El estado de Morelos se ha vinculado estrechamente a la producción de azúcar desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. Casi inmediatamente después de la Conquista, Hernán Cortés encontró en Cuernavaca una zona favorable para introducir caña de azúcar y construir el ingenio de Tlaltenango, uno de las más grandes de su tiempo. Otros españoles siguieron su ejemplo y, a partir del siglo XVII, las haciendas azucareras proliferaron en los fértiles valles de Cuernavaca y Cuautla, convirtiéndose la región en una de las más importantes productoras de azúcar de Nueva España.
La expansión territorial y el desarrollo
Después de la conquista, el cultivo de la caña de azúcar se propagó rápidamente durante el siglo XVI en Nueva España, instalándose principalmente en algunas zonas de Veracruz, Michoacán, Jalisco, Oaxaca y lo que fuera durante siglos la región azucarera más importante de todo el territorio: Cuernavaca y Cuautla de Amilpas. La ruptura del monopolio de los marqueses permitió que la hacienda azucarera se expandiera rápidamente a partir del siglo XVII en toda la región, instalándose a lo largo de esta centuria alrededor de 30 nuevos ingenios y trapiches.
La instalación de estas haciendas dependió del acceso a los abundantes recursos territoriales y acuíferos de la región, indispensables para su funcionamiento. El principal mecanismo utilizado para el acceso a estos recursos fueron las mercedes reales y marquesanas que otorgaban derechos sobre tierras y aguas además de autorizar el cultivo de la caña de azúcar y la instalación del trapiche.
Características de las fincas
- En primer lugar, estas fincas eran instituciones sociales jerárquicas, con una sólida estructura de vínculos familiares y una fuerza de trabajo numerosa.
- De igual forma, las habitaciones se edificaban alrededor de un patio central interior rodeado por columnas y vigas.
- Las fachadas, en estilo colonial, eran simples y rodeadas de jardines.
Fuerza de trabajo y estructura social
Además de asegurarse el acceso a los recursos territoriales y acuíferos, uno de los aspectos más importantes que tuvieron que afrontar los hacendados azucareros fue el de la obtención de la mano de obra. Hasta finales del siglo XVI los ingenios y trapiches se abastecieron de trabajadores a través de la encomienda y, en mayor medida para nuestra región, del repartimiento, formas de trabajo coactivo que obligaban a la población india a laborar en las plantaciones de los españoles.
La escasez de mano de obra producto de las epidemias obligó a los propietarios de la región azucarera a recurrir a la importación de mano de obra esclava traída de África para laborar en sus haciendas. La industria azucarera confirió características especiales a la región, muchas de las cuales persisten: creó una economía regional dependiente del azúcar; determinó las relaciones sociales de la población; estableció relaciones de codependencia entre pueblos e ingenios, y produjo un rico mestizaje biológico y cultural, resultado de la mezcla entre indígenas, españoles y negros.
Lea también: Explora las Haciendas Yucatecas
Resumen de la evolución productiva
| Periodo | Evolución de la industria |
|---|---|
| Siglo XVI | Inicio con los trapiches de los marqueses del Valle. |
| Siglo XVII | Ruptura del monopolio y expansión con más de 30 nuevos ingenios. |
| Siglo XVIII | Consolidación con catorce ingenios adicionales y crisis demográfica indígena. |
La lógica de la constitución de las haciendas no estuvo guiada por la expansión territorial en sí misma, sino como un medio de apropiarse de los principales recursos naturales, tierras y aguas, principalmente, y de esta forma poder controlar la mano de obra. Su instalación significó un proceso de redistribución de los recursos productivos en el que los pueblos de indios perdieron buena parte de sus tierras y el control sobre las aguas.
Lea también: Descubre las Haciendas de Tlaxcala
Lea también: Descubre las Haciendas Mexicanas
tags: #información #sobre #haciendas #azucareras #en #la
