Descubre la Fascinante Historia de la Hacienda en El Salvador, Tapilula, Chiapas ¡Imperdible!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Al finalizar el siglo XX, tras dos décadas de violentas disputas agrarias, ex trabajadores agrícolas y avecindados de los ejidos de Simojovel y de algunos otros municipios lindantes -Huitiupán, Bochil, Jitotol, Pueblo Nuevo Solistahuacán- obtuvieron la mayor parte de las tierras que hasta entonces conformaban las fincas agropecuarias.

Irónicamente, luego de este logro, muchos de los hijos o nietos de quienes lucharon por las tierras muestran un profundo desinterés por la agricultura.

El propósito de este trabajo consiste en explorar los cambios socioeconómicos recientes y las formas en que se expresa el capitalismo regido bajo políticas neoliberales, considerando las condiciones sociohistóricas que han configurado la región de estudio.

Las preguntas que planteo son ¿por qué la tierra recién conquistada dejó de ser el recurso más valorado y codiciado entre las nuevas generaciones de la población rural de esta región? ¿Cuáles fueron los procesos que permitieron que la explotación del ámbar, un recurso natural milenario en la zona, adquiriera relevancia como actividad económica tan sólo en los últimos años?

Para responder parto de las siguientes ideas: las regiones o lugares son configuraciones históricas que se producen, recrean y transforman en medio de una multiplicidad de relaciones sociales de poder que rebasan sus límites físicos y vinculan a sus habitantes con procesos y agentes sociales de distintas latitudes.

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Tales configuraciones también guardan relación con los bienes o recursos naturales que son histórica y socialmente valorados, apropiados, disputados y explotados (Santos, 2000; Escobar, 2010). Como sostiene Arturo Escobar, no es lo mismo habitar “en un desierto que en un bosque húmedo” (Escobar, 2010: 57).

Las condiciones fisiográficas guardan una estrecha vinculación con la manera en que los lugares son construidos por quienes allí habitan. “Los lugares son co-producciones entre las personas y el ambiente” (Escobar, 2010: 57-58).

Desde la perspectiva relacional que aquí adoptamos, otro aspecto fundamental a considerar es, como han mostrado Milton Santos (2000) y David Harvey (1998, 2005, 2007), que el capital y el Estado han jugado un papel protagónico en la producción del espacio. De hecho, “[l]a acumulación de capital siempre ha sido una cuestión profundamente geográfica. Sin las posibilidades inherentes a la expansión geográfica desigual, hace tiempo que el capitalismo habría dejado de funcionar como sistema político y económico” (Harvey, 2007: 38).

Por otra parte, en vista de que son los jóvenes de la región en la cual se ubica Simojovel los que principalmente se han volcado en torno a las actividades relacionadas con la explotación del ámbar, es pertinente plantear a qué nos referimos cuando hablamos de juventud.

De acuerdo con Margulis y Urresti (s/f), dicha noción suele entenderse, a primera vista, como una simple cuestión de edad, y en este sentido colocarse en el terreno del cuerpo y la naturaleza.

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No obstante, si tomamos en cuenta la amplia heterogeneidad que las sociedades presentan en el plano económico, social y cultural podemos apreciar que existen distintas maneras de ser joven.

Por ello, aquí la juventud se entiende como una categoría construida en procesos sociales e históricos específicos y no como un estado biológico “esencial” (Maidana, Colangelo y Tamagno, 2013).

Así pues, para el estudio de la región, vista como un lugar, y de los jóvenes o agentes sociales en general, me guío por una perspectiva relacional y constructivista (Bachelard, 1988; Bourdieu y Wacquant, 1995).

Hoy en día, el municipio de Simojovel de Allende (Mapa 1) es conocido como tierra del “ámbar”, aunque muchas familias siguen teniendo la agricultura como una de sus principales actividades económicas y, como veremos, durante mucho tiempo fue reconocido como productor de tabaco, café y ganado.

