En los años 20, Estados Unidos vivía lo que llamaban “los felices años veinte”. Las ciudades crecían, había coches, cine, música jazz… y todo parecía ir viento en popa. Pero claro, lo que se ve en la superficie no siempre es toda la historia. Y sí, fue mal. Muy mal. La Gran Depresión, también conocida como la Crisis de 1929, fue una gran crisis financiera mundial originada en los Estados Unidos que se prolongó durante la década de 1930, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Su duración depende de los países que se analicen, pero en la mayoría comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de los años treinta. Fue la depresión más larga en el tiempo, de mayor profundidad y la que afectó a un mayor número de países en el siglo XX.
El Contexto Pre-Crisis y la Burbuja Especulativa
Durante los años previos a la Gran Depresión se incrementó en aquel país la producción y la demanda de sus productos, con una profunda transformación productiva dominada por la innovación tecnológica. Del optimismo y de la bonanza económica también participó la Bolsa, que vivió un prolongado incremento de las cotizaciones, lo que permitió la formación de una burbuja especulativa, financiada por el crédito. En la década de 1920, muchas familias y empresas en Estados Unidos compraban acciones de empresas pensando que su valor siempre subiría. Mucha gente pedía préstamos para invertir en bolsa, algo que hoy nos parece arriesgado, pero que entonces parecía normal.
Una acción de cien dólares nominales podía obtenerse solo por diez, mientras el resto, llamado "excedente" -o sea, noventa dólares-, se pagaba a crédito. Si la acción seguía subiendo, todo iba perfectamente: un alza del 10 por ciento, esto es, que pasara de 100 a 110 dólares proporcionando al accionista un beneficio neto del 100 por ciento sobre los 10 dólares que en realidad había desembolsado. La coyuntura del alza, denominada allí Big Bull Market, descansaba así sobre una base sumamente frágil. Los primeros indicios de recesión se dejaban sentir ya en los países productores de materias primas, mientras Wall Street vivía aún en plena euforia, primer síntoma de la falta de vigilancia y prevención de las situaciones cambiantes, por exceso de confianza.
El Crack Bursátil de 1929: Jueves Negro y Martes Negro
Todo el sistema se derrumbó en octubre de 1929. El 24 de octubre de 1929, un jueves que pasaría a la historia como el Jueves Negro, la Bolsa de Nueva York se desplomó. Cuando en octubre de 1929 las ventas masivas de acciones comenzaron, el valor de la bolsa cayó en picado. Miles de inversores perdieron su dinero en cuestión de horas. En pocos días -en cuestión de horas, incluso- las cotizaciones perdieron todo cuanto habían ganado durante meses o, mejor dicho, durante años. Tan desesperada tentativa produjo solo resultados de carácter momentáneo; el lunes 28 de octubre, se produjo un nuevo descenso de 30 a 50 puntos, y al día siguiente -que pasó a la historia con el nombre de "Martes Negro"- fue la jornada más sombría de Wall Street.
Causas Profundas de la Crisis Económica
Sobreproducción y Sobreinversión
La depresión tenía causas múltiples: tras un periodo de fuerte expansión, sobrevino una crisis de coyuntura y adaptación, que podría decirse "normal", pero que estalló con violencia inaudita. La racionalización y las nuevas técnicas industriales y agrícolas contribuían igualmente a la crisis. El aumento de producción por hora trabajada, sin aumentar la mano de obra, es beneficioso para la industria, pero no en todas las circunstancias. Un ritmo de expansión demasiado rápido acarrea dificultades de transición y adaptación. La racionalización del trabajo suprime empleos, y los trabajos disponibles para otros sectores de la producción, al haber desempleo, no pueden adaptarse siempre con suficiente rapidez; por tanto, este problema de readaptación provoca, en la mayoría de los países, un bache importante apenas transcurre el periodo de alta coyuntura.
