El actuar de la educación en el siglo XXI está enmarcado en diversos enfoques de aprendizaje, desde el conductista, pasando por el constructivista hasta el aprendizaje cognitivo; esto no solo revela las diferentes ópticas que se tiene para el proceso de enseñanza-aprendizaje sino también permite que el individuo sea mucho más exigente con su medio, que quiera estar más informado de su entorno y no solo busque lo mínimo en su proceso de formación.
Desde este punto de partida, se observa como problema la inexistencia de conocimientos económicos, financieros y contables en la población. Para esto es necesario recurrir a disciplinas, que permitan crear espacios en que se genere la curiosidad por el mundo económico de una forma didáctica y desde temprana edad, admitiendo una evaluación de lo que se está haciendo en la academia y reevaluando técnicas y hasta tecnologías, que se deben emplear para una mejor comprensión de su realidad económica.
Al respecto, Vargas (2015), añade que se recalca la necesidad de encontrar ese elemento que hace que lo que se estudia resulte agradable, pero a su vez desafiante, con retos, metas y objetivos significativos, así como con sentido. En este sentido, el alumno necesita aprender a resolver problemas, a identificar conceptos técnicos, aprender a aprender, a hacer, a ser, y descubrir el conocimiento que tienen internamente de forma placentera, interesante (Chirinos, 2016).
De acuerdo a lo anterior, una de las disciplinas que permitirían un cambio de mentalidad es la neuroeducación, esta estudia el funcionamiento del cerebro durante el proceso de enseñanza-aprendizaje y sus reacciones ante diversos estímulos en el proceso (Pherez, Vargas y Jerez, 2018; Aguilar-Chuquipoma, 2020), lo que se traduce en conocimientos; llegar a plantear una estrategia para el aprendizaje en niños de 7 a 10 años, conduce como profesionales en estas disciplinas que van más allá del conocimiento y experiencia para llegar a un stakeholder, que además de ser el futuro de la sociedad, resulta de interés en el desarrollo social y sostenible de las instituciones de educación superior (Suarez y Macias, 2015).
Puesto que, tal como lo sostienen Pherez, et al. Las informaciones y resultados obtenidos por las investigaciones de la psicología cognitiva y de la pedagogía como ciencia de la educación, han instituido y conformado una nueva disciplina llamada “neuroeducación”, cuya tarea esencial es saber cómo el cerebro aprende y de qué manera se estimula su desarrollo en el ámbito escolar por medio de la enseñanza. De igual manera, es una dinámica de aprendizaje basado en neurociencias, cuyo propósito es aplicar todo lo que se sabe acerca de cómo aprende el cerebro y qué cosas estimulan el desarrollo cerebral en el ámbito escolar (García, 2017).
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Puesto que, tal como lo señala Coello (2017), la neurociencia representa el “único vehículo para dar respuestas a todas las interrogantes de la existencia humana, en cuanto a la conducta y procesos mentales se refiere” (p.59). Por su parte, Gaja (2017), destaca que la neurociencia está referida al “conjunto de disciplinas científicas que estudian el sistema nervioso, con el fin de acercarse a la comprensión de los mecanismos que regulan el control de las reacciones nerviosas y del comportamiento del cerebro” (p.1); por lo cual, en lo que concierne a la neurociencia en la educación, hoy en día existen distintas pruebas de cómo un ambiente de aprendizaje equilibrado y motivador fomenta en los niños un mejor aprendizaje.
De acuerdo con Pherez, et al. (2018): “El neuroaprendizaje es una disciplina que combina la psicología, la pedagogía y la neurociencia para explicar cómo funciona el cerebro en los procesos de aprendizaje. En la actualidad, se cuenta con elementos para saber cómo aprende el cerebro humano” (p.152) y además, se cuenta con herramientas para descubrirlo. Por otra parte, siguiendo a Paniagua (2013), la neurodidáctica es una rama de la pedagogía basada en las neurociencias, que concede una nueva orientación a la educación, teniendo como propósito diseñar estrategias didácticas y metodológicas más eficientes que promuevan un mayor desarrollo cerebral o mayor aprendizaje en los términos que los educadores puedan interpretar.
Para garantizar el éxito de los procesos de enseñanza-aprendizaje, “es necesario que vayan acompañados de una actitud básica: la pasión o emoción por aprender. A tenor de lo anterior, se requiere de aportes que permitan orientar a los estudiantes en unos temas específicos, a través de estrategias pedagógicas que faciliten su aprendizaje, activando factores como la motivación, la utilidad para la vida, la resolución de problemas básicos, la activación de la memoria lógica y el razonamiento.
La Educación financiera en América Latina, tiende a generar procesos de educación dirigidos básicamente a explicar cómo es el dinero, en el sentido de administrar el ingreso, gasto, ahorro, crédito, presupuesto e inversión; con el objetivo de tomar las mejores decisiones financieras responsables, con menos probabilidad de incurrir en deudas inadecuadas o gastos innecesarios, para de esta forma poder cumplir los objetivos y metas trazada (Atuesta, 2017).
Hoy se ha levantado un interés, sin apenas precedente, por cambiar, innovar, así como mejorar la educación y la enseñanza, teniendo como base los conocimientos sobre el cerebro. Según Campos (2015), entre los 0 y 8 años de edad, la posibilidad de modificar estructuralmente y funcionalmente el cerebro, es real. Así, uno de los factores claves para el éxito de los Programas de Atención y Educación de la Primera Infancia está en que el educador entienda el proceso de neurodesarrollo y los factores de influencia.
