La economía peruana comparte con la mayoría de las latinoamericanas un conjunto de características estructurales básicas y una historia común. Estuvo inicialmente orientada hacia afuera, luego desde mediados de la década de 1950 compartió el proyecto de la industrialización sustitutiva, sufrió los embates de la crisis de la deuda de los años ochenta y fue sujeta a las políticas de ajuste y estabilización características de esos años.
Posteriormente, a partir de los noventa, bajo la lógica de los programas de ajuste estructural, inscritos en el denominado Consenso de Washington, se redujo la presencia del Estado para cederla al mercado, se eliminaron los énfasis sectoriales y del mercado interno, y se abrió plenamente a la competencia de la economía internacional.
La estabilidad macroeconómica parece haber contribuido al crecimiento económico observado desde la década de 1990, pero de igual forma estuvo sujeta a los shocks externos a partir de finales del segundo quinquenio de la década de 1990: crisis de las empresas punto dot, de los fraudes financieros de Enron y WorldCom, la crisis asiática, la desaceleración de la economía internacional de 2000-2001 y desde 2008 la crisis financiera internacional.
En el Perú, desde los años noventa se abandonó el modelo o patrón de crecimiento hacia adentro por la orientación hacia afuera, con más mercado y menos Estado. La particularidad nacional es que se basó cada vez más en los sectores exportadores tradicionales asociados a la minería y los hidrocarburos, en una suerte de reprimarización económica.
Este artículo inicia con el análisis de las tendencias estructurales de la economía peruana, para de ahí evaluar cuáles son los principales efectos de la crisis económica internacional sobre ésta en una perspectiva de mediano y largo plazo.
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Una primera entrada para examinar la realidad peruana consistiría en evaluar su desempeño histórico general a través de medir la evolución del bienestar material de sus habitantes. La variable a considerar sería el consumo corriente de las personas, pero tal como plantea Hunt (2009: 24) la proxy más directa sería el producto interno bruto (PIB) per cápita, eludiendo que las tasas de ahorro son diferentes en el tiempo, que hay variaciones en la participación del ingreso nacional respecto del producto, que la presencia de las empresas extranjeras no varía significativamente y que la estructura de distribución del ingreso permanece más o menos homogénea.
La información más extensa para el Perú es la proporcionada por Maddison (2009) para el periodo correspondiente a 1896-2006, presentando información sobre población hasta 2008.
En una perspectiva de largo plazo, la tasa de crecimiento promedio anual (TCPA) del ingreso per cápita peruano ha sido de 1.70% respecto de 1.74% del promedio latinoamericano. En cambio, la de EU fue de 1.96% respecto de 1.58% del Reino Unido.
Este modelo posteriormente denominado "hacia afuera" registró diferentes variantes. Perú tuvo una estructura más diversificada basada en la minería, el petróleo y la agricultura para la exportación (Thorp y Bertram, 1985: 53-54). El sur del Perú producía lanas, donde las compañías extranjeras se ocupaban de la comercialización externa, mientras que los grandes terratenientes usurpaban las tierras de los indígenas.
Al igual que en otros países, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la fragilidad fiscal y el desplome del mercado de la plata generó un fuerte incentivo para elevar los aranceles con fines fiscales, que condujo a un fuerte crecimiento industrial acompañado por el desarrollo de la banca y la infraestructura.
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La estrategia de sustitución de importaciones comenzó a aplicarse en el Perú con sus características particulares, a partir de la segunda mitad de la década de 1950. Hasta antes, el crecimiento económico se basaba en la exportación de los productos mineros y agrícolas tradicionales y de ciertas actividades industriales asociadas al procesamiento primario de bienes de exportación: caña-azúcar, minerales-concentrados y algodón-textiles.
Este proceso fue estimulado por el progresivo incremento de las tasas arancelarias y las restricciones para arancelarias (a partir del Registro Nacional de Manufacturas), la ley de promoción industrial de 1959 y la ley de industrias de 1970. Asimismo, la estrategia incrementó la intervención del Estado en la economía, tanto en su rol regulador, como productor de bienes y servicios (Ferrari, 1990: 21-23).