Lea también: Viviendo en Gran Hacienda
La perspectiva que acentúa la sobreproducción de bienes como causa de la crisis argumenta que la distribución desigual de los ingresos no favorece el consumo; asimismo, los precios de los productos del campo crecen a menor ritmo que los industriales; por ello, los campesinos reducen la adquisición de maquinaria, materias primas y otros productos. Por otra parte, la recuperación económica de los países más desarrollados les lleva a incrementar su producción; entonces mientras la producción crece el consumo de esos bienes disminuye. En mayor o menor medida los aspectos señalados son parte del origen del crac bursátil de 1929.
En la primera parte de la nota presentamos, entre otros elementos, la sobreproducción en la agricultura, en EEUU y a nivel global, y sostuvimos que fue un factor de peso en la Gran Depresión. En la segunda parte de la nota presentamos evidencia de la sobre-acumulación y sobreproducción en la industria y la construcción, en Estados Unidos. Hansen señala que hacia el final de los 1920, en EEUU, había sobreproducción y sobreinversión en la construcción, pero también en ferrocarriles y energía eléctrica. “… es digno de notarse que el auge de las construcciones de los veintes fue el más poderoso que registra la historia norteamericana y que su precipitada caída a partir de 1928 excedió cualquier otra de períodos anteriores…” (p. 30). Agrega que “probablemente en ninguna época de la historia norteamericana se ha alcanzado una saturación temporal tan completa en la construcción de edificios, incluyendo casas de departamentos y residenciales, oficinas y otras edificaciones comerciales, como la alcanzada en los finales de la tercera década.” En lo que respecta a las construcciones ferroviarias, destaca que en los veinte se elevaron progresivamente “hasta la cúspide del auge y aún continuaron elevándose (no obstante el creciente empleo de camiones) durante la depresión, para alcanzar su punto culminante en 1930″ (p. 34). Incluso cuando la economía ya se hundía en la recesión, en algunas ramas continuaron las inversiones, agravando la sobreacumulación.
El Papel del Sistema Bancario y la Política Monetaria
Los bancos, que habían prestado grandes sumas para estas operaciones, empezaron a quebrar. La inexistencia en los Estados Unidos de un sector bancario fuerte de ámbito nacional y la quiebra inicial de algunos bancos hizo que la crisis bancaria se extendiera por todo el país, lo que multiplicó los efectos de la crisis. La Reserva Federal era la única que podía haber evitado una caída en cadena de los bancos mediante concesión de liquidez de forma masiva a los bancos, pero los gestores de la Reserva Federal, muy al contrario, redujeron la oferta monetaria y subieron los tipos de interés, y provocaron una oleada masiva de quiebras bancarias.
La recién creada Reserva Federal (Fed) expandió la oferta monetaria brutalmente durante la década de los años 20, creándose malas deudas que no eran sostenibles en el tiempo. Así se originó un auge económico, sustentado en las arenas movedizas de la política monetaria expansiva, lo cual generó la conocida burbuja de los activos financieros que pinchó en 1929. Fue en ese año cuando se paralizó la expansión crediticia y las consecuencias de las medidas suicidas de la Fed salieron a la luz, a pesar de que los austriacos Mises y Hayek ya alertaron de los peligros que se avecinaban.
Impacto y Consecuencias en Estados Unidos
El desplome bursátil provocó un efecto dominó: las empresas no podían financiarse, tuvieron que despedir a trabajadores, y el consumo se hundió. En poco tiempo, millones de personas se quedaron sin empleo. Las colas para recibir comida gratuita se hicieron habituales en las ciudades. La depresión subsiguiente fue la peor de la historia estadounidense. Durante al menos tres años y medio todos los indicadores sociales y económicos reflejaron un progresivo deterioro de la situación. En 1932 el producto interno bruto (PIB) había disminuido un 27 %, y la producción industrial, un 50 %. La inversión ni siquiera alcanzaba para el mantenimiento de las instalaciones existentes. En 1933, el desempleo llegó al 25 %.
Lea también: Gran Hacienda Ramos Arizpe: un destino turístico imperdible.
