¿Quién dijo que la economía es aburrida? A medida que avances en tu aprendizaje, comprenderás la complejidad detrás de los sistemas financieros y las dinámicas económicas que mueven al mundo.
El Museo Interactivo de Economía (MIDE)
El MIDE se abre en un momento en el que la educación financiera y económica ni siquiera se mencionaba. Afortunadamente, creemos que el escenario ha ido cambiando poco a poco.
El museo fue creado para poner al alcance de todos, la divulgación de la ciencia económica y las finanzas a través de juegos y talleres. Es un proyecto que encabeza el Banco de México y abrió en junio del 2006.
Lo que es agradable del MIDE es que es un espacio abierto a todos, y por ser un museo resulta muy atractivo para distintos tipos de públicos, independientemente de su nivel socioeconómico o educativo. También somos una especie de foro donde los colegas de la educación económica y financiera encuentran en el MIDE un espacio de reunión y donde existe una confluencia de ideas que nos ha servido de guía para saber cómo podemos hacer esta educación económica y financiera.
Nuestra tarea no es formar economistas, sino mostrarle a la gente conceptos en los que tal vez no había reparado, despertar el interés en torno de éstos. Por ejemplo qué es el PIB, decirle que sirve para conocer cómo viven en un país; conocer cómo se calcula la inflación y cómo este indicador influye en el valor de las cosas que adquirimos.
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En estos cuatro años de educación financiera hemos detectado que a la gente ya le parece menos ajeno el tema económico. Buscan El Simulador del Mercado, que tiene un éxito bárbaro. Casi todos nuestros visitantes quieren jugarlo y muchas de las personas ya tienen una referencia de él, casi siempre por recomendación.
Otra parte muy visitada es la fábrica de billetes, donde puedes diseñar y llevarte tu billete. El ABC de la banca es otro de los juegos que más agrada, en él participan como ahorradores, solicitantes de crédito o banqueros.
El objetivo del juego es que los ahorradores guarden su dinero, que el cliente pida un préstamo y que el banco trate de balancear los recursos estableciendo las tasas de interés, ver el dinero que recibe o que presta y al final ver si hubo o no un crecimiento de la economía.
Su común denominador es que cada visitante puede diseñar su propia experiencia, cada juego tiene un final diferente, depende de las decisiones que se tomen, además refleja los intereses de los jóvenes.
En mayo estaremos llevando a cabo talleres de microfinanzas donde le enseñaremos a la gente que todos somos agentes financieros. La idea es mostrar que todo el tiempo hacemos microfinanzas, ya sea formales -si pides un crédito bancario- o informales que es cuando pides prestado a tu papá o si entras en una tanda.
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Lo que buscamos es que la gente pueda distinguir cómo las instituciones reguladas nos dan más seguridad en nuestras operaciones financieras.
Otros Juegos Didácticos
¿Sabías que existen múltiples versiones de este juego? Los jueces actúan como inversores (los “Sharks”), escuchan cada pitch y harán preguntas críticas sobre la viabilidad del negocio.
Catán es un juego de mesa donde los jugadores deben expandir sus territorios negociando y comerciando recursos como madera, lana y mineral. Además, es tan popular que existen torneos nacionales e internacionales.
La Inflación en el Contexto Económico Actual
Hoy la inflación ocupa las primeras planas de los periódicos de todo el mundo, y con razón. Los precios de más y más bienes y servicios están aumentando de una manera no vista en décadas. Este pico inflacionario, junto con la escasez de la oferta, sea esta real o temida, está generando ansiedad en consumidores y productores.
Y no solo eso. También se está tornando en un asunto político candente, ya que amenaza con agravar la desigualdad entre los pobladores de muchos países y descarrilar la muy necesaria recuperación económica sustentable e inclusiva tras la pandemia del Covid-19.
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Por su parte, las autoridades de los bancos centrales del Reino Unido y Estados Unidos han comenzado a alejarse de la narrativa de una inflación “transitoria”. (La transición cognitiva del Banco Central Europeo es menos pronunciada, lo que tiene sentido dado que la dinámica inflacionaria allí es menos drástica), pero está lejos de llegar a su punto álgido, y menos aún con la velocidad deseada, en particular en la Reserva Federal estadounidense, la institución monetaria mundial más poderosa y sistémicamente importante.
Tampoco ayudan mucho las demoras del Congreso de Estados Unidos en aprobar medidas para aumentar la productividad y mejorar la participación de la fuerza de trabajo en ese país.
