En el mundo de las ciencias sociales, la dominación es un concepto esencial para comprender las relaciones humanas desde las más diversas perspectivas. A lo largo de la historia de la sociedad, desde el enfoque político, siempre se ha dado cierto tipo de relación en que unos mandan y otros obedecen. En la conmemoración de los cien años del fallecimiento de Max Weber, sus elaboraciones sistemáticas han sido fundamentales para el enfrentamiento creativo de situaciones límite.
Para facilitar el desciframiento de algunos aspectos de la complejidad del momento político contemporáneo, este análisis se enfoca en las dimensiones generales del autor y el tratamiento que le dio a la problemática de la dominación. Dentro de las elaboraciones weberianas, una de las más importantes está vinculada a sus aportes en el campo de la sociología política; de la sociología de la dominación. El problema de investigación que guía toda la reflexión consiste en determinar criterios que permitan distinguir un poder legítimo de un poder ilegítimo.
La Noción Sociológica de Dominación según Max Weber
Ligada a la concepción de Estado, aparecen los conceptos de dominación y de derecho. El concepto de Estado es para Weber un concepto sociológico, lo que obliga a revisar el primer capítulo de Economía y Sociedad, titulado "Conceptos sociológicos fundamentales" para clarificar algunas nociones básicas que nos permitan comprender la relación entre los conceptos de Estado y de derecho. Los conceptos de dominación y legitimidad aparecen explicitados en el tercer capítulo de la misma obra, que lleva por título "Los tipos de dominación", en la que Weber desarrolla su sociología del poder.
Max Weber entiende por dominación la probabilidad de hallar obediencia a un mandato determinado. Es un caso especial de poder. Para que exista dominación deben existir los siguientes componentes:
- Un individuo o grupo de dominadores.
- Un individuo o grupo de dominados.
- La voluntad de los dominadores de influir en la conducta de los dominados y una expresión de esa voluntad (mandato).
- Evidencia de la influencia de los dominadores en términos del grado objetivo de sometimiento al mandato.
- Testimonio directo o indirecto de esa influencia, traducido en términos de la aceptación subjetiva con que los dominados obedecen el mandato.
Buscando elaborar comprensivamente esta problemática, Weber plantea tres tipos de dominación.
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Tipos Ideales de Dominación
La sociología comprensiva de Weber utiliza el método de los tipos ideales para dar una explicación de la acción social, captando interpretativamente el sentido o conexión de sentido de la acción para dar una explicación racional de la misma. A partir de este marco metodológico, se distinguen los siguientes tipos de dominación:
Dominación Carismática
En la dominación carismática, el poder de mando puede ser ejercido por un líder, ya sea un profeta (como Jesús), un héroe (como Simón Bolívar) o un demagogo (como Benito Mussolini), capaz de probar que posee carisma por medio de poderes mágicos, revelaciones, heroísmo u otros dones extraordinarios. El líder carismático no reconoce reglamentos, instituciones, ni costumbres, como fuentes de su poder; su palabra es obligación y, por supuesto, hay ausencia de control y crítica para sus actividades. Su cuerpo administrativo está integrado por apóstoles, partidarios o discípulos, según el caso. La legitimidad del poder se basa en las decisiones autoritarias del jefe que, a su vez, debe encarnar un ideal de sí mismo y se basa en la devoción a la santidad, heroísmo y carácter excepcional del líder.
Dominación Tradicional
La dominación tradicional está fundada en la convicción del carácter legítimo, inherente a la autoridad que ha existido siempre, y el poder de dominación se ha adquirido en virtud de una herencia que se refleja en manos de una autoridad personal. La legitimidad del mando se da en la medida que este concuerda con el uso y la costumbre. Esta dominación se basa en la creencia en la santidad de las tradiciones en vigor y en la legitimidad de quienes se llaman al poder en virtud de la costumbre. Se caracteriza porque el jefe tradicional se orienta por las reglas que le dicten la equidad y la justicia, sin que existan principios fijos y formales. Su cuerpo administrativo está integrado por servidores, reclutados entre los esclavos, los libertos, los miembros de la familia, los vasallos y los prebendados. La legitimidad del poder está basada en un hombre que es llamado al poder en virtud de la costumbre y de la tradición, y gobierna a sus servidores, súbditos y pares, a título personal.
