Inflación y Depresión: Descubre Cómo Afectan Tu Economía y Qué Hacer Ahorapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

En las últimas décadas, las enfermedades mentales han pasado de ser secretos personales y familiares a un asunto de salud pública. Específicamente en el tema de la depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 300 millones de habitantes del mundo sufren de depresión, y en México este padecimiento se considera el primer motivo de discapacidad para las mujeres y el noveno para los hombres.

De acuerdo con la misma fuente, cerca de 10% de las personas ha sufrido depresión en algún momento y una de cada cinco la sufrirá antes de los 75 años, siendo ésta cada vez más frecuente en los grupos de edad jóvenes. Dada la importancia creciente de está afectación, resulta importante entender cómo afecta, entre otras múltiples facetas de la vida y las decisiones económicas y financieras.

La Depresión y las Decisiones Económicas

El estudio “Time and Risk Preferences, and Consumption Decisions of Patients with Clinical Depression”, de Bayer, Shtudiner, Suhorukov, y Grisaru, buscó analizar cómo la depresión afecta las decisiones económicas, específicamente aquellas relacionadas con las preferencias de tiempo. Es decir, las que determinan la decisión entre el consumo presente y el futuro o, dicho de otra manera, entre gastar hoy y ahorrar para mañana.

A partir de analizar un grupo de personas diagnosticadas con depresión y contrastar sus resultados contra personas de similares características socio-demográficas sin el padecimiento, se encontró que las personas que padecen de depresión clínica son menos propensas a ahorrar y toman decisiones económicas de corto plazo de mayor riesgo.

En muchos casos, las decisiones económicas incorrectas además generan una afectación en la condición económica de corto plazo, lo que profundiza o genera nuevas tensiones de incertidumbre de corto plazo que a su vez retroalimentan la depresión. De manera más puntual, las personas con depresión se caracterizan por tener tasas de descuento mayores en sus decisiones económicas de largo plazo, entendiéndose como tasa de descuento el rendimiento implícito que una persona requiere para posponer consumo presente contra consumo futuro.

Lea también: Ajuste Anual: Efecto en la Nómina

En un ejemplo específico, de manera racional una persona que se le ofrezcan hoy 10,000 pesos o la alternativa de recibir 11,000 pesos dentro de un año debería aceptar el ingreso futuro dado que se le está ofreciendo implícitamente una tasa de interés de 10%, claramente superior a la inflación. La mayoría de las personas requiere el ofrecimiento de un rendimiento mayor para aceptar posponer un año el pago. Pero las personas con depresión clínica requieren la promesa de un premio futuro aun mayor que incluso el promedio del resto de las personas requiere, lo cual conlleva a no realizar el ahorro o a sólo hacerlo cuando se presentan opciones con promesas de rendimiento sumamente elevadas, pero, consecuentemente, también de riesgo sumamente alto.

Si los estudios realizados en las últimas décadas sobre la conducta económica y financiera de las personas han mostrado que la mayoría de nosotros tenemos sesgos de irracionalidad que afectan la calidad de nuestras decisiones futuras, las personas con depresión clínica presentan una mayor profundidad de estas desviaciones de los modelos racionales de decisión. De ahí que, ante el crecimiento de este padecimiento que afecta a integrantes de muchas familias de nuestro país, estemos obligados a tener el doble cuidado de apoyar a las personas a enfrentar este severo padecimiento y, simultáneamente, a vigilar que no se tomen decisiones que generan desequilibrios más graves para el futuro.

La Gran Depresión: Un Vistazo Histórico

A lo largo de los años, se han elaborado diversos estudios desde distintas ópticas de la teoría e historia económica, con el objetivo de brindar un mejor entendimiento de lo sucedido. Para Schumpeter (1978), su singular gravedad obedeció a la convergencia de tres tipos de ciclos económicos: Kitchin, Juglar y Kondratieff; mientras que para Friedman (1963), la gravedad se debió a la mala política monetaria de la reserva federal, desfasada con los acontecimientos económicos reales. La gran depresión cimbró dos aspectos importantes de la economía: la economía real y la teoría económica, donde México no fue la excepción e, inclusive, fue pionero en el cambio.