Pero, por otra parte, en efecto, este municipio y varios más a su alrededor, “desde Tapilula hasta Yajalón y del Bosque hasta Pantelhó” (Ytuarte, 2014: 78), constituyen una de las pocas regiones de México que cuenta con yacimientos de ámbar; dos zonas más se localizan en Chiapas también, Ixtapa-Soyaló y Totolapa.

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El ámbar es una resina vegetal fosilizada y su antigüedad en esta entidad mexicana se ha calculado de entre 22.5 y 26 millones de años (Figura 1) (Lowe, 2005: 17).

Gracias a cronistas, historiadores, arqueólogos, geógrafos y viajeros, se sabe acerca de los yacimientos de esta resina fósil, de su uso en distintos tipos de ornamentos y de los símbolos asociados a ella desde tiempos remotos en Asia y Europa, así como durante las épocas prehispánica y colonial en Mesoamérica.

De ello hacen un recuento los dos autores antes citados y, más recientemente, Claudia Ytuarte (2014); los tres destacan que en distintas épocas han existido artesanos especializados en la elaboración de ornamentos, amuletos, rosarios y una gran variedad de artículos decorativos.

Para el caso de Mesoamérica, los cronistas coloniales en general hicieron referencia a la gema como una de las “piedras” preciosas que se hallaban en estas tierras y subrayaron las propiedades curativas que se le atribuían.

No obstante, sabemos que, a su llegada, los peninsulares buscaban oro y plata, metales escasos en el territorio que hoy es Chiapas.

De este modo, los recursos que se explotaron durante la Colonia fueron la tierra y la mano de obra india.

Productos como maíz, cacao, algodón y tabaco, junto con aquellos que se introdujeron, ganadería -bovina, caballar y ovina -, caña de azúcar, trigo y añil, fueron la base de la economía.

Así, Chiapas, y específicamente la región donde se ubica Simojovel, fue integrada a la economía mundial desde el período colonial como una sociedad agraria.

Además, existen breves referencias acerca de que en el siglo XVII el ámbar y el tabaco de Simojovel y la zarzaparrilla de Huitiupán se producían, aunque a escala baja, para el mercado.

El primero destinado al mercado interno y los otros dos productos para exportar “preferentemente de contrabando” a España (Viqueira, 1997: 36-37).

En el siglo XIX, ya en el período independiente, estos pueblos de indios vivieron una profunda crisis demográfica y los ladinos provenientes de San Cristóbal de Las Casas y de Comitán adquirieron las tierras de la diezmada población, así como terrenos baldíos donde establecieron numerosas fincas de tabaco, maíz, frijol y ganado.

Con la implantación del cultivo de café por parte de muchas de estas empresas agropecuarias, la zona se insertó en el mercado internacional desde finales del siglo XIX, como un pequeño enclave agroexportador.

Entre 1930 y 1950, con el reparto agrario, se redujo en general el tamaño de las fincas (muchas veces de manera simulada), se formaron numerosas pequeñas propiedades y diez ejidos en Simojovel.

Es decir, hubo cambios, pero la región seguía siendo eminentemente agraria con el predominio de la propiedad privada de la tierra, lo que se tradujo en una forma específica de ocupación del espacio físico, derivada de las formas de tenencia de la tierra y de las relaciones sociales que se construyeron en torno a éstas.

[…] los indios recogen el ámbar en las montañas cercanas y lo traen al pueblo a vender.

Los artesanos locales usan este ámbar para hacer cruces chicas, manos, lágrimas y otras formas que utilizan en la región como amuletos para proteger a los infantes contra “el mal de ojo” (Blom, 2004: 68).

En Simojobel [sic] se habla de distintas localizaciones, pero nada hay de cierto, como no sea un derrumbadero que se halla en la ribera derecha del río Catarina […] y en estos derrumbes repetidos en los períodos de lluvia de todos los años, los campesinos encuentran fragmentos de ámbar de gran pureza (algunos con moscas y otros cuerpos extraños en el interior).

esta resina solidificada […]”. Antes, la mayoría trabajábamos en puras milpas, cuando hacíamos la limpia con azadón a veces salía el ámbar… la gente no le hacía caso.