La estrategia tradicional de sustitución de importaciones estuvo vigente hasta un poco antes de inicios de la década de 1970, donde el gobierno militar (1968-1975) reforzó el patrón de crecimiento con base en un notable incremento de la inversión pública, que se facilitó gracias a las posibilidades de endeudamiento externo.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han destacado en reiteradas oportunidades (Jaramillo y Silva-Jáuregui, 2011; Jaramillo y Silva-Jáuregui, 2012; International Monetary Fund, 2008; International Monetary Fund, 2012; International Monetary Fund, 2017) la fortaleza del crecimiento peruano de los últimos años, con tasas interanuales que en promedio arrojan un 5,1 % anual desde el año 2000 hasta la actualidad.
En efecto, los organismos internacionales han destacado el rápido crecimiento de la economía de Perú, indicando que este se encuentra sostenido e impulsado por las reformas aplicadas desde los años ‘90 y que han logrado una notable y exitosa transformación socio-económica. Para esta perspectiva, las políticas implementadas desde los noventa -y que continuaron con los gobiernos de Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011), Ollanta Humala (2011-2016) y Pedro Pablo Kuczynski (desde 2016)- lograron cambios positivos que han impulsado el crecimiento económico garantizando largos períodos de expansión del producto.
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Así, los ciclos de auge de explotación de diferentes sectores extractivos (oro y plata, guano, sal, recursos pesqueros, cobre, petróleo, zinc) marcaron los ciclos de crecimiento del país andino, que tempranamente resolvió su inserción en el comercio internacional como proveedor de materias primas de origen minero e hidrocarburífero.
Estos sectores económicos primarios enfrentan el dilema de la generación de empleo y la capacidad de crear eslabonamientos productivos que dinamicen la economía del país andino. De hecho, este tipo de actividades tienen una alta participación en el PIB, representando entre el 50 y el 89 % de las divisas del país, según el contexto histórico que se aborde.
Desde la colonización española, la actual Republica de Perú, es un territorio diverso con predominancia de actividades extractivas que lo vinculan al mundo como exportador de materias primas y bienes naturales. Sin embargo, la centralidad del «espacio andino» conformado a partir de la circulación de la plata y el sistema de mita, configuraron una región económica con un centro definido y una dinámica endógena que comenzaría a perderse con la crisis tardo-colonial de los circuitos mercantiles del sur peruano y terminaría por desarticularse con las guerras de independencia y la fragmentación política del espacio económico de la plata sudamericana (Assadourian, 1982).
La compleja rearticulación económica que llevó a Perú al «embudo exportador» (Jacobsen, 2013) luego del proceso de independencia y la consecuente desarticulación del espacio colonial, obligó a la economía andina a una mutación que sin embargo tomará impulso recién cuando la explotación del guano inaugure el más importante ciclo de prosperidad y crecimiento económico en el Perú del Siglo XIX.
El Monopolio natural del Guano que poseía Perú le permitió aprovechar el boom de demanda, aunque con diferentes sistemas de concesión, arriendo y explotación de las islas guaneras. Los mecanismos de captación de la renta lograron consolidar la capacidad fiscal del Estado y ampliar sus capacidades en un sustantivo ciclo de prosperidad económica.
Cuando el Salitre comience a competir y remplazar al Guano en el mercado de fertilizantes, el Estado demostrará menos capacidad de captar el ingreso proveniente de la explotación del recurso. La Guerra del Pacífico (1979-1883) y la Revolución liberal que implicó la salida del conflicto armado llevó al poder a la élite de la costa en un momento en que mundialmente la expansión imperialista del capitalismo industrial se consolidaba, avanzando sin cesar.
La sucesión de ciclos exportadores, con un nuevo auge de casi 50 años hasta la Crisis del treinta, se basó en bienes tales como el azúcar, el algodón y el cobre, al que se le sumó el caucho en la primera década del siglo XX, el petróleo desde los años veinte y, en algunas ocasiones con más relevancia, la lana (Klaren, 2007b).
La República Aristocrática orientó, con el paternalismo político y el liberalismo económico, la reformulación de una economía centrada en la exportación de recursos naturales y dependiente del comercio internacional, en la que adquirían cada vez mayor relevancia las inversiones extranjeras y la radicación de empresas estadounidenses y europeas.