Dominación Legal-Racional
La dominación legal-racional se da cuando un sistema de reglas aplicado judicial y administrativamente es válido para todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Quienes ejercen el poder deben haber sido elegidos a través de mecanismos legales. Su organización es permanente y exige que toda gestión se tramite por expediente. En este tipo de dominación, impera el derecho; las normas, reglamentos y códigos, constituyen un conjunto de prescripciones que deben ser cumplidas. El cuerpo administrativo debe estar integrado por funcionarios calificados, que deben cumplir funciones públicas, instituidas por leyes y repartidas en competencias diferenciadas. La legitimidad del poder está basada en la soberanía popular; en las elecciones populares, y es considerado legítimo el poder que se ejerce según la ley. Existe un supuesto general en que se funda: la creencia en la racionalidad de las leyes, reglamentos y normas instituidas legítimamente. El jefe del gobierno es elegido conforme al orden impersonal del derecho y los gobernados son ciudadanos con derechos y deberes regulados.
La siguiente tabla resume los tipos de dominación de Max Weber:
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| Tipo de Dominación | Características Principales | Fuente de Legitimidad | Cuerpo Administrativo |
|---|---|---|---|
| Carismática | Líder con dones extraordinarios, no reconoce reglas, su palabra es obligación. | Devoción a la santidad, heroísmo y carácter excepcional del líder. | Apóstoles, partidarios o discípulos. |
| Tradicional | Autoridad heredada, basada en la costumbre y la santidad de las tradiciones. | Creencia en la santidad de las tradiciones y la legitimidad de quienes se llaman al poder en virtud de la costumbre. | Servidores (esclavos, libertos, miembros de la familia, vasallos, prebendados). |
| Legal-Racional | Sistema de reglas aplicadas judicial y administrativamente, organización permanente, imperio del derecho. | Soberanía popular, elecciones populares, creencia en la racionalidad de las leyes. | Funcionarios calificados, instituidos por leyes. |
El Estado Moderno y la Legitimidad
En su monumental obra Economía y Sociedad, aparecida póstumamente en 1922, Max Weber define el Estado como "una organización política de carácter institucional y continuado" en la que "su aparato administrativo reclama con éxito el monopolio de la fuerza legítima para la realización del ordenamiento vigente". Unos años antes, en la conferencia La política como vocación (1919), había caracterizado el Estado como "una relación de dominación de hombres sobre hombres, basada en el medio de la violencia legítima (es decir, de la que es vista como tal)". En ambas definiciones de Estado, aparece la noción de uso legítimo de la fuerza. Se muestra que la concepción del Estado moderno, ligado a la racionalidad formal instrumental del derecho positivo, llevó a Weber a concluir que la legitimidad de una dominación depende de la legalidad, la eficacia y la continuidad.
La sociología como ciencia empírica de la acción trata de comprender el sentido mentado y subjetivo de los sujetos de la acción, lo que la diferencia de ciencias como la jurisprudencia, la lógica, la estética o la ética, que pretenden investigar el sentido justo y válido. El propósito es clarificar algunos conceptos básicos de su sociología comprensiva, con el fin de comprender y evaluar la respuesta que desde Weber se le puede dar a la pregunta por los criterios que permitan distinguir un poder legítimo de un poder ilegítimo. Se concluye que por razones metodológicas Weber renuncia a valoraciones normativas, lo que le impide dar una respuesta satisfactoria al problema de la legitimidad.
La Acción Social en la Sociología Comprensiva de Weber
En el primer capítulo de Economía y Sociedad, Weber expone los fundamentos metodológicos y los conceptos básicos de su sociología comprensiva. Para él, la sociología es "una ciencia que pretende entender -interpretándola- la acción social para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos". Por "acción" se entiende una conducta humana en que el sujeto o sujetos enlazan a ella un sentido subjetivo. La "acción social" es un tipo de acción humana en la que se toma en consideración el comportamiento de los otros. Lo que se comprende está referido siempre a la acción humana, bien como medio o fin imaginado por el actor como motivo de su acción. El "motivo" es la conexión de sentido que para el actor o el observador aparece como fundamento de una conducta. Se puede decir que una interpretación causal de una acción es correcta cuando el motivo ha sido conocido de modo certero y al tiempo comprendido con sentido en su conexión con el desarrollo externo.
La sociología va más allá de la determinación de leyes y alcanza lo que le está negado a las ciencias naturales: "la comprensión de la conducta de los individuos partícipes; mientras que, por el contrario, no podemos "comprender" el comportamiento, por ejemplo, de las células, sino captarlo funcionalmente, determinándolo con ayuda de las leyes a que está sometido". Valiéndose de los criterios de medio, fin y consecuencia, Weber distingue cuatro tipos de acción social: 1) acción racional con respecto a un fin (razón instrumental); 2) acción racional con respecto a un valor; 3) acción afectiva con respecto a un valor; 4) acción tradicional.
