Las representaciones culturales de la figura de Satanás son recurrentes desde la Edad Media. De origen hebreo, la palabra "satanás" significa acusador o adversario. Sus usos más antiguos, por lo tanto, no aluden a una figura opuesta a Dios, mucho menos a alguien que personifica el mal. "Él era simplemente el acusador, lo que hoy se podría llamar un promotor de justicia", resalta el teólogo Berkenbrock. La idea de Satanás como personificación del mal entró al judaísmo probablemente por medio de la influencia babilónica, más específicamente de la religión de Zaratustra (el mazdeísmo), que tiene una figura opuesta a Dios.
Las palabras diablo y demonio son un legado de la influencia griega sobre el cristianismo. El demonio (o daimón) significa fuerza, impulso y pasó a ser identificada como fuerza negativa. El diablo (diabolos) es el divisor, el que causa división.
La evolución de la imagen del diablo
En el campo de las artes pictóricas, escultóricas o literarias, el intento de trazar un desarrollo cronológico de la imagen del diablo difícilmente rendirá buenos frutos, ya que hay contradicciones y permanencias en diferentes formas de representarlo, que se superponen sin ningún criterio claro y aprehensible. Hasta el siglo XI, casi siempre fue retratado con apariencia humana. "En la Edad Media las formas de imaginarlo no eran homogéneas. Grandes poblaciones esparcidas por extensos territorios, en una época en la que las comunicaciones y los intercambios culturales eran lentos, fragmentados y de baja densidad, llevaban a que convivieran diferentes comprensiones e ideas sobre el diablo", dice el investigador.
En Occidente, a partir del año 1000, el diablo comienza a ser representado con apariencia grotesca y monstruosa, entre humano y animal. "Podemos afirmar con algún margen de seguridad que a partir del siglo XI, características no humanas de la figura del demonio empiezan a ganar cierta hegemonía, aunque todavía sobreviven de esa época representaciones de ángeles caídos que guardan proximidad con la figura del hombre", señala. El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco trató esta cuestión en su libro Historia de la fealdad. "Es solo a partir del siglo XI que comienza a aparecer como un monstruo dotado de cola, orejas animalescas, barba y pies de chivo y cuernos, adquiriendo también alas de murciélago", escribió.
El diablo rojo y con cuernos
Eco resalta que "parece obvio, también por motivos tradicionales, que el diablo deba ser feo (...). (Este diablo) feo, con forma terrorífica y diabólica, hace su ingreso en el mundo cristiano con el Apocalipsis de San Juan Evangelista". "No es que faltaran menciones al demonio y al infierno en el Antiguo Testamento y en los otros libros del Nuevo Testamento, pero en esos textos el diablo es nombrado sobre todo a través de las acciones que realiza y de los efectos que produce", disertó el semiólogo. "Nunca aparece con la evidencia 'somática' con que será representado en la Edad Media", afirmó.
Lea también: qué sucede si un funcionario comete fraude fiscal
La figura más icónica del demonio, el ser rojo, con cola, cuernos y tridente, es una construcción paulatina y gradual. "Se inicia a partir del siglo XI un proceso de sistematización dogmática de la figura del diablo que intenta reunir en una síntesis tanto la teología como las representaciones del imaginario social del período y al mismo tiempo va al socorro de las necesidades políticas en un mundo medieval que empieza a desmoronarse", señala el sociólogo Abumanssur. "La extensa iconografía del diablo da testimonio de la lucha teológica y política, muchas veces violenta, que hace emerger poco a poco la figura de un señor terrible, que subyuga a los hombres y mujeres en la maldad".
La asimilación de la cultura griega y sus dioses por parte del cristianismo trajo contribuciones como los cuernos, los pies de chivo y la cola, características del dios Pan. La llegada del cristianismo a los países celtas, en el norte de Europa, contribuyó a reforzar esa imagen, parecida a la del dios Cernunnos. "En los choques de culturas -en este caso de religiones- los símbolos de las otras religiones son considerados algo extremadamente malo y malévolo, así que Satanás adquirió accesorios de quienes se estaba combatiendo", explica el teólogo Volney Berkenbrock. "El cristianismo, para combatir la religión griega y romana, le agrega cuernos al diablo por el dios griego Pan, una figura representada como medio hombre, medio cabra, que seduce a las jóvenes. Y le da un tridente para combatir a Poseidón, el dios griego de los mares -Neptuno para los romanos-".
