
La casa original contaba con:
- Sala
- Sala con chimenea
- Billar
- Antecomedor
- Comedor para 25 personas
- 5 recámaras con closet y baño completo (algo extraordinario en aquel entonces)
- Balcones
- Otras habitaciones
Además, la hacienda disponía de áreas comunes como:
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- Una capilla
- Un lago para remar
- Un tentadero (corral para la tienta de becerros)
- Una plaza de toros
- Una tienda donde los trabajadores compraban su despensa
- Kiosko
Existía un jeep pintado con un grabado con el nombre de La Purísima para trasladarse de un punto a otro dentro de la hacienda y poder llegar hasta la gran plaza de toros que está ubicada dentro del recinto, sitio pintado con los colores verde y blanco con palcos bajo la sombra donde el genio de la pantomima observaba alguna que otra corrida de toros.
Aún conservan la estatua del Sr. Mario Moreno en su personaje de Cantinflas. Antes de entrar a este patio, se encuentra el kiosko que es una belleza y aún tiene la placa que indica que es el Parque Valita y que es un recuerdo de que el Sr. Moreno lo construyó para su esposa la Sra. Valentina I.
Transformación en Desarrollo Residencial
El Fraccionamiento Residencial La Purísima comenzó a comercializarse en 1992 como un desarrollo Residencial Deportivo y Sustentable. Sin embargo, la crisis económica de 1994 frenó en gran medida su desarrollo.
Hoy en día, cada vez más propietarios y residentes se unen para administrar y gestionar el fraccionamiento, asegurando su desarrollo y conservación.
Hacienda La Purísima Hotel & Country Club
La Hacienda La Purísima Hotel & Country Club está ubicada a una hora de la Ciudad de México y a 20 minutos de la ciudad de Toluca.
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Cabalgar a caballo, jugar tenis, nadar en la alberca techada, son algunas de las actividades que los visitantes pueden realizar, incluyendo un campo de golf de 18 hoyos con su propio restaurante bar.
Eventos y Bodas en La Purísima
Hacienda La Purísima es un lugar ideal para reunir a sus seres queridos en eventos especiales, como bodas. Ofrece amplios espacios, jardines extensos y un gran salón con capacidad para hasta 300 personas. Los espacios están completamente equipados y cuentan con grandes prestaciones para que disfruten al máximo de una fiesta inolvidable.
El equipo humano de la compañía les proporcionará un evento completamente personalizado para que puedan realizar el festejo que siempre han imaginado. En la planificación contarán con el apoyo del personal de la empresa, en todos los detalles, desde la logística hasta los arreglos.
Servicios y Costos
En Hacienda La Purísima se pueden encontrar menús de boda con un costo por invitado desde $480 hasta $1,100. Hacienda La Purísima ofrece sus servicios de banquete de boda para un mínimo de 50 invitados y puede dar servicio hasta un máximo de 300 invitados.
A Hacienda La Purísima lo recomienda el 79% de las parejas que ya disfrutó de sus servicios. Su puntuación global es de 4.0 sobre 5 que se desglosa del siguiente modo: 4.3 en relación calidad/precio, 4 en calidad del servicio, 4 en tiempo de respuesta, 4 en profesionalismo y 3.5 en flexibilidad.
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La Lucha por la Tierra y el Legado de las Haciendas
La lucha por la tierra entre haciendas y pueblos estuvo presente de manera constante. A partir de 1915 hasta 1992, la reforma agraria mexicana abrió la posibilidad para aquellos pueblos que habían sido objeto de despojo de sus tierras.
Al margen de las situaciones jurídicas, las haciendas impulsaron la economía de Toluca y marcaron un modo de vida que queda en la memoria de los muros de los cascos de las haciendas que aún quedan en pie, como la de La Pila, ubicada en el Centro Cultural Mexiquense y el de Zacango, en el Zoológico que lleva su nombre.
