Como vimos, la inflación afecta negativamente el desarrollo económico, ya que altera el adecuado funcionamiento de los mercados, lo que a su vez interfiere en la asignación eficiente de los recursos.
Causas de la Inflación
1. Exceso de Dinero
El banco central está a cargo de la cantidad de dinero que circula en la economía, es decir, la oferta de dinero. Cuando la autoridad monetaria crea más dinero de lo que el público demanda (exceso de oferta de dinero) provoca un aumento en el nivel de precios (y por lo tanto inflación), puesto que una mayor cantidad de dinero incrementa la demanda de bienes y servicios cuya oferta no se ha incrementado.
2. Déficit Fiscal
Un déficit fiscal es una situación en la que los gastos de un gobierno son mayores que sus ingresos. Este déficit podría ser financiado con un préstamo del banco central. Para ello, el banco central tendría que aumentar la base monetaria, entendiendo por esta última la suma de los billetes, las monedas y el saldo de la cuenta única de los bancos. Esto provocaría un aumento en el nivel de precios.
3. Políticas Inconsistentes
Aun cuando las políticas para mantener el nivel de precios sean aparentemente correctas, existe la posibilidad de que algunas de ellas generen cierta inercia sobre la inflación. En efecto, la indexación de algún determinante de la inflación a la inflación pasada podría generar que ésta se perpetuara. Por ejemplo, indexar los salarios a la inflación del año anterior -considerando que dicha inflación fuese alta-, generaría que los salarios también fueran altos, ya que se encuentran indexados a la inflación pasada y al ser éstos un determinante de la inflación, ésta también se incrementaría.
4. Contracción de la Oferta Agregada
La oferta agregada es el volumen total de los bienes y servicios producidos en una economía. Cuando hay un decremento en la oferta agregada debido quizá a un desastre natural que mermó las cosechas de ciertos productos o tal vez debido al aumento de los costos asociados a los procesos productivos (por ejemplo, un aumento en el precio del petróleo) las empresas aumentan sus precios para mantener sus márgenes de ganancia. De esta forma si una empresa de autopartes ve incrementados sus costos productivos debido a un aumento en el precio del petróleo, ésta podría reducir su oferta y trasladar los mayores costos al consumidor.
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5. Incremento de la Demanda Agregada
La demanda agregada es el volumen de bienes y servicios requeridos en una economía. Un incremento en la demanda agregada mayor a los bienes y servicios que la economía puede producir causa un incremento en los precios, ya que hay mucho dinero persiguiendo a pocos bienes.
6. Tasa de Interés
Una herramienta importante que tiene el banco central para controlar el crecimiento de dinero y por lo tanto a la inflación, es la tasa de interés. El mecanismo funciona de la siguiente forma: una mayor tasa de interés reduce la demanda agregada desincentivando la inversión y el consumo, aumentando el ahorro de las personas; de esta manera se limita la cantidad de dinero disponible en la economía, por lo que el nivel de precios disminuye.
7. Política de Inflación Creíble
La distinción entre los determinantes de largo y corto plazo depende del horizonte de tiempo que éstos tardan en impactar la inflación. Imagina que hace un año podías comprar una canasta básica de alimentos y productos de higiene por $100. Sin embargo, hoy esa misma canasta cuesta $120. Generalmente, este aumento de los precios es conocido como inflación de costos.
La inflación es el aumento sostenido de los precios de los bienes y servicios de una economía durante un periodo de tiempo determinado. De acuerdo con el Banco de México (Banxico), la inflación es un fenómeno que se observa en la economía de un país.
- Inflación galopante: la inflación es desmedida y es mayor al 10%.
- Hiperinflación: el aumento de los precios crece un porcentaje mayor a 1000% en un mismo año.
El control de la inflación es importante porque permite mantener el poder adquisitivo de los individuos al mismo tiempo que incentiva la producción de bienes. La hiperinflación sucede cuando hay un aumento considerable de la tasa de la inflación. Incluso, cerca del 50% o más en menos de un mes. El efecto de la hiperinflación se ve como una fuerte disminución en el valor real de la moneda de un país.
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Cuando este fenómeno se autorreproduce es difícil detenerlo. Esto debido a que los consumidores asocian la pérdida del valor de su dinero con el tiempo, así que tratan de gastarlo más rápido. Como consecuencia de las hiperinflaciones causadas por aquellas autoridades monetarias que imprimen más billetes de los requeridos por la economía para el financiamiento del gasto del gobierno.