Las razones para el aumento de la inflación actual son bien conocidas. La boyante demanda está encontrando una oferta inadecuada, resultado de las alteraciones globales del transporte y las cadenas de suministro, la escasez de trabajadores y las restricciones de energía.
Si bien son notables, estas alzas de precios no anuncian un retorno a las tasas de inflación de dos dígitos que se vivieron en la década de 1970. La fijación rígida de precios es más bien rara en estos tiempos. Las condiciones iniciales en torno a la formación de expectativas inflacionarias son mucho menos inestables. Y la credibilidad de los bancos centrales es mucho mayor, aunque hoy está enfrentando su prueba más severa en décadas.
Con todo, la inflación será mucho más pronunciada de lo que pensaban los funcionarios de la Fed cuando -sobre todo en las primeras etapas de la crisis derivada por el coronavirus- una y otra vez descartaron las crecientes presiones sobre los precios como un fenómeno transitorio. Incluso hoy sus estimaciones de inflación subestiman lo que tenemos por delante, a pesar de haber sido revisadas al alza ya varias veces.
Las expectativas inflacionarias basadas en encuestas compiladas por la Reserva Federal de Nueva York han subido más de un 4% en el horizonte temporal a uno y tres años de plazo. Se están ampliando los efectos colaterales de las tendencias de inflación sobre los costos. Las tasas de abandono entre los trabajadores estadounidenses están en máximos históricos, ya que los empleados se sienten más cómodos renunciando a sus trabajos para buscar otros mejor pagados o un mejor equilibrio entre trabajo y vida. Se habla más de huelgas laborales. Y todo esto se ve exacerbado por los consumidores y empresas, que representan la demanda futura, principalmente en respuesta a inquietudes sobre la escasez de productos y el aumento de los precios.
El actual brote inflacionario es parte de un cambio estructural general en el paradigma macroeconómico global. Hemos pasado de una situación de demanda agregada deficiente a una en que la demanda está bien, en términos generales. Notablemente, las ventas al por menor en Estados Unidos aumentaron en septiembre 13.9% interanual, cifra mayor a la esperada, lo que indica que todavía hay muchos espacios de gasto disponibles para que el poder de compra se traduzca en demanda efectiva.
Por supuesto, con esto no quiero decir que no haya problemas de composición de la demanda que se deben abordar. La desigualdad sigue siendo una urgente preocupación, no solo de ingreso y riqueza sino también de oportunidades.
Una inflación más alta y persistente subraya esas preocupaciones, ya que sus implicancias son multifacéticas: económicas, financieras, institucionales, políticas y sociales. Sus efectos serán cada vez menos uniformes y afectarán a los pobres con particular dureza.
En términos globales, las consecuencias del aumento inflacionario representan una amenaza que podría impactar a algunos países en desarrollo de bajos ingresos, sacándolos de un camino secular de convergencia económica.
Todo esto hace que sea todavía más importante que la Fed y el Congreso actúen con presteza para asegurarse de que la actual fase inflacionaria no acabe innecesariamente socavando el crecimiento económico, aumentando la desigualdad y alimentando la inestabilidad financiera. Se necesita una marcada reducción del estímulo monetario, que todavía funciona en modo de emergencia extrema, a pesar de lo desafortunado de los plazos que rigen el nuevo marco de políticas de la Fed.
Y los legisladores estadounidenses pueden ayudar si dinamizan las iniciativas que mejoren la oferta, tanto de capital como de mano de obra, que estén plenamente a su alcance, es decir, aprobar medidas de modernización de infraestructura, fomento de la productividad y aumento de la participación de la fuerza laboral.
Las autoridades también deberían fortalecer la regulación y supervisión cautelares del sector financiero, en especial el sistema no bancario. Y, dadas las mayores presiones sobre los márgenes de utilidades corporativos y la capacidad superior de las grandes empresas de hacerse camino por entre las disrupciones de la oferta, tendrán que estar muy atentas a la concentración de firmas.
Es una buena noticia el que, tras malinterpretar inicialmente la dinámica de la inflación estadounidense, hoy comience a haber más funcionarios de la Fed que estén entendiendo mejor la situación. La Reserva Federal de EU misma haría bien en ponerse al día más rápido. De lo contrario, terminará en el medio de una búsqueda de culpables que no haría más que erosionar la credibilidad pública y socavar su reputación política.
