Poca atención ha merecido a nivel público, hasta aquí, el que diciembre sea un mes decisivo, y muchos nos preguntamos si la iteración a veces exasperante de los medios en torno a una diversidad de hechos -relevantes como anodinos-, concederá tiempo relevante a comentar y reflexionar en torno al abuso sexual infantil y la expatriación de uno de los sacerdotes y líderes más reconocidos de la Legión de Cristo, agrupación religiosa fundada por Marcial Maciel, otro abusador sexual de niños y adolescentes. La coincidencia no puede pasar inadvertida, es imposible.
La Condena y sus Implicaciones
El pasado mes de noviembre, Reilly terminaba su condena, irrisorios cuatro años y un día de pena remitida -ningún minuto de cárcel- como sanción por el abuso sexual reiterado de al menos una de dos hermanas víctimas (la prueba no permitió demostrar los abusos de la mayor “más allá de toda duda razonable”). Dos niñas. Mil veces, las dos. Mi cercanía con el caso desde el inicio, me permite realizar esta afirmación con toda serenidad y convicción, y el paso del tiempo sólo ha fortalecido el crédito que di y sigo dando a los testimonios de ambas hermanas, sus experiencias.
El veredicto, dado a conocer en octubre, fue un balde de agua fría no sólo para su congregación, sino para muchos de los principales empresarios y políticos chilenos, de quienes O'Reilly se había convertido en guía espiritual y amigo. Este martes se conoció la sentencia: cuatro años y un día de presidio menor en su grado máximo, con el beneficio de libertad vigilada.
Sin embargo, ni el fallo ni la sentencia hicieron que sus cercanos dejaran de defenderlo. "Tendría que ser un loco para haber hecho aquello de lo que lo están acusando. No me cabe en la mente", le dice a BBC Mundo Andrés Amenábar, arquitecto miembro del Regnum Christi -movimiento apostólico de los Legionarios-, que conoce a John O’Reilly desde su llegada a Chile.
En el plano judicial, ya está todo dicho. O’Reilly no recurrió de nulidad y la sentencia quedó ejecutoriada. A partir del 10 de diciembre, el sacerdote integró oficialmente el registro de pedófilos, lo que lo inhabilita para trabajar con menores.
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Impacto en las Víctimas y la Búsqueda de Reparación
No ha sido fácil ser testigo -como psicóloga, ciudadana y mamá- del efecto de las conductas desplegadas por J. Reilly (y muchos de sus seguidores) durante la investigación del caso, durante el juicio, y desde su condena en adelante. JJ Reilly cumplió su pena siendo vecino de sus víctimas, residiendo en la misma comuna, a cuadras apenas de distancia. No pasaron dos meses, y la prensa compartía imágenes del sentenciado en la misma comunidad donde la familia de las niñas veraneaba por décadas. Todos hechos archiconocidos por el sacerdote.
No puedo describir, en este contexto, lo doloroso y arduo que puede ser para un niño llevar un proceso de reparación, expuesto constantemente a evocaciones traumáticas. Cómo puede convalecer la memoria, cuando una víctima sabe que su agresor adulto no sólo circula libremente, sino que lo hace en lugares cercanos. Hoy se agregan medios y redes sociales y los niños pueden escuchar comentarios de su caso en cualquier lugar, incluidos espacios con sus pares. No hay descanso.
Hay quienes dicen “la familia debió cambiar de casa, o de ciudad, y hasta de país para no exponerse”, pero no siempre se puede, aunque la idea ronda a muchos padres y madres que por lo demás no tendrían por qué hacer nada. Lo lógico sería que el abusador se mantuviera lejos, en la cárcel. Parte esencial de esa reparación es que los abusadores asuman responsabilidades. Que las sanciones se cumplan. RESPONSABILIDAD. Categóricamente. Del abusador y de sus cómplices o encubridores.
No hablamos de venganza, desquite, ni de arriesgar por un segundo, consentir con la turba que como sociedad corremos el riesgo de levantar o dejar que otros levanten, en casos de abuso sexual. No basta apoyar buenas causas o ser nobles en la defensa de las víctimas de abusos, si al final vamos a terminar recurriendo a la violencia -la que sea- o a los mismos métodos del abusador. Pero sí necesitamos asunción de responsabilidades.
Perfil y Trayectoria de John O'Reilly
Orígenes y Conexión con la Élite
De origen irlandés, el religioso de los Legionarios de Cristo era declarado culpable en Chile de abusar sexualmente de una menor alumna de la escuela de la cual era director espiritual mientras la niña tenía entre 4 y 6 años.
