Descubre la Fascinante Historia y el Invaluable Legado de Hacienda Los Roblespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Dentro de las incontables historias que guarda el campo, se esconden, en sus raíces, los testimonios de hombres cuyas vivencias van más allá de los cultivos. Historias tan increíbles como la de J. Desde pequeño, su familia se traslada a Zacatecas, viviendo en algunas comunidades del municipio de Calera.

Aficionado a la charrería, era diestro en el manejo del ganado, y afín al rodeo, además de hábil coleador a pelo y a pie cruzado, destrezas que le valieron varias preseas. Era su capacidad de socializar y la facilidad de palabra uno de sus rasgos más característicos, los cuales supo explotar siendo un excelente orador.

A principios de 1945, con la Segunda Guerra Mundial llegando a su fin, con un alto costo de capital humano en el país del norte, J. Jesús emigraría a los Estados Unidos para trabajar de bracero en medio del inminente campo laboral obrero que se abría, dando la oportunidad de empleo a cientos de mexicanos que buscaban una vida mejor.

Dentro de sus múltiples negocios además de la agricultura, se dedicó al comercio, con el cual volvió a recorrer parte del país. Dicha empresa, (ya que se empleaban trabajadores distribuidos y organizados en turnos) duraría hasta que la dificultad de hacer los mismos se hiciera más pesada y se abandonaría por completo con la entrada de la maquinaria especializada que el gobierno trajo para las mismas acciones.

Habiendo cursado hasta el 2° grado de educación primaria, J. Jesús María Robles Nava falleció a la edad de 94 años de una embolia cerebral, ya le habían precedido otras 10 antes de que la fatídica 11ava le hiciera dormir el sueño de los justos.

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Los tejados y callejones son acariciados entre la espesura delicada de nubes que descienden desde los cerros, donde existe un camino en donde el tiempo no pasa y se queda a vivir. Al recorrer estos valles y pueblos serranos, cada muro y cada arco parecen guardar una historia.

A Mascota, Jalisco, se le conoce como «la esmeralda de la sierra» por su entorno montañoso y la riqueza cultural e histórica que resguarda. El apodo evoca esa imagen de una joya preciosa enclavada entre los verdes bosques, ríos y montañas de la Sierra Occidental. Aquí, cada casa tiene alma y cada calle parece sacada de una postal con antiguas casonas señoriales, muchas con portales de cantera y muros anchos que revelan su pasado como residencias de poderosos hacendados y comerciantes.

El casco de esta hacienda se construyó en 1898, donde aún se respira en ella el ambiente colonial, con arcos, vitrales originales hechos a mano y algunas decoraciones en puertas, con estilo árabe, además de una pequeña capilla en cruz griega. Debajo de la hacienda se sabe de la existencia de túneles que conectan con diversos puntos de los alrededores. En medio del patio exterior se encuentra un foco tonal, un círculo en la tierra que guarda un misterio, porque al pararte en el centro de ese sitio y emitir un sonido, escucharás un eco que parece salir de un tubo invisible.

Santa Elena es un refugio histórico del siglo XVIII para pernoctar en una casona con pasado cristero, patios reverdecidos y relatos guardados entre puertas de antiguos herrajes que se abren para ofrecerte una casa, donde cada invitado tenga una experiencia que lo haga sentir confortable, como en su propio hogar. Cuenta con certificación Tesoros de México con el objetivo es garantizar experiencias auténticas que reflejen la cultura, arquitectura y gastronomía de México.

La finca donde hoy se encuentra Santa Elena, en Mascota, perteneció a la familia del mártir cristero San José María Robles Hurtado, quien se ocultó allí durante la persecución religiosa. El hotel cuenta con 17 alcobas y suites y es ideal para bodas temáticas y organiza paquetes románticos y amenidades de acuerdo a la ocasión.

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San Sebastián nació como villa minera, fundada por españoles. Su suelo fue codiciado por siglos, y aunque hoy las minas están cerradas, algunas aún pueden visitarse. Otra parada obligada es el panteón histórico. Sus lápidas de cantera, cubiertas de musgo y nombres centenarios, son testimonio silencioso de los pioneros, familias españolas y mineros que fundaron el alma del pueblo.

