El concepto de "Régimen del Terror" evoca períodos históricos marcados por la violencia extrema y la represión respaldada por el Estado, a menudo liderada por figuras autoritarias en momentos de crisis. Dos ejemplos notables en la historia son el Reinado del Terror durante la Revolución Francesa, protagonizado por Maximilien Robespierre, y el "Régimen del Terror" impuesto por Pablo Morillo durante la reconquista española de América.
El Reinado del Terror en la Revolución Francesa: Maximilien Robespierre
Orígenes del Terror y la Ascensión de Robespierre
El Reinado del Terror, o simplemente el Terror (la Terreur), fue un período culminante de violencia respaldada por el Estado durante la Revolución francesa (1789-99), que vio las ejecuciones públicas y los asesinatos en masa de miles de "sospechosos" contrarrevolucionarios entre septiembre de 1793 y julio de 1794. El Terror fue la culminación de años de miedo y paranoia, sentimientos que habían existido durante mucho tiempo como corrientes subterráneas de la Revolución.
Ciertamente, los sentimientos de paranoia y temor no eran nada nuevo en 1793, ya que el espectro del Terror había estado presente desde los primeros días de la Revolución, siempre acechando en las sombras. El terror apareció el 22 de julio de 1789, cuando el miedo a un complot aristocrático para matar de hambre al pueblo llevó a una turba de París a asesinar brutalmente al ministro real Joseph Foullon y a su yerno. A medida que la Revolución se dividía cada vez más y que Francia entraba en guerra con la mayor parte de Europa, la histeria y la aprehensión se hacían más comunes. Estos sentimientos se vieron exacerbados por la rápida depreciación del assignat (moneda) y la continua escasez de pan asequible. En el verano de 1793, los ciudadanos franceses de a pie no eran menos indigentes, hambrientos o desempleados que al comienzo de la Revolución.
Esta retórica se veía constantemente reforzada por las acciones de los enemigos de la Revolución; por ejemplo, el Manifiesto de Brunswick, que amenazaba con la destrucción total de París por un ejército prusiano, demostraba que la libertad del pueblo estaba en grave peligro. Estos pensamientos condujeron a momentos sangrientos de histeria colectiva, como las masacres de septiembre de 1792, en las que las turbas de París masacraron brutalmente a más de mil "contrarrevolucionarios" y sacerdotes.
En este contexto de inestabilidad y amenaza, Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, más conocido como Maximilien Robespierre o Maximiliano Robespierre (Arras, 6 de mayo de 1758-París, 28 de julio de 1794), emergió como una figura central. Fue un abogado, escritor, orador y político francés apodado "el Incorruptible" por la firmeza de sus creencias. Robespierre, jurista de profesión, inició su carrera como juez penal de la diócesis de Arras, además de ejercer como defensor legal, especialmente de los sectores más desposeídos. Su fuerte oposición inicial a la pena de muerte y la notoriedad que acumuló como escritor lo convirtieron en uno de los más destacados abogados de Arras. Su fama pronto lo llevó a la política, resultando electo diputado por el Tercer Estado en los Estados Generales en 1789, encarrilándose desde entonces hacia un rápido ascenso político, hasta alcanzar la presidencia de la Convención Nacional y transformarse en uno de los más poderosos líderes de la Revolución.
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Como diputado del Tercer Estado, se convirtió en una de las principales figuras de los "demócratas" en la Asamblea Constituyente, y defendió la abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, el derecho de voto para las personas de color y los judíos, así como el sufragio universal y la igualdad de derechos frente al sufragio censitario. Su intransigencia pronto le valió el apodo de «el Incorruptible». En el otoño de 1793, cuando la Revolución se fracturó y la Guerra de la Primera Coalición (1792-1797) se descontroló, la Convención Nacional consideró necesario implantar el Terror como orden del día para poder erradicar a los espías y conspiradores contrarrevolucionarios.
