Descubre las Haciendas Coloniales en Ecuador: Historia Fascinante y Arquitectura Impresionantepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Las haciendas jesuitas en la sierra ecuatoriana tuvieron un alto impacto en la consolidación de la economía de esta región durante la época colonial, convirtiéndose en verdaderos centros de administración, producción y acopio de productos. La expulsión de la orden en 1767, la llegada del periodo republicano y la aplicación de la reforma agraria en 1964 provocaron su desmembramiento, y en algunos casos su desaparición. De aquí la importancia de determinar lo que subsiste, y de analizar la relación de los asentamientos hacendarios con la generación de poblados actuales emplazados en el sitio.

El estudio parte de un análisis histórico que determinará el origen y ubicación de las haciendas, seguido de un análisis contrastado con la realidad actual. Estos casi dos siglos de permanencia jesuita en territorio americano permitieron el desarrollo y esplendor de zonas comprendidas en los actuales países de Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia y Brasil, hasta la expulsión de la orden en 1767.

En la misión de Maynas, por el lapso de 130 años (1638-1768) se fundaron 152 pueblos (De Velasco, 1842, p. Sostener las misiones implicaba muchos gastos, la realidad americana era totalmente diferente a la europea. En ese contexto surge la “hacienda” como una fundación capaz de soportar las ingentes inversiones que requería el desarrollo humano, social, cultural y religioso de las misiones jesuíticas en América (Del Rey, 2007), por ello la manutención y sostenimiento de todas las empresas jesuitas se basaba en lo que producían las haciendas implantadas especialmente, en este caso, en la región interandina del Ecuador.

Las haciendas fueron los medios para impulsar tanto las misiones como los colegios en donde la enseñanza siempre fue gratuita (Hallo, 2008, p.98). La gran productividad de los sistemas hacendarios generaron recursos para el sostenimiento de las múltiples funciones educativas y misioneras de la Compañía de Jesús en Quito, llegando a poseer más de 70 haciendas (Egas, 2008, p. 19), sin considerar caleras, tejares, molinos y tierras que no son contadas como tales por su poco valor. En resumen, todos estos bienes llegaron a tener una alta rentabilidad incluso mayor a la mayoría de las empresas de la época (Carrión, 1987, p.

La Compañía de Jesús tuvo gran influencia en las altas esferas coloniales de la Real Audiencia de Quito, y haciendo uso de ella llegaron a poseer -a decir del historiador Gonzáñez Suárez- “ochenta leguas cuadradas, o sea cuatro grados geográficos” (Hallo, 2005, p. En esta época, la iglesia se destacó por ser una de las mayores propietarias de las haciendas de la Real Audiencia de Quito. Los centros obrajeros que para el año 1600 fueron 20, para el año 1700 ascendieron a 34 (Ayala, 1992, p. 97).

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La ubicación de las haciendas se dio tomando en cuenta algunos factores, como la cercanía a fuentes de agua, terrenos fértiles y principalmente la disposición de mano de obra de la zona, por lo que estos centros se ubicaron generalmente en algún poblado indígena o en un sitio accesible al poblado español; además, precisaban poseer tierras para el pastoreo de ovejas en el caso de obrajes; así como sementeras para la manutención de los trabajadores. Con el tiempo los jesuitas llegaron a poseer varias propiedades en la sierra ecuatoriana, convirtiéndose en los mayores terratenientes de la época.

Según investigaciones se han podido señalar 131 latifundios en el territorio ecuatoriano (Albornoz, 1963, pp. En tan solo unas décadas, los jesuitas llegaron a poseer 6.000 hectáreas en el valle de los Chillos, y, según una denuncia que se les hace, habrían destruido iglesias y cementerios con el objeto de meter el arado (archivo Vacas Galindo, Tomo 19). Los jesuitas convirtieron a las haciendas en grandes emporios agroindustriales, introdujeron nuevos cultivos y ganado doméstico. Además, agregaron la participación patrimonial de lo recaudado en las haciendas para luego ser redistribuido entre indígenas, esclavos y empleados.

La finalidad de estas propiedades fue sostener a sus misiones y colegios. Sin embargo, según Marzal, la riqueza de estos complejos y haciendas también trajo la ambición de las Coronas y particulares y, a la larga, fue un factor determinante para la supresión de la Orden (1994, p. Los jesuitas utilizaban la mano de obra indígena de la zona, pero también a esclavos negros, comprados en el Puerto de Cartagena. Para finales del siglo XVII, los jesuitas comenzaron a formar parte de las redes de comercio de esclavos de las compañías negreras europeas.