La acción racional con respecto a un fin, o acción racional instrumental, se da cuando el agente toma en consideración el comportamiento de los demás y de los objetos del mundo exterior como un medio para alcanzar su propio fin; el agente, basándose en los datos ofrecidos por los hechos de la experiencia conocida y en fines dados, infiere para su acción la clase de medios a emplear. La acción racional con respecto a un valor es el tipo de acción que está orientada por un valor ético, religioso o estético, que al proponérselo como fin determina el comportamiento, con independencia del éxito que se pueda tener. La acción emocional comporta elementos no comprensibles de orden instintivo, sensitivo o pasional. La acción tradicional es la que se realiza por hábito, costumbre o acto reflejo.
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Es importante resaltar que Weber concibe su teoría de la acción social desde la acción racional-instrumental. Esto se debe a dos razones: la primera es una razón metodológica, la acción instrumental permite mayor facilidad al investigador social para comprender y explicar los motivos y fines que se buscan con una acción. La segunda razón es la concepción que Weber tiene de la modernidad como un proceso de racionalización en donde se privilegia la razón instrumental en ámbitos como la economía, la técnica, la ciencia y la organización del Estado.
Pactos de Dominación Históricos: El Caso Mexicano
Los pactos de dominación se manifiestan en las reglas jurídicas que regulan la vida social y, de hecho, cuya expresión esencial es la acción política que se deriva de los acuerdos entre las élites económicas y políticas; muchos de ellos no respaldados por la legalidad o manipulados por el aparato judicial. Por otra parte, las luchas sociales empujan modificaciones a los pactos de dominación. En el caso de la historia moderna de México, la Revolución de 1910 es un punto de quiebre, pues implicó el fin de un pacto de dominación y la edificación de otro.
La debilidad de una élite empresarial en gestación dejó el campo abierto a las disputas por el poder político principalmente entre los caudillos surgidos de la revolución: Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. Carranza incumplió lo pactado con las organizaciones obreras y reprimió violentamente las huelgas en 1916 y no promovió el reparto agrario. Obregón pactó con lo que quedaba del zapatismo y con las organizaciones obreras, favoreciendo a sus líderes. Calles continuó con esa estrategia. Cárdenas convierte en protagonistas centrales del pacto de dominación los intereses de las clases subalternas, cuyas demandas de tierra y de respeto a los derechos laborales, no solo fueron respaldados, sino promovidos; además los involucró en la recuperación del petróleo como un bien plenamente propiedad de la Nación. Si bien el pacto de dominación en el cardenismo no fue democrático, tampoco fue autoritario.
Es en la administración del presidente Manuel Ávila Camacho en el que se sientan las bases de un pacto de dominación autoritario. Un factor externo relevante que influyó fue la Segunda Guerra Mundial, porque llevó a México al campo de los aliados occidentales, lo cual vistió al régimen con el atuendo democrático. La participación en la Segunda Guerra Mundial llevó a la firma del pacto de Unidad Nacional, que limitó los derechos de las clases subalternas y en los hechos modificó el pacto de dominación heredado del cardenismo. Por otro lado, la transformación del Partido de la Revolución Mexicana a Partido Revolucionario Institucional, aunado a la candidatura y posterior presidencia de Miguel Alemán, definió cabalmente la tendencia autoritaria del pacto de dominación.
El pacto de dominación que impulsó el modelo de desarrollo industrial sustentado en la sustitución de importaciones estuvo afincado paradójicamente en los subsidios indirectos por los bajos salarios y precios de los productos agrícolas y a la par con la creación de instituciones de un Estado de bienestar definido desde el poder gubernamental: IMSS, ISSSTE, INFONAVIT, FOVISSTE, educación básica y secundaria gratuitas, libros de texto gratuitos, etc.
El Régimen Autoritario y sus Manifestaciones: El Caso de Oaxaca
El régimen autoritario prevaleciente en Oaxaca se visualiza como un entramado de lazos que se ha ido tejiendo con intrincados nudos a lo largo de la historia. El investigador Eduardo Bautista Martínez revisa los ajustes en el sistema político oaxaqueño y las reconfiguraciones en los modos de articulación de los grupos de poder, que han permitido la continuidad de la dominación cuando el aparato de gobierno ha pasado por momentos de crisis, reforma o ruptura. El autor plantea que las prácticas autoritarias de gobierno han logrado mantenerse, desde la monarquía hasta el federalismo, a través de las sucesivas fases de pensamiento político que han remodelado los procedimientos, modificado las bases legales e incorporado nuevos grupos de poder, pero sin cambiar el interés común en la dominación. Los gobiernos han transformado sus discursos con el fin de legitimarse para sosegar a los pueblos; cuando han variado sus prácticas, ha sido porque el desarrollo capitalista ha exigido cambios estructurales para optimizar las dinámicas de la acumulación.
