¡Descubre las Verdaderas Causas y Consecuencias de la Inflación en Gran Bretaña que Nadie te Cuenta!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La crisis del euro es principalmente una consecuencia de la crisis financiera internacional de 2008. Sin embargo, no es una crisis de moneda, por lo que llamarla Euro crisis resulta engañoso.

Antecedentes y Causas de la Crisis del Euro

El artículo intenta descifrar las causas de la Euro crisis, que como ya se mencionó, dicha crisis es en gran medida el resultado de la crisis económica del 2008. Es más, el artículo muestra que de hecho no hay una crisis macroeconómica en Europa sino varias. La crisis de la deuda Euro consiste en una crisis del crecimiento del PIB, una crisis del desempleo, una crisis de deuda pública y una crisis de la balanza de pagos.

Historia del Euro

El Euro tiene dos precedentes principales. El primero fue la "serpiente monetaria", que fue creada en 1972/1973 por los países de la Comunidad Económica Europea (CEE) como un nuevo sistema de tasa cambiario, dentro de ella las divisas se fijaron con un rango de ±2,25%, sin embargo, este sistema colapsó. El segundo antecesor fue el Sistema Monetario Europeo (SME), que fue creado en 1979 e introdujo una nueva moneda artificial, la llamada Unidad Monetaria Europea. El SME estaba integrado por 12 miembros pero fue objeto de ataques especulativos. Como consecuencia, el Reino Unido e Italia renunciaron al SME en 1992. Al mismo tiempo, Jacques Delors hizo pública su idea de una moneda común en Europa.

Este plan fue finalmente establecido por el Tratado de Maastricht 1991/1992 que cambió la Comunidad Europea (CE) sustancialmente. El tratado tenía tres pilares. En primer lugar, el tratado incluía la CE, que a su vez estaba formada por cuatro partes que incluían a la Unión Económica y Monetaria (UEM). La UEM fue establecida en tres etapas. La primera etapa fue el Mecanismo Europeo de Cambio (1990-1994). En la segunda (1994-1999), se les concedió independencia (instrumental) a los bancos centrales y se fundó el Instituto Monetario Europeo (IME). El IME precedió al Banco Central Europeo (BCE), que comenzó su labor en 1999. El BCE es parte del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), que ahora está a cargo de la política monetaria en la Eurozona.

El euro se introdujo a comienzos de 1999 sólo como moneda electrónica, mientras las personas continuaron utilizando sus monedas nacionales entre 1999 y 2002. A partir del 2002, el euro se convirtió en la única moneda de curso legal en la Eurozona.

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Cualquier país que desee convertirse en miembro de la zona monetaria debe cumplir los criterios de Maastricht. Estos son: en primer lugar, el índice de inflación no debe superar los 1.5 puntos porcentuales del promedio de los tres primeros países. Segundo, las tasas cambiarias deben permanecer dentro de las bandas de EMS durante dos años. En tercer lugar, las tasas nominales de interés a largo plazo promedio no deben superar el de los tres países con mejores resultados en más de dos puntos porcentuales. Cuarto, y lo más importante, los déficits presupuestarios no deben ser superiores al 3% con respecto al PIB y la relación deuda-PIB no debe ser superior al 60%. Si bien los tres primeros criterios no fueron grandes obstáculos para la mayoría de los países, varias naciones tuvieron dificultades a la hora de cumplir el cuarto criterio. Sin embargo, los déficits presupuestarios se pueden reducir fácilmente por medio de privatizaciones y otras medidas. Es así que el eje central fue la deuda pública bruta.

Eventualmente, la mayoría de los países de la CE lograron cumplir este requisito, con excepción de Italia, Bélgica y Grecia. Mientras que a Grecia no se le permitió introducir el Euro en 1999, Italia y Bélgica sí pudieron hacerlo a pesar de no haber superado la prueba. Dos años después, se le permitió a Grecia unirse, pese a que su deuda PIB estaba notoriamente por encima de 60% y de que sus estadísticas eran falsas (como se supo en 2004). Esto pone de manifiesto una de las causas fundamentales de la Euro crisis. El marco legal, que según los fundadores del Euro obligaría a los países miembros a mantener rectitud fiscal resultó no estar "grabado en piedra". De hecho, los políticos pueden modificar las reglas del juego a voluntad.