Los jesuitas conocían la importancia de la familia para los africanos, pues favorecieron este tipo de vida en su sus haciendas. Incitaron a los esclavos a casarse entre ellos mismos y a tener familia, prohibiéndoles las uniones con mestizos e indios (Bouisson, 1997, p.47). Llegaron a tener 1.324 afrodescendientes como esclavos en todas sus haciendas. El programa arquitectónico representaba una organización autosuficiente, a menor escala de lo que constituyeron las reducciones o misiones cuyo modelo era siempre similar: una plaza de forma cuadrangular alrededor de la cual se situaba la iglesia, la casa del misionero, la garita de los soldados y a veces la escuela, la carpintería, otras dependencias similares, las viviendas de los indígenas y también la Cruz Atrial (Del Rey, 2007).

Las edificaciones utilizan sistemas constructivos de la época: tierra o piedra en sus muros, madera para pisos, puertas, ventanas, balaustres, canecillos, portales y una cubierta de teja; mientras que la tipología arquitectónica depende del tipo de edificación y su función: la casa de hacienda se caracteriza por la presencia del portal o corredor en donde se gesta una función social importante, así como de control visual hacia la propiedad. Estudios previos indican que en el programa arquitectónico de las haciendas se consolidó un verdadero sistema productivo-económico.

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Dentro del conjunto se podían encontrar trapiches, trojes, establos, obrajes, ingenios, herrerías, carpinterías y molinos, alrededor de los cuales se iba asentando la población. A finales del siglo XVIII, las haciendas más grandes ocupaban valles enteros como el Chota (Imbabura) y Cayambe y Chillo (Pichincha); ninguna hacienda podía competir con las haciendas jesuitas ya que eran inmensas en extensión y rendimiento, además tenían una buena calidad de la tierra, buen cuidado, pero sobre todo una excelente administración (Ayala,1992, p.

Con Cédula Real del 27 de marzo de 1767 se ejecuta la orden de expulsión de los jesuitas, creándose las juntas provisionales para atender la administración y posterior venta de la gran cantidad de bienes de los jesuitas, que tomarán el nombre de “temporalidades” por su relación temporal con los bienes (Hallo, 2005, p.112). En esta época las haciendas y sus esclavos pasaron a manos del Rey de España y fueron administradas por el ramo de Temporalidades.

En la década de 1780 fueron vendidas las haciendas y sus esclavos a nuevos dueños, siendo los nuevos terratenientes quiteños e ibarreños pertenecientes a grandes familias de la aristocracia emparentados entre sí (Bomisson, 1997, p.50), ya que esta expulsión lejos de afectar a la clase terrateniente particular, permitió su fortalecimiento, pues a 15 años de la expulsión (los terratenientes) son quienes se apropian de estos complejos productivos (Hallo, 2005, p. 112).

El presidente José María Urbina decretó, el 25 de julio de 1851, la abolición de la esclavitud en Ecuador. Pero ese decreto de libertad no significó nada para los esclavos negros de las haciendas, porque a ellos no les dieron tierra. Pero es con la Revolución Liberal liderada por el presidente Eloy Alfaro, en donde se dan las más hondas transformaciones de la época republicana (Ayala, 2012, p.18), entre ellas la separación de la Iglesia Católica y el Estado, la expropiación estatal de los bienes de la Iglesia y la emergencia de la opinión pública. Estos cambios fueron expuestos en debates sostenidos entre liberales, conservadores y la Iglesia y, en ocasiones, entre terratenientes liberales y conservadores de la sierra. (Prieto, 2004, p.

Con la Constitución de 1906 se institucionalizó la reforma liberal, completada dos años después con la nacionalización de varias haciendas de la Iglesia. Esta medida, empero, no supuso el reparto de las tierras a los campesinos, sino el cambio de un arrendatario a otro, sin que la situación de los trabajadores mejorara (Ayala, 2011, p. 20). Con la declaratoria de la “Ley de Manos Muertas” se nacionalizó algunos bienes religiosos; otros se le adjudicaron a la beneficencia, que fue una institución creada para el efecto, para con ello poder obtener recursos y ofrecer servicios médicos, casas de protección de menores, asilos, entre otros.

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Hasta antes de la Reforma Agraria las haciendas eran verdaderos latifundios, con el consecuente agotamiento de tierras; debido a ello, en el año de 1964 se ejecuta esta ley con el ánimo de aliviar la presión sobre la tierra en regiones de alta congestión humana, ampliando la frontera agrícola. Esta ley estableció que desaparecieran todas las formas de subsistencia de trabajo dependiente de tipo precario, para llevar a efecto la supresión del “Huasipungo[2]” y el ”arrimazgo”, exigiendo la regularización de la redistribución de tierras, estableciendo así mismo que transformen a estos agricultores en asalariados (Hallo, 2005, p.134).