Del punto de crisis ocurrido en 1929, donde inicia la fase recesiva del ciclo económico, hasta el punto de flexión en 1933, donde termina, la economía estadunidense se contrajo en 26.67%, es decir, poco más de la cuarta parte del tamaño de su economía, el sector industrial fue uno de los mayormente afectados, con una contracción de octubre a diciembre de 1929 del 9.1%, en especial la industria automotriz, que redujo su producción en 71% en tan solo los tres meses posteriores al crack de octubre (Kindleberger, 1973). En su punto más álgido, 1932, la tasa de desempleo se ubicó en 30%, es decir, una de cada tres personas económicamente activas, no tenía empleo.

En el caso de México, la gran depresión aceleró la contracción que se venía dando desde 1926 a raíz de la caída del precio internacional de la plata y del petróleo, los dos principales productos de exportación de los que dependían en gran medida las finanzas públicas y la economía en general. El periodo crítico fue el primer semestre de 1932. Como se desarrollará más adelante, pues ocurrieron importantes cambios en este año que explican el fin de la contracción económica para el segundo semestre.

Lea también: Perspectivas de la inflación en Nueva Zelanda

Respecto a la tasa de desocupación, desafortunadamente para el periodo de estudio, la metodología en contabilidad nacional, consideraba como sinónimos la población económicamente activa y la población ocupada, por lo que no es posible conocer la tasa de desempleo real, sin embargo, en el sector industrial, la gran depresión dejó en el desempleo a tres de cada cuatro trabajadores (Cárdenas, 1984), el problema se agudizó debido a la repatriación de 310 000 mexicanos desde Estados Unidos entre 1929 y 1933 (Cárdenas, 1974, como se citó en Carreras, 1987).

Cambios en el Pensamiento Económico

Hasta antes de la gran depresión, el pensamiento económico imperante fue el clásico-neoclásico: "La generación de economistas que inició su vida profesional en el periodo próximo a la primera guerra mundial se sentía infeliz, y no por poca cosa, al tomar contacto con el estado prevaleciente del análisis económico. La teoría entonces en boga era limpiamente lógica, pero muy frecuentemente era incapaz de abrazar la realidad" (Hansen, 1950, p. Keynes (1943) lo expresaría de la siguiente manera años más tarde: "Sostendré que los postulados de la teoría clásica sólo son aplicables a un caso especial y no en general […] las características del caso especial supuesto por la teoría clásica no son las de la sociedad económica en que hoy vivimos, razón por la que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales" (p.

En el plano nacional, se observan en términos generales -hasta antes de la gran depresión- políticas económicas mayormente orientadas por el liberalismo clásico, el modelo de crecimiento guiado por las exportaciones prevaleció de la segunda mitad del siglo xix hasta por lo menos terminado el porfiriato (Bulmer-Thomas, 2003). En el periodo de entreguerras la ideología económica mexicana se alimentó de dos aspectos: por un lado, el nacionalismo en boga tras la revolución, el cual proponía la nacionalización -que empata con el antecedente al modelo isi- y la expulsión de los intereses extranjeros en México, mediante una mayor intervención del Estado en la economía y, por otro lado, la idea de minimizar la dependencia hacia el exterior a fin de evitar los ciclos económicos mundiales (Rodríguez y Ávila, 2002), idea cercana a la del actual gobierno de López Obrador, quien busca una menor dependencia hacia el exterior y una mayor promoción de los sectores estratégicos nacionales.

Las ideas económicas -tácitas o explícitas- de la época provenían en su mayoría de eruditos en la materia, principalmente políticos que eran abogados, ingenieros civiles, agrónomos y contadores, que tenían en sus manos el rumbo económico de México, pero que no contaban con estudios universitarios en economía.

La ortodoxia económica emanada de los economistas clásicos-neoclásicos se encuentra en las ideas macroeconómicas de equilibrio presupuestal en la parte referente a la política hacendaria donde se detalla una declaración del presidente Plutarco Elías Calles: "El país no debe gastar más de lo que recauda" (Rev.Ex.Con.Banc.Ind., marzo de 1925). Dicha declaración se da en el contexto de un recorte del gasto gubernamental.