En los últimos 14 años, varios países no han cumplido el criterio de déficit público, y algunos no lo han hecho en varias ocasiones. Sin embargo, el procedimiento de déficit de Maastricht, que obliga a multar a los países en falta, no siempre se implementaba. En 2002 y 2003, Francia y Alemania registraron déficits demasiado altos, pero forzaron a sus socios de la Eurozona a olvidar el castigo. Esto debilitó fatalmente el marco legal del tratado de Maastricht, convirtiéndolo simplemente una serie de recomendaciones, no requisitos. El tratado también incluía una cláusula de no corresponsabilidad financiera a través de la cual los países miembros no serían responsables de las deudas de otros países.

La idea que tenían los fundadores de la Euro -a saber, que los criterios serían un referente al que aspirarían los países miembros y que la cláusula de no corresponsabilidad financiera impediría la asunción de la deuda- resultó no ser más que teoría.

Las áreas monetarias óptimas y la Eurozona

La moneda común fue principalmente un proyecto político, no uno económico. Esto explica que se aceptaran a países cuya deuda pública era demasiado alta y que se estableciera el área monetaria como un todo. Según el modelo de la trinidad imposible, cada país debe elegir entre movilidad del capital, política monetaria autónoma, y tasas cambiarias fijas ya que sólo es posible lograr dos de esas tres características. En la Eurozona, los países tienen tasas cambiarias fijas en relación a los demás países miembros y existe plena movilidad del capital. Por ende, los países de la UEM no pueden aplicar políticas monetarias de manera autónoma.

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Robert Mundell (1961) fue el primero en hablar de áreas monetarias óptimas. La pregunta es siempre la misma: ¿cómo pueden estas economías lidiar con choques asimétricos? Los países con tasas cambiarias flexibles pueden revaluar sus monedas. Estas devaluaciones se traducen en una economía externa más competitiva. Sin embargo, en un área monetaria, no se puede utilizar este mecanismo ya que sólo la moneda en su totalidad puede devaluarse frente a otras monedas.

Sin bien existen otras áreas monetarias como los EEUU que también tienen condiciones que no son óptimas de acuerdo al criterio ya mencionado, este país posee sistemas de transferencia de dinero de las regiones prósperas a las menos productivas. Este no es el caso de la Eurozona ya que cada país conduce su propia política fiscal y económica. Pero ¿por qué países como Grecia desean convertirse en miembros de un área monetaria aun cuando conocen las posibles dificultades que esto acarrearía?

La razón principal posiblemente sea que estos países esperan que las tasas de interés para los deudores internos (incluyendo al gobierno) disminuyan una vez que pertenecen a la Eurozona. Esto fue exactamente lo que ocurrió después de la introducción del Euro.

Para resumir, el proyecto de una moneda común fue una idea política. Fueron los políticos quienes decidieron crear el Euro y permitir que países que no cumplían con los requisitos fueran incluidos en el proyecto. Hay que tener en cuenta que la UEM por su propia naturaleza ya tenía defectos, defectos que no causaron la crisis, pero que sí contribuyeron a magnificarla.

Causas de la Euro crisis

En la última sección, hemos visto el marco institucional de la Eurozona. Ya se mencionó que algunos países no cumplieron con los criterios de Maastricht. Por lo tanto, se plantea la cuestión de si la crisis actual es una consecuencia del gasto público excesivo. Aquí, es ilustrativo observar la deuda y el déficit públicos.