Entre las casonas y haciendas en Jalisco, destaca la casona de una de las familias más importantes de la zona, la familia Sánchez, con doña Mary como cabeza de la familia, que actualmente sus descendientes se dedican a la siembra del café de altura como La Quinta Mary para entender el verdadero sabor de la sierra. Es café orgánico que se cultiva en las faldas del cerro, a mano y con paciencia, lo que le otorga notas únicas.

Como verás, cada pueblo tiene su latido propio, pero juntos crean una sinfonía del pasado, entre montañas y la calidez que solo Jalisco sabe ofrecer. ¿Quieres escaparte a Jalisco?

Hacienda Los Robles: Un Espacio para Celebraciones

Hacienda Los Robles es un hermoso espacio en el que podrán celebrar un evento de gran importancia, como el día de su boda. Cuentan con unas instalaciones de primer nivel que se acoplarán a sus necesidades de espacio y uso de espacios para que su boda sea tal cual lo han planeado. Cuentan con una amplia cartera de clientes que les ofrecerán los mejores servicios, de la más alta calidad, que sabrán llevar solo lo mejor al día más importante de su vida.

Hacienda Los Robles se encuentra en el municipio de Cuauhtémoc, en Chihuahua. Podrán disfrutar de una excelente velada con una localización que le encatará a sus invitados.

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Hacienda Los Robles ofrece sus servicios de banquete de boda para un mínimo de 100 invitados y puede dar servicio hasta un máximo de 500 invitados. A Hacienda Los Robles lo recomienda el 100% de las parejas que ya disfrutaron de sus servicios. Su valoración global es de 5.0 y recibió esa puntuación en calidad del servicio, flexibilidad, relación calidad/precio, profesionalidad y tiempo de respuesta.

Las Haciendas Tamaulipecas Durante el Porfiriato

El objetivo de este artículo es explicar la importancia de seis haciendas pertenecientes a un grupo de empresarios agrícolas exitosos en Ciudad Victoria, Tamaulipas, durante la segunda parte del porfiriato de 1899 a 1907, años que corresponde a la estabilidad política y auge económico del período.

Del universo de haciendas tamaulipecas de esos años, el estudio se limita a las de Ciudad Victoria porque ejemplifican la manera en que aquellas unidades productivas fueron exitosas, junto con sus propietarios que se consideraron empresarios agrícolas porfiristas. Éstas son las haciendas de Las Comas y El Parque, de Bernardo Zorrilla Beltranilla; La Boca, de Francisco González Morales; Caballeros, de Antonio V. Hernández; Tamatán, de Manuel González hijo, y La Presa, de Manuel y Ramón Sámano.

La investigación se realizó desde los enfoques cuantitativo, cualitativo y comparativo de la información numérica que ofrece los avalúos de las haciendas, para ponderar el éxito de los empresarios agrícolas y la importancia de sus propiedades. El enfoque cuantitativo plantea la unidad de la ciencia, es decir, la utilización de una metodología única, que es la misma de las ciencias exactas y naturales; de tal manera que, para esta metodología, la medida y la cuantificación de los datos constituyen el procedimiento para alcanzar la objetividad en el proceso de conocimiento (Sánchez Molina y Murillo, 2021, pp.

Por su lado, la metodología cualitativa se nutre de la hermenéutica. Se parte del supuesto de que los actores sociales no son meros objetos de estudio, sino que también significan, hablan, son reflexivos. Esta metodología se interesa por captar la realidad social a través de la mirada de la gente que está siendo estudiada, es decir, a partir de la percepción que tiene el sujeto de su propio contexto. En otras palabras, la metodología cualitativa muestra mayor tendencia a examinar al sujeto en la interacción de éste con el entorno al que pertenece.

La metodología comparativa se define como un procedimiento de comparación sistemática de casos de análisis que, en mayor medida, se aplica con fines de generalización empírica. De tal modo que la comparación es el criterio de interpretación valorativa de los resultados cuantitativos. Por último, con el método comparativo se busca examinar nexos de causa variable independiente de un efecto variable dependiente que dé como resultado una casualidad (Sánchez Molina y Murillo, 2021, p.

Uno de los términos teóricos conceptuales que se usa en el presente artículo es el de empresario agrícola. Es importante señalar que el término de empresario, para el caso de los hacendados, empezó a utilizarse en la historiografía mexicana a partir del libro coordinado por Ciro Cardoso (1978) titulado Formación y desarrollo de la burguesía en México del siglo XIX, en el que la palabra incluía a los propietarios agrícolas que invertían en distintos negocios rentables (Moguel, 2017, p.

