Descubre Hacienda San Pedro Ochil: La Historia Oculta y su Increíble Resurgimiento en Yucatánpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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¡Nos gustaría que conozcas más de Yucatán! Un estado lleno de cultura, gastronomía naturaleza, tradiciones, playas y ciudades modernas; un estado que lo tiene todo. En esta ocasión preparamos un interesante artículo sobre las Haciendas henequeneras y como estás son hasta la fecha, el símbolo de la llamada época de oro de Yucatán y representaron la base de la economía por mucho tiempo.

Orígenes y Evolución de las Haciendas

Originalmente, el término “hacienda” se refería a un “conjunto de bienes”. Por eso, durante los primeros años de la época colonial las ahora llamadas haciendas eran más bien estancias asignadas a los encomenderos españoles. En el transcurso del siglo XVII las estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial siguió siendo la producción de ganado, existiendo también, plantaciones de maíz, azúcar, tabaco y algodón. Durante el siglo XIX muchas de las haciendas maicero-ganaderas, especialmente las de Mérida, se transformaron en henequeneras.

Se puede comparar una hacienda mexicana con las plantaciones del sur de los Estados Unidos o las estancias europeas. Desde el siglo XVI y hasta bien entrado el siglo XX, las haciendas se establecieron en zonas con recursos explotables. En Yucatán, debido a su relativa lejanía del resto del país, las haciendas inicialmente producían una variedad de bienes. Con el tiempo, las haciendas yucatecas comenzaron a especializarse: en el norte y poniente de la península, predominaron las haciendas henequeneras, mientras que en el sur y oriente, lo hicieron las azucareras.

Una de las consecuencias directas de la Guerra Social Maya (1847-1901), también conocida como Guerra de Castas, fue el colapso de la industria azucarera en el sureste de la península. El henequén es una variedad de agave (la misma planta de la que se destilan el tequila y el mezcal) que fue domesticada por los mayas ancestralmente para ser rica en fibra, en lugar de azúcares. Durante gran parte de los siglos XIX y XX, la fibra del henequén fue la materia prima esencial para la elaboración de diversos productos textiles y de jarciería (cuerdas y sogas).

Aproximadamente 50 familias yucatecas controlaban las 1462 haciendas que llegaron a existir en la península. La demanda de henequén era inmensa, y el negocio, sumamente lucrativo. Una diferencia crucial entre las plantaciones del sur de Estados Unidos y las haciendas henequeneras del sureste de México radica en que, tras la Independencia del país, la esclavitud fue terminantemente abolida. Por lo tanto, los trabajadores de las haciendas no eran, formalmente, esclavos.

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Con la Independencia de México llegó una era de privatización de las tierras, que fue impulsada tanto por el gobierno federal como por el estatal, incluso durante la época de independencia de Yucatán. La intención era fomentar el desarrollo económico de las nuevas naciones mediante la explotación de tierras que habían pertenecido a la Iglesia o a las comunidades indígenas. Durante la Colonia, la ley española había ofrecido ciertas facilidades a la población indígena para mantener propiedades comunitarias. Esto con el fin de asegurarle a la Corona ingresos en la forma de impuestos, evitando darle demasiado poder a unos pocos. Además, los altos impuestos civiles y eclesiásticos forzaron a la población indígena a endeudarse irremediablemente. Los hacendados se aprovecharon de esto: ofrecían pagar estas deudas a cambio de mano de obra. Sin embargo, al mismo tiempo, creaban nuevas deudas imposibles de saldar que, de una u otra forma, mantenían cautivos a los mayas que trabajaban para ellos.

El Auge del Henequén y su Impacto

El henequén creó un escenario completamente nuevo que abarcaba el paisaje y los edificios de la hacienda. Los hacendados hicieron venir a Yucatán, a gran costo, millares de trabajadores contratados en China, Corea y las Islas Canarias.

Las haciendas contaban con vastos campos de henequén, cultivados por cientos de hombres. El procesamiento del henequén se realizaba en la Casa de Máquinas. Comúnmente, había también una capilla, la casa del mayordomo (donde residía el capataz) y numerosos edificios menores para almacenamiento.

