Impuesto Extraordinario en España: Descubre Todo lo que Necesitas Saber ¡Impactos y Consecuencias Reveladas!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El anhelo histórico de los sistemas tributarios del mundo es que los ricos paguen impuestos. El eslogan utilizado por Oxfam -respaldado por #TaxTheRich- lo sintetiza: “Los megarricos y las empresas multimillonarias deben pagar los impuestos que les tocan”.

Las estadísticas mundiales son lapidarias: en la última década, el 1 % más rico del mundo ha acaparado alrededor del 50 % de la nueva riqueza. Desde 2020, el capital conjunto de los cinco hombres más acaudalados se ha duplicado y el de los billonarios ha aumentado a un ritmo de 2,700 millones de dólares diarios. Los datos indignan.

No obstante, la causa del problema es multifactorial y su solución exige aproximaciones que no necesariamente pasan por lo fiscal. En buena parte de Occidente, con Estados Unidos y Europa a la cabeza, la acumulación exacerbada en manos de unos pocos ha obedecido, en buena medida, a la pasividad de los gobiernos estatales de actuar en contra de prácticas empresariales abusivas y monopólicas, en muchos casos de confrontación y reto contra el propio poder público, como es el caso de las emporios de telecomunicaciones y farmacéuticas.

En otros casos, el crecimiento de la riqueza se propicia por políticas públicas de aliento o protección a determinadas actividades económicas, como de modo reiterado ha sucedido con las empresas informáticas. El tema es ideológico y político, por supuesto. Sin embargo, no debe conceptuarse como una venganza o castigo contra los ricos por el solo hecho de serlo.

Si sus fortunas provienen de actos lícitos, entonces que paguen los impuestos personales y empresariales a su cargo, de forma correcta y puntual. En cambio, si su capital es resultado de corrupción o evasión fiscal, las acciones punitivas del Estado tienen que detonarse para aplicar las penas de prisión y las multas económicas que correspondan.

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Si la acumulación pasa por la explotación indebida de los trabajadores, las autoridades laborales son las responsables de poner freno a esa situación. Lo mismo respecto de la concentración monopolística de poder empresarial o de las ganancias centradas en la depredación del medio ambiente.

El Impacto de la Riqueza en la Recaudación Fiscal

El incremento de la recaudación fiscal presupone un mayor producto interno bruto. La paradoja, entonces, es que la riqueza genera más riqueza, sobre todo en un mundo globalizado en que los mercados crecen de manera exponencial. El comercio transfronterizo lo evidencia.

Ello provoca un efecto acumulativo del patrimonio de unos pocos, en demérito de muchos; y es ahí cuando la intervención del Estado resulta imperiosa para evitar los efectos perversos de las distorsiones de los mercados. No se trata de hacer una apología injustificada de los megarricos ni de enaltecer como héroes a los empresarios, al estilo del presidente argentino Javier Milei. El justo medio es lo importante.

Es cierto que en las últimas décadas la tendencia mundial ha sido la de reducir la carga tributaria de las empresas y de los contribuyentes en general. Al empezar el sexenio de Salinas de Gortari, la tarifa máxima del Impuesto sobre la Renta de las personas morales era del 42 % y de las personas físicas del 55 %, lo que hoy sería de espanto.

En la actualidad, las cuotas son del 30 % y 35 %, respectivamente, lo que en términos generales se encuentra dentro de estándares internacionales. Los empresarios que en realidad apuestan su patrimonio en proyectos de negocios lícitos merecen ganar dinero, siempre que paguen los gravámenes en México. Ellos en lo personal, al igual que sus compañías, deben enterar el Impuesto sobre la Renta sin artificios propios de la evasión fiscal.

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Evasión Fiscal y la Necesidad de Intervención Estatal

Los megarricos tienen la posibilidad de aprovechar al máximo las facilidades y ventajas que conceden las leyes. En eso no hay pecado alguno. Sin embargo, los empresarios a veces se exceden, en grado de ilegalidad, con la simulación de operaciones con bienes intangibles en el extranjero-marcas, por ejemplo-, la compra de pérdidas fiscales apócrifas, la atribución de residencia fiscal ficticia en países de baja o nula tributación, los bonos de productividad irreales a sus trabajadores, la subcontratación laboral también falsa o las operaciones celebradas con empresas fantasma.

En estos casos, si los ricos pagan menos impuestos que lo correcto, el Estado tiene que actuar con toda la fuerza en su contra. En una propuesta reciente, Oxfam exhorta a aumentar drásticamente los impuestos a las empresas y a los megarricos.

Esto incluye la creación de nuevas contribuciones, como lo han hecho varios países de Europa, por ejemplo: impuesto extraordinario a la banca, impuesto extraordinario a las compañías energéticas e impuesto extraordinario a las grandes fortunas (en España utilizaron la expresión de ‘impuesto de solidaridad’).

Contribuciones Extraordinarias como Alternativa Viable

En México, dada la situación precaria de las finanzas públicas y la necesidad urgente de aumentar la recaudación fiscal, el incremento, directo y generalizado, del Impuesto sobre la Renta y del Impuesto al Valor Agregado tendría un alto costo político, social y electoral para quien ocupe la presidencia. Por ello, el establecimiento de contribuciones extraordinarias, como las antes indicadas, es una alternativa real y viable en nuestro país.

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