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El Brexit y sus Implicaciones

Desde el año 2016, el término "Brexit" se convirtió en tendencia, y como fenómeno de amplio interés, ha sido objeto de variados análisis y reflexiones en los ámbitos académico, social, político y económico. Una de sus principales características es que genera una amplia incertidumbre sobre sus efectos e implicaciones en diferentes niveles. Hubo una sensación de conmoción e incredulidad en las primeras horas de la mañana del 24 de junio de 2016, tanto en Gran Bretaña como en las capitales europeas, cuando quedó claro que una pequeña mayoría (51,9 por ciento) de los votantes británicos habían emitido su voto a favor de irse de la Unión Europea (UE). Los mercados reaccionaron rápidamente a la votación del Brexit: la libra esterlina se desplomó a un mínimo de 31-años frente al dólar y más de 2 billones de dólares se borraron de las acciones a nivel mundial.

¿Qué es el Brexit?

La expresión Brexit configura una abreviatura para las palabras Britain que significa Gran Bretaña y exit que traduce salida. Se hace referencia al retiro de Gran Bretaña del bloque denominado la Unión Europea y del cual hace parte desde enero de 1973. A partir de un referendo celebrado en junio de 2016, los ciudadanos de Gran Bretaña y su Gobierno decidieron abandonar la Unión Europea, hecho que se debió quedar en pie en marzo de 2019, pero que se perfeccionó hasta enero del 2020.

Claro está, no es la primera vez que algún país decide abandonar la Unión Europea, con fundamento en el artículo 49A del Tratado de Lisboa suscrito el 13 de diciembre de 2007 por los miembros de la Unión. El Tratado de Lisboa entró en vigencia a finales del 2009 modificando el Tratado de la Unión Europea del 7 de febrero de 1992, y conforme al artículo 50 de este último, "todo Estado miembro [puede] retirarse de la Unión de conformidad con sus propios requisitos constitucionales", es decir, a través del cumplimiento de exigencias establecidas dentro de sus propias cartas políticas para la denuncia de los tratados internacionales suscritos.

Implicaciones económicas y geopolíticas

Las negociaciones para la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y un posible periodo de transición aún no se han logrado definir, y existe la posibilidad de que el Brexit no llegue a perfeccionarse. En todo caso, las implicaciones geopolíticas y económicas de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea han sido ampliamente debatidas dentro de la literatura, mostrando los diversos escenarios futuros y los principales temas de interés en materia de la negociación para el retiro de Gran Bretaña del bloque.

La Unión Europea es un ejemplo destacado de integración regional en el mundo. Un proceso efectivo de cooperación e integración entre los Estados trae importantes y significativas consecuencias para cada uno de los actores involucrados. Potencialidades y limitaciones son observables en los casos de integración regional, pues, por un lado, se puede gozar de una mayor soberanía y emplear instrumentos para la regulación de diferentes aspectos en el ámbito interno, por ejemplo, el control de las fronteras, decidir sobre políticas económicas, sociales y territoriales, y en general, decidir en el destino de los ciudadanos; pero en un escenario de integración se reducen estas facultades, las instituciones regionales que emergen empiezan a desplazar la competencia de los Estados y generan otros beneficios para los actores.

Razones que motivaron el Brexit

Para analizar las razones que motivaron el Brexit, se deben considerar dos escenarios. Los orígenes no pueden ser ubicados en una sola dimensión, pues el Brexit es producto de diferentes causas que terminan por servir de base en dos clases de decisiones: una política, en cabeza del Gobierno, y otra civil, basada en un mecanismo de participación ciudadana conforme al voto de opinión de la sociedad civil con capacidad para votar. Los británicos nunca se han sentido del todo involucrados en Europa y ven a la UE desde un ángulo puramente práctico con respecto a las ventajas materiales que les proporciona. Ni los políticos ni los medios de comunicación han contribuido a que ese sentimiento se moviese más cerca, psicológicamente, 'a Europa'.