Nosotros no sabíamos que tenía precio, era como cualquier piedra, ahí lo dejábamos tirado o se usaba para curación en algunas personas o para proteger a los bebés del mal de ojo […].

De igual forma, Gilberto Trejo, expropietario del rancho Los Arrayanes y actualmente representante de la agrupación Artesanos del Ámbar A.C., platicó que, cuando vivía en su propiedad, con frecuencia encontraba ámbar, pero como “no tenía precio” no lo recogía, lo tiraba como “cualquier piedra”.

Agregó que de haber guardado alguna de las grandes piezas halladas, hoy tal vez se hubiera hecho rico.

Desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1970, las minas se encontraban fundamentalmente en los terrenos de las fincas agropecuarias; sin embargo, el ámbar no se había constituido en un recurso con valor en el mercado.

La mayor parte de la población trabajaba supeditada a los requerimientos de las fincas como peones acasillados, arrendatarios o baldíos, jornaleros temporales, arrieros, vaqueros y sirvientes de casa o trabajadores eventuales con distintos oficios -carpinteros, tejeros, albañiles, costureras-.

Con la formación de los ejidos, sus beneficiarios reprodujeron a pequeña escala los cultivos que se practicaban en las fincas.

Asimismo, entablaron relaciones laborales, comerciales y de endeudamiento con los finqueros.

Habitantes de los ejidos formaban parte de los jornaleros temporales de las fincas y dependían de los canales de comercialización controlados por los finqueros para vender sus productos agrícolas.

Precisamente en los años setenta, a raíz de una serie de procesos económicos, culturales y políticos nacionales e internacionales, se construyó un masivo y violento movimiento agrario que puso fin a las fincas y generó la campesinización del municipio de Simojovel (Mapa 2), así como de varios más de la región: Huitiupán, Bochil, Jitotol, El Bosque y Pueblo Nuevo Solistahuacán.

En efecto, en ese entonces se produjo una importante caída de los precios del café y al mismo tiempo un aumento en la demanda de productos derivados del ganado vacuno en el mercado internacional, lo que propició la sustitución de tierras dedicadas a la agricultura por pastizales, para dar paso a un proceso de ganaderización extensiva.

En el mismo periodo se llevaron a cabo los primeros trabajos para la construcción de la presa hidroeléctrica Itzantún.

Esta obra afectaría 205 predios que abarcaban 10,912 hectáreas; 46% de las cuales eran territorio del municipio de Huitiupán y 42% de Simojovel, así como pequeñas fracciones de algunos municipios más.

La mayor parte de estos terrenos pertenecían a las fincas (Toledo, 2012: 131).

Como resultado de la ganaderización y la venta de las tierras privadas para la construcción de la presa, un gran número de familias de trabajadores permanentes fue expulsado de las fincas.

Este hecho también significó el cierre de la principal fuente de empleo para jornaleros temporales, campesinos arrendatarios, vaqueros, albañiles y carpinteros de la zona.

Así, sin ninguna otra opción de trabajo y residencia, los trabajadores expulsados de las fincas y los campesinos sin tierra de los ejidos se organizaron en torno a la lucha agraria durante la segunda mitad de la década de 1970, apoyados por la labor ideológica y política de la diócesis de San Cristóbal y de las organizaciones campesinas independientes: Organización Campesina Emiliano Zapata (OCEZ), Línea Proletaria y, principalmente, la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC).

Para 1985 casi todas las fincas habían sido tomadas por los ex trabajadores y campesinos sin tierra, y la construcción de la presa fue suspendida.

Tras 20 años de enfrentamientos, persecuciones, encarcelamientos y asesinatos, la mayor parte de los participantes en el movimiento logró la regularización de casi todos los predios, incluso los contemplados para el proyecto hidroeléctrico Itzantún.

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