Descubre la Verdad Oculta Sobre la Democracia: Ideal, Régimen y Procedimiento Reveladospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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¿Qué es la democracia? Todos conocemos esa palabra. La usamos con frecuencia, la exigimos, la buscamos. Pocas veces sabemos definirla o describirla, aunque intuimos que es algo bueno, algo importante, algo por lo que las personas están dispuestas a luchar. La democracia es una aspiración, un ideal pero también una manera de tomar decisiones entre los miembros de una comunidad y, a través de ella, regular la convivencia. Esta idea tan sencilla no siempre es compartida por todos y todas. Cada persona puede tener una idea diferente de lo que es la democracia y esto se da porque es un concepto que tiene múltiples significados y dimensiones: como ideal, como forma de vida, como régimen o sistema político, como un conjunto de valores. Debido a esta multiplicidad de visiones y de esfuerzos es que hay tantos libros y debates que pretenden definir qué es la democracia.

Trataremos, entonces, de ayudarte a responder esta gran pregunta: ¿qué es la democracia? Vamos a explorar algunas ideas acerca de los principios y valores que las sociedades pretenden realizar a través del establecimiento de la democracia y también vamos a analizar los mecanismos que estas sociedades emplean para resolver las diferencias de posturas e intereses existentes entre sus integrantes. Vamos a pensar sobre la democracia sin olvidar que cuando pensamos en ella también estamos pensando en la política, es decir, en esa práctica o actividad colectiva que regula los conflictos entre los miembros de una comunidad y hace que las decisiones que resultan de la misma sean obligatorias para sus integrantes (Vallès, 2000: 18).

Origen y Definición Conceptual de la Democracia

El término “democracia” proviene del griego antiguo. Este término tiene su origen en dos palabras del griego: “demos”, pueblo, y “kratos”, gobierno. Podríamos traducirlo entonces como “el gobierno del pueblo”. Esta frase refleja la idea fundamental de la democracia: un modo de gobierno en el cual todas las personas pueden participar en el proceso de toma de decisiones para generar el bien común. Precisamente así fue como el presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, la definió: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Hoy entendemos a la democracia como un régimen político donde la titularidad del poder la ejerce el pueblo a través de mecanismos institucionales. En el mundo contemporáneo, existen una pluralidad de ideas, concepciones y usos para el concepto de democracia.

La Democracia como Ideal: Valores y Principios

La democracia supone principios y valores. Por otro lado, la democracia constituye un régimen político que implica no solo una forma de gobierno y estructura económica social en el que todos los miembros de la nación están llamados a intervenir en su dirección, en pro del interés común. La idea de democracia implica también valores, actitudes y conductas democráticas.

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Esto se entiende así, pues el fundamento de la democracia es el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Como todas las personas son merecedoras de respeto y consideración, la forma en que nos conducimos como sociedad debe respetar la opinión de todos. La democracia es reconocida también como la forma de organización social y política que mejor garantiza el respeto, el ejercicio y promoción de los derechos humanos (Robinson y Zalaquett, 2008).

Vivir en una democracia supone pensar que cada uno de los miembros de una comunidad con derecho a serlo, es decir, sus ciudadanos y ciudadanas, son quienes toman las decisiones, quienes ejercen el poder y quienes se benefician del resultado de esas decisiones. También significa que se reconoce la dignidad del ser humano, los derechos de las personas, se promueve el tomar decisiones respetando las diferencias, la pluralidad y la diversidad, impulsando el respeto a la ley y a las libertades de cada uno.

La democracia como cultura política promueve y se fundamenta en una serie de valores como el respeto a la dignidad humana, la tolerancia, el reconocimiento a la diversidad y la solidaridad así como también emplea una serie de habilidades y prácticas como el ejercicio del diálogo para solucionar los conflictos y los problemas de una sociedad.