Otras representaciones históricas del mal
En su libro, Umberto Eco recuerda otras representaciones del demonio. En Egipto antiguo estaba el monstruo Ammut, un híbrido de cocodrilo, leopardo e hipopótamo. La cultura mesopotámica también tenía referencias a seres de facciones bestiales. En cuanto a la cultura hebrea, que influye directamente a la cristiana, es el diablo, asumiendo la forma de una serpiente, quien tienta a Eva en el Génesis, afirmó Eco. En la Biblia siempre encontramos menciones a Lilith, monstruo femenino de origen babilónico que, en la tradición hebrea, se transforma en un demonio femenino con rostro de mujer, largos cabellos y alas. Diosa adorada en Babilonia y Mesopotamia, Lilith estaba asociada a vientos que, según se creía en la época, traían enfermedades y muerte. En la tradición judía antigua, aparece como un demonio nocturno. Para los islamistas, Lilith fue la primera mujer del personaje bíblico Adán y acabó acusada de haber sido ella la serpiente que hizo que Eva comiera el fruto prohibido.
¿Quién es Joshua? Dos figuras y sus conexiones con la fe y el estudio del mal
El nombre "Joshua" aparece en distintos contextos, llevando a diferentes interpretaciones en relación con la espiritualidad y las asociaciones con Satanás. A continuación, exploraremos dos figuras mencionadas en el material proporcionado.
El Profeta T.B. Joshua: Una vida de fe y resistencia al diablo
Muchas personas han solicitado conocer la vida temprana del siervo de Dios, el Profeta T.B. Joshua. En nuestro caminar espiritual con el Señor, tenemos buenos y malos momentos. Cuando las cosas van bien, decimos que estamos en buenos momentos. Cuando las cosas se ponen difíciles, decimos que estamos experimentando momentos difíciles. Recuerde, la vida misma es una misión. Mientras estamos en el camino, necesitamos detenernos entre pasos para reorientarnos en la Palabra y la Voluntad de Dios. Mientras estamos en la misión, necesitamos a veces detenernos a intervalos para evaluar nuestro progreso y prepararnos para los desafíos futuros.
Lea también: ¿Quién es Jack Teixeira y por qué fue arrestado?
Ciertos desafíos en nuestro camino usualmente nos hacen detenernos un rato. Estos desafíos podrían presentarse en forma de enfermedad, fracaso, contratiempo, encarcelamiento o pobreza. El Profeta T.B. Joshua relata que su ambición de alistarse en el ejército fue abortada por un acto del destino, lo que le llevó a quejarse a su madre. Su madre le dijo: "Hijo mío, no te preocupes por la apariencia de las cosas hoy. Si alguna vez confío en un hijo, tú eres ese hijo. No temas lo que el futuro te depara, porque sé que si alguien está destinado a fracasar, ese no eres tú. Así que, sé paciente y verás lo que Dios hará en tu vida. Estoy muy segura de tu futuro avance, considerando la fuerza de las predicciones y profecías sobre ti incluso antes de nacer. No puedo olvidar tan fácilmente lo que experimenté cuando estaba embarazada de ti, y sé que Dios no puede mentir. Hijo mío, lo que sea que estés pasando hoy, tómalo como un contratiempo temporal, destinado a prepararte para los desafíos futuros".
Después de este encuentro con su madre, T.B. Joshua comenzó a ver todo lo que se le presentaba con una mente más madura, cuyo enfoque estaba solo en Dios. "Aquí estoy hoy en medio de ustedes; puedo presumir de lo que Dios está haciendo por nosotros. ¡Aleluya!", afirmó. En su caminar espiritual con Dios, ha experimentado tanto buenos como malos momentos. Las personas que veían lo que le sucedía simplemente atribuían su situación a un pecado o a la falta de seriedad de su parte. Sin embargo, en Santiago 4:7, se nos dice que nos sometamos a Dios y resistamos al diablo. Si examinamos cuidadosamente nuestras actitudes hacia ciertas situaciones, veríamos cuánto nos sometemos voluntariamente al diablo cada vez que vemos las cosas con la madurez que proviene de la experiencia en lugar de la fe.
