Descubre la Verdad Oculta del Trastorno de Identidad Disociativo y la "Doble Personalidad"post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La intuición nos sugiere que, si una persona es extraordinariamente perversa, lo es en todas las esferas de su vida. Y, por lo tanto, afecta a todas sus relaciones sociales y familiares. Sin embargo, en la práctica profesional forense podemos conocer individuos despiadados y crueles que, no obstante, pueden adorar a sus madres, desvivirse por el bienestar de un hermano o entristecerse con los achaques de su mascota. Estas paradojas incomprensibles solo parecen cobrar sentido bajo el prisma de la teoría de la personalidad modular. Esta teoría sugiere que todos poseemos lo que popularmente se conoce como personalidad múltiple, es decir, una personalidad dividida en varios “yoes” diferentes que prestan atención a distintos tipos de información y recuerdan experiencias pasadas diferentes.

Lo fascinante es que existe una base neurológica para explicar esta “compartimentación” de la personalidad. Un estudio de 1991 de los neurocientíficos J. Grigsby y J. L. Schneiders, confirmado por trabajos posteriores, sostiene que el comportamiento humano puede comprenderse mejor a la luz de los datos actuales sobre la organización estructural del sistema nervioso central. El cerebro, desde este enfoque, estaría organizado como un sistema modular en constante interacción con el entorno. De hecho, trasladando esta idea de la personalidad modular hasta un extremo patológico, nos encontraríamos ante un desorden psíquico conocido como trastorno de identidad disociativo.

¿Qué es el Trastorno de Identidad Disociativo?

En el trastorno de identidad disociativo (TID), antes conocido como trastorno de personalidad múltiple, la persona está bajo el control de dos o más identidades distintas de forma alternativa. Estas identidades pueden tener patrones de habla, de temperamento y de comportamiento diferentes de los que normalmente se asocian a la persona. La persona tiene dos o más identidades y presenta lagunas de memoria para los acontecimientos cotidianos, información personal importante y acontecimientos traumáticos o estresantes, así como muchos otros síntomas, como depresión y ansiedad.

Esta enfermedad mental se manifiesta como una perturbación de la identidad caracterizada por dos o más personalidades bien definidas. Cada una de ellas puede tener un nombre, una historia personal y características propias. Se trata de un inconexo rompecabezas que genera un perturbador malestar psicológico y una evidente desestructuración y discontinuidad de la identidad.

El trastorno de identidad disociativo es poco frecuente y tiene un curso crónico y es potencialmente incapacitante, aunque muchas personas consiguen tener un buen nivel de funcionamiento y conducen sus vidas de manera creativa y productiva.

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Causas y Factores de Riesgo

El trastorno de identidad disociativo suele aparecer en personas que sufrieron una tensión emocional abrumadora o un trauma durante la infancia. El estrés extremo durante la infancia puede impedir que algunos niños integren sus experiencias en una identidad cohesiva. Entre el 70 y el 100% de las personas con este trastorno tienen antecedentes de maltrato grave (físico, sexual o emocional) o de abandono durante la infancia. Algunas personas no han sufrido abusos, pero han experimentado una pérdida temprana importante (como la muerte de uno de los progenitores), una enfermedad grave u otros eventos abrumadoramente estresantes.

A medida que se desarrollan, los niños deben aprender a integrar diversos y complicados tipos de información y experiencias en una única identidad personal cohesionada y compleja. El abuso sexual y físico que se produce en la infancia, cuando la identidad personal está en desarrollo, puede tener efectos duraderos sobre la capacidad de la persona para construir una identidad única, especialmente cuando los abusadores son los progenitores o los cuidadores. Los niños que han sufrido abusos pueden pasar por fases en las cuales se mantienen separadas las diferentes percepciones, recuerdos y emociones de sus experiencias vitales. Los padres u otros cuidadores intensifican esta segregación de experiencias al comportarse de manera inconsistente a lo largo del tiempo, un comportamiento que se denomina trauma por traición.

Con el tiempo, estos niños pueden desarrollar una creciente capacidad de escapar del abuso al 'alejarse', disociándose de su duro ambiente físico o replegándose hacia el interior de su propia mente. Cada fase o experiencia traumática se puede usar para producir una identidad diferente. Sin embargo, si estos niños en situación de vulnerabilidad son suficientemente protegidos y contenidos psicológicamente por adultos que verdaderamente se preocupen por ellos, es menos probable que desarrollen un trastorno de identidad disociativo.

Actualmente se cree que la pérdida de memoria (amnesia) en pacientes con trastorno de identidad disociativo está relacionada con un volumen reducido de regiones del hipocampo (un área del cerebro que juega un papel importante a la hora de almacenar y recuperar recuerdos). Esto puede estar relacionado con concentraciones elevadas de hormonas del estrés como el cortisol asociadas a experiencias traumáticas.

Síntomas del Trastorno de Identidad Disociativo

El trastorno de identidad disociativo presenta varios síntomas característicos, incluyendo la manifestación de más de una identidad, amnesia y otros síntomas asociados.

