La identidad es el conjunto de características y cualidades que definen a la persona. Además, favorece la construcción del sí mismo, y el reconocimiento propio como un ser único y distinto de los demás. La identidad constituye el autoconcepto. Es así que contiene elementos de la autoestima y la autopercepción, y es influenciada por elementos sociales como la cultura, la religión y la política. La identidad es la esencia de la persona, tiene cierta estabilidad en el tiempo y está cohesionada con la personalidad, formando el concepto propio del Yo. De este modo, la identidad puede ser apreciada de manera individual y colectiva, bajo la concepción del sí mismo con relación a los demás.
La identidad como persona se refiere a la esencia única que hace que un individuo sea distinto de los demás. No es meramente un hecho biológico, sino una construcción psicológica compleja desarrollada a lo largo del tiempo. Comprender la identidad como persona requiere observar tanto el yo privado como la personalidad pública. Determina cómo un individuo toma decisiones y establece metas a largo plazo. La identidad personal proporciona la consistencia interna necesaria para mantener un sentido estable de uno mismo. Nos permite sentirnos la misma persona hoy que ayer, a pesar de los cambios físicos. La identidad personal es la respuesta acumulativa a la pregunta de quién es un individuo. Incluye atributos internos como la personalidad y factores externos como la nacionalidad o la profesión.
La personalidad es un constructo psicológico que delimita un conjunto de características psíquicas que definen al individuo. La personalidad puede definirse como las causas internas que subyacen al comportamiento individual y a la experiencia de la persona. La unicidad de cada persona radica en las diferencias que se van desarrollando a medida que la persona va creciendo. Las experiencias que vive cada persona nunca son exactamente las mismas y las personas de las que aprende, tampoco. Así, los recursos psicológicos para asimilarlas siempre son distintos de persona a persona.
La Experiencia Moral como Reveladora de la Identidad Personal
Las emociones morales muestran o revelan de algún modo la identidad personal de su sujeto. La alegría ante el mal ajeno, el arrepentimiento sincero por haber infligido un mal objetivo a otra persona, la esperanza ante una situación difícil, la humildad al afrontar el propio fracaso, etc., dicen mucho acerca de la persona que es sujeto de estas vivencias.
La cuestión central es cómo estas vivencias afectivas que llamamos “emociones morales” nos dicen o “dan” la identidad personal. La perspectiva fenomenológica, como la propuesta por el filósofo norteamericano Anthony Steinbock, se centra precisamente en el cómo se da esta identidad personal en las emociones morales, no tanto en la construcción de la identidad personal por parte del sujeto o el “sedimento” que estas emociones dejan en él.
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La Identidad Personal en la Filosofía: El Enfoque de Leibniz
Uno de los puntos medulares para comprender el desarrollo leibniziano de la noción de "identidad personal", y en particular de la dimensión práctica que adopta en su obra de madurez, radica en analizar los distintos elementos lógicos, metafísicos y epistemológicos que se entrelazan sistemáticamente con esta noción. Para Leibniz, a diferencia de Locke, la clave para hablar tanto de la identidad como de la diversidad radica en un "principio interno de distinción".
Así, aunque ambos autores concuerdan en que la identidad personal tiene que ver con la forma en la que el sujeto es consciente de sí, para el filósofo de Hannover esta conciencia reflexiva o conscientia descansa en la identidad ontológica o real que hace del yo un determinado individuo. Esto implica que ni la identidad personal ni la mera continuidad psicológica del individuo dependen por completo de la memoria, sino en un vínculo medio de conscientia que establece la relación entre la identidad personal y la real u ontológica.
Este vínculo medio de conscientia nos remite a hablar de la naturaleza perceptual y apetitiva de las mónadas, en cuanto que es indispensable para comprender su naturaleza individual. Al emprender este análisis nos encontramos con la taxonomía leibniziana de las mónadas, la cual nos lleva a distinguir entre las mónadas que sólo gozan de percepción y apetición, y aquellas que, al gozar de una mayor claridad y distinción, se elevan al plano de la sensación. Esta distinción nos conduce a formular un segundo nivel constitutivo de la identidad en la medida en que sienta las bases para hablar de la unidad orgánico-funcional de los vivientes: aquí la identidad se da en virtud del alma, la cual se entiende como forma sustancial.