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John O’Reilly ha pasado los últimos 30 años en Chile. En 2008, el Congreso le otorgó la nacionalidad por gracia, iniciativa fomentada por sus cercanos en posiciones de poder. Según medios locales, a petición suya, un empresario donó US$1 millón a la universidad ligada a los legionarios en Chile. Y otro le cedió a los Legionarios de Cristo un terreno que abarca un cerro completo en el sector oriente de la capital chilena, Santiago, el más caro de la ciudad.
En un perfil del sacerdote escrito para el diario El Mercurio en 2002, la periodista Ximena Pérez Villamil asegura que O'Reilly recibió regalos como automóviles y ropas por parte de sus discípulos espirituales. "Trabajo con empresarios y es bueno saber lo que está pasando", aseguró el sacerdote en el mismo reportaje. A pesar de que las cifras de la Legión son guardadas con sigilo, varios exlegionarios consultados por BBC Mundo reconocen que O’Reilly se convirtió en uno de los principales recaudadores de la congregación.
Pero el padre John, como le dicen sus fieles, no nació en cuna de oro, sino en un caserío rural en el condado de Meath, al noroeste de la capital irlandesa, Dublín. Su padre cuidaba gallinas, vacas y cosechaba trigo mientras su madre se dedicaba a las labores del hogar. Cuando tenía un año, el pequeño John se fue a vivir con los abuelos. A los 12 años fue enviado a Dublín a estudiar en un colegio de los Christian Brothers (los Hermanos Cristianos), una congregación que se ha visto involucrada en escándalos por prácticas abusivas y castigos físicos a los alumnos.
"No hablaba de su pasado (con sus pares legionarios). No contaba que venía de la clase trabajadora. No le gustaba la pobreza, siempre apuntó a los ricos", le dice a BBC Mundo Glenn Favre, exlegionario actualmente residente en Estados Unidos, quien estuvo en Chile entre 1987 y 1990 y conoció a O'Reilly. "Si no fuera sacerdote, estaría criando vacas con 10 hijos en un pueblo perdido en Irlanda", continúa. O'Reilly es el único de los cinco hermanos que quedan vivos que logró acceder a educación universitaria.
Desde que se instaló en Chile, a comienzos de los ‘80, el sacerdote John O’Reilly ha estado vinculado a la élite, primero como capellán de alumnas de colegios privados de estratos altos y luego con un rol más visible en el Colegio Cumbres, de la Legión de Cristo, donde ejerció como capellán extendiendo sólidas redes de amistad con el mundo empresarial más connotado.
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La Sombra de Marcial Maciel
A principios de los 60, por la época en que O’Reilly estaba en la secundaria, una nueva orden había llegado a Irlanda. Recientemente formada y con un fundador mexicano, Marcial Maciel, los Legionarios de Cristo les contaban a los jóvenes irlandeses sobre las bondades de evangelizar Latinoamérica. "Juan XXIII hablaba de que en América Latina estaba el futuro de la Iglesia. Y los comunistas se los estaban comiendo, o existía peligro", relató O'Reilly en 2002.
El joven ingresó a la congregación en 1965 y tras el noviciado en Irlanda partió a Salamanca y a Roma. Fue allí, en el epicentro de la Iglesia Católica donde conoció -y sirvió- a Marcial Maciel. Jack Keogh, exlegionario irlandés que compartió con O'Reilly durante su estadía en Roma, recuerda, consultado por BBC Mundo, que O'Reilly era "extremadamente agradable, amable con todo el mundo, un poco superficial. No formaba parte del círculo íntimo de Maciel, pero sí del de amigos. Era parte de la gente en la que Maciel confiaba". "O'Reilly estaba siempre alrededor suyo. Era muy, muy amistoso. Siempre me pareció que estaba actuando. Maciel hacía bromas sobre O'Reilly", cuenta.
Unos 30 años más tarde el papa Benedicto XVI relegó a Maciel a "una vida de oración y penitencia" por los comprobados abusos sexuales a seminaristas, relaciones ocultas e hijos. A pesar de la decisión del Vaticano, O'Reilly siguió defendiendo a mon père ("mi padre" en francés), nombre con el que los sacerdotes legionarios de Cristo se referían a Maciel. "Nadie duda de la absolutísima inocencia del padre Marcial Maciel, por su vida y por sus obras, por lo que ha entregado a cada uno de nosotros, a la Iglesia y al mundo", comentó O'Reilly en 2006 en entrevista con el sitio web Emol al conocerse la decisión vaticana.
