Descubre Hacienda Los Molinos: Un Viaje Fascinante por la Historia de Oaxacapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El territorio oaxaqueño se caracteriza por su diversidad cultural, variedad de etnias y lenguas que dominan el estado. Oaxaca es uno de los treinta y dos estados de México y se encuentra localizado hacia el sur del país.

Es ciudad colonial de México y de acuerdo con Vargaslugo (2008), la arquitectura colonial de Oaxaca conforma uno de los conjuntos más ricos, originales y notables del tesoro artístico del país, lo que da cuenta de una influencia histórica y cultural de los tiempos de la invasión española. Formó parte del marquesado del Valle de Oaxaca como un momento importante en la historia de México que duró tres siglos, desde 1521 con la invasión española hasta el comienzo de la época independiente en 1821.

La región Valles Centrales de Oaxaca tiene una subdivisión distrital que es la organización ejercida por el Estado cuyos orígenes se encuentran desde tiempos de las Intendencias del siglo XVIII, los distritos tomaron en cuenta las divisiones existentes de las alcaldías y corregimientos y hacia 1832 se crearon los primeros distritos políticos con la finalidad de organizar administrativamente la entidad.

Orígenes y Evolución del Territorio Oaxaqueño

Oaxaca tiene sus orígenes en tiempos mesoamericanos por el año 2500 a.C. y como asentamiento data alrededor del año 1500 a.C. En el Valle de Etla se encuentra un asentamiento conocido como San José Mogote que tuvo presencia aproximada desde el año 1600 a.C. hasta el año 600 o 500 a.C., línea histórica de ocupación mesoamericana de larga duración que de forma inesperada perdió su población, siendo el preludio para un nuevo asentamiento hacia el año 400 a.C.

La intervención española al territorio propició el expansionismo y empoderamiento de los españoles, esto hizo que las tierras fueran deseables para Hernán Cortés, sumó a su lista de recompensas el Valle de Oaxaca para formar el marquesado en 1529, “dicha región no comprendía una unidad territorial contigua, sino que estaba constituida por 22 pueblos, que formaban siete porciones territoriales independientes que, a su vez, correspondían a siete jurisdicciones” (Wobeser, 2004, p. 184).

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Según los historiadores como Fray Francisco de Burgoa, cuando llegó Hernán Cortés desde las montañas de Las Sedas el español se enamoró de todo el valle de Etla porque era exclusivamente usado para la siembra del maíz, frijol, calabaza y todo para las trojes del rey zapoteca.

“Por eso San Sebastián de las Flores, Etla, hasta la fecha es cuna del pan de trigo, además, contamos todavía con estos edificios bien conservados y tenemos los originales molinos de trigo que encuentran en la parte superior y la Hacienda de los Molinos que está en la parte baja.

El cronista Alonso Hernández destaca que en esta labor de recuperar la historia de la comunidad recopiló toda la vida de esta familia. Por ello, el cronista consideró de suma importancia rescatar el paso de Hernán Cortés y del General Porfirio Díaz por estas tierras.

El Territorio como Espacio Social y Cultural

Se parte de que el espacio geográfico (Silveira, 2009) es la suma de la materialidad y de la vida social, en otras palabras, del espacio físico y el espacio social.

Es pertinente hablar de la ecogénesis territorial en los asentamientos precolombinos debido a una carga simbólica que atribuían a todos los elementos de la naturaleza como principio regulador y organizador de la vida diaria en los pueblos mesoamericanos, la semiósfera jugó un papel esencial en la producción territorial (Raffestin, 1986) que marca los arreglos en el territorio.

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Independientemente de la configuración territorial que adoptó en distintas épocas, que sin duda se derivaba de las modalidades específicas en que se daban las relaciones entre sus distintos grupos, el área mesoamericana ha sido dividida en varias regiones, cada una de las cuales corresponde a un espacio en el que se desarrollaron culturas con rasgos particulares, si bien éste no es el único criterio utilizado en la regionalización, pues se consideran además otros factores, principalmente la asociación con condiciones geográficas determinadas.

El territorio incluye fuerzas de poder y procesos de la naturaleza e identidad, adquiere presencia “cuando es usado, practicado por sujetos, grupos económicos y/o políticos y empresas [...] es expresión histórica del espacio geográfico en tanto instancia social” (Costa & Alvarado, 2021, p. 178), del que sus habitantes se apropian creando una sociedad en interdependencia con su territorio.

Para abordar el fenómeno de la arquitectura, se hace desde la noción de territorio usado con relación a la actividad productiva en un espacio arquitectónico. Se considera la importancia de la oferta de recursos naturales que determinan los procesos de apropiación y permanencia particulares en la región que generan una relación entre el asentamiento humano como espacio físico y social y los recursos disponibles de la naturaleza, contribuye a la formación de la identidad socio-territorial y socio-cultural y confluye con la dimensión cultural de la naturaleza (Sauer, 2006).

El Concepto de Territorio Usado

El concepto de territorio usado amplía la noción del territorio, la articulación de las dos palabras colocadas como un solo concepto deja atrás reduccionismos que no alcanzan a explicar la realidad total como conjunto indisoluble que incluye las obras humanas y los actores sociales. Se aclara que la noción de territorio como organización política ha sido superada por la necesidad de resaltar su importancia geo-eco-antrópica multidimensional (Sosa, 2012), es unidad indisociable de las relaciones de poder y del polo simbólico-cultural (Giménez, 2005).

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