Los mexicanos han comprado menos bebidas azucaradas desde 2014 como efecto del impuesto. Los resultados indican que los impuestos a las bebidas azucaradas pueden coadyuvar en el cambio de comportamientos en bien de la salud pública. De esta forma durante 2014 bajaron las ventas en 6%, en 2015 la disminución fue de 8% y hasta junio de 2016, el año en curso, la reducción es de 11.1%, comparando con el periodo anterior al impuesto (2007-2013) y las tendencias de consumo. El estudio del INSP compara las ventas mensuales hasta junio de 2016, mostrando que si el impuesto no se hubiera establecido el consumo por persona habría seguido creciendo.
Sobre este tema, Fiorella Espinosa, coordinadora de investigación en Salud Alimentaria de El Poder del Consumidor -organización integrante de la Alianza por la Salud Alimentaria-, recordó que esta epidemia de obesidad se asocia al deterioro de los hábitos de alimentación en la población y especialmente al consumo de bebidas azucaradas en el mundo, que llegó a alcanzar 163 litros por persona al año en México, muy por encima del promedio mundial. La investigadora consideró que “es sumamente positivo para la salud de las familias más vulnerables, para las que la diabetes representa un gasto catastrófico, lograr disminuir la ingesta de refrescos en los hogares, ya que las evidencias científicas han demostrado que el consumo regular de bebidas azucaradas aumenta la posibilidad de desarrollar sobrepeso, obesidad y diabetes, además se asocia a padecimientos cardiovasculares. Sin embargo, es claro que este impuesto es bajo y, por lo tanto, su impacto no es suficiente. Un impuesto fortalecido significaría un ahorro en la atención a pacientes diabéticos, ya que las complicaciones de esta enfermedad “pueden llevar a una familia a la bancarrota, el mayor gasto en salud por el consumo de bebidas azucaradas se da en las familias más pobres convirtiéndose en una causa de pauperización”.
El Problema de la Obesidad y las Bebidas Azucaradas
La obesidad es un problema de Salud Pública en multitud de países del mundo. Se trata de una enfermedad crónica con origen multifactorial que se caracteriza por un exceso o una acumulación excesiva y general de grasa en el cuerpo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el año 2014 aproximadamente un 13% de la población adulta mundial eran obesos, con lo cual la enfermedad está alcanzando proporciones epidémicas. Esta afección se puede explicar cómo el resultado de diversos cambios acontecidos en los últimos tiempos, como es la reducción de la actividad física y la fácil disponibilidad a multitud de alimentos.
La causa principal de la obesidad se debe a un desequilibrio energético entre calorías consumidas y calorías gastadas. Esta enfermedad lleva asociado diversos problemas que son tratados a nivel médico y con lo cual, tienen un gasto económico para la sociedad. Al aumentar el Índice de Masa Corporal (IMC), aumenta la probabilidad de padecer otro tipo de enfermedades como diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares, trastornos del aparato locomotor y algunos tipos de cánceres. A mayor obesidad, aumentan las cifras de morbilidad y mortalidad debidas a causa de estos desordenes. Asimismo, esta enfermedad no transmisible puede prevenirse siguiendo unas pautas de vida saludables, como son la limitación de la ingesta de alimentos con grandes cantidades de grasas y azúcares acompañado de un aumento del consumo de verduras y frutas así como de legumbres, frutos secos y cereales. Y, a su vez, aumentando la actividad física diaria.
El tema que nos ocupa, corresponde a la aprobación de una política de Salud Pública. Esta política tiene como objetivo reducir la tasa de obesidad limitando el consumo de bebidas azucaradas, las cuales disponen de un contenido elevado de azúcar añadido. Si no se invierte la situación de tendencia al alza de la obesidad, en los próximos años las enfermedades no transmisibles podrían ser la causa de aproximadamente un 73% de las muertes y un 60% de la carga mundial de enfermedad.
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Recomendaciones de la OMS y Políticas Fiscales
La OMS recomienda en su informe titulado: "Sugars intake for adults and children", que si se ingieren azúcares libres estos aporten menos del 10% de las necesidades energéticas totales diarias de la persona. Recalcando además, que se puede observar mejoras en la salud de las personas que reducen el contenido a menos del 5%. Asimismo, desde el punto de vista nutricional, los azúcares añadidos no son necesarios en la dieta de las personas. Otra publicación importante de la OMS, es el "Plan de acción mundial para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020" donde en su Objetivo número tres, aconseja "reducir los factores de riesgo modificables de las enfermedades no transmisibles y sus determinantes sociales subyacentes mediante la creación de entornos que fomenten la salud".
Así pues, en él se recogen distintas opciones de política para que los diferentes países adopten una serie de medidas en relación al fomento de dietas saludables. Entre ellas, encontramos la relacionada con la reducción del contenido de azúcares libres en los alimentos y en las bebidas no alcohólicas. De igual modo, promueve que los gobiernos de los distintos países sean la parte más importante en el establecimiento de un marco normativo nacional para reducir los factores de riesgo que llevan asociada la obesidad. Algunos países ante tal recomendación de la OMS, han actuado y han puesto en marcha la tributación de las bebidas azucaradas.