Ante el Tribunal de Garantía, O’Reilly relató cómo era su vida durante los siete años que pasó en Roma junto al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, entre 1968 y 1975: “Yo le servía la mesa, que es traducido a ser mozo, no en exclusiva… Lo servía, pero no tenía acceso a mucha información”. Pese a los contundentes antecedentes, John O’Reilly fue un férreo defensor del fundador, apostando por su inocencia durante el proceso, hasta que se conoció la condena definitiva del Vaticano y luego, la doble vida de Maciel.
El Proceso Judicial y la Condena
A Chile, O'Reilly llegó en 1984, luego de pasar por México y en lo que se suponía era su camino hacia Brasil, donde él mismo contó que iba a participar en una misión. Sin embargo, se quedó en Chile. De inmediato comenzó su trabajo como asesor espiritual en colegios del sector acomodado de Santiago. Pronto la congregación fundó su propio establecimiento educacional, el Colegio Cumbres. O’Reilly se desempeñó como capellán.
En el reportaje sobre el sacerdote publicado en El Mercurio en 2002 se describe la relación que el religioso tenía con las alumnas del Cumbres femenino: "Parece una gallina con sus pollos, rodeado de niñitas que le conversan y le piden 'nosotras queremos quedarnos contigo, padre'". Diez años después el sacerdote fue acusado por los padres de dos alumnas de aprovecharse de su condición de guía espiritual del establecimiento para sustraerlas constantemente de la sala de clases y abusar sexualmente de ellas.
El sacerdote legionario John O’Reilly guardó estricto silencio durante el juicio oral que lo sentenció a cuatro años de libertad vigilada, por abuso reiterado en contra de una menor de edad mientras ella era alumna del Colegio Cumbres, institución donde por años su influencia no tuvo contrapeso. Pese a las graves acusaciones que pesaron en su contra, O’Reilly no emitió ni una sola palabra. Ante el Tribunal de Garantía, O’Reilly admitió que conocía a la menor de las hermanas que denunció haber sido víctima de abuso (J.H.M), sin embargo, aseguró reiteradamente que “nunca” estuvo a solas con ella y que tampoco la mandó a buscar “nunca” a la sala de clases.
El Perfil Psicológico del Sacerdote
Transcurridos ya dos meses de su condena, CIPER rescató uno de los antecedentes más ilustrativo respecto de los rasgos de personalidad de O’Reilly: el informe sicológico que realizó la perito judicial Adriana Guilo Sosman, tras entrevistarse con el sacerdote de 66 años en tres sesiones realizadas en enero de 2013. La especialista diagnosticó, en lo esencial, “rasgos de personalidad de tipo narcisista” y una “sexualidad inmadura e infantil, manifestación de alguna etapa del desarrollo psicosexual no resuelta”.
El perfil psicológico encargado por la Fiscalía asegura que O'Reilly tiene rasgos narcisistas, además de la necesidad de ser reconocido y de acaparar la atención y el espacio. Sus cercanos no están de acuerdo. "Como persona él ha sido muy querido y respetado. No me cuadra. Es una cosa muy turbia. No me convencen para nada los argumentos que dan (la Fiscalía)".
Los resultados del peritaje de la sicóloga Adriana Sosman fueron lapidarios para O’Reilly. La pericia fue realizada en enero de 2013 y su informe está firmado en marzo de ese mismo año. A partir de ese momento, el sacerdote se negó sistemáticamente a ser evaluado nuevamente en otras instancias formales que solicitó la Fiscalía Oriente. En agosto de 2013, se le citó en dos oportunidades a la unidad de Reinserción Social de Gendarmería, para realizar una evaluación presentencial. A través de su abogado, Luis Hermosilla, O’Reilly la rechazó argumentando que “no estaba dispuesto a realizar esta diligencia”.
La sicóloga y perito judicial, Adriana Guila Sosman Contreras, sostuvo una primera entrevista de dos horas con el sacerdote el 11 de enero de 2013. En los dos días siguientes lo sometió a tres test sicológicos. De acuerdo al informe que evacuó al término de la ronda, John O’Reilly se mostró “cortés, colaborador, respetuoso y dispuesto” a responder las preguntas de forma serena. Cuando habla de su familia de origen en Irlanda “se le aprecia distante emocionalmente”, dice la perito.