Al pasar el tiempo las haciendas se convirtieron en símbolos de salud económica y cultura, adornadas con arquitectura, muebles y arte de todas partes del mundo.

En 1910 el estado de Yucatán, ocupaba el primer lugar en número de haciendas de la República. Yucatán era el estado, a principios de siglo, con más kilómetros de ferrocarril, muchos de ellos servían para el uso de las haciendas y para comunicarse entre sí. En las haciendas yucatecas se establecieron las famosas tiendas de raya, que constituían en realidad una forma de mantener permanentemente endeudados a los peones, solo podían abandonar la finca aquellos trabajadores que liquidaban sus deudas. El auge del cultivo del henequén, se vió impulsado, entre otros factores por el invento de la raspadora mecánica para desfibrar, hecho por Jose Esteban Solis en 1852, quien pudo desfibrar 6,300 pencas en 21 horas.

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Declive y Resurgimiento

Como leíste antes, la Guerra de Castas devastó gran parte de las haciendas azucareras de la península. A mediados de 1940, cuando se inventaron los hilos sintéticos, la industria del henequén cayó abruptamente y con ello, el esplendor de las haciendas. El golpe final, sin embargo, fue la invención de las fibras sintéticas. Al disminuir drásticamente la demanda de la fibra de henequén, las vastas extensiones de tierra dedicadas a su cultivo se volvieron insostenibles.

Entre 1980 y 1990, las haciendas comenzaron a ser rescatadas del olvido. Por fortuna, algunos cascos de haciendas condenados a convertirse en escombros, han podido recobrar su auge y esplendor, al ser adquiridos por personas de gran sensibilidad y amantes de su cultura regional, que invirtiendo cuantiosas sumas en su restauración, las han convertido en hoteles, restaurantes, paradores de lujo, museos, casas de campo y recreo o en centros redituables destinados a eventos sociales.

Hacienda San Pedro Ochil: Un Ejemplo de Resurgimiento

Construcción del siglo XVII. Testigo mudo de la bonanza económica que en décadas anteriores alcanzó Yucatán y sobreviviente de la debacle henequenera, la ex hacienda San Pedro Ochil resurge del olvido y abandono. Testimonio arquitectónico del virreinato que emergió entre las ruinas de asentamientos mayas precolombinos, la ex finca se ha transformado hoy en parador turístico.

Al igual que la mayoría de las haciendas de Yucatán, San Pedro Ochil se edificó en el siglo XVII y primero fue estancia ganadera - maicera antes de transformarse en henequenera, cuando el cultivo del agave se consolidó a principios de siglo. San Pedro Ochil es una de las siete ex haciendas ubicadas en el municipio de Abalá, "Lugar de las ciruelas", región cuya cronología se remonta a los tiempos prehispánicos, tal y como evidencian numerosos vestigios arqueológicos que aún se conservan en la zona.

La arquitectura de San Pedro Ochil se asemeja a las de añejas fincas de la región que aún sobreviven, en particular la de Yaxcopoil, sobre todo en el arco de acceso y en la casa principal, dispuesta en una pieza de corte rectangular. De corte morisco, con influencia neoclásica -propia del siglo XIX-, un arco ornamentado da la bienvenida a los visitantes a la ex finca.

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San Pedro Ochil es una hacienda bellamente restaurada en la cual resaltan sus arcos de estilo morisco e influencia neoclásica, así como sus hermosos patios con fuentes, rodeados de naturaleza. Otra de sus características es el anfiteatro que desemboca en un cenote, obra del artista James Turrell y el arquitecto Carlos Cuevas.

Características y Atractivos

Los elementos específicos varían de una hacienda a otra, pero tienen algunos aspectos en común. Además de los edificios principales que ya te mencionamos, te encontrarás con amplios jardines con árboles de varios siglos de edad. Las haciendas se abastecían de agua mediante norias o bombas eólicas (conocidas localmente como “veletas”), elementos icónicos de su paisaje. Finalmente, actualmente la mayoría de las haciendas que están abiertas al público cuentan con piscinas para el uso de sus huéspedes. Cuando son originales, éstas solían ser los tanques de almacenamiento de agua.