Los sectores más gravemente afectados por la depresión fueron la agricultura, la producción de bienes de consumo y la industria pesada. Esto provocó que ciudades como Detroit y Chicago, que dependían de la industria pesada, sufrieran la crisis con más intensidad. A su vez, hubo ciudades dependientes de una sola industria que terminaron totalmente arruinadas. El hundimiento de la bolsa fue además una causa directa de la reducción de los beneficios empresariales y destruyó el incentivo individual al ahorro, y se redujo así el volumen de los recursos destinados a la inversión. Solo en 1940 se recobró el nivel de producción previo a 1929, y esto se debió al estallido de la II Guerra Mundial.
La Propagación Global de la Crisis
La crisis no se quedó en Estados Unidos. Debido a los lazos económicos, Europa también sufrió las consecuencias. Países que dependían de exportar a Estados Unidos vieron caer sus ventas, y las inversiones extranjeras se redujeron drásticamente. La depresión tuvo efectos devastadores en casi todos los países, ricos y pobres, donde la inseguridad y la miseria se transmitieron como una epidemia, de modo que cayeron la renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios empresariales y los precios. La depresión estadounidense de la actividad económica fue acompañada por una reducción adicional del préstamo hacia el extranjero y una fuerte contracción de la demanda de importaciones. Esto produjo una gran reducción del flujo de dólares hacia Europa y el resto del mundo. Dada la importancia de Estados Unidos en la economía mundial, el impacto de su crisis sobre el resto del mundo fue fuerte; por eso se dice que Estados Unidos exportó su crisis. Prácticamente todos los países padecieron declives tanto en la producción industrial como en el PIB, y la URSS fue la principal excepción al estar aislada del capitalismo moderno.
Efectos en el Comercio Internacional y el Empleo Mundial
El comercio internacional descendió entre un 50 % y un 66 %. El hundimiento brutal del comercio internacional; que llegó a perder dos terceras partes del valor alcanzado en 1929. El hundimiento del comercio internacional se prolongó durante mucho tiempo. En 1938 el valor del comercio mundial se situaba todavía por debajo de la mitad del nivel del año 1929. El desempleo en los Estados Unidos aumentó al 25 %, y en algunos países alcanzó el 33 %. Como en Alemania que tuvo un 30 %.
Para ilustrar la magnitud del impacto global en indicadores clave, presentamos la siguiente tabla:
| Indicador Económico | Impacto durante la Gran Depresión |
|---|---|
| Desempleo en Estados Unidos | 25 % (1933) |
| Desempleo en Alemania | 30 % |
| Caída del PIB en Estados Unidos | 27 % (1932) |
| Caída de la Producción Industrial en Estados Unidos | 50 % (1932) |
| Caída del Comercio Internacional | 50 % al 66 % |
| Desempleo en el sector industrial de México | Tres de cada cuatro trabajadores |
Respuestas Nacionales y el Abandono del Patrón Oro
A principios de 1931, si bien persistía la deflación y la desocupación era alta, los países más afectados eran los exportadores de materias primas, y varios de ellos debieron abandonar el patrón oro. Sin embargo, con la quiebra del Credit Anstalt, el principal banco de Austria, se produjo una fuga de capitales en Alemania, Gran Bretaña y en los Estados Unidos, quien decidió terminar con el patrón oro. Los países buscaron una salida individual a la crisis al desaparecer la cooperación financiera. Esto produjo un deterioro de los términos de intercambio y significó el descenso de los precios de las materias primas respecto a los productos manufacturados. En un contexto de escasez de crédito, el resultado para los países periféricos fue la pérdida de reservas y la depreciación del tipo de cambio.
