La Revolución Francesa es una de las revoluciones burguesas emblemáticas, que logró el derrocamiento del absolutismo, la abolición de los estamentos señoriales y los privilegios de las clases. También logró la abolición de la propiedad feudal de la tierra, la supresión de las restricciones económicas existentes, el poder de la Iglesia y de otras instituciones que caracterizaban al Antiguo Régimen.
El Antiguo Régimen en Francia
Para el siglo XVIII, la unidad de Francia se derivaba del gobierno monárquico absolutista, cuya autoridad y actuación política se justificaban con base en la doctrina del derecho divino. Como características del absolutismo, el mandato del rey era la ley y la impartición de justicia estaba a merced de jueces corruptos que compraban o heredaban sus títulos y aplicaban leyes casuísticas. En Francia prevalecía una sociedad estamental basada en privilegios.
Cada estamento se diferenciaba de los otros por tener un código de leyes propias, que concedían derechos y privilegios hereditarios al alto clero y la alta nobleza, en tanto que al común del pueblo sólo le imponían deberes. Entre las clases privilegiadas se encontraban el clero y la nobleza.
El clero tenía en sus manos el control de las instituciones educativas, el culto religioso y la prensa. Como parte de sus privilegios tenía sus propios tribunales, cobraba diezmos, y estaba exento del pago de impuestos. La nobleza proyectaba su posición social dominante por los títulos nobiliarios que le eran otorgados por méritos, junto con el derecho exclusivo para ocupar cargos político-administrativos y militares; entre sus privilegios estaban la exención del pago directo de cualquier tipo de impuestos, de poseer sus propios tribunales de justicia, así como bienes raíces que logró acumular gracias a un derecho sucesorio que le permitía adquirirlos por dote, sucesión o compra, al tiempo que le impedía la venta de los mismos.
Una forma de nombrar a los no privilegiados fue: el Tercer Estado (dado que el primero y segundo eran la nobleza y el clero); de igual manera se le nombraba: estado llano, el cual incluía la resto de la sociedad francesa, se incluía a ricos financieros y banqueros, artesanos, comerciantes, funcionarios menores, profesionistas, campesinos libres propietarios de pequeñas parcelas, arrendatarios de tierras, jornaleros, y siervos que todavía vivían bajo el dominio de la nobleza feudal obligados a pagar derechos feudales.
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La Revolución francesa fue iniciada por el Tercer Estado por el deseo de obtener tierras y mayores ingresos, o de ser liberados de los derechos feudales y las cargas fiscales, la necesidad de que se mantuviera la estabilidad de los precios del grano y otros productos agrícolas.
El Papel de los Impuestos en el Desencadenamiento de la Revolución
Los impuestos no son solo un mecanismo para financiar al estado; han sido, a lo largo de la historia, detonantes de guerras, revoluciones y el colapso de grandes civilizaciones. Desde una perspectiva liberal, los impuestos excesivos representan una intromisión que asfixia la iniciativa privada, frena el desarrollo económico y perpetúa la pobreza.
En 1789, Francia estalló en revolución, y los impuestos fueron un factor clave. El Antiguo Régimen eximía a nobles y clérigos, dejando a campesinos y burgueses bajo una presión fiscal insostenible. Esta desigualdad, contraria a los principios liberales de igualdad ante la ley, desató el descontento que derrocó la monarquía.
En 1789, Francia se ahogaba en deuda. La gente pasaba hambre mientras el rey, Luis XVI vivía en la opulencia y el derroche. El alza de los impuestos, que solo se cobraban a la población más pobre y a la burguesía de clase media, detonó el malestar del pueblo que ya se encontraba inmerso en la miseria, la injusticia y el abuso de la nobleza.
Desigualdad Social y Crisis Financiera
En el último cuarto del siglo XVIII, Francia es un país mayoritariamente rural, en el que la burguesía se ha convertido en el sector social más dinámico mientras que el absolutismo va cayendo poco a poco en una crisis política irremediable. Sin embargo, la Revolución Francesa es producto de una serie de causas de carácter social, cultural y político-económico.
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En la cúspide de la pirámide social se encuentra una monarquía despótica que sólo rinde cuenta de sus actos a Dios, por cuya gracia reina. El resto la componen, en orden descendente, estamentos determinados por el nacimiento: nobleza y clero, éstos cuentan con privilegios, el principal es la exención de impuestos. El Tercer Estado reúne al resto de la población y su misión es procurar la subsistencia a la Nación. Es decir, el artesanado, campesinado y burguesía se veían obligados a mantener a los otros dos sectores que eran improductivos.
Francia cuenta con una población de 26 millones en el momento del estallido de la Revolución, así como con buenos recursos naturales. Sin embargo, el Tercer Estado había contribuido con el pago de altos impuestos para costear las guerras, como la Guerra de los Siete Años 1757-1763 y la independencia de las Trece Colonias durante la cual Francia apoyó a los colonos económicamente para debilitar a Inglaterra. El resultado directo fue la bancarrota del estado que, aunado a los festines y las malas cosechas llevó a un alza desbocada de los precios y desató el hambre.
El Estado Francés se encontraba endeudado; y ya desde 1783 los ministros ilustrados de Luis XVI, Calonne y Brienne, trataron de implementar sistema impositivo a las clases privilegiadas: nobleza y clero. La tierra era la fuente de poder de la aristocracia. En tanto que la burguesía adquiría riqueza gracias al comercio transoceánico y por ello pudo aspirar a obtener el poder detentado por la nobleza. Para 1787 la crisis era total.
El Inicio de la Revolución
Las tensiones aumentaron el 11 de julio de 1928 cuando Luis XVI despidió a su ministro de finanzas, Jacques Necker, un banquero de ginebra que era visto como el último vínculo entre el pueblo y el rey.
EL 14 de julio de 1789 el pueblo de Francia tomó la fortaleza de la Bastilla dando inicio a una de las revoluciones más importantes de la historia. No solo por su carácter político, sino por su legado para los derechos de libertad, seguridad y propiedad. Este edificio con muros de 25 metros de altura era una construcción medieval que funcionaba como prisión.
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Capturar la Bastilla fue un gran triunfo para la población. La victoria le demostró al pueblo francés que estaba listo para levantarse en armas. Inmediatamente después, la revolución comenzó a extenderse por toda Francia. Adentrándose en el descontento de las clases oprimidas bajo el lema Libertad, Igualdad y Fraternidad.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano
Tan solo seis semanas después del ataque a la Bastilla, la Asamblea Nacional Constituyente de Francia redactó y adoptó la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos el 26 de agosto de 1789.
La Declaración proclamó que a todos los ciudadanos se les deben garantizar los derechos de “libertad de propiedad, seguridad y resistencia a la opresión”. En su artículo 1° estableció que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. No cabe duda de que la Declaración fue un momento decisivo en la historia de los derechos civiles y los derechos humanos, con un alcance mayor que el de la mayoría de los documentos anteriores.
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