El Reinado del Terror nació de un impulso de autopreservación revolucionaria, concebido por una Revolución paranoica que veía enemigos en todas partes. Robespierre y sus seguidores creían firmemente que el objetivo final de la Revolución era obtener una república gobernada virtuosamente por la voluntad general. Pero existía el peligro acuciante de que, si se dejaba a ciertos malos actores a su aire, la voluntad general se corrompiera y la República fracasara. Para evitarlo, los robespierristas se propusieron eliminar a los posibles contrarrevolucionarios y traidores.
El Comité de Seguridad Pública y las Herramientas del Terror
El Terror fue encendido por las ideologías de sus líderes, con el Comité de Seguridad Pública en el centro. En la cima de la jerarquía del Terror se encontraba el Comité de Seguridad Pública, casi dictatorial, dominado por Maximilien Robespierre. Creado inicialmente en abril de 1793 para supervisar diversas funciones del gobierno, el Comité debía estar subordinado a la Convención Nacional, que teóricamente podía cambiar los miembros del Comité a voluntad.
En el otoño de 1793, la Convención Nacional consideró necesario implantar el Terror, lo que condujo a la promulgación de la Ley de Sospechosos. El 17 de septiembre se promulgó la infame Ley de Sospechosos, que permitía detener a cualquiera que "por su conducta, sus contactos, sus palabras o sus escritos se mostrara partidario de la tiranía, o del federalismo, o enemigo de la libertad". Era una definición ambigua, que en la práctica podía aplicarse a casi cualquiera. Desde el Comité, Robespierre sancionó en septiembre la ley de Sospechosos, que no hizo sino legalizar la política del Terror. Esto posibilitó la detención de entre 300.000 y medio millón de ciudadanos en todo el país. La ley de Sospechosos abrió una etapa especialmente cruenta de la Revolución.
Debajo del Comité de Seguridad Pública había varios comités locales de vigilancia, encargados de desenmascarar y detener a todos los "sospechosos" dentro de sus jurisdicciones. Lo que definía a un sospechoso se dejaba a la discreción de cada comité de vigilancia, pero la gente podía ser denunciada por poseer simpatías monárquicas o católicas, por acaparar bienes o por algo tan simple como dirigirse a los vecinos como "monsieur" en lugar de "ciudadano". Una vez denunciado por un comité, el sospechoso se llevaba a prisión; si tenía mucha mala suerte, se lo llevaba ante el temido Tribunal Revolucionario, donde se jugaba el pellejo.
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El Tribunal contaba con 16 magistrados, un jurado de 60 personas y un fiscal, todos nombrados por la Convención. Ningún juicio podía durar más de tres días y solo se podía emitir uno de los dos veredictos: la absolución o la ejecución. El 29 de septiembre, la Ley del Máximo General puso controles de precios a numerosos bienes, para hacer más asequibles los alimentos. El 10 de octubre, el joven Louis-Antoine Saint-Just, miembro del Comité, propuso que el gobierno de Francia siguiera siendo "revolucionario hasta la paz". Finalmente, en diciembre, la Ley del 14 de Frimaire centralizó aún más el poder en el Comité, consolidando su estatus como gobierno de facto de Francia. La nueva constitución jacobina nunca se puso en práctica. Por último, estaba el ejército revolucionario, que actuaba como brazo del Terror y llevaba la "justicia" revolucionaria al campo.
Robespierre consideraba que la República debía defenderse de forma contundente y rápida, arrebatando a sus enemigos la iniciativa, y a esa acción la denominaba el «Terror», esto es, según él, la aplicación inmediata de la justicia republicana con el objetivo de neutralizar a los enemigos de la República. De esta forma, el Terror, en el lenguaje republicano jacobino, es una acción en defensa de la Virtud, al objeto de defender el bien público, la República, estando obligado el Comité de Salvación Pública que asumía la defensa de ésta a dar cuenta pública de sus acciones.