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Más de una identidad

El trastorno de identidad disociativo tiene 2 formas: la forma de posesión, en la que las diferentes identidades de la persona parecen ser agentes externos que han tomado el control, y la forma de no posesión. En la forma de posesión, las diferentes identidades son claramente aparentes para los familiares de la persona en cuestión, así como para otros observadores. La persona habla y actúa de una manera obviamente distinta, como si otra persona o ser hubiera tomado posesión.

En la forma no posesiva las diferentes identidades no suelen ser tan evidentes para los observadores, aunque la persona puede mostrar un cambio repentino en su comportamiento y en su relación con los demás. En lugar de actuar como si otro ser hubiera hecho posesión de ellas, las personas con este tipo de trastorno de identidad disociativo pueden sentirse desconectadas de algunos aspectos de sí mismas (un trastorno denominado despersonalización), como si se estuvieran viendo a sí mismas en una película o como si estuvieran viendo a una persona diferente. De repente pueden pensar, sentir, decir y hacer cosas que no pueden controlar y que no parece que les pertenezcan. Las actitudes, opiniones y preferencias pueden cambiar repentinamente para volver a cambiar a continuación. Algunos de estos síntomas, como los cambios en las preferencias alimentarias, pueden ser observados por otras personas.

La persona puede pensar que su cuerpo se nota diferente (por ejemplo, como el de un niño pequeño o una persona del sexo opuesto) y que su cuerpo no les pertenece. Pueden referirse a sí mismos en primera persona del plural (nosotros) o en tercera persona (él, ella, ellos), a veces sin saber por qué. Algunas de las personalidades conocen importante información personal que desconocen las otras personalidades. Algunas personalidades parecen conocerse e interaccionar entre sí en un complejo mundo interior. La alternancia entre distintas personalidades y el desconocimiento de las conductas que provocan suele hacer que la vida de la persona sea caótica.

Como las identidades interactúan entre sí, las personas afectadas pueden referir que escuchan voces. Las voces pueden ser conversaciones internas entre las distintas identidades o pueden dirigirse a la persona directamente, a veces haciendo comentarios sobre su comportamiento. Varias voces pueden hablar al mismo tiempo, produciéndose mucha confusión. Las personas con trastorno de identidad disociativo también experimentan intrusiones de identidades, voces o recuerdos en sus actividades cotidianas. Por ejemplo, en el trabajo, una identidad enojada puede gritar de repente a un compañero de trabajo o a un jefe.

Amnesia

La amnesia puede incluir lo siguiente:

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  • Lagunas en la memoria de acontecimientos personales pasados: por ejemplo, la persona puede dejar de recordar ciertos períodos de tiempo durante la infancia o la adolescencia.
  • Fallos en la memoria de los acontecimientos cotidianos actuales y habilidades bien aprendidas: por ejemplo, la persona puede olvidar temporalmente cómo utilizar un ordenador.
  • El descubrimiento de la evidencia de cosas que han hecho pero que no recuerdan haber hecho.

La persona puede sentir que le falta un periodo de tiempo o que lo ha perdido. Después de un episodio de amnesia, es posible que descubran objetos en los armarios de su hogar o muestras de escritura a mano que no pueden explicar o reconocer. También pueden encontrarse en lugares distintos a los que recuerdan haber estado por última vez y desconocer cómo y por qué razón están allí. Pueden mostrarse incapaces de recordar cosas que han hecho o de explicar cambios en su comportamiento. Es posible que se les diga que dijeron o hicieron cosas que no recuerdan.

Otros síntomas

Las personas con trastorno de identidad disociativo describen a menudo un conjunto de síntomas que recuerdan a otros que aparecen en distintos trastornos mentales y en numerosas enfermedades orgánicas. Por ejemplo, es frecuente que presenten intensos dolores de cabeza y otros síntomas dolorosos. Padecen diferentes grupos de síntomas en distintos periodos de tiempo. Algunos de estos síntomas pueden indicar la existencia de otro trastorno, pero otros pueden reflejar la irrupción en el presente de experiencias pasadas. Por ejemplo, la tristeza puede indicar la presencia de una depresión coexistente, pero también reflejar el hecho de que una de las personalidades esté reviviendo emociones asociadas a desgracias que acontecieron en el pasado.

Muchas personas con trastorno de identidad disociativo se deprimen y sufren ansiedad. Son propensas a hacerse daño a sí mismas. Son frecuentes el abuso de sustancias, los episodios de automutilación y el comportamiento suicida (pensamientos de suicidio e intentos de llevarlo a cabo); también aparece con frecuencia disfunción sexual. Al igual que muchas personas con un historial de maltrato, pueden buscar o mantenerse en situaciones peligrosas y son vulnerables a volver a sufrir un acontecimiento traumático.