El autoritarismo no es un comportamiento atrasado, sino la actitud requerida hasta el presente para mantener la "normalidad" estructural del capitalismo y los privilegios que otorga a quienes se benefician de su orden de jerarquías. Bautista Martínez toma dos casos muy particulares: la ciudad de Oaxaca, capital del estado, a la cual describe como cuna de una élite descendiente de los conquistadores, sumamente hermética y codiciosa, y Juchitán de Zaragoza, pueblo que se caracteriza por su continua resistencia a los intentos de apropiación de la importante región geopolítica del istmo de Tehuantepec. Estos dos municipios requirieron argucias del poder diferentes; en ambos casos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) logró retomar el control que perdió en algún momento; con esos mecanismos, se mantuvo durante 80 años en la cúpula de la entidad.
El autor establece los cimientos de la estructura de dominación en México con base en la cultura patrimonial y corporativa que ha determinado las dinámicas de las relaciones mando-obediencia, así como sus adecuaciones a los cambios de régimen institucional. Explica que, luego de la llegada de los conquistadores, los cacicazgos sobrevivieron poniéndose al servicio de la Corona española en su función de dirigentes de los pueblos; posteriormente, se reactualizaron imitando el modelo republicano liberal, con matices de acuerdo con cada localidad. Bautista Martínez se acerca a los casos de Oaxaca y Juchitán para analizarlos como "formaciones locales del régimen". Establece que la ciudad de Oaxaca se ha caracterizado por administrar los conflictos con relativa rapidez, lo que ha permitido largos periodos de estabilidad en la capital del estado; por otro lado, destaca el caso de Juchitán, debido a su resistencia colectiva permanente, aunque se anotan los momentos en que grupos salidos de organizaciones o movimientos sociales también se sometieron al "gobernadurismo" y se unieron a la maquinaria estatal.
El tercer capítulo del volumen relata el inicio de la crisis del régimen hegemónico, manifestada por los movimientos sociales surgidos en 1968 y el fortalecimiento de la oposición partidista. Aquí se sitúan la caída del gobernador Zárate Aquino y el reposicionamiento de los poderes nacionales, que sacaron provecho de la discontinuidad temporal. Asimismo, muchos de los activistas estudiantiles fueron cooptados por el aparato estatal a través de la participación electoral, por ejemplo. Posteriormente, en el contexto del debilitamiento del presidencialismo, con la caída del PRI como partido de Estado en el año 2000, se sitúan los reordenamientos provinciales que tomaron como bandera la democratización y la lucha contra las imposiciones del presidente, mientras que el fin, en el fondo, era asegurar un mayor control del resto de los baluartes priístas, particularmente en las regiones más vulnerables, por medio de la violencia y el patriarcado. El investigador señala que entre los métodos que implementó la oligarquía local para evitar la alternancia de partidos estuvo la oferta de prebendas y puestos gubernamentales; para quienes se negaban, el hostigamiento constante.
El período de implantación del llamado modelo neoliberal abarca tres sexenios (De la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo), pero fue en los dos últimos que se implementaron programas sociales Solidaridad y PROGRESA, con el fin de atemperar la pobreza extrema. Durante tres décadas el modelo neoliberal se consolidó, no sin tener sus propias crisis económicas de diciembre de 1994 y la de 2008. Por otro lado, la impunidad y la corrupción estaban a la luz del día. A lo anterior había que agregarle la violencia de la delincuencia organizada y las complicidades gubernamentales. Claros ejemplos fueron la Casa Blanca del expresidente Peña Nieto y la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
Finalmente, el proceso de descentralización del poder nacional fue traducido por las élites oaxaqueñas en el ungimiento de los gobernadores estatales, para convertirlos en patrones absolutos, investidos con el discurso federalista. Esto precipitó el proceso de insurrección de los pueblos de Oaxaca en 2006 y permitió que el gobierno federal relegara el conflicto a la jurisdicción estatal, hasta que se convirtió en una amenaza para el presidente electo. Se comprueba que "la lógica del poder centralizado y autoritario es su propia restauración, aunque ello implica una mayor fragilidad en tanto la estabilidad y el orden dependen menos de la legitimidad y más del uso de la fuerza pública". En acontecimientos tan importantes como la movilización encabezada por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006 y las recientes caravanas de gente de todo el mundo para defender la autonomía de San Juan Copala, en Oaxaca, se observa que de la densidad de la memoria de los marginados surgen sucesos muy destacados de movilización popular que buscan erradicar las prácticas autoritarias y construir nuevas formas de organización social, participativa, horizontal, plural, que rompan con las bases de la inequidad. Este volumen indica que es necesario comprender los mecanismos que propician la reproducción de la hegemonía -en este caso priísta- y la estabilidad de los modos de dominación. Asimismo, es fundamental estudiar en detalle las vías que se han tomado en cada momento y lugar, para saber cómo enfrentarnos a las trampas discursivas y a las estrategias engañosas de la propaganda política.