Víctimas y Purges Políticas
Con el Comité de Seguridad Pública en el poder, y las herramientas del Terror organizadas, las cabezas comenzaron a caer. Las primeras víctimas fueron los nobles del antiguo régimen; al juicio y ejecución de María Antonieta, el 16 de octubre de 1793, siguió la muerte del desventurado duque de Orleans, cuya adopción del nombre revolucionario Philippe Égalité no lo salvó. Madame Elizabeth, hermana del difunto rey Luis XVI de Francia, fue ejecutada más tarde, en mayo de 1794. A continuación llegaron las ejecuciones de los antiguos líderes que habían intentado y fracasado en su intento de tomar el control de la Revolución.
Algunos de los líderes girondinos más destacados, como Brissot, Pierre Vergniaud y Madame Roland, fueron ejecutados a finales de octubre y principios de noviembre; los girondinos que habían escapado de París fueron perseguidos y asesinados tras el fracaso de las revueltas federalistas. Luego fue el turno de los Feuillants, la antigua facción monárquica constitucional; Antoine Barnave fue decapitado el 29 de noviembre, mientras que su colega, Jean Sylvain Bailly, fue ejecutado en el lugar de la Masacre del Campo de Marte, de la que se le había culpado.
A medida que avanzaba el Terror, Robespierre y sus aliados consolidaron su posición deshaciéndose de los rivales que quedaban. A la izquierda política de los robespierristas se encontraban los hébertistas, que promovían políticas de descristianización y deseaban intensificar el Terror. Inquieto por la creciente influencia de Jacques-René Hébert, Robespierre decidió atacar primero. Después de cerrar el famoso periódico de Hébert, Le Père Duchesne, Robespierre hizo arrestar a Hébert y a sus seguidores. Se aseguró de que los hébertistas fueran juzgados junto a un grupo acusado de conspirar en un "complot extranjero", para minimizar las posibilidades de absolución. Hébert y sus aliados fueron ejecutados el 24 de marzo de 1794.
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A continuación, los robespierristas persiguieron a sus enemigos de la derecha política, un grupo conocido como los indulgentes, dirigido por Georges Danton. Perturbados por el Terror, los indulgentes buscaban la clemencia para los implicados en la Ley de Sospechosos y deseaban el fin de las guerras revolucionarias francesas. El periodista Camille Desmoulins, perturbado por su propia participación en el Terror, publicó un nuevo panfleto, Le Vieux Cordelier, en el que atacó al régimen robespierrista y pidió el fin inmediato del Terror. Los indulgentes, entre los que se encontraban Danton, Desmoulins y Fabre d'Églantine, padre del calendario republicano francés, fueron detenidos la noche del 29 de marzo de 1794. De los doce miembros del Comité, sólo Robert Lindet se negó a firmar sus órdenes de muerte. El 5 de abril, los indulgentes fueron a la guillotina; en el cadalso, Danton dijo al verdugo: "Muestre mi cabeza al pueblo".
Durante el Terreur, entre treinta y cinco y cuarenta mil civiles fueron ejecutados, la mayor parte de ellos mediante la guillotina. Junto a las víctimas históricamente notables del Terror, cientos de miles de ciudadanos anónimos y cotidianos fueron detenidos como sospechosos. Decenas de miles fueron enviados a la tumba.
- En toda Francia, 16.594 personas fueron llevadas a la guillotina tras un juicio, mientras que alrededor de 10.000 murieron en prisión.
- En el invierno de 1793-94, entre 1800 y 4800 personas murieron ahogadas en el helado río Loira durante los ahogamientos de Nantes.
- Tras la revuelta de Lyon, cerca de 2000 rebeldes federalistas fueron agrupados y ejecutados por un cañón que les disparó a bocajarro.
- Lo más mortífero fueron las "columnas infernales" de soldados republicanos franceses que recorrieron la región rebelde de la Vendée, matando e incendiando indiscriminadamente a todo lo que encontraban.