Uno de los atractivos de San Pedro Ochil es el Anfiteatro Árbol de Luz, el cual fue diseñado por James Turrell y se encuentra en medio de un cenote, lo que lo hace atractivo desde cualquier perspectiva. Esta hacienda se encuentra ubicada muy cerca de los yacimientos arqueológicos de Uxmal. Aquí el visitante tendrá la posibilidad de recorrer sus terrenos, ya sea a pie o en truck y conocer más acerca del proceso de extracción de la fibra del henequén.

Las Haciendas como Destino Turístico

Un viaje a Yucatán estaría incompleto sin visitar las muchas haciendas del estado, a unos cuantos minutos manejando de la ciudad de Mérida; Haciendas como San Pedro Ochil, Hacienda Santa Cruz, Hacienda Sotuta de Peón, Hacienda Teya y Hacienda Xcanatún te esperan para conocerlas. La información sobre está época, la forma de vida y las haciendas son vastas. Cada Hacienda cuenta con una historia y leyendas propias que la hacen únicas.

Al salir del automóvil, sentirás el aire puro y escucharás a los pájaros de Temozón, la más palacial de todas las haciendas. La entrada te dirige por los escalones, pasando la fuente única de cabezas de delfines, hacia la gran terraza. Esta hacienda, renovada por Salvador Reyes Ríos - arquitecto residente de Mérida - para Roberto Hernández de Banamex, fue escogida para una cumbre entre el Presidente Bill Clinton y el Presidente Ernesto Zedillo de México en 1999.

Las haciendas de Yucatán suelen llevar nombres que combinan a algún santo de la devoción católica con el nombre maya del poblado donde se establecieron; algunos ejemplos son San Ildefonso Teya, Santo Domingo de Yunkú o San José Cholul. Cada una de las decenas de haciendas de Yucatán abiertas al público posee características únicas. Algunas se visitan como ruinas históricas; otras funcionan como spas u hoteles de lujo.

Entre las actividades imperdibles a realizar durante su visita se encuentra el tour por la casa principal, visitas al cenote y experiencias gastronómicas únicas; además del tradicional baño de temazcal y una cabalgata por los alrededores, con lo que el visitante se sentirá como todo un hacendado.

Visitar Yucatán es adentrarse en una mezcla de historia y tradición que data de la época prehispánica hasta el auge de las haciendas henequeneras y ganaderas. De todas las haciendas que hay en la península, aunque varias se encuentran semi destruidas por el paso implacable del tiempo, muchas han logrado conservar gran parte de su historia y estructura, convirtiéndose en espacios increíbles para recorrer o para la realización de diferentes actividades.

Opciones para Eventos Especiales

La hacienda cuenta con diferentes escenarios de los cuales podrán elegir para su gran día. La antigua casa principal cuanta con una terraza espectacular de la cual resaltan sus impactantes arcos moriscos originales del siglo XVII. El jardín principal cuenta con vistas hacia la fachada de la casa principal, al camino de palmeras y al antiguo arco principal. Finalmente, otro lugar encantador es el anfiteatro, el cual desemboca de un cenote natural, precioso para ceremonias religiosas, mayas o civil.

Entre sus prestaciones, es el servicio gastronómico el que marcará el éxito de su evento. Por otro lado, dispone de una pequeña alberca y una terraza privada para eventos muy pequeños. Esta hacienda, que data del siglo XVIII, se rehabilitó para pasar a ser un parador, respetando al máximo los detalles originales de la casa. La Hacienda San Pedro Ochil está situada a solo 32 kilómetros de la capital de Yucatán, muy cerca de los yacimientos arqueológicos de Uxmal.

En Hacienda San Pedro Ochil se puede rentar un espacio para celebrar una boda a partir de $160,000 y hasta $210,000. A Hacienda San Pedro Ochil lo recomienda el 83% de las parejas que ya disfrutó de sus servicios. Su puntuación global es de 4.2 sobre 5 que se desglosa del siguiente modo: 4.4 en tiempo de respuesta, 4.3 en calidad del servicio, 4.3 en profesionalismo, 4 en relación calidad/precio y 3.9 en flexibilidad.

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