Las almas poseen la peculiaridad de subordinar a otras mónadas, dotando al viviente de una estructura teleológica interna en virtud de la cual cada órgano, a pesar de tener una función específica, se articula y organiza en un todo unitario. A diferencia de las mónadas desnudas, cuyas percepciones y apetitos se encuentran en un estado de perpetuo aturdimiento, las almas poseen la cualidad de elevar algunas de sus percepciones al grado de la sensación, la memoria y, en algunos casos, la apercepción. Para Leibniz, la conciencia fenoménica que poseen las almas es indispensable no solo para comprender la relación entre las impresiones sensibles que se captan a través de los órganos sensoriales del viviente y sus respectivas representaciones perceptuales, sino también para hablar de un tipo de identidad orgánico-sensorial que va más allá de la mera identidad ontológica.
Sin embargo, este segundo nivel constitutivo de la identidad se distingue de la identidad personal en la medida en que esta última presupone que el individuo, además de lo anterior, es capaz de tener actos reflexivos de conscientia que le permitan auto-atribuirse su acción y, por ende, concebirse como agente moral. El primer nivel constitutivo de la identidad nos remite tanto a la naturaleza individual de las mónadas, es decir, a su unidad sustancial, como a ciertos elementos de carácter lógico-epistemológico tales como su principio de la identidad de los indiscernibles y su teoría de la percepción. Cada mónada, en palabras del hannoveriano, constituye una "sustancia verdaderamente una, única, sujeto primitivo de la vida y de la acción, dotada siempre de percepción y de apetición, que encierra en sí siempre, junto con lo que es, la tendencia a lo que será [en consecuencia siempre subsistente] para representar a cualquier otra cosa que exista en el futuro".
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La noción leibniziana de completud es clave para entender las mónadas como entidades simples. Uno de los puntos clave para responder a estas interrogantes se encuentra en la noción leibniziana de completud, una noción de herencia suareciana que aparece en la obra de Leibniz desde su juventud, concretamente en su Disputatio Metaphysica de Principio Individui de 1663, donde el hannoveriano sostiene que "todo individuo se individúa por toda su entidad". Cuando hablamos de la individualidad en términos de completud, es decir, de su notio completa, nos referimos fundamentalmente a tres cosas:
- Por un lado, a una completud lógico-veritativa, la cual se comprende en virtud de la teoría leibniziana de la verdad. Así, es preciso que el término del sujeto encierre siempre el del predicado, de suerte que quien entendiese perfectamente la noción del sujeto juzgaría también que el predicado le pertenece.
- Por otro lado, a una completud dinámica, a través de la cual se conciben las mónadas como principios de acción y, por ende, como espontáneas.
- Y, por último, a una completud existencial-expresiva, en virtud de la cual se concibe la individualidad de las mónadas en relación con su naturaleza expresiva, es decir, como "espejo vivo y perpetuo del universo".
Teorías Psicológicas sobre el Desarrollo y la Configuración de la Identidad
La construcción de la identidad personal es un proceso que inicia en la infancia y transcurre a lo largo de la vida. No obstante, la adolescencia supone una crisis vital que busca la configuración de la identidad, buscando la respuesta a la pregunta: ¿Quién soy? La construcción de la identidad implica comprender, representar y ser consciente de quienes somos y de cómo nos consideramos social y personalmente, implicando facetas subjetivas como la individualidad, la autoestima, la capacidad de autoreflexión y autobservación así como la conciencia de uno mismo. La identidad es el conjunto de características y rasgos que percibimos de nosotros y que nos permiten definir, frente a los demás, quienes somos, que deseamos y hacia dónde queremos dirigirnos en nuestro desarrollo vital personal, relacional, profesional y social.