Así, si el huasipunguero tenía más de diez años de servicio en la hacienda recibía entonces su parcela en propiedad, llegando los campesinos negros por fin a recibir sus tierras en propiedad (Bouisson, 1997, p.63). La herencia, la partición y segmentación de tierras trajo como consecuencia la disminución de las superficie de las haciendas, con su consecuente olvido, por un lado, y por otro, algunas edificaciones importantes quedaron escondida... Espinosa, 2010). Desde entonces, la hacienda es concebida como un latifundio dentro de una sociedad donde el poder económico tenía sus bases en la propiedad sobre la tierra, esta se convirtió en un sinónimo de poder para sus propietarios lo que les permitió además tener presencia en varios sectores de la economía del Ecuador, así como en el ámbito político.

En este contexto, la hacienda cobro importancia en la sierra ecuatoriana, donde existía mayor cantidad de población indígena que constituía la base de la mano de obra empleada en las mismas. Un caso particular es la provincia de Loja, ubicada en la frontera sur del Ecuador, conformada por dieciséis cantones de amplia diversidad climatológica.

El arribo de los españoles a las costas del actual territorio ecuatoriano en 1531, se da en circunstancias cuando el Imperio Inca se encontraba atravesando una guerra civil, lo que facilitó la conquista de sus territorios. Sánchez, 2012). La encomienda consistía en una suerte de concesión sobre un espacio del territorio y de encargo de los indígenas que lo habitaban, era otorgada por la Corona al encomendero que debía requerir los servicios de un doctrinero y a cambio de la cristianización los indígenas le retribuían de forma obligada con servicios o dinero.

Tabla 1). Los conquistadores vieron en la encomienda una figura de poder político y económico que llevó a fuertes enfrentamientos con la Corona, lo que condujo a ésta a la promulgación en 1542 de las llamadas Leyes Nuevas, que tenían como objetivo principal la abolición de la encomienda y protección al indígena (Ayala, 2008). Con estas leyes se introdujo la encomienda de tributo, a través de la mita o turno de trabajo, que era una forma de trabajo que se adoptó del mundo precolombino, con esto se debía pagar un salario al indígena para que este pudiera a su vez pagar el tributo; restando de esta forma poder al encomendero.

Espinosa 2010). La encomienda de tributo fue abolida en 1718, manteniéndose la mita que finalmente desembocó en el concertaje como forma de tributación directa a la Corona. Una de las consecuencias de la mita de tributo y el concertage fue la venta de tierra indígena, a causa de las constantes deudas adquiridas para pagar el tributo; a este panorama, se suma la ley promulgada por Felipe VII hacia 1631 que permite la composición de tierras, que legitimó la posesión de facto y compra de tierra al indígena. Espinosa 2010).

Todos los factores mencionados favorecieron la consolidación de la hacienda hacia el siglo XVIII, por lo que desde este siglo en adelante se debe concebir a la hacienda como una entidad de carácter rural que acapara tanto tierra como mano de obra. En una sociedad donde la economía se basa principalmente en la tenencia de la tierra; la hacienda constituye un símbolo de poder que trasciende los aspectos sociales, económicos y hasta políticos; surge así una nueva clase, la terrateniente. Se puede apreciar una fuerte presencia de la hacienda en la serranía ecuatoriana, debido a que en esta existía mayor cantidad de población indígena que constituía la base de la mano de obra empleada en las mismas.

Noriega, 2016), que se mantuvo hasta la intervención de la Reforma Agraria en Ecuador, que se dio entre 1964-1994 y puso fin al sistema de trabajo precarista y a la tenencia de tierra latifundista. La provincia de Loja se ubica al sur del Ecuador, conformada actualmente por dieciséis cantones caracterizados por una naturaleza agreste en la que prima la presencia de valles, montañas, ríos, lagunas y una amplia diversidad climatológica.

Tabla 1. De acuerdo a las juntas de temporalidad que reposan en el Archivo Nacional de Quito, los jesuitas tuvieron haciendas regidas por la Provincia de Quito, en la que se anota el colegio al que pertenecían y la renta media que produjeron entre los años 1760 y 1767. Este documento lo compuso Antonio de Aspiazu, director general de Temporalidades, a nombre del Presidente de la Audiencia, don José Diguja. En su extracto indica: Los jesuitas eran 270; los colegios o casas, 13, incluidas las misiones del Oriente. Las haciendas eran 63, más 9 en administración (Villalva, 1987, p. 174). A continuación se extrae una lista oficial de las haciendas que estaban regidas por los jesuitas de la Provincia de Quito, en la que se anota el colegio a la que pertenecían, y la renta media que produjeron entre los años 1760 y 1767.

ColegioRenta Media (1760-1767)
Colegio Máximo de QuitoVariable
Colegio de San LuisVariable

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