No subyacente: este tipo de inflación aplica a bienes y servicios cuyos precios son más volátiles y sobre los que la política monetaria no tiene incidencia. Cuando aumenta la inflación, el poder adquisitivo de las personas se reduce y deja de comprar los mismos productos o servicios con la misma cantidad de dinero. Esto implica un aumento del nivel de precios en los productos y servicios, dada la inflación de costos.
La palabra inflación tiene una connotación negativa. Sin embargo, no siempre conlleva dicha situación. Claro, si se tienen medidas para sobrellevarla a tiempo. Sin duda alguna, el hecho de que el precio de la canasta básica de un país aumente, tiene varias consecuencias. Si las empresas especulan una subida del precio de un factor importante en su proceso productivo y deciden subir paulatinamente sus precios, se produce una inflación denominada autoconstruida.
La base monetaria aumenta cuando el Estado decide aplicar una política fiscal expansiva, es decir, aumentar la cantidad de dinero en circulación en una economía. Cuando un gobierno tiene déficit fiscal, puede optar por financiarlo a través del endeudamiento (puede hacerlo con una reducción de las reservas internacionales o imprimiendo moneda).
Inflación, Gasto del Gobierno y Crecimiento Económico
El propósito es analizar la relación entre la inflación, el gasto del gobierno y el crecimiento económico e indagar si necesariamente el déficit fiscal es la causa única e indefectible de la inestabilidad de precios. La inflación baja y estable que ha prevalecido en México (y en el mundo industrializado) durante los dos decenios del presente siglo ha sido atribuida, por una parte, a las virtudes de la autonomía del Banco Central y, por otra, a la disciplina fiscal del gobierno mexicano (y a la de los gobiernos del resto del mundo).
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Si las condiciones son diferentes y si el gasto del gobierno y el déficit fiscal son (al menos parcialmente) endógenos al crecimiento económico, entonces es posible que la inflación no tenga como causa necesaria y única al déficit fiscal. Es decir, la inflación no es necesariamente “un fenómeno puramente fiscal”.
Banco de México
La estructura de este artículo se compone de una revisión compendiosa del origen y evolución del Banco de México, seguida de una revisión sucinta de cierta literatura fundamental sobre el tema que analizamos; posteriormente, describimos algunos hechos estilizados relevantes para nuestra discusión y, luego, estimamos dos modelos de vectores autorregresivos cointegrados (CVAR, Cointegrated Autoregressive Vectors) para demostrar que si el gasto de gobierno es endógeno al crecimiento económico, entonces el déficit fiscal no es un factor que impacte negativamente a la inflación. Los resultados muestran que, aún sin causalidad en el sentido de Granger, se observa una relación negativa de largo plazo entre el gasto público y la inflación.
Nuestros modelos econométricos documentan la presencia de una especie de Ley de Wagner en la economía mexicana: existe una relación positiva entre el crecimiento económico y el gasto fiscal y, en aparente paradoja, una menor inflación.
Por muchos años, se consideró a este artículo constitucional como el mejor (en realidad, el único) instrumento normativo en contra de los monopolios; fue mucho más, tal como se pudo apreciar durante el proceso de diseño y creación del Banco de México. Luego del asesinato de Venustiano Carranza, el éxito de la rebelión de Agua Prieta y la presidencia interina de Adolfo de la Huerta, el gobierno del general Álvaro Obregón trataría de buscar el ansiado reconocimiento por diversas vías; una de ellas fue la renegociación de la deuda externa, que trató de alcanzarse mediante acuerdos con Thomas W.
Con Alberto J. Pani en Hacienda, las cosas cambiaron. Después de enfrentar un sombrío ambiente en las finanzas públicas, agravado por los gastos originados por la rebelión, por el que los créditos al país experimentaron una importante contracción, logró la reconciliación con los banqueros, del país y del extranjero, la creación de la Comisión Nacional Bancaria y la renegociación exitosa de la deuda externa; así, alcanzó el fin buscado: la inauguración, anunciada el 1º de septiembre de 1925, de El Banco de México, S. A. con el gobierno federal como principal accionista -el total de las acciones de la serie “A”, representativas del 51% del total, y 49% de las correspondientes a la serie “B”, a disposición de bancos comerciales adherentes- y cuyo objetivo era asumir la responsabilidad de la acuñación de la moneda, la emisión de billetes, la regulación de las tasas de interés pasivas, de la masa monetaria y del tipo de cambio.
Entre las modificaciones normativas de mayor relevancia, previas a la autonomía, destacan las reformas de abril de 1932 (por las que se suprimieron las operaciones con el público y se obligó a los bancos comerciales a asociarse al Banco de México y a depositar en él sus reservas) y la del mismo mes, pero de 1935, que estableció la circulación obligatoria del billete emitido por esta institución.