Por ejemplo, se describe que en la narrativa de la política británica siempre se ha profesado el "excepcionalismo británico", lo cual lleva a exaltar la nación del Reino Unido/Gran Bretaña sobre otros actores, y a fortalecer prejuicios de los mismos ciudadanos frente a sus pares en Europa: "Por lo tanto, podemos entender por qué Gran Bretaña se ha acercado a la puerta de salida de la UE porque los líderes británicos se han basado constantemente en narrativas de 'forasteros' como marco organizativo para sus discursos de política europea".

Desde el primer escenario, se tiene que antes de la celebración del referendo, las declaraciones de los patrocinadores del Brexit se enfocaban en argumentos como aumentar el control sobre muchos asuntos que habían quedado limitados por pertenecer a la Unión Europea o abandonar de manera definitiva una organización extremadamente burocrática. Pero, como lo describen Álvarez (2016) y Daddow (2015), o bien como se menciona en algunos estudios sobre percepciones de los ciudadanos europeos frente a la Unión Europea -euro-barómetro-, existe un discurso de exaltación del Reino Unido que recorre tanto el sector político como la misma sociedad civil.

Desde esta perspectiva, se observa que la integración como modalidad de interacción entre Estados no termina o finaliza con la firma de tratados o acuerdos bilaterales o multilaterales, sino que configura un proceso de constante y permanente construcción en el que resulta fundamental una visión de abajo-arriba y viceversa. Dicho de otra manera, la integración exige un trabajo permanente y, de ser necesario, incluso la reestructuración de los compromisos, las reglas y las normas, porque de lo contrario, se hace imposible atender la demanda de problemas, limitaciones y dificultades que se presentan en las diversas dimensiones -política, social, económica, ambiental, seguridad, tecnológica, etcétera-.

El euroescepticismo

Además del excepcionalismo británico ya descrito en páginas anteriores, otro factor causal doméstico de tipo estructural es el "euroescepticismo". Este concepto surgió en el Reino Unido a mediados de la década de los 80 del siglo XX y se materializa en posturas contrarias a todas aquellas políticas que facilitan la integración, por ejemplo, las propuestas de libertad migratoria o las políticas para la unificación de la moneda. Como en el caso del rechazo al euro como moneda común, que se convirtió en un asunto generalizado en el Reino Unido.

Los factores internos o domésticos de tipo coyuntural se relacionan con las situaciones de presión que recayeron sobre el primer ministro David Cameron. Tras los resultados del referendo, se llevaron a cabo diversos análisis con el objetivo de comprender e interpretar la posición, entre comillas, mayoritaria del pueblo de Gran Bretaña respecto del retiro del Estado de la Unión Europea.

El Reino Unido en el Contexto Global

Hoy, en Reino Unido, sede del otrora imperio inglés, los habitantes viven en la inequidad, con servicios públicos ruinosos y la mitad de sus ayuntamientos al borde de la quiebra, situación que su élite oligárquica soslaya porque se aferra a la ilusión de que el “excepcionalismo de la Britania global” aún existe. Desde el periodo de la llamada Guerra Fría y la gestión de la exprimera ministra Margaret Thatcher, Reino Unido ha intentado mantener su imagen “imperial” participando activamente en conflictos internacionales como los suscitados en Sierra Leona, Kosovo, Bosnia y Siria, con la vieja narrativa de que estaba “salvando al mundo”, pero sin reconocer que lo hacía como “segundón” y de la mano del Tío Sam, es decir, del gobierno imperialista de Estados Unidos (EE. UU.).

Indicadores Socioeconómicos Actuales

Hoy, el 18.6 por ciento de los 67.08 millones de habitantes de la antigua potencia marítima global está bajo la línea de pobreza y el 3.8 por ciento se ubica en el desempleo; y de ese universo, el 13.2 por ciento está formado por jóvenes. En marzo de 2023, la otrora quinta economía mundial tenía el Producto Interno Bruto (PIB) peor que el de Rusia y estaba en el umbral de la recesión, mientras sus tiendas únicamente exhibían estantes vacíos. El 15 de febrero de 2024 se reconoció el desplome al cero de su crecimiento; pero en abril, el PIB creció al 0.6 por ciento después de 11 meses de caída. Esos indicadores, sin embargo, no son propios de una potencia integrante del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); la tercera potencia militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); actor fundamental del Grupo de los Siete (G7) y eje de la Mancomunidad de Naciones.

