Descubre la Fascinante Historia y Orígenes de Hacienda San Jerónimo en Cancúnpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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A lo largo de su historia, nuestra isla ha ostentado dos nombres: Cancún (con ene y con acento), y Kancum (con eme y sin acento).

El Nombre de Cancún: Un Debate Histórico

El nombre Cancún tiene plena legitimidad histórica. Con todas sus letras, así lo consignó el cartógrafo francés Jean Baptiste Bourgignon d’Anville en su célebre mapamundi de 1749. Por el contrario, el nombre Cancún tiene plena legitimidad histórica.

La propuesta causó algunas reacciones ignorantes, que alegan que el nombre de la ciudad se gestó en Fonatur, y que tiene los atributos de una marca comercial. Mucha gente piensa que la palabra Cancún significa nido de víboras, y que tiene como raíz dos palabras mayas: ka’an, víbora, y kun, olla. Una precaución adecuada, porque todos los expertos disputan esa traducción.

Escrita en castellano, en donde la k se transforma en c, la primera sílaba de Cancún se pronuncia can, no ca’an. Pero el verdadero dilema no está en kan, sino en kun, que puede ser olla, o calabaza, o amarillo, o también conjuro. Parte de la incógnita radica en que no estamos seguros si el vocablo original era Cancún (con ene), o Kancum (con eme).

Dice el mayista Jorge Cocom Pech: “Hay un maya yucateco moderno, pero también hay un maya antiguo, e incluso un maya arcaico. Los idiomas se transfiguran, pierden partículas fonéticas, la gente los usa y los deforma, las lenguas evolucionan. Si queremos saber el significado, tenemos que conocer la pronunciación. ¿Cómo se pronunciaba la palabra Cancún en la antigüedad?

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Cocom Pech sostiene que Cancún significa cuatro conjuros. Cada lingüista representa una corriente, y con los mismos elementos, llegamos a conclusiones diferentes, incluso opuestas, pero igualmente válidas. “El significado es un problema de interpretación.

Lo único seguro es ignorar a Wikipedia, porque está claro que Cancún no significa nido de víboras, aunque hay que reconocer los heroicos esfuerzos que realizan algunos de nuestros políticos para merecer esa denominación.

El Origen Político del Municipio Benito Juárez

Su actual denominación tiene motivos cien por ciento políticos. Así se lo hizo saber al entonces líder del Congreso Constituyente, Pedro Joaquín Coldwell, quien sin mayores averiguaciones lo plasmó en la primera Constitución. La propuesta vino del entonces gobernador del Estado, David Gustavo Gutiérrez Ruiz, quien razonó que Cancún debería tener algo mexicano… ¡y qué hay más mexicano que Benito Juárez!

Así que no hay vuelta de hoja: por lo pronto, Cancún se seguirá llamando Benito Juárez. Pero vale la pena echarle una ojeada a la historia. Eso fue hace muchos años y quizás sea tiempo de revisar la historia.

Accidentado, podría decirse. Impopular, como todas las imposiciones. Para aprobar ese documento pre-aprobado, el Gobernador en turno convocó a la elección de un Congreso Constituyente, cuya única función era redactar una Constitución que ya estaba redactada. Las elecciones, celebradas en noviembre, las ganó el único partido que presentó candidatos, el PRI.

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Según su propio testimonio, el texto proveniente de México preveía que el nuevo Estado tendría cuatro municipios, idénticos a las cuatro delegaciones del territorio: Othón P. El Gobernador en turno les hizo ver que eso era imposible. Para empezar, Cancún requería ser municipio, no podía seguir siendo parte de Isla Mujeres.

Para esa fecha, ya vivían en los campamentos más trabajadores que isleños en toda la isla. Desde luego, nadie le preguntó a los habitantes de Cancún si se querían llamar así, ni se evaluaron los méritos de Juárez (que nunca estuvo en Yucatán, ni en Quintana Roo), ni se consideró mantener el nombre maya e histórico de Cancún. De ese modo Benito Juárez, el impasible, obtuvo otro municipio, otra Plaza de la Reforma, otra estatua y otro Palacio Municipal (que no estuvo listo a tiempo), en esta suerte de homenaje interminable que los mexicanos hemos decidido rendirle.

Ahí fue donde se armó la gorda: Isla Mujeres casi se amotina. Los isleños habían aceptado, a regañadientes, que les quitaran los terrenos del Proyecto Cancún, pero nunca iban a aceptar que les cercenaran todo el territorio continental. Al final, el Congreso Constituyente no la tuvo tan tranquila.

La Hacienda y los Orígenes del Desarrollo Turístico

Corría el año de 1969. El Banco ya había decidido no expropiar la isla de Cancún, sino localizar a los propietarios y comprar los terrenos a precios comerciales, pero manteniendo en secreto la construcción del centro turístico, para evitar que se desencadenará la especulación. Pero había que armar un auténtico rompecabezas.