Por su parte, Valerio Ulloa señala que “los estudios monográficos han demostrado que la mentalidad de estos terratenientes estaba en función de sus expectativas económicas, que invertían en mejoras materiales y tecnológicas en sus fincas agrícolas de acuerdo con las posibilidades de obtener ganancias según las condiciones de los mercados” (1998, p. 467). Se trata de un nuevo tipo de agentes económicos que se caracterizan como hombres de empresas, dinámicos y de una intuición especial para los negocios (González Marín, 1996, p.

El concepto teórico de hacienda al que se recurre es el establecido por Nickel (1996, pp. 19-20), quien la define como una institución social y económica cuya actividad productora se desarrolla en el sector agropecuario. Hay que recordar que, en sus orígenes, la palabra hacienda sirvió para designar los bienes que poseía una persona o una comunidad, país o una institución. En palabras de Tortolero (1995, p.

Investigaciones Históricas sobre las Haciendas Tamaulipecas

La escritura de la historia de la hacienda tamaulipeca se inició en la década de 1980. Cítense obras que se publicaron en ese decenio como De cómo y por quién cuenta Tamaulipas con henequenales (1980), de Candelario Reyes; La pequeña guerra. Los Carrera Torres y los Cedillo (1983), de Beatriz Rojas; Historia de la hacienda del Carmen deBenítez (1989), de Adelaida Benítez, y Acercamiento a la historia de la tenencia de la tierra en una provincia del Septentrión novohispano: la Colonia del Nuevo Santander (1992), Del señorío a la posrevolución. Evolución histórica de una hacienda en el noreste de México: el caso de La Sauteña (1993), El ixtle en el Cuarto Distrito de Tamaulipas (1850-1913) (1994), Auge, colapso y reconfiguración de la región ixtlera de Tamaulipas, 1880-1936 (2009) y Las haciendas en Tamaulipas.

Otros trabajos relacionados con el tema de interés son El portesgilismo en Tamaulipas. Estudio sobre la constitución de la autoridad pública en el México posrevolucionario (1992), de Arturo Alvarado; Hacienda El Forlón. Fundación, mis recuerdos, la decadencia y su fin (1998), de Roberto Higuera; Marchemos, agraristas. La revolución mexicana y el agrarismo en Tamaulipas (2010), de Francisco Ramos; Fragmentos de una memoria.

Estas obras y sus autores han llevado a la generación de diversas líneas de investigación como el origen colonial de las haciendas, los grandes movimientos de la tenencia de la tierra, la economía agraria, historias de caso, las dificultades económicas por las que atravesaron entre el porfiriato y la Revolución mexicana, el reparto agrario y la servidumbre femenil. Sin embargo, los señalados escritos sólo abordan algunos aspectos del contexto de las haciendas de Ciudad Victoria y algunos datos biográficos de sus propietarios.

Por consecuencia, no dan a conocer información numérica de las mismas haciendas, ni de la manera en que lograron incrementar o reducir su perímetro durante el porfiriato. A diferencia de los autores mencionados en párrafos anteriores, este escrito representa una novedosa aportación a la historiografía mexicana sobre las haciendas tamaulipecas.

En este sentido, la importancia de este trabajo radica en tres puntos importantes. En primer lugar, abre una brecha en un campo nuevo de investigación relacionado con la producción agropecuaria de las unidades productivas. En segundo lugar, explica la coyuntura de la propiedad de éstas con respecto de los cambios estructurales habidos entre el porfiriato, la lucha revolucionaria y la reforma agraria.

El período que se trabaja es el comprendido de 1899 a 1907, que corresponde a la segunda etapa del porfiriato, que coincidió con lo que Daniela Marino y María Cecilia Zuleta (2010) denominan el gran movimiento de la tenencia de la tierra. Según estas autoras, dicho fenómeno se caracterizó, primero, por una transferencia masiva del patrimonio de tierras públicas ociosas a manos privadas; segundo, se agilizó la venta de terrenos baldíos contiguos a las haciendas; tercero, la construcción de los ferrocarriles determinó en gran medida la formación de un mercado de tierras; cuarto, los deslindes de tierras favorecieron a los hacendados y a los pequeños propietarios; quinto, se desarrollaron proyectos para el fomento de la colonización de tierras; sexto, los arrendatarios de latifundios fueron expandiendo la frontera agrícola, valorizando la tierra al rotularla y cultivarla.