A nivel cognitivo, requiere de la capacidad de sintetizar e integrar identificaciones previas en una imagen personal relativamente estable y progresivamente más integrada entre sus distintas facetas. El proceso de construcción y consolidación de la identidad se prolonga a lo largo de toda la adolescencia e inicio de la etapa adulta. En muchos casos, requiere de numerosos intentos antes de empezar a poder considerarse relativamente estable o definitiva. Un mecanismo central en el proceso de construcción de la identidad es la identificación, un proceso inter- e intrasubjetivo que nos acompaña desde la primera infancia, que puede tener efectos tanto positivos como negativos, en función de las características de la persona de referencia que ejerce de modelo de identificación, así como de nuestra relación con ella. El mecanismo de identificación implica hacer propias creencias, conductas, maneras de ser y actuar de una persona de referencia que ejerce de modelo.
El Modelo del Desarrollo Psicosocial de Erik Erikson
Según la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson, la personalidad se desarrolla en ocho etapas predeterminadas en el curso vital. En cada etapa, el niño, el adolescente o el adulto experimenta una crisis que debe resolver para poder pasar a la fase psicológica y social sucesiva. Según la teoría eriksoniana, la adolescencia y juventud son periodos de transición psicosocial especialmente importantes. La crisis de identidad en la adolescencia se caracteriza por una exploración de uno mismo (self), cuando la persona empieza a pensar quién es y quién quiere ser en el futuro.
Desde la perspectiva eriksoniana, la identidad resulta de la interacción dinámica entre dos extremos: la síntesis y la confusión de la misma. Por un lado, la síntesis de la identidad conlleva representar las distintas facetas de uno mismo (self) de manera coherente e internamente consistente, percepción que se mantiene relativamente estable en el tiempo y en distintas situaciones. Una vez resuelta la crisis de identidad, el joven adulto deberá enfrentarse a la crisis de intimidad, que se caracteriza por la búsqueda de conexión con otros y la formación de relaciones significativas. Según el modelo psicosocial de Erikson, el bienestar psicológico en la etapa adulta es contingente con la resolución de ambas crisis: identidad versus intimidad.
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El Modelo del Estatus de Identidad de James Marcia
El modelo del estatus de identidad elaborado por Marcia es la primera operacionalización empírica del modelo del desarrollo psicosocial de Erikson. Muchos trabajos a partir del modelo de Marcia se han centrado en la comparación y contraste de los cuatro estadios en términos de personalidad, ajuste y variables evolutivas como el apego, la toma de perspectivas y el razonamiento moral. En una revisión posterior del modelo se establece una división de los estatus de identidad en dos grupos en función de su nivel de exploración (actividad/pasividad o madurez/inmadurez):
- Por un lado, los estatus de logro de identidad y moratoria, ambos en el extremo positivo de la dimensión de exploración, se han considerado estatus “activos” y “maduros”, debido a su asociación a características generalmente positivas en cuanto a la autoestima, autonomía y razonamiento moral.
- Por otro lado, los estatus en el extremo negativo de la dimensión de exploración, es decir ejecución y difusión, se han considerado como estatus “pasivos” e “inmaduros”, generalmente relacionados con características más negativas, como mayor conformismo o convencionalidad, menor autonomía y razonamiento moral.
La exploración se define como un "comportamiento de resolución de problemas destinado a obtener información sobre uno mismo o el entorno para tomar una decisión sobre una elección de vida importante". Desde una perspectiva constructivista, durante el proceso de exploración de la identidad se producen procesos de asimilación de nueva información, en la estructura identitaria existente, y acomodación de la estructura identitaria previa mediante nueva información.
El Modelo del Desarrollo de la Identidad Orientado al Proceso de Luyckx et al.
El modelo del desarrollo de la identidad orientado al proceso de Luyckx, Goossens, Soenens y Beyers propone que la construcción de la identidad implica cinco estadios, posiciones o dimensiones relacionadas entre sí. Se inspira en el paradigma del estatus de identidad de Marcia, Grotevant y de Bosma y Kunnen. Según este modelo, la exploración va definida en términos de amplitud (exploration in breadth) y profundidad (exploration in depth), mientras que el compromiso se puede definir en términos de adquisición de compromisos (commitment making) e identificación con el compromiso (identification with commitment). En estos términos la exploración implica tanto un barrido de opciones posibles como una evaluación en profundidad de los compromisos y elecciones preexistentes. Las cuatro dimensiones de identidad (exploración en amplitud, exploración en profundidad, adquisición de compromisos e identificación con el compromiso) se integran en un único modelo acerca del desarrollo de la identidad.
