Adentrarnos en el estado de Guanajuato significa internarnos en la historia misma de México y sentirla a través de sus múltiples e históricos edificios, diseminados por todo su territorio. Localizada a 32 km al noroeste de la ciudad de Dolores Hidalgo, San José de La Quemada aún conserva ese sabor que le han dejado sus más de cuatro siglos de existencia.
Orígenes y Evolución de la Hacienda
Podemos precisar sus orígenes, según las fuentes, hacia la segunda mitad del siglo XVI, cuando en entonces alcalde mayor de San Felipe, Juan Sánchez de Alanís, le mercedó un sitio de ganado menor (tierra de pastoreo para ovejas y cabras, equivalente a 780 721 ha) al español don Esteban García, allá por el mes de diciembre de 1562, gracia que éste traspasó en 1568 al bachiller Juan Alonso, vecino de San Felipe.
Para 1597 la merced de tierras en cuestión ya era propiedad de don Alonso Pérez de Bocanegra, quien se encargó de aumentar su tamaño mediante la adquisición de varios sitios de ganado mayor (concesión de pastizal equivalente a 1 755.61 ha) así como de algunas caballerías (42 795 ha).
Pasado el tiempo, la hacienda fue adquirida por don Antonio de Lanzagorta y Urtusaústegui, capitán de caballería y caballero profeso de la Orden de Calatrava, en una almoneda pública efectuada en la ciudad de México en 1739. Hacia principios de 1800, la propiedad contaba con excelentes tierras para labranza aunque éstas eran dedicadas mayormente a la cría de ganado bovino.
La Hacienda Durante la Independencia
Durante el movimiento independentista, San José de La Quemada fue continuamente “visitada” por las tropas insurgentes y, para 1831, era propiedad de Juan José Pastor, general del Ejército Mexicano.
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A partir de este momento la sucesión de propietarios continúa sin que existan datos precisos al respecto, aunque en 1856 aparece bajo la pertenencia de don Roberto Trail, quien dejó como herederos a su hijo Roberto, a su esposa Paulina Cervantes y a un tal Fidencia López, los cuales más tarde la vendieron al licenciado Joaquín Obregón González.
Este decidió donar todos los terrenos necesarios para la construcción y tendido de las vías del Ferrocarril Nacional Mexicano y, en los finales de la pasada centuria, San José de La Quemada llegó a ser considerada como una de las más ricas haciendas de todo el estado guanajatense; su ocupación principal era la agricultura y quedó algo relegada la actividad ganadera.
San José de la Quemada en el Siglo XX
A principios de este siglo, La Quemada era una de las haciendas mejor comunicadas de todo México, ya que contaba, aparte del camino de herradura del siglo XVI, con estación de ferrocarril y teléfonos instalados por el Gobierno del estado, pues precisamente el gobernador era entonces su dueño.
Ubicación Actual
De la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, se toma la carretera núm. 51 que va a San Felipe Torres Mochas, en el mismo estado, y a unos 30 km se sigue por un camino de terracería (1 km) que lleva al poblado de La Quemada.
El contexto revolucionario y la Hacienda de Rubio
En octubre del año de 1921, habrían de llegar los primeros emisarios menonitas de Canadá a la hacienda de Bustillos y Anexas, con el fin de compartir tierras para colonizarse, y uno de los puntos de vista, era nada menos que la hacienda de «Rubio», ya que esta tenía y tiene hasta hoy las tierras del temporal de primera.
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El señor Miguel Calderón, no pasando desapercibido este asunto, reunió a los vecinos de ese entonces que por lo general habían sido revolucionarios, compañeros de armas, en especial mención al también C. Mayor de caballería, Belisario Ruiz M., quien aceptó con mucho cariño y entusiasmo el asunto de que se trataba, tanto que ese mismo cariño que tuvo siempre a la Colonia, posteriormente, le había de costar la vida.
Habiendo tratado el asunto, se llegó a la conclusión de que el Sr. Miguel Calderón se trasladara a la capital de la república con el fin de entrevistar al C. Presidente de la República, Sr. General Álvaro Obregón.
Habiendo salido a dicha comisión en los primeros días del mes de enero del año de 1922, habiendo tratado satisfactoriamente el asunto que lo llevaba con el presidente y habiéndole mostrado la carta de su hermano Francisco Obregón, carta escrita de puño y letra que decía:“Querido hermano: El portador de la presente, Sr. Este le aceptó la solicitud que llevaba consigo respecto a la formación de la Colonia, habiendo girado Ordóñez al respecto y de inmediato C. Gobernador del estado de Chihuahua, C. Ing. General Ignacio C. Enríquez, el cual giro órdenes a la sección de agricultura y ganadería del estado para que de inmediato enviara un ingeniero que se encargara de los trabajos de medir y levantar el croquis del predio en cuestión, habiendo designado esa dependencia con ese fin, al C. Ing. Agrónomo Hrasto Monzivaliz, habiendo empezado los trabajos de dicho predio, el bordo situado al norte de la hacienda de «Rubio» (hoy Colonia Álvaro Obregón) prolongándose la medida hasta los límites de la hacienda del Saucito, limitando con terrenos rumbo al noreste hasta la orilla del monte de pinos altos y de ahí siguiendo la línea hacia el norte hasta llegar a un punto denominado «Playa del Gallo» y de ese punto en línea recta con rumbo al noreste hasta llegar a un punto denominado «Táscate del Arroyo del Agua», fue fraccionado exclusivamente para el señor Atanasio Anchondo e hijos, concedidos por la casa Zuloaga, por servicios prestados a la misma, siempre dentro del plano general de la colonia. Toda medida que realizó el Ing. Toda medida de lo que fue, el potrero de la labor vieja de la hacienda de «Rubio», así como la medida del fundo urbano de la Colonia, estuvo a cargo de los Ingenieros agrónomos C. C. Estas medidas fueron a cargo de la casa Zuloaga.
La medida se realizó lo más rápido posible, tanto que para el día 15 de agosto de ese mismo año se trasladó el C. Gobernador del estado C. Ing. y General Ignacio C. Enríquez, trayendo como ayudante al entonces Capitán primero de caballería, C.
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