Por último, todo ello redundó en un incremento considerable de las tierras de labor y del número de fincas agrícolas y pecuarias (Merino y Zuleta, 2010, pp. Para Trinidad Beltrán (2010, p. 28), la aplicación de las leyes agrarias permitió la creación de nuevas haciendas y la extensión del perímetro de éstas. Para el caso tamaulipeco, Arturo Alvarado (1992, p. 122) sostiene que se produjo un crecimiento del número de haciendas.

Para la presente investigación se utilizó información numérica obtenida de los libros de manifiestos rústicos que resguarda el AGHET. Esta investigación se vertebra en función de la importancia de cada una de las propiedades, no sin antes explicar tanto la ubicación como el sistema hacendario de Ciudad Victoria.

Ciudad Victoria y su Entorno Hacendario

Ciudad Victoria se encontraba en una confluencia de zonas agrícolas, ganaderas y mineras. En el porfiriato era paso obligado de personas y mercancías del Camino Real que seguían las diligencias desde Monterrey, Nuevo León, hasta la capital de la entidad tamaulipeca, pasando por Linares, Villagrán, Hidalgo y Santa Engracia (Benítez, 1989, p. 22). Para Leopoldo Bello (1990, p.

Ciudad Victoria fue fundada en una planicie de forma irregular, a 320 metros sobre el nivel del mar, de 165 hectáreas de superficie, a las faldas de la Sierra Madre Oriental y algunas lomas. La hondonada victorense se ubica en un valle encerrado por dicho sistema montañoso, el que frente a Ciudad Victoria alcanza su más fuerte espesor y altura de 3 500 metros sobre el nivel del mar.

De las aguas del río San Marcos se alimentaba una acequia que se dividía en un gran número de pequeños canales que atravesaban la ciudad y fertilizaban los campos y huertas de sus alrededores (Velasco, 1892, p. 119). Como la corriente del río era distribuida por muchas acequias, las aguas del San Marcos mantenían siempre frondosos naranjos, manzanos, álamos y fresnos, que otorgaban a Ciudad Victoria un aspecto de gran jardín.

El gran jardín era apreciable por el occidente, por donde eran visibles también los riscos de la Sierra Madre Oriental, a cuyas faldas los naranjos, los álamos y los fresnos embellecían los alrededores de Ciudad Victoria; más los plantíos de tabaco y caña de azúcar, que predominaban gracias al clima tanto semiseco como semicálido que posee la ciudad, con lluvias escasas durante el año (Velasco, 1892, p. 119).

Es aquí donde la temperatura y la fertilidad se unían para ser contribuyentes del suelo para las ricas producciones agrícolas en Tamaulipas. Mientras las serranías se hallaban cubiertas por espesos montes, que se extendían en gran parte de los valles, viéndose las campiñas cubiertas de hermoso pasto, sirviendo de agostaderos, lo cual también condicionó la prosperidad de la ganadería en estas tierras (García Cubas, 1888, p.

En este escenario, Ciudad Victoria desempeñó el papel de cabecera del Distrito Centro de Tamaulipas, uno de los cuatro en que estaba dividido política y administrativamente la entidad. Desde mediados del siglo XIX, los distritos se habían agrupado de acuerdo con la región geográfica en la que se ubicaban: 1) Distrito Norte: Matamoros, Reynosa, Camargo, Mier, Guerrero, Nuevo Laredo, Méndez, San Fernando, Cruillas, Burgos y San Nicolás; 2) Distrito Centro: Ciudad Victoria, Llera, Casas, Güemes, Padilla, Jiménez, Abasolo, Soto la Marina, San Carlos, Hidalgo y Villagrán; 3) Distrito Sur: Tampico, Altamira, Aldama, Rayón, Quintero, Antiguo Morelos, Gómez Farías, Magiscatzin, Xicoténcatl, Santa Bárbara y Nuevo Morelos; 4) Cuarto Distrito: Jaumave, Palmillas, Miquihuana, Bustamante y Tula (AGHET, 1895, Memorias administrativas del estado de Tamaulipas presentadas a la Honorable Legislatura por el ciudadano gobernador Ingeniero Alejandro Prieto, 1891-1892-1893, Imprenta del Gobierno del Estado en Palacio dirigida por Víctor Pérez Ortiz, p.