Él enfatiza que la madurez que proviene de la fe en la obra consumada de nuestro Señor Jesucristo significa que su caso "ya estaba resuelto en el Cielo". "No me muevo por lo que la gente dice o hace con respecto a mi relación con Dios. Me someto a Su voluntad directa que es buena y perfecta, sin maldad alguna", declara. En Lucas 22:32, Jesús le dijo a Pedro: "He rogado para que tu fe no falle". Esto significa que todos los hombres cometen errores, pero la gente de Dios se levanta. La vida es verdaderamente una experiencia de aprendizaje.
Joshua Trachtenberg y la histórica asociación de los judíos con el diablo
Otra figura notable es Joshua Trachtenberg, quien se asocia con el estudio y la documentación de las complejas y peligrosas conexiones históricas entre los judíos y la figura de Satanás. Durante años, los textos del Nuevo Testamento sobre los judíos han sido interpretados de manera literal. Esto incluye, por ejemplo, textos donde los judíos son asociados con el diablo, o el conocido versículo "su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (Mateo 27:25).
En 1943, Joshua Trachtenberg publicó el libro El Diablo y los Judíos. La Concepción Medieval del Judío y su Relación con el Antisemitismo Moderno. En su libro, Trachtenberg argumenta que todas las ideas negativas medievales sobre los judíos se remontan a una idea básica: que los judíos son hijos del diablo. Esta idea tuvo consecuencias desastrosas. Si los judíos son hijos del diablo, o, a la inversa, si el diablo es su padre, esto significa que son fundamentalmente diferentes y no deben ser tratados como seres humanos. Son, de hecho, humanos disfrazados.
Lea también: La histórica sentencia de la CIDH sobre el caso Paola Guzmán
En la Edad Media, la representación de los judíos como hijos del diablo a menudo iba acompañada de otras calumnias: que los judíos usarían sangre de niños cristianos para sus rituales; que envenenarían pozos y así causarían enfermedades; que robarían y perforarían la hostia sagrada para ver si sangraba, o para matar a Jesús de nuevo; y que eran, de hecho, animales. Una representación extrema de esto es la llamada Judensau (cerda judía): una imagen de una cerda amamantando a un grupo de judíos y otras representaciones más crudas. Imágenes como estas eran comunes en iglesias y otros edificios en áreas de habla alemana entre los siglos XIII y XVI. Muchas de estas Judensäue todavía existen.
La identificación de los judíos (u otros grupos) con animales ocurre hasta el día de hoy. ¿De dónde vienen ideas tan extrañas? Según Trachtenberg, incluso en la Edad Media, estas no se basaban necesariamente en relaciones perturbadas entre cristianos y judíos. Más bien, eran representaciones estereotipadas, desafortunadamente a menudo basadas en textos bíblicos. El más famoso de estos textos es Juan 8:44. Según este evangelio, Jesús dice que los judíos que no creyeron en él "pertenecen a su padre, el diablo".
Este pasaje es muy denso en información y permite muchas interpretaciones y conclusiones. En Juan, la crítica de Jesús parece estar dirigida específicamente a los fariseos (8:13), o a los judíos que no creen en él (8:30-31). Esto implica un debate interno judío en el que se utiliza un lenguaje duro. El contexto también se refiere regularmente a "los judíos" sin mayor matiz (8:22,48). Según 8:39-42, se dice que los judíos no son hijos de Abraham ni siquiera hijos de Dios. Tal lectura va más allá de desacreditar a los judíos por su incredulidad en Jesús: argumenta que (estos) judíos, desde el principio, incluso antes del Nuevo Testamento, no eran los verdaderos hijos de Dios; y ni siquiera los verdaderos hijos de Abraham. Esto hace que las promesas del Tanakh sean condicionales a la creencia en Jesús. Encontramos una retórica similar en Apocalipsis 2:9 y 3:9. Allí, la reunión de judíos que no creen en Jesús se llama "sinagoga de Satanás", y ellos mismos "no judíos", es decir, judíos que se llaman a sí mismos judíos pero no son verdaderos hijos de Abraham ni verdaderos hijos de Dios.