Libertad, Igualdad y Autorrealización: Pilares del Ideal Democrático

La libertad, igualdad y la autorrealización son precisamente los valores que la democracia pretende que cada ciudadano y ciudadana puedan realizar. Cuando vivimos en una democracia compartimos una serie de ideas basadas en el respeto mutuo y en en la posibilidad de que cada uno ejerza su libertad, sin quitar a los otros la posibilidad de también ejercerlas. Cuando las personas participan en las decisiones, se puede lograr el bien común, es decir, construir una sociedad en la que cada persona sea libre e igual y donde cada uno pueda realizar su vida conforme a sus deseos y preferencias.

La Libertad: Concepto y Dimensiones

La libertad es un valor que comúnmente asociamos con la capacidad de hacer o pensar lo que queremos. En una democracia, cada persona puede pensar y creer en lo que quiera; moverse de una ciudad a otra de manera libre; organizarse con otras personas para expresarse y manifestarse sin temor a que le pase algo y sin que ello suponga necesariamente un delito. Cada persona puede hacer todo eso sin que nadie las condicione ni les diga lo que tienen que pensar o hacer.

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Este concepto parece simple, aunque resulta bastante más complicado si lo pensamos más a fondo y en relación con otras personas. ¿Realmente podemos siempre pensar o hacer lo que nos plazca? En nombre de nuestros deseos, ¿somos capaces de hacer cualquier cosa aún cuando esto pueda afectar o limitar los derechos y la capacidad de acción de otras personas? No necesariamente es así de extremo. Entonces, la libertad no es poder hacer cualquier cosa, sino hacer lo que quieras, siempre que no afectes ni limites los derechos de los otros. Aquí está la clave.

La libertad tiene dos dimensiones que los filósofos llaman “libertad de” y “libertad para”. La primera, “libertad de”, se refiere a la ausencia de los límites externos que pudieran, en manera arbitraria o caprichosa, restringir nuestra capacidad de decidir o hacer. Por ello, los Estados democráticos basan su actuación en la ley, que debe ser siempre objetiva y neutral y que, además, permita tratar de la misma manera a todas las personas. En ese sentido, al someternos al “imperio de la ley”, evitamos los peligros e inconvenientes derivados del uso arbitrario del poder.

La segunda, la “libertad para”, se refiere a nuestra capacidad de hacer, de actuar, de tener control sobre nuestras vidas y realizar nuestras metas o sueños. Este tipo de libertad puede verse afectada, ya no por los límites legales o restricciones arbitrarias impuestas por alguien sobre nosotros, sino por las condiciones de vida en las que nos encontramos. Si somos pobres, si vivimos en las afueras de una ciudad muy grande, si no pudimos estudiar y tener acceso a un trabajo remunerado o tenemos algún problema de salud, nuestras oportunidades de ser libres se verán limitadas. La situación particular de cada persona afecta entonces las posibilidades que uno tiene de ser libre: el vivir en la ciudad o en el campo, ser rico o pobre, ser hombre o mujer, ser sano o tener algún problema de salud, son solo algunos factores que pueden limitar nuestra capacidad de elegir libremente qué vida queremos llevar. Para una sociedad democrática es importante que estos elementos no tengan un peso decisivo en las vidas de las personas, que no les restrinjan y no les impidan desarrollarse plenamente.

La Igualdad como Fundamento Democrático

Esto nos lleva a pensar en otro de los valores fundamentales para la democracia: la igualdad. Rousseau, un filósofo suizo del siglo XVIII, decía que la igualdad era indispensable para la formación de una sociedad democrática. La igualdad se asocia no solamente con ser iguales frente a la ley y al gobierno, sino que implica la necesidad de asegurar que las desigualdades educativas, económicas y sociales en una sociedad no sean demasiado grandes.

Las desigualdades extremas pueden excluir a las personas de la vida de la comunidad y de la participación en las decisiones públicas y ello, a su vez, hace que la democracia se vuelva débil y no cumpla con sus objetivos. Las sociedades democráticas pretenden eliminar las desigualdades extremas y garantizar que todas las personas tengan, por lo menos, las condiciones mínimas para desarrollar una vida digna.