Nuevamente desde 1930, la dotación de recursos minerales garantizó, en general, la centralidad de las actividades vinculadas a su explotación que lograban ser aprovechadas cuando la demanda externa impulsaba los precios internacionales. En todos los casos, los ciclos configurados por los precios y la demanda internacional, junto a los cambios tecnológicos y las pautas de política económica condicionaron los ciclos económicos generales del Perú, según apuntan Kuramoto y Galve (2007).
A pesar de que estas actividades poseían una escasa capacidad de generación de empleo y de encadenamientos productivos que estimularan desarrollos endógenos y permitiesen resistir con mayor capacidad los shocks externos, Perú no incursionó en el modelo de industrialización sustitutiva hasta llegados los años sesenta; recién con la Ley de Promoción Industrial de 1959 que coincidió con otros cambios en los aranceles externos y la situación de la balanza de pagos, la economía nacional exploró una nueva forma.
Durante el primer gobierno de Belaúnde (1963-1968) se puso en marcha un moderado proceso de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) que accesoriamente atrajo cierta inversión extranjera. Posteriormente, con el régimen militar del general Velasco Alvarado (1968-1975), la estrategia de industrialización se radicalizó, tanto en términos del grado de protección del mercado interno, como de la intervención del Estado en la economía.
Dentro de las principales medidas adoptadas por el gobierno militar, podemos mencionar la expropiación del petróleo, hasta ese momento en manos extranjeras, que llevó a la creación de la primera de las empresas públicas para la explotación de este recurso: «Petroperú».
Otras estatizaciones de relevancia fueron las de yacimientos mineros de zinc, cobre y plomo como Cerro de Pasco Corporation; asimismo la pesca fue expropiada al sector privado, creándose Pescaperú, así como todas actividades consideradas nudos neurálgicos para el desarrollo industrial. Las cadenas de comercialización, el sector de las comunicaciones, entre otras, fueron actividades que, controladas por el Estado, aumentaron significativamente el nivel de empleo público. Como tipo de propiedad complementaria, se fomentó la creación de empresas de propiedad social donde los propietarios eran los propios trabajadores (Contreras y Cueto, 2014).
La ley contemplaba expropiaciones tanto en la sierra como en la costa y no solo afectaba la gran propiedad, sino también la mediana. Incluía además de la tierra, el ganado, las instalaciones y maquinaria. Según señalan Contreras y Cueto (2014, p. 342) se intentó, en cierta medida implementar las propuestas del APRA y la Acción Popular, conformando un «capitalismo de Estado», o según otras posiciones un «socialismo de Estado», que pretendía erradicar las causas estructurales de la injusticia social del país.
Frente a la radicalización del régimen, las críticas por derecha y por izquierda se profundizaron hasta que Velazco Alvarado fue desplazado en 1975 por militares moderados y los sectores sociales dominantes fueron recuperando poder y participación.
Las dificultades económicas y financieras también fueron importantes en el contexto de transición, cuyas elecciones se celebraron en 1979, previa conformación de una asamblea constituyente que estableció el nuevo marco legal del ordenamiento jurídico y social peruano.
Desde la modernización de la política monetaria y fiscal realizada durante el gobierno de Alejandro Toledo, la estimación del producto potencial, como medida de la máxima producción de la economía, ha pasado a ser un tema de cálculo económico fundamental. El producto potencial es un concepto de largo plazo y, precisamente por ello, permite medir y analizar el comportamiento de la productividad total de los factores (PTF), "libre" de las fluctuaciones cíclicas aunque sobre la base de supuestos restrictivos asociados a la técnica de estimación que se adopte.
Así, la PTF puede ser un buen indicador de la presencia o ausencia de innovaciones técnicas en la economía. Una vez estimado, con rigor conceptual, el producto potencial, es posible identificar los periodos de las brechas expansionistas y contraccionistas de la economía y, por tanto, identificar el ciclo económico.
El objetivo principal del presente artículo es precisamente analizar las causas de la desaceleración del crecimiento económico y de la productividad de la economía peruana en los decenios recientes, así como cuantificar la contribución relativa de la productividad y de los factores de producción, capital y trabajo al crecimiento de largo plazo, y la composición de las brechas del producto en los picos del ciclo económico.