En 1936, el General Lázaro Cárdenas había empleado el déficit creador (gasto público mayor que el ingreso gubernamental, endeudamiento y política monetaria expansiva), antes de la publicación de la Teoría General de Keynes. La figura central de esta oposición, desde el propio Banco Central, a la labor socioeconómica del cardenismo era Luis Montes de Oca, cuya vida y obra estuvieron consagradas a la promoción de ideas liberales; incluso desde la dirección del Banco de México radica en su temprana advertencia sobre el efecto inflacionario del intervencionismo económico gubernamental y, en paralelo, sobre el carácter inconfundiblemente monetario de la inflación.
En contraste, Noyola (1956, p. 604) explica que la inflación no es un fenómeno monetario, sino el resultado de desequilibrios de carácter real que se manifiestan en forma de aumentos del nivel general de precios y es mucho más perceptible en los países subdesarrollados que en los países industriales. Para Noyola, el conflicto de clases y la inelasticidad de la oferta -sin la menor referencia al dinero- son las variables explicativas de la inflación visible.
Moreno-Brid y Ros (2010) consideran que durante 1956-1970 la estabilidad macroeconómica en México se debió al buen ambiente internacional resultado del alto crecimiento de la posguerra. En la década de 1970, las condiciones internas y externas cambiaron hacia incrementos del gasto público sin aumentos en los ingresos tributarios y más bien financiados por los ingresos petroleros.
Luego de la crisis de 1982, la economía mexicana se caracterizó por altos niveles de inflación y deuda. Las reformas introducidas para estabilizar la economía entre 1980 y 1990 incluyen la modificación de las leyes del Banco de México (1993), las cuales lo fueron dotando de una mayor autonomía instrumental, política y económica para, finalmente, adoptar la política monetaria de metas de inflación.
En la ley de 1984, observamos un cambio fundamental que es la introducción del objetivo de la estabilidad del poder adquisitivo del dinero y procurar las condiciones crediticias y cambiarias para ello. La ley de 1993, estipula como único objetivo una inflación baja y estable y como función secundaria la estabilidad del sistema financiero.
Política Fiscal y Crecimiento Económico
La influencia de la política fiscal en el crecimiento económico ha sido objeto de análisis al menos desde que Wagner (1876) planteó la llamada Ley de Wagner que establece una relación directa entre la expansión de la economía y el aumento del tamaño del sector público. Asimismo, aunque es un lugar común afirmar que la política fiscal es el principal instrumento de la política económica keynesiana, en realidad Keynes (1936 [1964]) fue muy sobrio al respecto; sólo alude de forma elíptica a vías fiscales para incrementar la propensión al consumo y la inversión pública, para alcanzar la estabilidad cíclica de los salarios nominales y reducir el carácter procíclico de la inversión de capital; tampoco negó la efectividad de la política monetaria, lo cual sólo ocurriría en el improbable “caso límite” de trampa de liquidez (Keynes, 1936 [1964], p. 207) o, lo que en la práctica es un caso similar, cuando el ahorro y la inversión son insensibles a las variaciones de la tasa de interés.
En todo caso, lo que sí afirmaba Keynes es que la política monetaria podría ser insuficiente para estimular la eficiencia marginal del capital y estabilizar los salarios a modo de superar el estancamiento económico y conseguir un nivel de producto de pleno empleo (Tobin, 1989). La síntesis neoclásica, construida sobre todo a partir de las premisas analíticas del modelo IS-LM (Hicks, 1937) y de la teoría de la política económica de Hansen, formuló la hipótesis de que en el largo plazo el gasto del gobierno desplaza a la inversión privada, distorsiona el uso productivo del ahorro privado y genera exceso de demanda.
Como es sabido, Milton Friedman acuñó el dictum que reza que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Esto, en sentido estricto, es una tautología (y en ese sentido es una verdad de Perogrullo), porque la inflación per se implica de forma inmediata una alteración del poder de compra del dinero. La afirmación de Friedman, por tanto, está vacía si no se sustancia con ulterior argumentación teórica y con evidencia empírica. Evidentemente, a la perogrullada le subyace una idea más profunda, subyace al dictum la tesis de que la causa de la inflación es siempre y en todo lugar un exceso de dinero en circulación o, lo que es su equivalente, un exceso de demanda. Este exceso de demanda generalmente tiene su origen en un excesivo gasto del gobierno y, por tanto, en el déficit fiscal. Para sustanciar la tesis, Friedman y Schwartz (1963) proveyeron la evidencia empírica y Friedman (1968) ofreció el marco teórico que integró la macroeconomía keynesiana de la segunda posguerra con la teoría cuantitativa del dinero para mostrar la existencia de una curva de Phillips de largo ... III.