La Descristianización y el Culto al Ser Supremo
Bajo la influencia de los hebertistas, el Terror vio un aumento de los programas de descristianización durante la Revolución francesa. En octubre de 1793, la Convención Nacional aprobó un nuevo calendario republicano francés, que comenzaba retroactivamente el 22 de septiembre de 1792; la implicación aquí era que el nacimiento de la República Francesa, y no el nacimiento de Jesucristo, era el momento definitorio de la historia humana. En noviembre, los hebertistas promovían el culto ateo a la razón, un movimiento que había surgido en París y que se burlaba de las supersticiones del cristianismo. En toda Francia, las iglesias fueron reconsagradas a la Razón o vandalizadas, y los sacerdotes católicos fueron objeto de burlas y matrimonios forzados. El 7 de noviembre, el obispo de París se vio obligado a renunciar públicamente a su fe, declarándose "un cura... es decir, un charlatán". Tres días más tarde, se celebró un gran Festival de la Razón en la catedral de Notre-Dame, reconsagrada como Templo de la Razón.
A Robespierre le asqueaba el Culto a la Razón, que rechazaba cualquier divinidad. Aunque Robespierre no amaba el catolicismo, detestaba el ateísmo, pues creía que la creencia en un poder superior era esencial para el orden social. A menudo, citaba a Voltaire: "Si Dios no existiera, habría que inventarlo". Y así, tras las ejecuciones de los hebertistas, Robespierre inventó un dios, en forma de su Culto al Ser Supremo. El culto de Robespierre, que reconocía la existencia de un dios y la inmortalidad del alma humana, pretendía crear una especie de virtud pública cívica. Sin embargo, los detractores de Robespierre creían que él mismo aspiraba a la divinidad; con los poderes de un dictador, ahora parecía que Robespierre deseaba los de un dios.
La Caída de Robespierre
El Terror no alcanzó su punto álgido hasta junio de 1794, con la Ley de Pradial del año II (10 de junio), que abrió una etapa especialmente cruenta. En este último ciclo, el denominado Gran Terror, de siete semanas de duración, fueron ejecutadas unas 1.500 personas solo en la capital del país. Como las cárceles de París estaban llenas, la ley, propuesta por el miembro del Comité de Seguridad Pública Georges Couthon, pretendía acelerar el proceso judicial. Eliminaba la fase de investigación de un juicio, lo que significaba que los ciudadanos podían ser llevados a juicio simplemente por ser denunciados, sin ninguna otra prueba. La ley privaba al acusado de su derecho a un abogado y eliminaba el interrogatorio de los testigos. No es de extrañar que esto condujera a un dramático aumento de las ejecuciones; del 10 de junio al 27 de julio, alrededor de 1400 casos presentados ante el Tribunal Revolucionario de París terminaron en ejecución.
Durante este tiempo, más personas comenzaron a cuestionar la premisa básica del Terror. Las guerras civiles habían sido reprimidas en su mayor parte, y la marea de la Guerra de la Primera Coalición había cambiado a favor de Francia tras la decisiva victoria en la Batalla de Fleurus. Sin embargo, aunque el peligro para la República francesa disminuía, el Terror seguía intensificándose. El Incorruptible se había convertido en una amenaza total. Nadie estaba seguro.
En la cúspide de su poder, Robespierre siguió justificando el Terror anunciando que poseía listas de enemigos de Francia, muchos de los cuales eran miembros de la Convención. Esto fue la gota que colmó el vaso, ya que la Convención se volvió contra Robespierre, nombrándolo proscrito. Tras la ejecución de Danton, se desencadenaron una serie de divisiones políticas dentro de la Convención Nacional, y Robespierre reaccionó concentrando cada vez más poder en el Comité de Salvación Pública. Esto solo agravó aún más la situación, provocando que un cuerpo de soldados opuestos a sus políticas asaltaran el Ayuntamiento de París, donde él y varios de sus allegados se encontraban.