En su relato, el sacerdote contó que provenía de una familia de origen humilde, con padres muy católicos. Siendo el mayor de ocho hermanos, fue el único al que criaron sus abuelos maternos, por lo que tuvo mejor pasar económico y eso le permitió ser el único profesional de su familia. Con respecto a los test sicológicos, la perito reporta: “Mucha ansiedad, la cual se expresa físicamente en sudoración y ligero temblor en las manos. Del análisis de sus respuestas, la especialista reporta que O’Reilly “tiene necesidad de ser reconocido y de acaparar la atención y el espacio. John O’Reilly aparece en los test como un hombre “obstinado e impaciente, que evidencia tenacidad en los proyectos que lleva a cabo”; de carácter “dominante y autoritario, aunque se presente como una persona pasiva y complaciente”. Se le reconoce capacidad creativa y para innovar con sus ideas, además de mucha energía para impulsar sus proyectos.
Un elemento que se repite a lo largo del informe sicológico que se presentó en el juicio oral, es su anhelo permanente por acceder y permanecer en la juventud, evidenciando angustias respecto de la vejez, la decadencia y la muerte, lo que explicaría su tendencia a relacionarse con personas menores, niños y jóvenes. El informe reporta que John O’Reilly invierte energía y esfuerzo en reprimir sus impulsos y ansiedades, “control que no es exitoso en la medida que finalmente estos irrumpen”.
En ese contexto, el informe sicológico suscrito por Adriana Guila Sosman, reporta su escasa capacidad de autocrítica, lo que “en ciertas ocasiones puede implicar una actitud indiferente o desafiante ante la autoridad y a las normas del grupo de referencia”, sin que sea una actitud agresiva.
Consecuencias y Cuestionamientos del Sistema
Revocación de Nacionalidad y Expulsión
Pocos días después de que se conociera la sentencia condenatoria del Cuarto Tribunal Oral en lo Penal, irrumpió una avalancha de proyectos legislativos para revocar la nacionalidad por gracia concedida al sacerdote de origen irlandés, vigente desde enero de 2009. En la antesala de que se revierta el reconocimiento honorífico del Senado al sacerdote condenado, algunos parlamentarios debieron recordar las consideraciones que se tuvieron a la vista para concederle la nacionalidad. Como la «preocupación» de O’Reilly en «la formación de la juventud, cultivando virtudes como el respeto, la transparencia, la vida de gracia y la entrega a las personas más necesitadas», además de reconocer su aporte en distintas instituciones educacionales.
Una de las tres mociones parlamentarias que piden la revocación, apunta a que la condena echó por tierra las consideraciones anteriores: “En este caso, al existir una sentencia que ha establecido la responsabilidad penal de este sacerdote, podemos señalar de forma indubitada que su actuar ha sido no sólo impropio, sino que reprochable e inmoral”. Desde que ingresaron a tramitación los proyectos, refundidos dos de ellos, la votación de diputados y senadores fue prácticamente unánime para apoyar la idea, tanto en comisiones como en la Sala y hoy está a punto de ser despachado en la Sala de el Senado.
El decreto de revocación de residencia permanente del Ministerio del Interior en 2015, expresa claramente los motivos por los cuales este agresor sexual no debe continuar en Chile. Durante la investigación que antecedió al juicio, la pericia psicológica concluyó categóricamente que este abusador no debía trabajar con niños, NUNCA MÁS, por el peligro que representaba. ¿No debería en algo pesar este diagnóstico?
El cura irlandés John O'Reilly, de los Legionarios de Cristo, abandonó este viernes (14.12.2018) Chile tras cumplir una pena de cuatro años de libertad vigilada por haber abusado de una niña de 8 años, alumna de un exclusivo colegio de Santiago, del que era asesor espiritual. En noviembre de 2014 fue condenado por la Justicia y en 2017 se dictó un decreto de expulsión del país, a concretarse una vez que cumpliera su condena, lo que ocurrió este viernes. O'Reilly fue notificado oficialmente del cumplimiento de su condena el jueves, lo que le daba un plazo de 72 horas para abandonar Chile, y aunque se comentó que trataría de revertir la orden mediante un recurso de amparo (hábeas corpus), ello no ocurrió. El cura llegó discretamente al aeropuerto internacional de Santiago y tuvo acceso a los salones VIP para cumplir los trámites antes de embarcarse en un vuelo de Alitalia con destino a Roma.
En un comunicado, la Oficina de Comunicación Internacional de Los Legionarios de Cristo, fundada en 1941 por Marcial Maciel, también condenado por abusos sexuales, informó de que la orden "ha colaborado y continuará cooperando con las respectivas autoridades en los procedimientos civiles y canónicos". "Como congregación, nos provoca un profundo dolor el sufrimiento que estos hechos han causado", añadió en relación con los delitos cometidos por O'Reilly.
