Descubre la Fascinante Historia de Hacienda Santo Domingo Tecate: Un Viaje Inolvidablepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Este ensayo busca comprender la historia de la ocupación occidental de las tierras del norte de la Baja California entre 1769 y 1861, enlazada con la historia de los decretos emitidos sobre la tenencia de la tierra o la formalización de esa ocupación.

Se considera que se pueden encontrar elementos de identidad de los grupos sociales a través de la reconstrucción del proceso de posesión de las tierras y propiedades, ya que en los diferentes conflictos que se dieron en la región a mediados de esa centuria, se pueden observar referencias a los denominados "frontereños", que en su mayoría fueron rancheros y propietarios de ganados mayores.

Por lo cual es que se propone la revisión de la historia de la tenencia de la tierra en el norte de la Baja California; y para una mejor exposición del devenir histórico y jurídico de la tenencia de la tierra, pero también vinculado al poblamiento, se sugiere dividir de manera instrumental el amplio periodo histórico de 1769 a 1861 en tres etapas intermedias:

  1. de 1769 a 1822, centrada en las tierras misionales y las mercedes a los soldados presidiales y misionales;
  2. de 1822 a 1846, en la cual el eje fue el proceso de secularización; y
  3. de 1846 a 1861, que se relaciona con la formalización de la ocupación y la especulación de las propiedades, motivadas por la cada vez mayor presencia de los gobiernos regionales y nacionales.

Tierras Misionales y Mercedes a Soldados (1769-1822)

Después de la expulsión de los jesuitas de la Antigua California (1767) y la llegada del gobernador Gaspar de Portolá con un contingente de soldados y posteriormente los franciscanos (1768), se dio inicio a una nueva circunstancia histórica en las Californias, destacando el impulso hacia el norte de la colonización novohispana.

Para el 12 de agosto de 1768, José de Gálvez "dio decreto para que los comisionados entregasen a los padres misioneros las temporalidades de las misiones para su económica administración".

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Pero también en esa fecha el visitador real expidió una "Instrucción" que fue pieza angular para el posterior sustento legal de la adjudicación de tierras. Esta disposición era en realidad un reglamento de "las prerrogativas y condiciones indispensables con que a nombre del rey nuestro señor, concede mercedes de solares y suertes de tierra", y dirigido a nuevos pobladores.

Ahora bien, las principales fundaciones misionales, tanto de franciscanos como de dominicos, en el norte de la Baja California, se realizaron entre 1769 y 1797, siendo que de 1769 a 1794 se concentraron en consolidar la zona costera de la frontera misional y por consecuencia el conjunto de senderos que comunicaban a las misiones del sur con las del norte, y de 1794 a 1797 se dio un intento por reducir la frontera de gentilidad hacia la sierras conocidas hoy como Juárez y San Pedro Mártir, con las fundaciones de las misiones dominicas de San Pedro Mártir (1794) y de Santa Catarina (1797).

Además de las fundaciones misionales realizadas en la región con sus congregaciones y sus tierras de cultivo, el caso más temprano y al parecer único de dotación de tierras en el norte de la Baja California fue a favor del alférez José Manuel Ruiz, quien lo había solicitado en 1804. Ruiz recibió del gobernador José Joaquín de Arrillaga dos sitios de ganado mayor en el denominado "paraje de la ensenada de Todos Santos" en 1805, que equivalen a aproximadamente 3 494 hectáreas a una conversión de 1 747 hectáreas por sitio.

Posteriormente, en 1821, trasladó sus derechos a su yerno Francisco Xavier Gastélum, quien ocupó el predio fundando el rancho de La Ensenada.

Ocupación y Secularización (1822-1846)

Con el proceso de decaimiento de las misiones del norte de la Baja California que se inició alrededor del ciclo 1808-1810, pero que es notorio desde una perspectiva contemporánea hacia el año de 1818 cuando se abandonaron las misiones de San Francisco Borja y San Fernando Velicatá, que facilitaban la comunicación terrestre entre la Antigua California (vía San Ignacio) y el norte de la Baja California (vía Nuestra Señora del Santísimo Rosario), los pobladores fortalecieron e intensificaron sus actividades agropecuarias con base en el aprovechamiento de las tierras roturadas por los misioneros, los soldados misionales y los neófitos, fundando ranchos particulares.

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Como lo describe Peveril Meigs, "a medida que decaían los ranchos [...] de las misiones, y cuando las propias misiones fueron secularizadas, una parcela tras otra fue cayendo en manos privadas [...] El periodo de los ranchos privados estaba ya bien encaminado antes de que la última misión fuese abandonada en 1849".

Es de señalar que mientras en la Alta California las misiones estaban no sólo activas sino con un desarrollo importante al momento de la secularización (1833), en el norte de la Baja California estas comunidades se encontraban, en su mayor caso, en decadencia o abandonadas. En el año de 1797 se dio el mayor avance dominico con la fundación de San Miguel Arcángel, y no se realizó ningún nuevo desarrollo misional como tal.

Así, para 1818 fue cerrada la misión de San Fernando Velicatá y para 1834 tan sólo mantenían cierta actividad, con dos o tres misioneros en total, las misiones dominicas de Santo Domingo, Santo Tomás y Santa Catarina, fundándose la última "misión dominica", la de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, que realmente se instaló bajo las necesidades administrativas del ranchero y padre presidente fray Félix Caballero.

Para los años de 1839-1840 fueron abandonadas Santo Domingo, Santa Catarina y la de Guadalupe del Norte, quedando una misión: Santo Tomás, la cual fue cerrada oficialmente hasta el año de 1849, aunque el misionero fray Tomás Mansilla permaneció como capellán de la colonia militar posiblemente hasta principios de 1851.

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