Fue arrestado la noche del 9 de Termidor del año II (27 de julio de 1794). El 27 de julio de 1794 los miembros del Comité abuchearon el parlamento de su presidente y votaron en su contra. La Convención ordenó su arresto. Liberados de la cárcel por la comuna de París, que les prestó apoyo, los robespierristas se refugiaron en el edificio del ayuntamiento, respaldados por un sector del ejército mandado por el general François Hanriot. Esa misma noche, las tropas leales a la Convención asaltaron el Ayuntamiento, que se había ido vaciando a medida que pasaban las horas. Durante el asalto, Robespierre resultó herido en la mandíbula en circunstancias inciertas.
Al día siguiente, sin siquiera juicio, fue conducido a la plaza de la Revolución (hoy plaza de la Concordia), y fue guillotinado junto a veintiún colaboradores. Su guillotinamiento marcó el fin del Terror.
El Régimen del Terror en la Reconquista Americana: Pablo Morillo
Trayectoria de Pablo Morillo hasta América
Pablo Morillo y Morillo era un general del ejército español, al servicio del rey Fernando VII. No hay total consenso entre los historiadores sobre el lugar y la fecha de nacimiento de Pablo Morillo y Morillo; mientras autores como Francisco Xavier Arambarri y Andrés Révesz sostienen que nació en Fuentesecas, jurisdicción de Toro, provincia de Zamora, el 5 de mayo de 1775, otros como Constancio Franco afirman que fue en Fuente de Malva, el 27 de octubre de 1777, o en Toro en 1777 o 1778.
Hasta 1795 ejerció el oficio de pastor. En 1796, por influencia de un amigo de su padre, fue enviado a Salamanca, con el fin de hacer algunos estudios que pronto dejó para ingresar al servicio de las tropas de la Marina Real, en la que sucesivamente fue soldado, cabo y sargento. Su valor e inteligencia le permitieron un rápido ascenso en la carrera militar. Morillo participó en el sitio de Tolón y, en 1805, en calidad de sargento, en la batalla de Trafalgar; estuvo presente también en la de Bailén; poco después combatió en Extremadura y en el sitio y rendición de la plaza de Elvas. Adquirió en poco tiempo los grados de teniente y capitán, en 1812 ya ostentaba el título de coronel y en 1813, el de mariscal de campo.
Contaba con algo más de 20 años, cuando contrajo matrimonio por vez primera, con Joaquina Rodríguez, quien falleció en El Ferrol en 1805, cuando Morillo tenía 30 años. En 1815, contrajo segundas nupcias, esta vez con María Josefa del Villar, oriunda de Cádiz, con quien se casó por poderes, pues él se encontraba en Cartagena de Indias, mientras ella estaba en España.
Morillo puso su formación militar, así como su experiencia y arrojo, al servicio del rey Fernando VII cuando fue nombrado jefe de la Expedición Pacificadora, organizada con el fin de reconquistar los pueblos americanos. Esta expedición salió de Cádiz, con más de 10 000 hombres, en febrero de 1815, rumbo a las provincias del Nuevo Mundo. En América les correspondió librar una lucha mucho más peligrosa, mucho más cruel que la que habíamos sostenido hasta el momento, según palabras del propio Morillo.
La Implementación del Terror en Nueva Granada
Morillo llegó en los primeros días de abril de 1815 a las costas orientales de Cumaná, e inició la reconquista de Venezuela. En julio del mismo año, la Expedición Pacificadora arribó a Santa Marta y desde esta ciudad proyectó su plan de reconquista de la Nueva Granada; éste se inició con el sitio de Cartagena, llevado a cabo entre el 17 de agosto y el 5 de diciembre. Con la conquista de Cartagena, Morillo inició la más grande represión al pueblo granadino, conocida como el "Régimen del Terror".
El 26 de mayo del mismo año, Morillo llegó a Santafé de Bogotá, negándose a aceptar el recibimiento que la capital le había preparado: las calles estaban engalanadas con arcos de triunfo y banderas españolas. En Santafé de Bogotá, Morillo hizo gala de la crueldad que sería el distintivo de sus actuaciones en América. Llevó al patíbulo a figuras tan prominentes como Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho, José Gregorio Gutiérrez, Liborio Mejía, Miguel Pombo, Jorge Tadeo Lozano, Crisanto Valenzuela, José María Cabal, José María Dávila y Antonio Baraya, entre otros. A las víctimas les fueron confiscados sus bienes y sus viudas e hijas fueron condenadas al destierro.
