Desde las clases de historia en educación básica nos dijeron que los antiguos regentes eran elegidos monarcas por mandato divino. Su poderío era aprobado por las leyes celestiales, es decir, eran un representante de Dios en la Tierra. Sin embargo, el rey Carlos I de Inglaterra ha sido el único monarca que, tras no responder ante el pueblo británico ni apoyarse en su parlamento para regir, fue enjuiciado, condenado y decapitado por traición a la Corona. Su historia es una de las más fascinantes y dramáticas del siglo XVII, marcando una profunda transformación en la relación entre el poder real y los derechos del pueblo.
Primeros Años y Ascenso al Trono
Carlos I de Inglaterra nació el 19 de noviembre de 1600 en Escocia. Era el segundo hijo de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia y Ana de Dinamarca. Tras la muerte de su hermano mayor, Enrique, en 1612, Carlos se convirtió en el heredero al trono. De niño, no gozaba de gran salud, era tímido (quizás debido a su tartamudez) y siempre se sentía en segundo plano en comparación con su hermano.
Los testimonios más cercanos lo describen como un hombre afable, cariñoso y dedicado en su espacio privado. No obstante, en público, la inseguridad y falta de autoestima lo obligaban a poner un rostro diferente: el de un tirano. De complexión menuda y enfermiza, heredó el tartamudeo de su padre y una terrible desconfianza en sí mismo. Cuando Jacobo I murió por enfermedad el 27 de marzo de 1625, Carlos heredó el trono y se convirtió en rey de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda. Se coronó a Carlos I el 2 de febrero de 1626, cuando tenía tiernos 25 años. Se había casado con Enriqueta María, la joven hermana de Luis XIII de Francia, en 1624, con quien tuvo nueve hijos.
Un Reinado Marcado por el Conflicto: Poder Real vs. Parlamento
El reinado de Carlos I estuvo marcado por una serie de conflictos con el Parlamento sobre la cuestión del poder real y los derechos del pueblo. Carlos I era defensor del derecho divino de los reyes, que sostenía que el poder del monarca procedía directamente de Dios y era absoluto. En sus propias palabras, "Los parlamentos están totalmente en mi poder..." No obstante, la corona británica funcionaba a través de un parlamento, lo que significaba que el Rey no podía actuar sin la consulta de sus miembros. El rey Carlos I decidió que no necesitaba consultar una sola de sus decisiones, pues estar en su contra era estar en contra de Dios, y así se fue ganando el desprecio de su parlamento.
La principal cuestión que dividió a Carlos y al Parlamento fue la fiscalidad. El rey quería aumentar los impuestos sin el consentimiento del Parlamento y constantemente desestimaba y convocaba esta institución. Incluso intentó eludirla adquiriendo dinero por medios privados. Se extrajo dinero de comerciantes y banqueros, se aumentaron los derechos de aduana y se revivieron las arcaicas leyes forestales para poder aplicar multas que llenaran las arcas reales. Aun así, sus dificultades para encontrar fondos suficientes le obligaron a hacer concesiones, como la Petición de Derecho (1628).
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Sin embargo, Carlos lo pensó mejor y decidió disolver el Parlamento en marzo de 1629. Este período, conocido como el "Gobierno Personal" (Personal Government), fue una etapa de creciente impopularidad debido a sus decisiones fiscales y religiosas. Durante unos años, el rey pareció tener razón en su afirmación de que el Parlamento era innecesario, logrando equilibrar los presupuestos anuales y reduciendo la corrupción. Pero en 1637, las cosas empezaron a ir mal, especialmente en lo que respecta a su política religiosa.
Conflictos Religiosos y la Guerra con Escocia
Carlos había nombrado a William Laud como arzobispo de Canterbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra, en 1633. Los puritanos, un sector rico y poderoso de la sociedad inglesa con fuerte presencia en el Parlamento, detestaban a Laud, quien indignó aún más a los puritanos al reintroducir ciertas prácticas católicas en la Iglesia anglicana. Laud también molestó a los líderes eclesiásticos escoceses al intentar instalar obispos e introducir un nuevo libro de oraciones en 1637.