Lea también: Inflación: Causas y Soluciones

Un ejemplo más de las ideas ortodoxas llevadas a la práctica por el gobierno en años anteriores a la gran depresión es el tema de economía y desempleo: "El consumo sigue siendo pobre… las economías realizadas no solo por el gobierno, sino también por distintas empresas, han dejado sin trabajo a un número ya crecido de hombres que no encuentran empleo fácilmente porque también las fuentes de trabajo se han reducido" (Rev.Ex.Con.Banc.Ind., agosto de 1925, p. 34). Se observa que las políticas económicas del gobierno se suscriben al ámbito de la teoría ortodoxa, donde se establece la idea de la dicotomía y de la equivalencia ricardiana.

Política Monetaria y Derechos de Propiedad

En la nota sobre la creación del Banco de México el 1 de septiembre de 1925, se destaca: "La Ley de 25 de agosto concede al Banco de México la facultad exclusiva de emitir billetes que en ningún caso serán de circulación forzosa y establece que la emisión no podrá hacerse nunca por más del doble de la existencia en Caja, en oro acuñado o barras [sic]". En este precepto se encuentra claramente la inserción de México dentro del patrón oro internacional, cuya lógica nace de la teoría clásica.

Otro de los temas centrales dentro del pensamiento económico es el de los derechos de propiedad, el cual, con la teoría clásica-neoclásica y sus supuestos de cero costos de transacción, información completa, perfecta y simétrica, se obvió. No fue sino hasta fines de la década de los sesenta en que el tema se retomó por economistas como Alchian, Demsetz, Libecap, North, Cheung, Pejovich y Anverso; Ramos (2012), y posteriormente con Axelrod y Williamson, entre otros.

En los años veinte, el país se encontraba en plena reconstrucción de su vida institucional y económica. Los conflictos bélicos internos seguían suscitándose de manera continua, lo que inyectaban un alto grado de incertidumbre a la economía y hacía más difícil la inversión.

Aunado a la falta del establecimiento de derechos de propiedad que dieran certidumbre a las inversiones, la política monetaria, en especial la restrictiva, muy en boga en aquel entonces debido a la adhesión de la mayoría de los países al sistema internacional del patrón oro, no permitía una mayor participación de la oferta crediticia en el desarrollo de la economía.

Inflación y Política Monetaria

En concordancia con el tema de la conferencia de Roma “Inestabilidad financiera, perturbaciones del mercado y macroeconomía: lecciones de la historia económica y la historia del pensamiento económico”, intentaré contribuir a estos temas al revisar los escritos de Keynes desde Moneda y finanzas de la India (1913/1971) hasta la Teoría general (1936a/1965). El análisis revela las agudas inquietudes de Keynes sobre la estabilidad y la fragilidad del sistema bancario, especialmente en condiciones deflacionarias.

Desde la publicación del artículo seminal de J. R. Hicks (1937) “Keynes y los clásicos: una posible interpretación”, se volvió normal interpretar la obra de Keynes como una “teoría especial” que trata el caso excepcional de la economía durante la depresión. A pesar del ataque frontal de Keynes, la teoría neoclásica sigue sosteniéndose como válida y como una teoría general hasta el día de hoy.

Vale la pena destacar que, si bien el ejercicio de la política ha cambiado, la teoría “clásica” que Keynes atacó en 1936 mantiene su hegemonía en la actualidad. Recientemente, una fuente inesperada le presentó un desafío interesante: el Banco de Pagos Internacionales (BPI).

Moneda y Finanzas de la India

Entre 1906 y 1908, Keynes tuvo un cargo en el Departamento de la India en Londres. La familiaridad con los asuntos de este país desembocó en su primer trabajo importante sobre economía monetaria, titulado Moneda y finanzas de la India y publicado en 1913. Éste se refiere tanto a los acuerdos monetarios y cambiarios de la India como a su estructura financiera.

Según Keynes, la situación bancaria en Inglaterra en esa época se había convertido en un sistema estable de “moneda en cheques”, ya que los cheques se utilizaban para los pagos mientras que el oro no circulaba, sino que sólo servía como reserva internacional. De manera externa, la situación se caracterizó por una buena dosis de estabilidad para la época, al menos en principio. Sin embargo, a Keynes le preocupaba que la estabilidad pudiera generar inestabilidad y que el endeudamiento externo a corto plazo fuera inherentemente riesgoso.

El problema fundamental era que la India carecía de un banco central. La ausencia de un banco central propiamente dicho significaba que la India carecía de un prestamista efectivo de última instancia en caso de crisis bancarias.

