El municipio de Yautepec, ubicado en la zona norte del Estado de Morelos, colinda con varios municipios importantes como Cuautla, Jiutepec y Tepoztlán. Esta región se caracteriza por dos tipos de clima predominantes: semi cálido subhúmedo en la parte norte y cálido subhúmedo en el resto de su superficie.
A través de la literatura, podemos descubrir los atractivos turísticos de un lugar. Tal es el caso de la novela “El Zarco” de Ignacio Manuel Altamirano, una obra clásica de la literatura mexicana. La historia se desarrolla en el municipio de Yautepec y menciona haciendas azucareras como Cocoyoc, San Carlos Borromeo y San Diego Atlihuayan, todas dedicadas al cultivo de la caña de azúcar.
Orígenes e Historia de la Hacienda San Carlos Borromeo
La hacienda colonial San Carlos Borromeo data del año 1608, una hacienda del siglo XVII. Antes de ser una hacienda azucarera, estas tierras producían algodón y fueron parte del patrimonio del indígena noble Alejo de la Cruz, quien las había heredado de su padre; posteriormente estas tierras quedaron en jurisdicción de Hernán Cortés. Con el paso del tiempo, el funcionario español Francisco López Bueno, adquirió esta hacienda como parte de su patrimonio para hacerla una hacienda azucarera.
En 1608, Alejo de la Cruz, indio principal de la Villa de Yautepec, hereda de su padre Francisco de la Cruz, doscientas cincuenta y ocho hectáreas dentro de la misma jurisdicción que pertenecía al Marquesado de Oaxaca, con derecho a usar seis surcos de agua del río de Yautepec. Ese mismo año se otorga escritura de venta a Catalina Susana Álvarez, india principal de Agueguepan por la cantidad de trescientos pesos. En 1623 inicia la historia de la Hacienda de San Carlos Borromeo siendo su dueño Francisco López Bueno, en los tres años siguientes construyó la finca que habitó con su familia, compró ganado y esclavos, plantó caña dulce y maíz.
En 1751, San Carlos pasó a ser propiedad de Manuel del Castillo. En el año de 1775, la Hacienda de San Carlos pertenecía a Iñigo de Rojas. Debido a los problemas surgidos en 1664 por la composición de las tierras y por la restricción del uso del agua para irrigar las tierras de las que no se presentaron títulos originales de propiedad; Francisco de Urueta demanda a Iñigo de Rojas por el uso indebido que éste hace del agua del río Yautepec, en beneficio de su hacienda.
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El Auge de las Haciendas en Morelos
Los conocedores del tema no se ponen de acuerdo en el número de haciendas que llegó a haber en el estado a principios del siglo XX, ya que mientras algunos aseguran que fueron 37, hay quien se aventura a afirmar que su número superó las cincuenta. La hacienda es heredera directa de la sociedad feudal y la encomienda, con la salvedad de que la hacienda, en su periodo final, gozó los beneficios de las innovaciones tecnológicas del siglo XIX.
En el porfiriato, las haciendas alcanzaron su apogeo. Los promedios de extensión oscilaban entre las diez mil y las cien mil hectáreas; incluso una, la de Luis Terrazas, en Chihuahua, alcanzó las 400,000 hectáreas. En Morelos la extensión no fue tan grande, a excepción de las propiedades de Luis García Pimental, cuyas haciendas de Santa Clara, Tenango y San Ignacio, totalizaban poco más de 68,000 ha. Sin embargo, por la abundancia de ríos y manantiales, los terrenos morelenses ofrecían una fertilidad asombrosa, mucho mayor que los terrenos en el norte del país, y con la ventaja de tener el mercado de la Ciudad de México a menos de 100 km. de distancia; por lo tanto, Morelos se convirtió rápidamente en el principal productor de caña a nivel nacional.