Como resultado, un ejército escocés se lanzó al campo de batalla contra el rey, cruzando la frontera con Inglaterra en 1638 y de nuevo en 1640, cuando ocupó Newcastle. La ausencia del Parlamento resultó ser crucial y el rey solo pudo reunir un ejército de tropas milicianas sin experiencia para hacer frente a la amenaza. Tras darse cuenta de que era incapaz de reunir un ejército capaz de derrotar a los escoceses sin la ayuda del Parlamento, Carlos decidió ceder a sus demandas. Sin muchas opciones, el Parlamento fue convocado en la primavera de 1640, por primera vez en once años, lo que se conoció como el Parlamento Corto. Tras otra derrota ante un ejército escocés, el rey se vio obligado a convocar otro Parlamento en noviembre, el Parlamento Largo.
Los diputados aprovecharon su oportunidad y los apuros militares del rey para garantizar su futura supervivencia. Se recaudaría dinero para otro ejército, pero solo con la condición de que se aprobara una ley que obligara a convocar un Parlamento al menos una vez cada tres años, que no pudiera ser disuelto por los meros deseos del monarca, y que los ministros reales tuvieran que ser aprobados por el Parlamento. El rey aceptó, pero luego ignoró alegremente sus promesas. En 1641 estalló una gran rebelión contra el dominio inglés en Irlanda, complicando aún más la situación. El intento de arresto de cinco miembros del Parlamento por parte del rey, en enero de 1642, apenas infundió confianza y en represalia, los parlamentarios cerraron las puertas de Londres, impidiéndole a Carlos entrar en su propia capital.
La Guerra Civil Inglesa y el Ascenso de Oliver Cromwell
La incapacidad para resolver la situación política condujo a la Primera Guerra Civil Inglesa, que enfrentó a los monárquicos con los parlamentarios y sus aliados covenanistas en Inglaterra y Gales. La Guerra Civil inglesa (1642-1651) se libró en gran medida entre los "Roundheads" (parlamentarios) y los "Cavaliers" (monárquicos) en más de 600 batallas y asedios solo en Inglaterra.
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Las partes occidental y septentrional de Inglaterra permanecieron leales al rey, mientras que Londres y el sureste del país fueron controlados por el Parlamento. El rey contaba con el apoyo de la Cámara de los Lores y de algunos miembros del Parlamento, mientras que los parlamentarios tenían el control de la marina y de la clase mercantil, lo que significaba una capacidad muy limitada para el rey de pagar a su ejército. Dado que Carlos I no podía controlar los levantamientos y alas opuestas a su gobierno, sus enemigos fueron ganando poder, el más peligroso de todos, Oliver Cromwell, quien al final lo derrotó en la Guerra Civil Británica, la más sangrienta de la historia.
Cromwell, un caballero del campo, resultó ser un líder militar visionario que creía en la importancia de un ejército bien entrenado, el cual formó y llamó el Nuevo Ejército Modelo. Los parlamentarios, con la ayuda de las tropas escocesas, ganaron la batalla de Marston Moor, cerca de York, el 2 de julio de 1644. En la batalla de Naseby, en Northamptonshire, el 14 de junio de 1645, los parlamentarios ganaron la partida y el rey huyó disfrazado para encontrar seguridad en los brazos de un ejército escocés en el norte de Inglaterra. La guerra en Inglaterra terminó cuando Carlos se rindió a los escoceses en 1646, quienes lo entregaron a los parlamentarios y fue puesto bajo arresto domiciliario en el Palacio de Hampton Court. El 11 de noviembre de 1647, el rey se fugó, pero pronto fue recapturado y esta vez se puso bajo custodia en el Castillo Carisbrooke. Aunque recibió un buen trato durante su confinamiento, jamás cedió, negándose a negociar y aceptar su derrota.
El Juicio de un Rey: Un Hecho Sin Precedentes
En noviembre de 1648, la guerra civil inglesa llegó a su fin. La terquedad del soberano inglés en las diversas negociaciones que había mantenido con sus adversarios demostró su capacidad de manipulación. Al final, Oliver Cromwell y otros dirigentes radicales empezaron a hablar de la «providencia y necesidad» de que el rey muriese, buscando instaurar una república y la tolerancia religiosa. Los diputados presbiterianos temían que los más radicales suprimieran su propia organización eclesiástica e intentaron llegar a un acuerdo con el soberano, pero el ejército no lo permitió.