Dominancia Fiscal
El concepto de “dominancia fiscal” empezó a formar parte de la terminología usual en materia de política monetaria y de la literatura relativa a ese tema hacia finales de la década de los ochenta y principios de la siguiente. Según esos autores, las razones para que exista dominancia fiscal derivan de “alguna combinación de una base fiscal débil, un sistema muy rudimentario de recaudación de impuestos que propicia la evasión fiscal”, de las implicaciones de rescates bancarios que deben realizarse en razón de sistemas bancarios vulnerables y de la simple tendencia “a incurrir en exceso de gastos al nivel federal o regional”.
El punto clave reside en que esa separación resulta inaceptable aun con la presencia de un banco central autónomo que tiene el compromiso explícito y prioritario de procurar la estabilidad de precios. El argumento es que un déficit fiscal de magnitud importante que da lugar a que el saldo de la deuda pública crezca de manera rápida ejerce influencias imprevistas sobre la demanda agregada, el balance patrimonial de las familias y su propensión al ahorro y al consumo. En rigor, la perspectiva más deseable desde el punto de vista de la banca central es siempre que sea posible transitar de una situación de “dominancia fiscal” a la opuesta que el experto Philip Turner denomina de “dominancia monetaria”.
Esta posibilidad se daría cuando frente a la perspectiva de un repunte de la inflación el banco central eleva su tasa de interés de manera reiterada. Esta acción de política monetaria -que posiblemente sólo pudiera corresponder a un banco central dotado de autonomía- elevaría, tal vez en forma continua, el espectro de las tasas de interés reales dando a su vez lugar a un incremento de las mismas características en el servicio de la deuda pública.
En otras palabras, pueden darse en la economía situaciones de equilibrio con expectativas racionales vinculadas con marcos “no ricardianos” de política económica. Desde un punto de vista estrictamente técnico, podría verse una simetría entre la perspectiva de la política monetaria ejerciendo una influencia decisiva sobre la política fiscal y aquélla en que la situación presupuestal tiene un peso determinante sobre el manejo monetario.
En suma, lo cierto es que en el mundo real los choques de tipo fiscal suelen afectar a la demanda agregada además de que los agentes económicos pueden adoptar conductas incompatibles con el paradigma de la “Equivalencia Ricardiana”.
Inflación y Desempleo
Dentro de la problemática de la inflación, la disyuntiva entre inflación y desempleo es una de las principales preocupaciones que enfrenta un gobierno cuando implementa políticas económicas que tienen por objetivo incentivar la actividad productiva del país. En el largo plazo, la inflación que se genera cuando se imprime dinero es la característica principal que debe vigilar la autoridad económica, específicamente el Banco Central. El incremento en la demanda de bienes y servicios puede ocasionar que las empresas aumenten sus precios, pero antes de que esto suceda, el incremento en la demanda estimula a las empresas para que produzcan más y, por tanto, contraten a más trabajadores para satisfacer el aumento en la producción.
El aumento en el número de trabajadores contratados, debido al incremento de la demanda, disminuye el desempleo. Para darle mayor claridad a la exposición, cabe destacar que la causa principal de la inflación es el elevado crecimiento de la cantidad nominal de dinero, el cual a su vez se debe a la existencia de un gran déficit presupuestario y a la imposibilidad de financiarlo mediante préstamos procedentes del público nacional o extranjero.
La preocupación radica en que no existe la “inflación pura”, ya que durante los periodos de inflación los precios y los salarios no suben proporcionalmente, generándose pérdida en el poder adquisitivo de la moneda nacional. La inflación afecta al nivel de ingreso real (por ejemplo, los jubilados reciben prestaciones que no suben al mismo ritmo que el nivel de precios) y crea incertidumbre en las empresas en la toma de decisiones de inversión futura. A corto plazo, las autoridades económicas pueden utilizar diversos instrumentos para tratar de aminorar los efectos negativos de la inflación, por ejemplo, pueden cambiar la cantidad de dinero destinada al gasto público, variar los montos de los impuestos, modificar la cantidad de dinero que se imprime, y utilizar diversas combinaciones de política monetaria y política fiscal.
Por lo anterior, podemos concluir que a pesar de que el crecimiento en la cantidad de dinero trae consigo un aumento en la producción y una disminución en el desempleo, también tiene como consecuencia a la inflación, que resta poder adquisitivo al consumidor. La disyuntiva entre la inflación y el desempleo desempeña un papel clave en el análisis del ciclo económico, que consiste en las fluctuaciones irregulares de la actividad económica, medida ésta por las fluctuaciones en la demanda de bienes y servicios o por el número de personas desempleadas que están en busca de un trabajo.
