En el estado de Querétaro existe una hacienda convertida en un bonito hotel operado por la cadena Fiesta Americana, favorito para familias que buscan relax y confort, aunque pocos saben que tiene un pasado oscuro, aterrador.
Se llama Hacienda Galindo y la leyenda cuenta que Hernán Cortés regaló este predio a Malitzin, a quien erróneamente conocemos popularmente como “Malinche”. Sin embargo, lo que sí ha sido registrado es que la propiedad data de 1582, año en el que Don Pedro de Quezada, nieto de “La Malinche”, recibe la propiedad en herencia para operarla como tierra de labor y ganado.
Con los años hubo más propietarios, cerca de 25 dueños en total, quienes realizaron adecuaciones en los siglos XVIII al XX, hasta el día de hoy, que se ha convertido en el santuario del descanso y una atracción turística para los amantes del terror. Con tantos cambios de propietarios también hubo rotación de trabajadores de la hacienda, incluso fue convertida en museo particular en 1939 por los hermanos Rule Cárdenas, dotándola de hermosas obras de arte, entre las que se encontraban pinturas, esculturas, gobelinos y finos muebles que decoraban pasillos y patios. Fueron ellos quienes dieron albergue a un grupo de religiosos.
Más de 400 años de historia reúnen decenas de leyendas. Se dice que aquí ocurrieron actos violentos, incluso antes de que Hernán Cortés construyera la majestuosa hacienda, hechos que se llevaron a cabo durante Santa Inquisición, en donde la cacería de brujas y herejes estaba al día.
Inés, la niña decapitada
La caminata continúa por los pasillos, donde se descubren pinturas -incluso se puede ver una de estilo renacentista que exhibe a una mujer castigada por un grupo religioso-, esculturas y mobiliario de los siglos XVII y XVIII que decoran diversos espacios. Los actores caracterizados de la época conducen al grupo de curiosos hasta el restaurante Florentino, de donde cuelga una pintura de Inés, una desafortunada niña, hija de un hacendatario que fue secuestrada por el capataz. La pequeña fue encontrada decapitada, cuyo cuerpo inerte regresó en los brazos de su afligido padre, quien vivió en agonía por el resto de sus días, hasta que finalmente se quitó la vida.
Lea también: Leyendas de la Hacienda del Terror
La Mujer Ahorcada
Otro sitio spooky se ubica cerca de la alberca, en una bodega que anteriormente alojaba a una trabajadora de la hacienda, una madre soltera que tenía a un bebé enfermo de apenas seis meses. El pequeño no mejoraba y la madre comenzó a vivir ataques de ansiedad hasta entrar en un cuadro psicótico debido a que su pequeño no mejoraba.
Una mañana el bebé falleció y la madre, desesperada decidió quitarse la vida al colgarse de una viga en lo que fuera su habitación. Actualmente ese cuarto sigue funcionando como bodega y cuentan los trabajadores de Hacienda Galindo que por las noches se escucha el llanto de una mujer y de un bebé.
El Jardinero
Esta es la historia de amor y tragedia de Don Fidel, un jardinero que laboró en la hacienda allá por el año de 1921. Se cuenta que este señor era un jornalero apasionado por las flores y las plantas, pero un día, mientras trabajaba en el jardín que se encuentra en la granja, un espíritu posesionó su cuerpo. Así lo comentaban sus compañeros, quienes afirmaban que de la noche a la mañana comenzó a comportarse muy extraño, incluso nunca más volvió a hablar.
Don Fidel era un hombre solitario y con los años comenzó a enfermar. Ante ello, decidió escribir una carta a sus patrones, pidiéndoles que por favor, cuando muriera, fuera enterrado en el jardín. Y así fue, cuando falleció fue enterrado bajo una de las columnas de su jardín favorito, en la granja.
En el hotel se cuentan más leyendas. Como la de una habitación donde se suicidó una novia vestido de blanco antes de su boda, también se dice que en algunos árboles se pueden ver cuerpos colgados con vestimenta revolucionaria, así como espectros muy cerca de la capilla.
Lea también: El sabor único de la Crema de Sotol
La Ex-Hacienda de Chaulta es un escenario hermoso y lleno de magia. Los empleados me contaron historias paranormales. Afirman que se escuchan ruidos y lamentos provenientes del “árbol de los colgados”.
Yo dormí muy sugestionada, con la una luz encendida y la chimenea ardiendo. A lo lejos sonaban las campanas de lo que parecía ser una iglesia. Repentinamente, en la cama, sentí la presencia de alguien sobre de mi. Abrí los ojos pero me encontraba paralizada, mi cuerpo no reaccionaba, con mucho frío. Más tarde las campanas no dejaban de sonar, recordándome cada hora cómo la noche avanzaba.
El día llegó. Ver la luz entrando por debajo de la cortina fue un alivio. Afuera ya esperaba una barbacoa de hoyo y un par de cervezas frías.
Lea también: Patrimonio en la Sierra Gorda: Hotel Misión Hacienda Concá
