La Edad Moderna es el tercero de los periodos históricos en los que se divide convencionalmente la historia universal, comprendido entre el siglo XV y el XVIII. Durante este tiempo, los reyes intentan construir Estados fuertes con Haciendas públicas más ricas. Para pagar todo esto no bastaba con los impuestos directos que pagaban los propietarios de las tierras, sino que hubo que crear muchos impuestos indirectos, sobre todo, para gravar el consumo.
El sistema fiscal y la formación del Estado
La formación estatal en relación con las finanzas es materia trabajada desde antiguo. La fiscalidad y la guerra se consolidan como monopolios del poder político, siendo la hacienda y la guerra los ejes sobre los que se articula el nacimiento de un tipo concreto de estado. La injusticia en los conceptos y en la cuantía de los impuestos, así como su mala utilización, produce una descompensación entre las contraprestaciones del recaudador Estado y del gobernado Pueblo, dando lugar a conflictos y revoluciones.
El sistema fiscal del Antiguo Régimen presentaba particularidades significativas, donde la nobleza y la emergente burguesía interactuaban bajo un sistema de intereses cruzados. Como señala el profesor Alonso García, se fueron enmarañando las cuestiones: “sería en torno a estos conceptos donde unos y otros, rey y reino, urdían sus intereses dentro de un sistema que poco a poco iba implicando a ambos”.
Elementos clave de la fiscalidad moderna
- Impuestos indirectos: Creados principalmente para gravar el consumo ante la insuficiencia de la recaudación directa.
- Fiscalidad nobiliaria: Existía un sistema de “estados nobiliarios” con cierto grado de autonomía en la gestión y cobro de recursos.
- Relación Rey-Reino: La negociación de servicios y subsidios en las Cortes era fundamental para la obtención de ingresos reales.
- Corrupción y fraude: El desajuste constante y el uso de conceptos como el “fraude fiscal” marcaron la administración de la época.
Evolución histórica de los recursos
En el siglo XVI, tras la recuperación de la Crisis de la Baja Edad Media, en economía se produjo lo que se denomina Revolución de los Precios. La monarquía buscaba aumentar sus márgenes de acción y beneficio, utilizando figuras fiscales que a menudo eran controvertidas. Por ejemplo, se dirigían las Cortes a Carlos V: “la concesión de los encabezamientos era un gran servicio por excusar muchos prejuicios que a la continua se hacen estando las rentas en poder de los arrendadores”.
La fiscalidad evolucionó desde el concepto del auxilium regio hasta sistemas más complejos. Durante el siglo XVII, la humanidad presenció posiblemente una crisis general, que además del descenso de población y de la llegada de metales de América, fue muy desigual en la forma de afectar a los distintos países. En este contexto, el uso de mecanismos como el “servicio de millones” se volvió una fuente fundamental de ingresos en las arcas reales.
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La transición hacia la Edad Contemporánea
El siglo XVIII comenzó con lo que Paul Hazard definió como crisis de la conciencia europea, que posibilitó la Revolución científica newtoniana, la Ilustración y la Crisis del Antiguo Régimen. El desarrollo de esos procesos, que pueden considerarse como consecuencias lógicas de los cambios desarrollados desde el fin de la Edad Media, pondrán fin a la Edad Moderna. La Revolución industrial, la Revolución burguesa y la Revolución liberal marcaron el fin de este periodo, transformando definitivamente la relación entre el Estado, la producción interna y la carga tributaria sobre los ciudadanos.
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