Los métodos antiguos de producción de azúcar fueron empleados en la Nueva España y el México independiente por espacio de por lo menos 300 años. Un primer avance sustancial se dio a mediados del siglo XIX con la introducción de la variedad de caña habanera (Saccharum otahitense) en sustitución de la variedad criolla (Saccharum oficianarum), mucho más fácil aquélla de moler en los ingenios.
Procesadores de efecto múltiple y evaporadoras al vacío, para controlar mejor el calor y el proceso de cristalización de las meladuras; básculas, grúas y trenes de mulas, para facilitar la medición y el transporte de la caña desde el campo al ingenio y del ingenio a la estación del ferrocarril, fueron algunos de los instrumentos que ayudaron en gran medida al desarrollo de las haciendas azucareras.
La Revolución y el Declive de las Haciendas
La vertiginosa caída que experimentó este sistema durante la Revolución obligó al grupo triunfante a modificar -de forma pero no de fondo- las relaciones sociales de producción. No vamos a entrar al interminable laberinto de los acontecimientos revolucionarios, tema para incontables estudios que aún se siguen elaborando. Sí mencionaremos, empero, el importantísimo papel de las haciendas como sitios de combate, cuarteles provisionales, almacenes de armas y centros de producción, incluso en los periodos más intensos de la lucha.
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Innumerables son las acciones heroicas, los crímenes, las traiciones, las anécdotas que guardan los muros enmohecidos de las haciendas azucareras. La de Chinameca arrastra el estigma de ser el sitio donde el coronel Guajardo le tendió el cuatro a Emiliano Zapata; la de Tlaltizapán, ser el lugar donde fusilaron a Otilio Montaño, en un proceso que aún no ha quedado bien claro.
Una simple revisión de la historia de algunas haciendas nos revela que la de Temixco funcionó como campo de concentración de japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, antes de convertirse en molino y procesadora de arroz; la de Casasano, aún activa, se erigió sobre y junto a unas ruinas arqueológicas; la de Buenavista, cuyos arcos han sido utilizados como muros de vivienda, fue convertida en despepitadora de arroz del ejido.
Hacienda San Carlos Borromeo en la Actualidad
Actualmente algunas de las antiguas haciendas azucareras han sido rescatadas y acondicionadas como hoteles de diferentes categorías, o bien sus instalaciones pueden alquilarse para la celebración de eventos diversos, como convenciones o bodas. Hacienda San Carlos Borromeo ofrece sus servicios de banquete de boda para un mínimo de 150 invitados y puede dar servicio hasta un máximo de 400 invitados.
Con su arquitectura colonial y sus amplios jardines, es el escenario que toda pareja sueña tener en su boda. Además de ser un enclave espectacular, en Hacienda San Carlos Borromeo tienen un equipo especializado en festejos. Desde la selección del menú hasta la disposición de las flores consiguen que cada detalle cuente. Tienen muchas opciones de servicios, ya sea en la elección del menú, en los decorados o hasta en la música que sonará. Casarse aquí es sinónimo de maravilla.
En Hacienda San Carlos Borromeo se pueden encontrar menús de boda con un costo por invitado desde $3,050 hasta $4,000.
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A Hacienda San Carlos Borromeo lo recomienda el 96% de las parejas que ya disfrutó de sus servicios. Su puntuación global es de 4.8 sobre 5 que se desglosa del siguiente modo:
- 5 en calidad del servicio
- 5 en tiempo de respuesta
- 5 en profesionalismo
- 5 en relación calidad/precio
- 4 en flexibilidad
En 1879, se inauguró el servicio telegráfico para Cuernavaca y Yautepec, cabecera municipal muy cercana a San Carlos y, en 1883 entró a Yautepec la vía del ferrocarril Interoceánico. Ruinas de un esplendor desmoronado de manera abrupta, imponentes volúmenes constructivos que resisten la acción del hombre y los elementos naturales, acueductos que surcaron plantaciones, ahora integran el paisaje urbano.