Para calcular el producto potencial a partir de una función de producción (que es la técnica adoptada en este artículo) se requieren series de acervo de capital y de empleo. El capital es el famoso factor de producción cuya inclusión en los modelos de equilibrio de determinación de precios y cantidades, y en las teorías de la productividad marginal, produjo, por ser reproducible, controversia aun no resuelta entre las universidades de Cambridge, Massachusetts, y Cambridge, Inglaterra (Harcourt, 1972).
Aunque parezca redundante, es necesario señalar qué es lo que no incluye este concepto de acervo de capital. Nada que no pueda ser reproducible, como las minas, los recursos naturales, el agua, la tierra, los monumentos. Nada que sea intangible, como los derechos de autor, las patentes, las licencias. Nada que no pueda ser utilizado para, con otros procesos de producción, producir otros bienes y servicios, como los bienes de consumo duradero, adquiridos por las familias. Nada que no sea fijo, como las existencias o los bienes en cursos de transformación.
En el país no hay series oficiales de acervo de capital fijo. Sin embargo, hay series de inversión bruta fija en maquinaria y equipos, e inversión bruta fija en construcciones, ambos a precios constantes.
La formación bruta de capital fijo (FBCF t) es la suma de las inversiones fijas en maquinaria y equipo, por una parte, y las inversiones fijas en construcción, por otra. Para construir la serie de acervo de capital estimamos su valor para 1954. Las tasas de crecimiento de los años 1954 y 1955 no son muy diferentes a la tasa promedio del periodo de auge que va de 1950 a 1957. Para esos años existen datos de la relación/capital producto construidos por las Naciones Unidas (1957). El año 1954 es, además, particular, porque precede a un año en el que las tasas de crecimiento del producto tendencial y la tasa de crecimiento observada del PIB no son tan diferentes.
Desde 1983, la tasa de acumulación de capital se ubica por debajo de 4%. La excepción ocurre en 1995-1998 cuando la tasa de acumulación se acerca a 5% y 2007 y 2008 cuando la tasa se ubica entre 5 y 7%.
Hay diversas maneras de estimar el producto potencial que, ciertamente, dan lugar a niveles de producto potencial igualmente diferentes. La relevancia de estas distintas estimaciones sólo se observa cuando éstas se utilizan para calcular las brechas del producto, para identificar el ciclo económico, o para calcular los resultados fiscales primarios estructurales.
La productividad total de los factores, que presenta valores con la misma periodicidad que los factores de producción respectivos, es (αt). El producto potencial es el producto tendencial o de largo plazo que estimamos en varias etapas, en algunas de las cuales, como se explica líneas abajo, se utiliza el filtro Hodrick-Prescott con corrección de colas.7 Este filtro corrige los problemas de estimación del ciclo cerca del final de la muestra.
Esta fórmula implica extraer la tendencia de la serie original de la variable x minimizando la suma de la varianza del componente cíclico (desviación de la tendencia) (primer término) y la variabilidad de la misma tendencia (segundo término) con un peso relativo representado por el parámetro de suavización λ (Hodrick y Prescott, 1980).
Se estimó de una serie de empleo (PEAO) tendencial nt* mediante el filtro Hodrick-Prescott con corrección de colas. No se filtró el acervo de capital. En nuestra opinión, éste representa la capacidad instalada de producción, cuyo porcentaje de uso varía según el ciclo. Por tanto, la utilización de toda la capacidad productiva representada por el acervo de capital corresponde a la producción potencial.
Se supone la existencia de rendimientos constantes a escala, para el conjunto del periodo de análisis, 1950-2008. Se obtuvo la productividad total de los factores (PTF) como el residuo o diferencia del PIB observado y el PIBfact explicado por los factores de producción. Finalmente, el producto potencial yt* se obtuvo como una función de la tendencia de la productividad conjunta αt*, el acervo de capital (kt) y del empleo (PEAO) potencial nt*.
Con base en la técnica de Johansen y Juselius, se rechazó la hipótesis de la inexistencia de vector de cointegración, y encontramos un vector (véase Cuadro 2) en el cual los valores de los coeficientes de los factores, capital y trabajo, son α = 0.4548 y (1 - α ) = 0.5352.