En el contexto del Evangelio de Juan, las palabras sobre los hijos del diablo son retóricas; forman parte de una disputa entre diferentes grupos de judíos. Estas palabras que se atribuyen a Jesús son exageradas por el autor para hacer una tesis. La retórica no es lo mismo que la verdad. Sin embargo, en una situación posterior, sin el contexto de esta disputa intrajudía, no es difícil ignorar la retórica y leer en este pasaje una afirmación de verdad: los judíos no son verdaderos hijos de Dios y de Abraham, como atestigua la Biblia hebrea, sino hijos del diablo. Por esto, tampoco pueden evitar ser malos, no pueden cambiar.
Lo que puede suceder cuando tales textos se toman como hechos ya se puede leer en los sermones del arzobispo del siglo IV Crisóstomo. En su advertencia a los cristianos que disfrutaban yendo a las sinagogas judías, Crisóstomo argumenta que ir a las sinagogas de los judíos y celebrar fiestas con ellos significa celebrar con demonios, porque quien mata al hijo de Dios solo puede ser un demonio. Muchos siglos después, Martín Lutero utilizó una retórica similar. En su escrito muy antijudío Sobre los judíos y sus mentiras, encontramos todas las acusaciones antijudías medievales, hasta el envenenamiento de pozos y el consumo de sangre de niños cristianos. Él ve en estas historias la confirmación de la caracterización de Jesús de los judíos como hijos del diablo según Juan 8:39-44. Los judíos no deberían vivir entre cristianos, escribe, "mientras que a nadie tratamos tan bien, y al mismo tiempo de nadie sufrimos tanto como de esos malvados hijos del diablo, esa raza de víboras".
El uso peligroso de textos bíblicos
Cuando el rabino Trachtenberg escribió su libro en los Estados Unidos en 1943, conocía la persecución de los judíos en Europa, pero aún no conocía sus manifestaciones extremas en el Holocausto. Comprendió que las expresiones cristianas antijudías eran el resultado de ideas y estereotipos profundamente arraigados, muchos de los cuales, desafortunadamente, se remontan a interpretaciones de textos bíblicos. La más dañina de ellas es la deshumanización de los judíos como hijos del diablo. Más de ochenta años después de Trachtenberg, y casi ochenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el diablo sigue siendo popular en este contexto: muchas teorías de conspiración se refieren a prácticas satánicas que implican beber sangre y sacrificar niños: todas las cosas de las que se acusaba a los judíos en la Edad Media. Incluso hoy, los judíos son a menudo el objetivo de tales teorías.
Ejemplos recientes incluyen dos casos de ataques antisemitas en los Estados Unidos: en la manifestación antisemita en Charlottesville en 2017, se vieron carteles con Juan 8:31-47, así como el texto "Los judíos son hijos de Satanás", y el perfil de redes sociales del pistolero que mató a 11 personas en la sinagoga de Pittsburgh en 2018 también incluía Juan 8:44.
La erudición bíblica académica ha desarrollado herramientas para reconocer géneros literarios en los textos bíblicos, como la retórica y la disputa. Esto ayuda a comprender que las palabras que el autor del evangelio pone en boca de Jesús son principalmente la retórica de Juan y pueden incluso no remontarse al Jesús histórico. Más tarde, este evangelio, junto con el resto de los libros del Nuevo Testamento, fue canonizado como la "palabra de Dios". Para muchos, esto significa que transmite una verdad eterna e inmutable, independiente del contexto histórico o literario. Este fue el caso de los Padres de la Iglesia y de Lutero, e incluso hoy en día todavía hay personas que utilizan la Biblia de esta manera. Especialmente cuando esto se hace con intenciones negativas, puede tener consecuencias muy dañinas.