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No obstante, es cierto, que todavía queda un largo trecho por recorrer entre los conocimientos que aportan la Neurociencia actual y su aplicación directa en el aula. Al respecto, Guillén (2017) revela que “el cuerpo no es simplemente un aparato de comunicación bidireccional para el cerebro, sino que desempeña un papel crucial en los procesos cognitivos (cognición corporizada)” (p.1). Es por ello, que el enfoque tradicional en el que los estudiantes pasan la mayor parte de su tiempo recibiendo información visual y auditiva en una situación pasiva, no es la mejor forma para optimizar su aprendizaje, ni es lo que está en consonancia con lo que se sabe acerca del funcionamiento del cerebro.
Sin tener conocimientos sobre neurociencia, John Dewey ya lo dijo hace mucho tiempo: La enseñanza debe ser por la acción. La educación es la vida; y la escuela la sociedad (Guillén, 2017). De igual manera, Luna-Nemecio (2020) afirma que desde el año 2007, la economía mundial ya se encontraba en crisis, ahora bien, en el 2020 “ésta se vio nuevamente patentizada y reactualizada, por la caída estrepitosa de los precios del petróleo durante los meses de abril y mayo. La coyuntura del Covid-19, ha terminado por agudizar las consecuencias de la actual crisis económica” (p.24), que se ha generado a nivel mundial.
En ese sentido, las recientes crisis económicas-financieras evidencian la relevancia de “promover la educación a los jóvenes en el manejo de sus finanzas personales, de modo que los prepare para el futuro en asuntos como planear los gastos con facilidad, enfrentar imprevistos que se presenten, cumplir con objetivos financieros” (Guerrero, Villamizar y Maestre, 2018, p.10), así como ahorrar en beneficio propio y familiar.
Los programas de educación financiera en la concientización de la importancia del saber financiero, en los objetivos de los programas; el común denominador es la enseñanza de conceptos financieros, tales como el ahorro, la inversión, el costo de los préstamos en pocos casos el objetivo de los programas ha sido incentivar emprendimientos con preparación financiera. (p. En ese sentido, Pherez, et al. (2018) manifiestan que: “Los tiempos que transcurren en el hoy del sistema educativo, obliga a un sin fin de cambios. Alumnos y docentes deben ser hábiles y creativos en sus maneras de resolver problemas, en su toma de decisiones auto-generadas” (p.152), como resultado de las transformaciones e innovaciones tan aceleradas que se están viviendo en la educación.
Por su parte, Guerra, Zuluaga y Saravia (2019) manifiestan que el acelerado desarrollo del mundo, los cambios tecnológicos y sociales, así como la gestión y socialización del conocimiento, entre otras variables que afectan el proceso de enseñanza-aprendizaje, exige a los instructores encontrar diversas maneras con el fin de lograr que sus estudiantes se motiven a desarrollar un proceso cognitivo, que les permita obtener el nivel de competencia deseado.
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La escuela en Colombia, difiere mucho de las exigencias del mercado en cuanto a sus necesidades sobre todo en estos tiempos, por lo cual se requiere desarrollar en clase (espacios lúdicos) proyectos tan reales como la vida misma, logrando romper las barreras de las paredes y permitiendo que los estudiantes se sientan con libertad y consintiendo que se generen espacios de discusión, en los cuales se pueda construir, así como deconstruir el conocimiento y por tanto, se pueda observar la “utilidad” del mismo (Guevara, Moreno y Rodríguez, 2020).
En esta fase inicial se identificaron los diferentes conceptos a trabajar dentro de una gaceta informativa que será en últimas la herramienta didáctica y de juego, que brindará los medios para poder transmitir tanto a los niños como a sus padres los conceptos económicos, financieros y contables que se necesitan para transmitir la doctrina. En ese sentido, los temas propuestos para integrar la estrategia en un juego son los siguientes elementos: Historia del dinero, evolución; la moneda, símbolo del dinero, tipos de dinero, el ahorro; el mercado conceptos y elementos, tipos de mercado, demanda y oferta, el mercado y yo.
Las fases que se llevaran a cabo son:
- Fase 1: Test diagnostico con los padres de familia de los niños y niñas de grado cuarto (en México sería niños de segundo a quinto grado).
- Fase 2: Juego, primera participación. En la segunda fase se pretende que los niños y niñas jueguen, en el juego encontrarán diferentes opciones de administración del dinero como son: Gastar, compartir, invertir y ahorrar.
- Fase 3: Taller a padres de familia con sus hijos e hijas (Del grupo focal seleccionado).
- Fase 4: Juego, segunda participación. Se pretende que los niños y niñas nuevamente interactúen con el juego, pero ya con los conocimientos adquiridos, con el fin de evaluar el aprendizaje y el impacto del proceso en ese aprendizaje.
- Fase 5: Se realizará un pos-test con los padres de familia para comparar los resultados iniciales con los finales con el fin de generar la propuesta de estrategia final.
Es posible que encontrándose en la fase inicial del proyecto solo se describiera en este artículo, la parte fundamental teórica de los conceptos básicos de la neuroeducación y neurodidáctica. Esta investigación es procedente por cuanto los resultados mostraron los nuevos desafíos y gestos de creatividad, con el fin de poder culminar con éxito las restantes fases del proyecto.
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