El 6 de diciembre, un destacamento militar realizó la purga de Pride, deteniendo a 45 diputados y excluyendo a 146, dejando solo 75 miembros. Así nació el Rump Parliament, «Parlamento Rabadilla», que aprobó la creación de un tribunal extraordinario, la Alta Corte de Justicia, integrado por 3 jueces y 135 comisarios, con la misión de juzgar al rey por traición y castigarlo con la pena de muerte. El sábado 20 de enero de 1649, el tribunal se reunió por primera vez en el Westminster Hall.
Se procedió a leer los cargos contra el soberano: alta traición contra el pueblo y ejercicio de un poder tiránico. Carlos argumentó que ningún tribunal tenía autoridad legítima para juzgar a un monarca ungido por Dios, afirmando: "Un rey no está obligado a rendir cuentas de sus acciones más que a Dios". La contestación del tribunal, ya decidida de antemano, fue que se le juzgaba en nombre de la Cámara de los Comunes y del pueblo. Carlos rechazó enseguida la autoridad del supuesto tribunal, pues consideraba que era responsable de sus actos solo ante Dios. Por el contrario, Cromwell y el ejército opinaban que el monarca tenía que rendir cuentas a la nación.
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El lunes 22 de enero, el rey seguía insistiendo en la ilegalidad del tribunal. En el derecho inglés de la época, esta actitud se interpretaba como una confesión de culpabilidad. El fiscal, John Cook, un abogado radicalmente antimonárquico, pidió que el tribunal llegara a una decisión condenatoria, ya que el rey seguía negándose a reconocer la legalidad de la corte que lo juzgaba. Tras lo cual el tribunal declaró que el silencio real debía considerarse como una admisión de culpabilidad. El viernes 26 de enero, después de haber escuchado a cierto número de testigos, se decidió el fallo: culpable. La sentencia de muerte de Carlos I fue pronunciada el sábado 27 de enero, después de que se le permitiera hablar. Carlos afirmó entonces que defendía la paz y la libertad de Inglaterra y pidió ser escuchado ante el Parlamento en pleno, pero su petición fue denegada y se le obligó a abandonar la sala.
El Día Final: La Ejecución de Carlos I
Oliver Cromwell le dio al rey Carlos I tres días para poner sus asuntos en orden, los cuales Carlos I aprovechó para despedirse de todos sus hijos. Además de contener el llanto, orar y quemar documentos reales, Carlos encaró con valentía su destino mientras lo trasladaban al cadalso.
El 30 de enero de 1649, Carlos I fue llevado al cadalso erigido frente al Palacio de Whitehall, en Londres. Aquel día, Londres estaba cubierta por un manto de frío invernal. La última mañana de su vida, el rey se puso dos camisas para que no se le viera temblar a causa del frío extremo, y que la multitud pensara que temblaba de miedo. Ya arreglado, tomó el sacramento de manos del obispo anglicano de Londres. Sobre las diez, acompañado de una escolta y a tambor batiente, el rey fue andando hasta la Banqueting House, en la calle de Whitehall. A la una y media de la tarde la comitiva entró en el gran salón de la Banqueting House. El rey salió por una de las ventanas directamente al cadalso levantado en la calle. Habló brevemente a la multitud reunida, proclamando su inocencia y aceptando el juicio divino como un castigo a sus propias culpas, perdonando a sus enemigos.
Cuando el rey Carlos I se recostó sobre el tajo, le pidió a los verdugos le dieran unos minutos para una oración. Al terminar su plegaria, el Rey le dio una señal firme al verdugo. Un segundo después, la cabeza del rey Carlos I rodó por el suelo. El verdugo le separó la cabeza del cuerpo con un solo golpe del hacha, faltando un minuto para las dos de la tarde. Se cuenta que, cuando el sayón enmascarado levantó el brazo para mostrar la cabeza ensangrentada, se oyó un profundo gemido entre los espectadores, conscientes de haber presenciado un regicidio cometido por orden de los representantes del pueblo y al término de un proceso formal. Su ejecución fue rápida, pero su impacto resonó durante años.
