San Agustín Loxicha, Oaxaca: La Impactante Historia de Guerrilla y Represión que Cambió Todopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Las angostas calles de San Agustín Loxicha esconden un extraño mundo. Han pasado 23 años desde que la guerrilla se manifestó públicamente en la región. En San Agustín Loxicha el miedo se percibe en el aire. Las calles de la población esconden secretos que nadie quiere decir ni recordar. Secretos que aún calan la memoria de los descendientes de aquellos guerreros zapotecas.

Algunos habitantes de San Agustín lo explican de la siguiente forma: el gobierno, en su afán de mostrar fuerza, destruyó la unidad de su pueblo. “Deshicieron una organización que ponía en riesgo la hegemonía de un sistema político corrupto e inservible”.

Orígenes y Formación de Grupos Armados

Es justo en 1981, cuando se tiene registro oral de la llegada de los primeros capacitadores a San Agustín Loxicha. En 1981, Alberto Antonio Antonio llegó a la comunidad de la Conchuda, Loxicha, con hombres desconocidos: “Fue la avanzada”, recuerda Juan. El objetivo, dijeron, era librarse de los caciques, no importaba la forma ni la sangre derramada, sino la eficacia del acto, y lo lograron. La organización, sin nombre para los xiches, fue amo y gobierno de la zona. Ellos ejecutaban y sentenciaban, decidían quién vivía y moría.

Los indígenas no compraron armas, se las facilitaron. Llegaban de fuera, junto a los capacitadores. Los xiches nunca preguntaron con qué dinero las compraban y cómo hacían para transportarlas.

La organización del grupo no era complicada, pues en cada comunidad había representantes, quienes daban a elegir a los indígenas en dónde querían participar, si en el grupo civil, o en el armado, el incipiente EPR.

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“Llegaban Juan Sosa Maldonado, además del hermano de Lucio Cabañas, David Cabañas, no daban los nombres, pero venía gente de Cuba y de España. El documento de la UNAM señala que existe la certeza de que elaboraron un “curso de inteligencia” con el fin preparar grupos en Guerrero, Oaxaca y el entonces Distrito Federal. Se preparaban en la casa de Alberto Antonio Antonio. De ahí se trasladaban al río de Llano Maguey Loxicha para las prácticas de tiro. En cada comunidad armaban grupos de 50 combatientes. Cada pelotón de 12 y cada comando de cuatro, recuerda Juan.

“Había dos formas de entrar al grupo: uno era de manera voluntaria y el otro para pagar una falta o delito. Así pasaron 15 años en los que los miembros de la guerrilla de San Agustín Loxicha fueron adoctrinados hasta el punto de no preguntar cuál era el objetivo, sino cuándo se atacaría. De 1981 a 1996 durante el proceso de formación, empezaron poco a poco a “limpiar” porque a la comunidad llegaron como policías y todas las autoridades iban a las reuniones en las noches. Había un estatuto escrito y todo el pueblo tenía uno, pero cuando la represión llegó, todos se quemaron por temor. Empezaron muy discretamente en cada comunidad, por eso tardaron, además de que tenían miedo. Poco a poco fueron dejando las armas en cada agencia.

El Ejército Popular Revolucionario (EPR) y su Impacto

El EPR apareció públicamente el 28 de junio de 1996 en el vado de Aguas Blancas, en Guerrero. Lejos de la zona Loxicha. Lo hizo un año después del asesinato de 17 campesinos de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, destaca Betzabé Mendoza Paz en su investigación Participación social armada en Oaxaca. La investigación de Mendoza Paz reconoce que 14 organizaciones confluyeron en el EPR.

Nunca habían escuchado en San Agustín Loxicha el nombre del Ejército Popular Revolucionario hasta que el 28 de agosto, atacaron bajo esa bandera.

Las balas perforaron el cuerpo de Fidel. La sangre se deslizó sobre su piel y nadie supo cuáles fueron sus últimos pensamientos. Él era funcionario municipal cuando murió durante los ataques en La Crucecita Huatulco, Oaxaca, hace 23 años. El Ejército Popular Revolucionario (EPR) reivindicó esos ataques en 1996.

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“Ahí fueron entrenados”, aunque ahora sus habitantes lo nieguen, dice un poblador que en aquel entonces tenía 16 años y asegura que participó en el movimiento.

“Nos decían que había que estudiar y prepararse para que el gobierno no te castigue. Llegaron a la Crucecita, Huatulco, un día antes de la acción en una camioneta de redilas color rojo con el logotipo de San Agustín Loxicha. Toda la gente se preguntaba qué hacían. Ellos respondieron que buscaban trabajo de peones. Pero realmente estudiaban los puntos donde había policías. Una vez que terminó la reyerta, la señal para reconocerse entre camaradas era levantar la gorra. Fue entonces cuando al regidor de Hacienda, Fidel Martínez, lo mataron.

“Pero no lo mató la policía, sino una equivocación. A un indígena se le durmieron los pies y ya no pudo caminar por lo que lo dejaron y lo mataron los militares. Mientras que los xiches, en una fosa, enterraron a un policía federal. Cada uno huyó como pudo, unos se trasladaron en camionetas y a esos fueron a los que detuvieron primero.

“Un señor que perdió a un hijo les preguntaba a los líderes dónde estaba. Y le decían que lo mandaron a Tijuana a prepararse y que algún día va a regresar. Hasta ocho días tardaron algunos en regresar a sus casas, sin comer, sin descanso, sin nada. Pero llegaron.

Represión Estatal y Consecuencias

Durante la represión a los pueblos loxichas, según datos de organizaciones civiles, el Estado realizó 250 detenciones ilegales, desde 1996 a la fecha. Hubo 200 casos de tortura, 80 cateos ilegales, 50 ejecuciones extrajudiciales, 30 desapariciones forzadas, 160 personas presas por motivos políticos.

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En este momento comenzó la historia de terror para el pueblo de los tejones, lo que significa Loxicha en lengua zapoteca (Lom-lugar-Xis-tejones), con detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y torturas.

Juan señala que al pueblo se infiltraron de todas las formas posibles, aprovechándose de la pobreza y ofreciendo dinero para acusarse entre sí. Aunque los que lo aceptaron ya están muertos.

Tipo de Violación Cantidad
Detenciones ilegales 250
Casos de tortura 200
Cateos ilegales 80
Ejecuciones extrajudiciales 50
Desapariciones forzadas 30
Personas presas por motivos políticos 160

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