De manera oficial, en el Distrito Norte se enumeraban ocho haciendas; en el del Sur, 43, y en el del suroeste, 64. El sistema hidrográfico del Distrito Centro estaba formado por la segunda cuenca hidrológica del río Purificación y sus afluentes. El de Purificación o Soto la Marina tiene su origen o nacimiento en la Sierra Madre Oriental, en Río Blanco, Nuevo León; después de atravesar en su curso una pequeña parte del territorio de aquel estado neolonés, penetra a Tamaulipas en la demarcación de Hidalgo; atravesando por la parte norte de la Sierra central del estado, por el cañón de La Iglesia, sale a las colinas bajas de la costa y luego a mar formando la Barra de Soto la Marina.

Al río de Purificación o Soto la Marina se le unen como afluentes los siguientes ríos: Pilón, Hidalgo, Santa Engracia, Güemes, San Marcos -que pasa por Ciudad Victoria-, Casas, y los arroyos de Los Ángeles, Guayabas, Santa Rosa. Estas corrientes se reúnen antes de pasar el cañón de La Iglesia, formando, entre todos los ríos, el de Soto la Marina (Argüelles, 1910, p.

Como bien dice Octavio Herrera (2011, p. 190), la proliferación de haciendas se debía a la riqueza fluvial del Purificación, sobre la que se alineaban. Así, existían haciendas como las de Ciudad Victoria: Las Comas y El Parque, de Bernardo Zorrilla Beltranilla; La Boca, de Francisco González Morales; Caballeros, de Antonio V. Hernández; Tamatán, del teniente coronel Manuel González hijo, y La Presa, de Manuel y Ramón Sámano (AGHET, 1909, Noticia de las principales haciendas y ranchos anexos con expresión de sus principales producciones en el año de 1908, Ciudad Victoria, Gobierno del Estado de Tamaulipas, p.

En Tamaulipas surgió la hacienda como típica forma de propiedad, debido a que la tierra susceptible de explotarse se concentró en pocas manos. La falta de una alta densidad de población y la ausencia de comunidades indígenas determinaron este fenómeno (Alvarado, 1992, p 119).

Las leyes con las que se quiso favorecer la colonización del estado y la apropiación de la tierra fueron tres, de 1826, 1830 y 1833, que tuvieron escasos resultados por la inestabilidad política y la continua amenaza de la guerra con los colonos angloamericanos, lo que obstaculizó la ocupación efectiva del territorio tamaulipeco y el acaparamiento de la tierra.

La ley de 1863 mantenía el espíritu de las tres leyes que le habían precedido, esto es, se trataba de dar solución al problema de la poca o nula densidad de población en algunas latitudes del país, como en Tamaulipas.1 Con esta ley hubo casos de algunos denuncios de tierras en unos municipios tamaulipecos, por lo que a partir de entonces comenzó el acaparamiento de tierra, con la consecuente formación de latifundios, auspiciados por el gobierno del presidente Porfirio Díaz (Díaz Rodríguez, 2006, p.

Al inicio del régimen porfirista, en 1877, la política de colonización y apropiación de la tierra en Tamaulipas produjo un crecimiento de la propiedad. El número de haciendas en el estado casi se duplicó, pues pasó de 107 en 1877 a 186 en 1910. Sin embargo, los ranchos ganaron terreno a las haciendas al pasar de 322 en 1877 a 2 879 en 1910 (Alvarado, 1992, p.

Este incremento de propiedades tuvo que ver con las varias iniciativas de ley que presentó el gobernador Alejandro Prieto para proceder a realizar la remedición de las propiedades originarias de la entidad y la privatización de ejidos de cada una de las municipalidades tamaulipecas. A esta legislación le siguió la Ley para la Remedida de los Terrenos de Propiedad Particular, en la que se precisaría el régimen de dominio de bienes rústicos, con lo que se dio certeza jurídica a los propietarios ante cualquier eventualidad. Esto estimuló la inversión y el desarrollo de las actividades agrícola-ganaderas, al no haber ya duda acerca de la pertenencia de cualquier pr...

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