Posteriormente, se incluyó una quinta dimensión: la exploración rumiativa (rumiative exploration), que se caracteriza por la presencia de dudas, indecisión y dificultades en la toma de decisiones. Por cuanto atañe al estatus de moratoria, parece que la naturaleza de crisis de este estatus descrita en la literatura puede reflejarse en mayores niveles de preocupación, duda y rumiación con respecto a la exploración de aspectos relacionados con la identidad. Según esto, las personas en estatus de moratoria tienen mayor probabilidad de buscar apoyo debido a su posición de crisis con respecto a la identidad.
El modelo también distingue dos tipos de difusión:
- Difusión difusa (diffused diffusion), en el que la persona intenta explorar pero la exploración se ve limitada por la aparición de preocupaciones y rumiaciones. Esta dimensión se distingue por una elevada puntuación en exploración rumiativa y es el menos adaptado de los dos clusters.
- Difusión despreocupada (carefree diffusion), en el que la persona está poco o nada preocupada por cuestiones de identidad. Este nivel se caracteriza por menor puntuación en exploración rumiativa y puntuaciones de ajuste más elevadas.
Si los compromisos se consideran insatisfactorios, el joven adulto puede reanudar el proceso de exploración. Esta reevaluación de los compromisos puede estar relacionada con cambios de situación, crecimiento personal u otra información nueva.
La Identidad en el Contexto Moderno: Digitalización y Verificación
La identidad no es un concepto monolítico, sino que se compone de varias capas distintas. Cada tipo de identidad sirve a un propósito diferente y opera en un entorno específico. Cada una de estas identidades contribuye a la identidad personal global de un ser humano. A menudo se solapan e influyen entre sí a lo largo de la vida de un individuo. La gestión de estos diferentes tipos de identidad requiere herramientas sofisticadas en la era moderna. La evolución de estos tipos ha dado lugar a la necesidad de una gestión de identidad «Phygital», que implica vincular los rasgos físicos al acceso digital para crear una experiencia fluida.
Podemos clasificar la identidad en varias categorías:
- La identidad individual es la capa más personal, centrada en la autoconciencia y los rasgos internos. Incluye tu personalidad, tus recuerdos y los marcadores biológicos únicos como tu rostro y voz.
- La identidad social se define por los grupos a los que pertenece un individuo y su estatus dentro de ellos. Involucra roles profesionales, como ser un Gerente de KYC o un Oficial de Cumplimiento.
- La identidad cultural se relaciona con la herencia, el idioma y las tradiciones con las que un individuo se identifica. Proporciona un sentido de pertenencia a una comunidad más amplia, como una nación o un grupo étnico.
- La identidad digital consiste en las credenciales, cuentas y datos que representan a una persona en línea. A menudo es una identidad presunta basada en contraseñas o PINs, que son propensos a ser comprometidos.
Construcción de la Identidad en la Era Digital
La construcción de la identidad personal es un proceso dinámico que dura toda la vida. Esta construcción implica la integración de la autopercepción con el feedback recibido de los demás. Construimos nuestra identidad adoptando ciertos roles y rechazando otros basados en nuestros valores. En la era digital, también construimos una versión digital de nosotros mismos a través de nuestras actividades en línea. Esta personalidad digital debe estar anclada a nuestra identidad real para prevenir el fraude y garantizar la confianza. La construcción de la identidad moderna también considera la «privacidad desde el diseño» como un elemento fundamental.
Factores que Influyen en la Identidad
Varios factores internos y externos influyen en cómo se forma y mantiene la identidad:
- Los factores biológicos proporcionan la base física, como los marcadores biométricos únicos.
- Los factores sociales y ambientales, como la familia, la educación y el lugar de trabajo, desempeñan un papel fundamental.
- Las organizaciones con las que interactuamos, como bancos o agencias gubernamentales, también moldean nuestra identidad a través de los registros que mantienen.
- La tecnología es un factor cada vez más influyente en la construcción de la identidad. Las herramientas que utilizamos para verificar quiénes somos, como las carteras digitales (digital wallets), cambian nuestra percepción de nuestra propia identidad.