En la época porfiriana, el norte de Quintana Roo estuvo dividido en una serie de latifundios, que se dedicaban a la explotación de salinas (en Las Coloradas), del palo de tinte (en Solferino), de la caña de azúcar (en Chiquilá, frente a Holbox), del chicle (en Santa María, hoy Leona Vicario), e incluso de tabaco (en San José de las Vegas, dentro del actual Cancún, a un costado del bulevar Colosio).

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Los latifundios se desintegraron con la Reforma Agraria, dando lugar a una serie de ejidos, que terminaron rodeando lo que hoy es la mancha urbana de Cancún: al norte, el de Isla Mujeres; al este, el de Leona Vicario; al sur, el de Puerto Morelos. Tal era el caso de la isla de Cancún, que estaba dividida en una veintena de ranchos dedicados al cultivo del coco.

Verdayes ha puesto en duda esa versión de la historia, pero lo cierto es que Nader adquirió la mayoría de los predios y el Banco de México estuvo en condiciones de iniciar su proyecto. Los resultados de esa política miope están a la vista: el sur y la zona maya siguen postrados, y Cancún es una ciudad disfuncional, desatendida, con una mancha urbana caótica (una responsabilidad del Estado y del municipio), mientras que la zona hotelera, responsabilidad de Fonatur, sigue funcionando a las maravillas. Alberto Villanueva sabe como lo hizo: “Pagaba un peso, y hasta dos, por cada metro cuadrado.

En 1969, antes de que se pusiera la primera piedra en Cancún, el gobernador Rojo Gómez declaró: “Todo mundo pronostica que si un programa turístico se lleva a cabo con vigor y en la forma adecuada en el Caribe mexicano, esta zona del país dentro de unos cuantos años sería la atracción del mundo, con todas las ventajas económicas y sociales que de este hecho se derivarán. El pronóstico no es ilusorio si se tienen en cuenta los enormes recursos que México tiene en esta zona.

La Puerta de Entrada: El Aeropuerto de Cancún

La puerta de entrada a Cancún es el cielo. Aunque nunca imaginaron esas cifras, esa puerta de entrada estaba en la mente de los creadores de la ciudad. Así que se aplicaron en la tarea. Contrataron expertos en aeronáutica, coquetearon con las aerolíneas, y sobre todo, consiguieron los recursos, porque no fue nada fácil convencer a la secretaría de Hacienda que aportará metálico para construir un aeropuerto internacional en plena selva.

Ese proyecto faraónico, sin embargo, tuvo un antecesor: la aeropista Puerto Juárez. Por ahí llegaron los urbanistas que imaginaron la ciudad, los técnicos que la construyeron, los banqueros que la financiaron, y también los primeros turistas que la conocieron (por vía aérea). Mas así como surgió, de la nada, así desapareció.

El Logo de Cancún: Un Símbolo del Paraíso

Añade Joe Vera, diseñador de origen mexico-norteamericano: “Grimm me dio unas fotografías. Recuerda Guillermo Grimm, que allá por 1973 despachaba como responsable de mercadotecnia de Infratur: “Convocamos a un concurso y le dijimos a los participantes: queremos una imagen que refleje la esencia de Cancún, el sol, la playa, lo maya, el trópico, lo Caribe. No estaba fácil.

Empecé dibujando trazos, algo que evocara los rayos del sol y las olas del mar. La verdad, fui un poco influido por las curvas del logotipo de Coca-Cola, que también tenían un trazo ondulante. Luego le dimos color y decidimos meter las franjas de arena, de mar y de sol. Yo dibujé una C, por la primera letra de Cancún.

El proceso creativo sufrió varios ajustes: “Yo dibujé una C, por la primera letra de Cancún. Las franjas estaban unidas del lado izquierdo, y separadas del lado derecho. Pero Grimm me pidió que lo modificara, y que la línea que separa las franjas de arriba de las de abajo, fuera continua.

Recuerda Grimm: “A la gente le gustó, lo adoptaron de inmediato. Lo empezaron a usar en los restaurantes, en las agencias de viajes, en los anuncios de los primeros hoteles. El logo tenía la finalidad de figurar en los folletos de publicidad, pero sucedió algo insólito. De ahí pasó a la dignidad de escudo municipal, durante la gestión de Francisco Alor. Apunta el ex alcalde: “Lo sugirió un regidor en una sesión de Cabildo, no recuerdo quién, y a todos nos pareció una buena idea.

La Casa de Visitantes Distinguidos

Uno: en 1968, un político retirado que vive en Isla Mujeres, José de Jesús Lima, decide construir la casa en la solitaria playa de Cancún. Dos: Cuando arranca el proyecto Cancún, el gobierno de México adquiere el inmueble, que a poco se convierte en la Casa de Visitantes Distinguidos de Fonatur. Por ahí pasan presidentes, primeros ministros, premios Nobel y toda clase de luminarias, incluidos ídolos deportivos y estrellas del rock.

Tres: en la década de los 90’s, la adopción del neoliberalismo como doctrina oficial obliga a Fonatur a vender sus activos. Gana la puja la empresa Royal Resorts, una exitosa operadora de tiempos compartidos, que alista la picota para demoler la rústica mansión. Cuatro y último: una llamada telefónica providencial cancela la sentencia.

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