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La libertad y la igualdad han sido consideradas, por algunos pensadores, como valores opuestos que entran en conflicto. La igualdad, cuando es vista como uniformidad, nivelación o aplastamiento de las aspiraciones personales puede ser vista como enemiga de la libertad. Las sociedades democráticas celebran la pluralidad y la diversidad, por lo que no pretenden uniformar a todas las personas y despojarlas de las características que las hacen únicas y diferentes frente a los demás. Lo que sí pretenden hacer es reducir las desigualdades que impide a las personas la realización de sus derechos de autodeterminación.

La Autorrealización Personal en Democracia

La autorrealización personal también es un valor importante para la democracia. Su objetivo es que las personas tengan suficiente autonomía para decidir qué vida quieren llevar, tomar sus decisiones en función de la elección que realizaron y poder llevarlas a cabo de manera efectiva. Podemos decir que la autorrealización tiene que ver con su capacidad de poder desarrollar una vida significativa: poder vivir una vida larga y feliz, en buena salud, en condiciones de seguridad y paz, disfrutando de la naturaleza, del contacto con otras personas y del esparcimiento, pudiendo tomar decisiones autónomas para definir su futuro y el de su comunidad. Para que eso sea posible, todas las personas deben contar con condiciones mínimas necesarias que aseguren sus posibilidades reales de hacerlo.

El Ideal Democrático y su Realización

A esta altura debemos preguntarnos… ¿es posible realizar estos ideales? ¿Resulta viable construir una sociedad en la que todas las personas puedan ser realmente libres e iguales? Todos los ideales, incluyendo la democracia, no pueden ser realizados totalmente: su plena realización supone una utopía o creación de una sociedad perfecta. Sin embargo, aunque no sean plenamente realizables, los ideales que encarna la democracia pueden ser satisfechos, es decir, pueden ser realizados en un grado muy alto.

La democracia entonces se construye a partir de valores y principios. Es la única forma de organización social que debe su existencia a los valores; sin ellos se vuelve vacía de contenido. La democracia es una tensión permanente entre lo que es y lo que debiera ser, y los intentos de alcanzar el ideal son lo que nos permiten avanzar hacia la construcción de una sociedad más libre, igual y solidaria, en la que las personas pueden construir una vida plena y feliz.

La Democracia como Régimen Político y Procedimiento

Hoy entendemos a la democracia como un régimen político donde la titularidad del poder la ejerce el pueblo a través de mecanismos institucionales. Por otro lado, la democracia constituye un régimen político que implica no solo una forma de gobierno y estructura económica social en el que todos los miembros de la nación están llamados a intervenir en su dirección, en pro del interés común.

Vivir en una democracia supone pensar que cada uno de los miembros de una comunidad con derecho a serlo, es decir, sus ciudadanos y ciudadanas, son quienes toman las decisiones, quienes ejercen el poder y quienes se benefician del resultado de esas decisiones.

A pesar de su importancia, muchas personas perciben a la democracia como algo lejano, abstracto, inalcanzable e, incluso, como algo que no se entiende muy bien. Otros piensan que es una mala palabra e incluso la rechazan. Muchos no la quieren porque lo que conocen como democracia no satisface sus expectativas y otros porque no les gusta compartir el poder ni que todos participen en la solución de los problemas colectivos. Hay personas que -además- les encanta ponerle adjetivos porque el concepto principal les parece incompleto e insuficiente. Una serie de atributos son usados de manera cotidiana para acotarla (como por ejemplo, democracia delegativa, democracia iliberal, democracia de calidad, democracia débil).

La historia de la democracia es la de un montón de gente exigiendo que se cumplan una serie de derechos (la libertad de expresión, el voto, el derecho de asociación, la libertad de prensa, la libertad de culto, el respeto a las minorías y a las diversidades, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias). Cada día nos ponemos más exigentes y queremos más derechos porque queremos vivir en democracia. Incluso muchas personas han dado la vida por defender la democracia en diferentes partes del mundo. Como quienes protestaban en la famosa Plaza Tiananmen en Beijing (China) en 1989 y sostenían la pancarta que decía: “No sé qué es la democracia, pero necesitamos más de ella”.

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