La Necesidad de Reformas Profundas
Nuestra democracia, nuestro sistema de justicia, hace mucho necesitan transformaciones radicales en lo que a procesos legislativos modernos se refiere. Cuidado ético, evidencia científica, consulta a expertos en psicología del trauma, neurobiología, medicina. La forma de definir agravios horribles a la integridad de seres humanos niños, la sanción que corresponde a cada delito, las consideraciones que debe involucrar la aplicación de justicia (recordemos entrevistas videograbadas): todo está construyendo o destruyendo nuestro presente y futuro, nuestra convivencia, la posibilidad de evitar estos daños a nuevas generaciones, y de reparar las heridas de niños y niñas a quienes no pudimos auxiliar antes, pero con quienes podemos recorrer un camino íntegro de reparación.
La justicia no puede entonces fallar, ni a las víctimas ni al país. Es mucho lo que se arriesga, en protección de la niñez y en la confianza -ya muy escasa- de la ciudadanía en el derecho y aplicación de las leyes. La intención de cambio declarada en “los niños primero” tiene una potencia conmovedora y energizante para una democracia, pero no puede arriesgar quedar como un pálido slogan. Con precisión, con visión, y con amor, eso siempre, la expatriación del abusador sexual John O’Reilly es una oportunidad también, de reforzar esa intención, y ser consistentes, cueste lo que cueste, con el compromiso de protección de la infancia en Chile.
Sabemos que una sentencia de cien, doscientos años, o mil, no alcanza, pero tampoco podemos asimilar un “cero años” o un “cuatro años y un día” de pena remitida, en esencia, algo así como un régimen de libertad con inconvenientes que, en el fondo, nos dice que el abuso sexual de un niño poco importa. Ausencias de justicia. También de educación, de salud, todos los organismos que desde el Estado deberían concurrir completamente en el cuidado de la infancia, el apoyo y reparación de las víctimas, la PREVENCIÓN como una tarea urgente.
No es menos que una urgencia sanitaria si cincuenta niños son abusados a diario, y esos son los casos que llegan a ser denunciados. Entre 2012 y 2017, se registraron veinticuatro mil denuncias de delitos sexuales. Más del 70% de esas denuncias corresponden a niños, niñas y adolescentes menores de edad. Del total de embarazos por violación, el 66% corresponde a niñas y adolescentes menores de 18, el 12% son menores de 14 años y el 7%, menores de 12. Un 90% de estas víctimas son violadas por familiares o conocidos, y en el 44% de los casos, repetidamente.
Impunidad Institucional y el Daño Social
El Vaticano ha demorado de manera vergonzosa en establecer una sanción para J. Reilly, si es que algún día se pronuncia. Ya es demasiado tarde y ninguna medida exculpa el trato inmisericorde que por años la Iglesia tanto en Chile como en Roma dio a las víctimas del sacerdote legionario. La iglesia chilena no dice nada, aun cuando ya han sido expulsados sacerdotes como F. Karadima o C. O’Reilly ha sido inhabilitado de por vida -y hay que ver cómo se verifica esa medida- para ejercer funciones vinculadas a la niñez.
Pero siguen siendo un problema aquellas instituciones que omitieron que “algo raro” sucedía, o que sabían de los abusos y los encubrieron, y aun después de develaciones y sentencias, no respaldan a las víctimas, interfieren con su reparación, y encima sostienen vínculos con agresores condenados de quienes podemos hasta desconocer abusos de otras víctimas. ¿Por qué esas instituciones gozan de impunidad pese a su comportamiento cómplice? ¿Podría considerarse a lo menos una negligencia que todavía niñas y niños sean confiados en su educación a entidades que actúan de esta forma?
Recordemos que el abuso sexual infantil no llega a ser reiterado y crónico sólo por la compulsión del perpetrador, o de un círculo de pedófilos. El abuso necesita de entornos que lo sostengan, lo permitan pasiva o activamente, negando, callando, encubriendo o sacrificando niños, antes que enfrentar responsabilidades. ¿Qué posición hemos tomado como sociedad a este respecto?
En EEUU la matrícula en colegios católicos bajó drásticamente conforme se iban develando los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. El efecto aquí no se deja sentir, o no todavía. Los abusos dejan heridas múltiples, primero en las víctimas, sus vidas, y en sus familias y comunidades, pero también en el tejido social que supura cada vez que sabemos de la recurrencia de las agresiones sexuales de adultos contra los cuerpos más indefensos; y en los sobrevivientes, que reviven el estupor de cada vez que saben de otras víctimas -y sus carencias de justicia y cuidado. Es un desuello, siempre, saber que la impunidad vive entre nosotros, en violaciones tan graves a nuestra humanidad.
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