Lea también: Análisis de los beneficios para Grandes Contribuyentes
Alemania logró una moratoria en el pago de las reparaciones de la deuda pero igual decidió aumentar las tasas de interés. Esto provocó una profundización en la caída de la actividad económica y un incremento de la desocupación. La alta desocupación creó un clima de conflictividad social y política que allanó el camino a la llegada de Hitler al poder. Gran Bretaña, por su parte, abandonó el sistema monetario tradicional dejando flotar la libra, esto produjo su depreciación. Esto fue la demostración del liderazgo británico y permitió que la economía británica se recuperara de forma razonable librada de las condiciones impuestas por una moneda sobrevaluada y altas tasas de interés.
Los países periféricos adoptaron dos tipos de políticas: las pasivas y las activas. La pasividad fue el mantenimiento de la ortodoxia monetaria y cambiaría con respecto a los países centrales, y fue realizado por países pequeños con alta dependencia del mercado como Haití, Honduras y Panamá. Las políticas activas fueron modificar el tipo de cambio, controlar las importaciones, intervencionismo estatal e industrialización por sustitución de importación.
Regímenes de Respuesta Política en Estados Unidos
En Estados Unidos, la situación empezó a mejorar con la llegada al poder de Franklin D. Roosevelt en 1933 y su programa del New Deal. La elección de Franklin D. Roosevelt como presidente y el establecimiento de sus nuevas políticas económicas que él llamó, el New Deal (el Nuevo Trato o el Nuevo Acuerdo) en 1932, marcó el inicio del final de la Gran Depresión en los Estados Unidos. Este plan incluía obras públicas, ayudas a los desempleados y reformas para evitar que una crisis así volviera a repetirse. Aun así, la recuperación fue lenta y no completa hasta la Segunda Guerra Mundial.
En contraste con las políticas de Roosevelt, en los cuatro años previos, las políticas del republicano Herbert Hoover no hicieron más que agravar la crisis, disparándose el desempleo del 8% de la población activa en 1930 al 15% en 1931. El plan salvador de la aguda crisis de la economía americana llegó con Roosevelt, que, según algunas interpretaciones, empeoró las cosas todavía más merced a sus ansias planificadoras: controles de precios, salarios mínimos, altas regulaciones sobre horas y condiciones de trabajo, reducción de la oferta agrícola (destruyéndose cosechas y ganado para mantener los precios de los agricultores), aumento de varios impuestos y expansión notable del gasto público, en forma de grandes obras públicas. Posteriormente, la Ley Wagner, de 1937 a 1941, supuso un nuevo revés para la recuperación económica, imponiendo nuevos controles e impuestos, mayores salarios mínimos y reforzando el poder de los sindicatos, quienes no dudaron en usarlo mediante amenazas, boicots, y huelgas.
El Impacto y las Políticas en México
En el caso de México, la gran depresión aceleró la contracción que se venía dando desde 1926 a raíz de la caída del precio internacional de la plata y del petróleo, los dos principales productos de exportación de los que dependían en gran medida las finanzas públicas y la economía en general. El periodo crítico fue el primer semestre de 1932. En el sector industrial, la gran depresión dejó en el desempleo a tres de cada cuatro trabajadores, y el problema se agudizó debido a la repatriación de 310 000 mexicanos desde Estados Unidos entre 1929 y 1933 (Cárdenas, 1974, como se citó en Carreras, 1987). Resulta interesante constatar que los problemas económicos de México en el periodo de 1925, hasta por lo menos 1930 no se relacionan de forma directa con la gran depresión de 1929. En su mayor parte la responsabilidad de la precaria situación económica del país se atribuye a las consecuencias aún recientes de la Revolución, reflejadas en la falta de instituciones que otorguen certidumbre a las inversiones necesarias para la reactivación de la economía en sus distintos sectores.