Deterioro Democrático

A su volátil economía se suma la descendiente calidad democrática, según un informe de la Universidad East Anglia, en el que se reconoce que el poder se separa cada vez más de los ciudadanos. Entre 2019 y 2023 disminuyó la integridad de las elecciones e independencia de los entes electorales, que impusieron más requisitos a los electores y aumentaron el uso de “dinero sucio”. A la par, ahora hay más medios de información y aumenta la presión política sobre el periodismo local, como lo evidenciaron las críticas que el gobierno británico hizo a la cadena BBC.

Relaciones Internacionales Complejas

A pesar de su notorio deterioro interno, Reino Unido participa en los acontecimientos mundiales, aunque no se considere el impacto que tal protagonismo puede revertírsele, como fue el caso de los bombardeos efectuados contra Yemen cuando los hutíes cerraron las rutas marítimas, que implicaron el riesgo de mayor inflación. Con Beijing mantiene inexplicables ciclos de compromiso y alejamiento. En 2015, su gobierno alardeó que era “el mejor socio de China en Occidente”. Contra el deseo estadounidense se perfilaba al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y sus diplomáticos promovían un tratado de inversión y comercio con Beijing. Recibió con honores al presidente Xi Jinping y veía su futuro ligado al del coloso asiático.

Con Rusia, la relación ha sido más compleja, con altibajos y se estancó desde febrero de 2022. Su larga y rica historia data de 1553, cuando ambas monarquías formalizaron sus nexos; entre 1806 y 1807 se aliaron contra Napoleón Bonaparte; pero en 1850 actuaron como enemigos en la Guerra de Crimea y en el dominio de Asia central a finales de ese siglo.

Consecuencias del Brexit

Los Tories terminaron con la cooperación para la investigación médica y la protección de datos; la inversión interna cayó 32.4 por ciento y se prohibió importar hasta suplementos vitamínicos. Muchas empresas financieras se trasladaron a la Unión Europea (UE) y beneficiaron a Frankfurt y París, que atrajeron 19 y 15 bancos respectivamente, mientras gestores de patrimonio y activos se fueron a Irlanda y Luxemburgo.

Un informe de Humans Rights Watch reveló, en 2023, que en la rubia Albión se erosionó la protección de los derechos humanos y que “renegó de sus obligaciones internacionales más importantes”, pues su gobierno “criminaliza a manifestantes, limita el derecho a huelga y prohíbe el asilo”.

Expertos del King’s College de Londres, que observan las desventajas entre Reino Unido y la UE. Un sondeo de la alcaldía londinense, aplicado en 2019, mostró que el 60 por ciento de los entrevistados estaba a favor de permanecer en la UE; pero que hasta entonces, ninguna fuerza política había propuesto revertir el Brexit.

En septiembre de 2021 cundió el pánico por la escasez de combustible; no por su falta, sino porque no había transportistas debido al caos laboral generado por el Brexit. Para la investigadora Jannike Wachowiak, hasta ahora se ha puesto “en práctica muy poco la independencia” y ésta, en contraste, ha provocado pérdidas multimillonarias; solamente en 2023, éstas se estimaron en 140 mil millones de libras (casi 176.4 mil mdd).Sólo en 2023, el Brexit representó la pérdida de 300 mil empleos y se proyectan 500 mil más en 2025. Entre 2019 y 2023, los británicos pagaron tarifas eléctricas con alzas del 19 por ciento -arriba de la media mundial- por lo que aumentó su rechazo al Brexit.

El 45 por ciento de los británicos califica al retiro de la UE como “tremendo fracaso” contra sólo el nueve por ciento que lo considera favorable. El sondeo 2024 del Instituto Ipsos mostró que el Brexit únicamente importa al cinco por ciento, pues a la mayoría le preocupan más la economía y la inflación.

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