Además de escuchar voces de otras identidades, la persona puede sufrir otros tipos de alucinaciones (visuales, táctiles, olfativas o del gusto). Las alucinaciones pueden ocurrir como parte de una imagen retrospectiva. Por lo tanto, el trastorno de identidad disociativo puede ser mal diagnosticado como un trastorno psicótico como la esquizofrenia. Sin embargo, estos síntomas alucinatorios difieren de las alucinaciones características de los trastornos psicóticos. Las personas con trastorno de identidad disociativo experimentan estos síntomas como provenientes de una identidad alternativa, desde el interior de su cabeza. Las personas con esquizofrenia por lo general piensan que la fuente es externa, fuera de sí mismos. A menudo, la persona trata de esconder o de restar importancia a sus síntomas y al efecto que tienen sobre los demás.

Diagnóstico del Trastorno de Identidad Disociativo

Los médicos diagnostican el trastorno de identidad disociativo basándose en la historia de la persona y en sus síntomas:

  • Las personas afectadas tienen dos o más identidades, y su sentido de ser ellas mismas y de ser capaces de actuar como tales está alterado.
  • Presentan lagunas de memoria para los acontecimientos cotidianos, información personal importante y acontecimientos traumáticos (información que normalmente no se olvidaría).
  • Están muy angustiadas por sus síntomas, o sus síntomas les impiden desenvolverse en situaciones sociales o en el trabajo.

A través de la realización de una meticulosa entrevista psiquiátrica y de cuestionarios especiales, a veces facilitados mediante hipnosis o sedantes, el médico obtiene la información necesaria para establecer el diagnóstico de este trastorno. Los médicos llevan a cabo una minuciosa entrevista psiquiátrica y emplean cuestionarios especiales con el fin de identificar el trastorno de identidad disociativo y para descartar otros trastornos de salud mental. También se puede pedir la realización de una exploración clínica y un análisis de laboratorio para determinar si existe algún trastorno orgánico que pueda explicar ciertos síntomas.

Las entrevistas pueden requerir mucho tiempo y el empleo cauteloso de técnicas de hipnosis o de sedantes administrados por vía intravenosa para lograr la relajación de la persona (entrevista facilitada con fármacos). A veces se pide a la persona afectada que lleve un diario entre las visitas médicas. Tales medidas pueden facilitar al médico el acceso a las otras identidades o aumentar las probabilidades de que la persona revele información sobre un periodo olvidado de su vida. El médico también pueden intentar contactar directamente con otras identidades pidiendo hablar con la parte de la mente que participa en conductas que la persona no puede recordar o que parecen estar hechas por otra persona.

Por lo general, los médicos son capaces de distinguir el trastorno de identidad disociativo de la simulación (fingimiento de síntomas físicos o psicológicos para obtener un beneficio). Los enfermos falsos tienden a informar excesivamente sobre los síntomas bien conocidos del trastorno y dan poca información sobre otros, tienden a crear identidades alternativas estereotípicas, y por lo general, parecen disfrutar de la idea de sufrir el trastorno. Las personas con trastorno de identidad disociativo a menudo tratan de ocultarlo. Si los médicos sospechan que el trastorno es simulado, también pueden cruzar la información de varias fuentes para detectar posibles inconsistencias que descarten el trastorno de identidad disociativo.

Tratamiento del Trastorno de Identidad Disociativo

El objetivo del tratamiento del trastorno de identidad disociativo suele ser integrar las distintas personalidades en una única personalidad. Sin embargo esto no siempre es posible. En las situaciones en que no lo es, el objetivo es lograr una interacción armoniosa entre las distintas personalidades que permita un mejor grado de funcionamiento a la persona. La psicoterapia es el tratamiento principal utilizado para integrar las diferentes identidades.

La farmacoterapia puede aliviar algunos síntomas específicos coexistentes, como la ansiedad o la depresión, pero no tiene efectos sobre el trastorno en sí. La psicoterapia suele ser larga, difícil y emocionalmente dolorosa. Las personas pueden experimentar numerosas crisis emocionales derivadas de los actos de las distintas identidades y de la desesperación que puede provocar la evocación de recuerdos traumáticos durante la terapia. A menudo son necesarios varios periodos de hospitalización psiquiátrica para ayudar a las personas a atravesar las etapas más difíciles y para que puedan asimilar los recuerdos particularmente dolorosos. Durante la hospitalización, a la persona se le proporciona continuamente apoyo y está monitorizada.

Los puntos clave de la psicoterapia eficaces para el trastorno de identidad disociativo son los siguientes:

  • Proporcionar una manera de estabilizar las emociones intensas.
  • Negociar relaciones entre los estados de identidad.
  • Superar los recuerdos traumáticos.
  • Proteger frente a la victimización adicional.
  • Establecer y promover una buena relación entre la persona y el terapeuta.

Los estudios científicos indican que las personas que experimentan trastorno de identidad disociativo obtienen puntuaciones elevadas en la capacidad de experimentar hipnosis y disociación (separar los recuerdos, las percepciones o la identidad de la conciencia consciente).

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