- Finalmente, los marcos regulatorios y los estándares legales influyen en los aspectos formales de la identidad. Leyes como el RGPD o la Ley de IA de la UE definen cómo deben protegerse nuestros datos de identidad.
La Importancia de la Verificación de Identidad
La identidad es también una necesidad legal y social en nuestra infraestructura global actual. Toda persona requiere un reconocimiento formal de su existencia para acceder a derechos y servicios básicos. La importancia de la identidad personal radica en su capacidad para facilitar la confianza tanto en el mundo digital como en el físico. Para las empresas, verificar esta identidad es vital para garantizar la seguridad y prevenir el fraude en todos los entornos. En los negocios, la identidad es un motor de crecimiento e innovación, más que una simple medida de seguridad. Las empresas que gestionan eficazmente la identidad personal pueden atraer a más clientes ofreciendo experiencias sin fricciones. La identidad también protege a las personas del fraude y del uso no autorizado de sus datos personales. Al poseer una identidad sólida y verificada, los individuos pueden ejercer sus derechos sin miedo ni dificultad.
Lo que nos identifica como personas es una combinación de marcadores biológicos y experiencias vividas. La biometría, como los rasgos faciales y los patrones de voz, son rasgos únicos que no se pueden compartir. Más allá de la biología, nos identifican nuestras elecciones, creencias y los roles que desempeñamos en la sociedad. Nuestros nombres, números de identificación y títulos profesionales forman una capa de «identidad presunta» que utilizamos a diario.
Aprender cómo verificar la identidad de una persona es esencial para prevenir el fraude. La forma más eficaz es a través de un enfoque de múltiples factores que combine algo que tienes con algo que eres. La verificación debe ser automatizada para garantizar la precisión y la velocidad en entornos de alto volumen. Las revisiones manuales suelen ser propensas al error humano y a sesgos conscientes o inconscientes. Para saber cómo determinar la identidad de una persona con exactitud, las organizaciones utilizan biometría facial y de voz. Estos métodos comparan capturas en vivo con registros oficiales para confirmar una coincidencia. El objetivo de la verificación es pasar de una identidad presunta a una identidad cierta. Mediante el uso de tecnología propia y motores certificados, las empresas pueden alcanzar niveles de certeza inigualables.
Métodos de Verificación de Identidad
Existen varios métodos para comprobar la identidad de una persona dependiendo del nivel de seguridad requerido:
- La verificación biométrica es el estándar de oro, e implica el análisis de rasgos físicos. La tecnología moderna permite ahora utilizar imágenes de identidad personal y datos biométricos para crear huellas digitales. Estas huellas son representaciones matemáticas que aseguran que nuestra identidad sea reconocida con precisión.
- Las organizaciones también deben implementar la verificación de identidad mediante la prueba de vida (liveness detection). Esta tecnología distingue entre un rostro humano real y un ataque de presentación, como una máscara o la reproducción de un vídeo.
- La detección de ataques de inyección es otro método esencial para la verificación de identidad moderna. Evita que los atacantes burlen la cámara e inyecten imágenes falsas directamente en el sistema.
- Un documento acreditativo de la identidad del solicitante es la principal prueba física utilizada en la verificación. Puede ser un DNI nacional, un pasaporte o una licencia de conducir de más de 190 países.
- Un certificado de identidad de persona física también puede emitirse digitalmente para facilitar las interacciones remotas. Los certificados digitales permiten la acreditación de la identidad sin necesidad de presencia física. El certificado digital de acreditación de identidad para una persona física permite el uso de firmas electrónicas avanzadas. Esto permite a las personas firmar documentos legales a distancia con la misma validez que una firma manuscrita. El uso de un certificado de identidad de persona física en una cartera digital como Veridas Nexus hace que la identidad sea portátil. Permite a los usuarios llevar todas sus credenciales de forma segura en sus teléfonos móviles.
En última instancia, lo que nos identifica es nuestra firma vocal única y nuestra geometría facial. Estos son marcadores de nuestra identidad real que aportan certeza en un mundo lleno de suplantaciones digitales. La identidad presunta se basa en lo que tienes (tarjetas) o lo que sabes (contraseñas), que pueden ser robados.