Tabla Cronológica de Eventos Clave
| Año | Evento Clave |
|---|---|
| 1600 | Nacimiento de Carlos I en Escocia. |
| 1612 | Muerte de su hermano Enrique; Carlos se convierte en heredero al trono. |
| 1625 | Carlos I asciende al trono de Inglaterra, Escocia e Irlanda. |
| 1628 | Carlos I se ve obligado a hacer concesiones al Parlamento, como la Petición de Derecho. |
| 1629 | Disolución del Parlamento; inicio de once años de "Gobierno Personal". |
| 1637 | Inicios de conflictos y rebeliones en Escocia debido a las políticas religiosas del rey. |
| 1640 | Carlos I se ve forzado a convocar el Parlamento (Parlamento Corto y Largo). |
| 1641 | Gran rebelión contra el dominio inglés en Irlanda. |
| 1642 | Intento de arresto de cinco miembros del Parlamento por el rey; inicio de la Primera Guerra Civil Inglesa. |
| 1645 | Derrota decisiva de las fuerzas realistas en la Batalla de Naseby. |
| 1646 | Carlos I se rinde a los escoceses y es entregado a los parlamentarios, bajo arresto. |
| 1648 | Purga de Pride; creación del Rump Parliament y fin de la Segunda Guerra Civil Inglesa. |
| 1649 (20-27 enero) | Juicio de Carlos I en Westminster Hall. |
| 1649 (30 enero) | Ejecución de Carlos I por alta traición. |
| 1649-1660 | Periodo de la Commonwealth de Inglaterra, gobernado por Oliver Cromwell. |
| 1660 | Restauración de la monarquía con Carlos II, hijo de Carlos I, en el trono. |
Consecuencias y Legado
Con la muerte de Carlos I, Inglaterra fue declarada república bajo el mando de Oliver Cromwell y el Parlamento. Este período, conocido como la Commonwealth, representó un experimento en gobierno sin monarquía. El país se convirtió en una república, se abolió el título y el cargo de la monarquía, se suprimió la Cámara de los Lores, se reformó la Iglesia Anglicana, e incluso las joyas de la Corona británica se disolvieron y vendieron.
Sin embargo, la transición fue tumultuosa. La ausencia de una figura central creó divisiones internas, y la gobernanza de Cromwell fue percibida por algunos como autoritaria. Oliver Cromwell gobernó la república de la "mancomunidad" como Lord Protector, pero a su muerte en 1658, su república murió con él. Irónicamente, la ejecución de Carlos I no eliminó el concepto de monarquía en Inglaterra. En 1660, solo once años después de su muerte, la restauración de la monarquía trajo a su hijo, Carlos II, al trono.
Tiempo después, dado que la regencia de Oliver Cromwell fue totalmente inútil, se mandó llamar a Carlos II, hijo de Carlos I, para comandar Inglaterra, pues después de la decapitación del Rey el pueblo se sintió conmovido. Cuando Carlos II volvió, mandó llamar a quienes habían encarcelado, enjuiciado, condenado y decapitado a su padre, iniciando una ejecución masiva. Al restaurarse la monarquía, Oliver Cromwell, quien ya había muerto, fue exhumado para ser ahorcado en público.
El reinado de Carlos I tuvo profundas implicaciones para el desarrollo de la democracia y el constitucionalismo en Inglaterra. Carlos I es recordado no solo por su trágico final, sino también por el debate que su figura sigue generando. Para algunos, encarnó la tiranía, un monarca que antepuso sus intereses al bienestar de su pueblo y cuya muerte fue un acto de justicia. Para otros, fue un mártir, un defensor de sus principios y del derecho divino a gobernar, que enfrentó la muerte con dignidad. Carlos I permanece como el único monarca enjuiciado por el pueblo y el único decapitado por traición. Su ejecución marcó un punto de inflexión en la historia, poniendo fin a una era de poder monárquico absoluto e inaugurando un periodo de reflexión sobre los límites del poder, abriendo el camino a debates que moldearían las bases de la democracia moderna.