La actuación de Morillo en Santafé, según la opinión de Daniel Florencio O'Leary, hizo más daño a la causa realista que la derrota más desastrosa. Se enajenó para siempre el afecto del pueblo granadino a un sistema con el cual los habían reconciliado, después de su separación de España, la inexperiencia y las locuras de sus nuevos gobernantes. O'Leary señala que Morillo, al recuperar el país, pudo haber destruido, por muchas generaciones, el espíritu revoltoso; pero su excesiva crueldad, ejercida indistintamente, produjo el efecto contrario.
El Declive de la Campaña y el Regreso a España
A finales de 1816 Morillo partió para Venezuela dejando a Juan Sámano al frente del gobierno de la Nueva Granada. El año 1817 lo pasó tratando de recuperar las posiciones perdidas en Venezuela. En marzo de 1818 se enfrentó contra el ejército comandado por Simón Bolívar en la batalla de La Puerta, también conocida como El Semen, en la cual fue gravemente herido; sin embargo, logró vencer. El Pacificador Morillo pasó casi un año tratando de reponerse de esta herida.
El 7 de agosto de 1819 las tropas realistas comandadas por José María Barreiro fueron vencidas por Bolívar y su ejército, en la batalla de Boyacá; Sámano huyó precipitadamente de Santafé. Notificado Morillo del triunfo patriota, escribió al gobierno de Madrid que Bolívar en un solo día acabó con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquistó lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates. Destacó que la suerte de Venezuela y de Nueva Granada no podía ser dudosa y que estos prodigios, por la rapidez con que los habían conseguido, fueron obra de Bolívar y un puñado de hombres. Además, advirtió que si se perdía la Costa Firme, el Rey nuestro señor no la volvería jamás a recuperar, aunque para ello se emplearan treinta mil hombres.
En abril de 1820, en lugar de tropas, armas y dinero, Morillo recibió la orden de establecer la paz en las colonias por medio de un armisticio. Este fue firmado por comisionados de Morillo y Bolívar en la ciudad de Trujillo, el 25 de noviembre. El 27 del mismo mes Morillo se entrevistó con el Libertador en la población de Santa Ana, y el 17 de diciembre viajó a España. Los títulos de conde de Cartagena y marqués de La Puerta le fueron concedidos a Morillo por Fernando VII, en reconocimiento a las acciones durante el sitio de Cartagena y la batalla del Semen.
A su regreso a España, Morillo observó una conducta ambigua. Luchó al lado de Fernando VII por el restablecimiento de su poder absoluto, y éste lo nombró jefe de sus fuerzas de defensa. Posteriormente, se adhirió a los constitucionales y logró que, en 1823, el nuevo gobierno provisional de la revolución lo nombrara comandante general de Galicia y las Asturias y jefe del Cuarto Ejército que debía luchar en contra de los franceses que buscaban restablecer el absolutismo en España. Cuando el rey Fernando ocupó de nuevo el trono, destituyó a Morillo de todos los cargos que tenía. En junio de 1824 emigró a Francia. Entre 1826 y 1830 escribió en varios diarios y publicó dos obras: Memorias sobre la campaña en América y Táctica militar.
Murió el 27 de julio de 1837 a las once de la noche, en el balneario de Barges. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Luz-SaintSauveur, departamento de los Altos Pirineos, en agosto de 1843, y trasladados a Madrid y sepultados en el cementerio de San Isidro. Pablo Morillo murió pobre y María Josefa, su viuda, debió acudir a la reina para pedir ayuda como madre, tutora y curadora de los cinco hijos menores, a quienes su padre nada había dejado de intereses y sí solo sus gloriosas acciones que imitar.