Debido al creciente consumo de bebidas azucaradas, se estima que hay un total de 184.000 muertes anuales. México es el país que presenta mayor mortalidad, la proporción atribuible a las bebidas azucaradas es superior al 30% en los mexicanos menores de cuarenta y cinco años. Además, es el país que más bebidas azucaradas consume seguido de Estados Unidos y Chile. La OMS señala que el consumo de azúcares libres, incluyendo las bebidas azucaradas, es un factor importante en el aumento global de la cifra de habitantes que sufren obesidad. Una medida que se está empezando a aplicar en algunos países cómo se ha mencionado anteriormente, es el impuesto en este tipo de bebidas con altos contenidos en azúcares.
Esta solución ayudaría a salvar vidas, a reducir los costes sanitarios y aumentar los ingresos de los diferentes países para utilizarlos en los servicios de salud. Al aumentar los precios de estos productos, los más saludables son los más económicos. Esta medida es relativamente reciente en la mayoría de países en los que se ha empezado a aplicar y, aún falta mucho tiempo para saber si será lo suficientemente efectiva para combatir la obesidad.
La OMS viendo el creciente avance de la obesidad a nivel mundial lanza un comunicado con la intención de invertir esta epidemia. Para conseguir este cometido, propone a los diferentes países del mundo que adopten medidas de Salud Pública y se refiere más concretamente a que se aplique un impuesto en las bebidas que contengan un alto contenido en azúcares. Por tanto, la imposición del impuesto en las bebidas azucaradas es una forma de intentar reducir los efectos negativos de su consumo.
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Según el informe publicado por la OMS y titulado: "Fiscal policies for Diet and Prevention of Noncommunicable Disease (NCDs)", las políticas fiscales que anudan el aumento de al menos un 20% el precio de venta al consumidor final de las bebidas azucaradas, podrían reducir de una forma proporcional el consumo de estos productos que por ende, no son beneficiosos para la salud por su alto contenido en azúcares añadidos. Por consiguiente, si se consigue reducir la ingesta de estos tipos de productos esto implicaría una reducción de la ingesta de azúcares libres. Y, por lo tanto, de la ingesta calórica total con lo cual, mejoraría la nutrición de las personas consumidoras y rebajaría el índice de obesidad y sobrepeso.
El Caso de México: Impuestos Especiales y su Impacto
Las bebidas azucaradas representan el 70.3% de la ingesta diaria de azúcares añadidos en la población mexicana. El consumo de bebidas azucaradas está provocando en México la muerte de 24 mil personas al año, y es una de las principales causas de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y severos daños en la salud bucal. Por su parte, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reporta que en el presupuesto de egresos de la Federación 2015 la inversión en programas de gastos asociados al problema de prevención del sobrepeso y obesidad ascendió a $18 mil millones de pesos, considerando desde programas como PrevenIMSS y PrevenISSSTE hasta programas de Conagua. Además, los costos económicos de la obesidad y enfermedades crónicas van más allá del sector salud e impactan en la economía y las finanzas familiares. Los impactos generados por el consumo de bebidas azucaradas y de alimentos con alta densidad calórica amenazan con colapsar al sistema de salud mexicano.
Los impuestos especiales (IEPS) constituyen una medida utilizada para enfrentar los costos de las externalidades negativas, entendidas como el resultado de acciones privadas (individuales) que imponen costos a la sociedad en su conjunto. En 2014 la SHCP recaudó $18 mil 255 millones de pesos por concepto del IEPS a bebidas azucaradas sumado a $13 mil 285 millones del IEPS a alimentos no básicos con alta densidad calórica, sumando una cifra de $31 mil 540 millones de pesos, la cual se encuentra muy por debajo (26.5% y 33%) de lo que se gasta hoy en día en prevenir y atender los problemas que genera el consumo de estas bebidas y alimentos.
Las bebidas azucaradas son particularmente dañinas por dos motivos principales: primero, porque promueven el consumo excesivo de calorías, al no generar saciedad ni compensación energética (como lo hacen los alimentos sólidos); y segundo, porque generan cambios metabólicos que derivan en altos niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre. Las medidas fiscales, en general, constituyen una de las políticas públicas recomendadas por organismos nacionales e internacionales para enfrentar la epidemia de obesidad y diabetes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya las mencionaba desde su Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud en 2004. El relator por el Derecho a la alimentación de las Naciones Unidas tras su visita a México recomendó fuertemente esta medida ante la “cocalización” que vive el país, e incluso la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reiteró en diversos documentos la necesidad de implementar dicha medida.
Los resultados preliminares del primer año de implementación de la medida mostraron efectos positivos al concluir que en promedio la población disminuyó en 6% la compra de estos productos y este fenómeno aumentó a final de año hasta llegar a 12%, sustituyéndolos en gran parte por agua simple. Los resultados de este estudio contrastan con las declaraciones de la industria de bebidas que, como al principio, aseguran que el impuesto no ha funcionado, declaración que forma parte de su estrategia para impedir la implementación de estas medidas regulatorias en beneficio de la salud de la población.
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Tabla: Reducción en la Compra de Bebidas Azucaradas en México
| Año | Reducción en Ventas |
|---|---|
| 2014 | 6% |
| 2015 | 8% |
| Hasta junio de 2016 | 11.1% |
La industria de bebidas y alimentos ha cuestionado las propias recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el consumo máximo de azúcar para proteger la salud de la población. Añade que es una estrategia de la industria para aumentar el consumo de bebidas “light” similar a la que usó la industria tabacalera para aumentar el consumo de cigarrillos ligeros. Señala el riesgo para los niños pequeños de esta medida y llama a aumentar el impuesto a 2 pesos por litro.