Las Consecuencias Económicas de la Paz

Alemania aportó otro tema recurrente en las teorías y las recomendaciones de política de Keynes sobre asuntos internacionales, que comenzó con Las consecuencias económicas de la paz, publicado en 1919. Keynes comienza este trabajo que rápidamente lo catapultó a la fama mundial con una descripción del alto grado de integración económica alcanzado en el mundo, específicamente en Europa, antes de la primera Guerra Mundial (también conocida como la era de la globalización, grado 1).

Al contrario, el Tratado de Versalles impuso a Alemania una deuda externa que excedió más de 13 veces la indemnización que Francia le pagó en 1871. Alemania perdió partes considerables de su territorio y población en virtud de este tratado, al igual que grandes porciones de su flota mercantil, sus colonias y otros activos externos. Encima de todo, se le obligaba a generar superávits comerciales durante las próximas décadas a la par de enfrentar nuevas restricciones comerciales.

No obstante, el verdadero problema yacía en que no sólo Alemania estaba obligada a tener deudas exorbitantes con sus vencedores. La existencia de las deudas de la gran guerra es una amenaza para la estabilidad financiera de todos. No habrá país europeo en el que el repudio de la deuda no llegue a ser pronto un problema político importante.

En efecto, la deflación general (de la deuda) implantada en el Tratado de Versalles se evitó temporalmente por dos factores. Por un lado, la máquina de préstamos de Wall Street no sólo disparó los precios de los activos en los Estados Unidos, sino que incluso permitió un auge en Alemania en la segunda mitad de la década de los veinte. Esto duró hasta que una repentina interrupción y reversión de los flujos de capital convirtió el auge en caída, y vio a Alemania lograr superávits comerciales cuando el canciller Heinrich Brüning impuso finalmente a este país la deflación prevista en Versalles 10 años antes. Hitler puso fin a la Gran Depresión en Alemania mediante lo que los ordoliberales alemanes de la posguerra describen como políticas “keynesianas”.

Breve Tratado sobre la Reforma Monetaria

La segunda obra monetaria importante de Keynes, Breve tratado sobre la reforma monetaria, se publicó en 1923. En ella se analizan las intensas perturbaciones del nivel de precios que ocurrieron en Gran Bretaña y otros países durante la primera Guerra Mundial y sus secuelas. La principal recomendación normativa de Keynes es que la política monetaria debe antes que nada buscar el equilibrio interno, en lugar de mantenerse atada a algún compromiso externo como el patrón oro. En reconocimiento a cambios importantes en el equilibrio de fuerzas globales, Keynes sostiene que sujetar la política monetaria británica al patrón oro significaría dejar que la Junta de la Reserva Federal de los Estados Unidos la determinara. En cambio, el Banco de Inglaterra debía aplicar su política monetaria antes que nada para estabilizar el ciclo crediticio y el nivel de precios.

Sin embargo, la estabilidad de precios no ha sido históricamente la norma. Incluso la era del patrón oro del siglo XIX tuvo periodos de inflación y deflación considerables. Empero, la experiencia de relativa estabilidad durante el periodo en su conjunto puede haber fomentado la ilusión de su constancia.

El Impacto de las Tasas de Interés y la Inflación

Existe un consenso casi generalizado sobre el daño que producen los altos niveles inflacionarios entre la población, sobre todo en los sectores de menores ingresos. Esto genera enorme tolerancia ante las agresivas políticas monetarias que elevan el costo del dinero de forma significativa y en corto tiempo. Sin embargo, esa medicina monetaria tiene efectos secundarios en las finanzas de los países, las empresas y las familias: deudas más caras y una menor actividad económica.

Esas tasas de interés también afectan a los inversionistas internacionales, que van a recibir una compensación por comprar un bono de la Tesorería en Estados Unidos o de Cetes en México. Por eso, si en Estados Unidos suben las tasas de interés y en México se mantienen igual muchos capitales que están invertidos en México se van a ir a Estados Unidos, y eso puede ocasionar problemas con la cantidad de reservas que tiene el Banco de México, y puede generar una devaluación del peso.

Los bancos centrales empezarán a sentir mayor presión política cuando llegue ese punto en el que la inflación muestre una tendencia a la baja y las tasas de interés se mantengan altas.

tags: #inflacion #depresion #efectos