Hasta antes de la gran depresión, el pensamiento económico imperante fue el clásico-neoclásico. En el periodo de entreguerras la ideología económica mexicana se alimentó de dos aspectos: por un lado, el nacionalismo en boga tras la revolución, el cual proponía la nacionalización -que empata con el antecedente al modelo isi- y la expulsión de los intereses extranjeros en México, mediante una mayor intervención del Estado en la economía y, por otro lado, la idea de minimizar la dependencia hacia el exterior a fin de evitar los ciclos económicos mundiales (Rodríguez y Ávila, 2002). Aunado a la falta del establecimiento de derechos de propiedad que dieran certidumbre a las inversiones, la política monetaria, en especial la restrictiva, muy en boga en aquel entonces debido a la adhesión de la mayoría de los países al sistema internacional del patrón oro, no permitía una mayor participación de la oferta crediticia en el desarrollo de la economía.
Perspectivas Teóricas y Lecciones Aprendidas
A lo largo de los años, se han elaborado diversos estudios desde distintas ópticas de la teoría e historia económica, con el objetivo de brindar un mejor entendimiento de lo sucedido. Para Schumpeter (1978), su singular gravedad obedeció a la convergencia de tres tipos de ciclos económicos: Kitchin, Juglar y Kondratieff; mientras que para Friedman (1963), la gravedad se debió a la mala política monetaria de la reserva federal, desfasada con los acontecimientos económicos reales. Desgraciadamente, y a pesar de varios monográficos sobre el tema, todavía hoy se considera a la Gran Depresión americana como un "fracaso del mercado" o una consecuencia inevitable del capitalismo de corte laissez-faire. Muy al contrario de la "versión oficial", pensadores austriacos han ofrecido una interpretación muy diferente de lo ocurrido, desplazando el presunto "fracaso del mercado" al fracaso de la intervención económica en varias de sus formas. El estudio de la Gran Depresión es uno de esos casos que resaltan la importancia del conocimiento de la historia para evitar, o al menos alertar sobre errores futuros.
Mises, Hayek y la Crítica a la Teoría Clásica
Se podrían extraer varias lecciones de la Gran Depresión. En primer lugar, Mises y Hayek demostraron contar con una teoría económica con un poder predictivo mucho mayor que el de otros economistas más prestigiosos que ellos, como Keynes o Fisher. Esto fue debido en parte porque estos últimos centraban su atención de análisis en el índice de precios, es decir, un agregado macroeconómico, mientras que los primeros examinaban las variaciones de los precios relativos de los distintos bienes (siguiendo la taxonomía mengeriana de bienes más alejados o cercanos al consumo). De hecho, durante la década de los 20 el índice general de precios apenas se modificó, con lo que para Keynes y Fisher todo estaba en orden, tanto que este último predijo unas semanas antes del crash bursátil que la bolsa seguiría subiendo. Keynes (1943) lo expresaría de la siguiente manera años más tarde: "Sostendré que los postulados de la teoría clásica sólo son aplicables a un caso especial y no en general […] las características del caso especial supuesto por la teoría clásica no son las de la sociedad económica en que hoy vivimos, razón por la que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales."
Paralelismos con la Crisis Financiera Mundial de 2008
Entender la Gran Depresión nos ayuda a ver cómo una crisis económica puede convertirse en un problema social y político de primer orden. Ahora bien, igual a como ocurrió en el Sábado Negro, en ocasiones tiene lugar una gran catástrofe económica. La crisis financiera mundial de 2008 tomó a los hogares, empresas y gobiernos de todo el mundo por sorpresa. Para economistas e historiadores, los eventos de 2008 mostraban un parecido aterrador con lo que había sucedido al principio de la Gran Depresión de 1929. Mientras la crisis financiera seguía su curso en el verano y otoño de 2008, los economistas en gobiernos, bancos centrales y universidades diagnosticaron que se estaba produciendo una crisis de demanda agregada y una quiebra bancaria. Así pues, decidieron aplicar las lecciones que habían aprendido de la Gran Depresión en EE.UU.: reducir los tipos de interés, proporcionar liquidez a la banca y entrar en déficit fiscal. Una comparación directa entre los diez primeros meses de la Gran Depresión y la crisis financiera de 2008 muestra cómo el derrumbe de la producción industrial en la economía mundial fue similar (compare enero de 1930 y enero de 2009 en la figura 17.1a).
