Karoshi es una palabra japonesa con la que no quisieras cruzarte. En español significa muerte por exceso de trabajo, y aunque parezca una leyenda urbana, es un fenómeno social reconocido en Japón desde 1987, cuando el Ministerio de Salud empezó a recopilar estadísticas. Esta palabra de origen japonés se compone por tres kanjis: Ka, que significa exceso, rô, que significa trabajo, y shi, que refiere a muerte; es traducida al español como «muerte por exceso de trabajo», y se usa comúnmente para retratar una realidad laboral en Japón que ha sido reconocida por su Ministerio de Salud desde 1987. Es tal la problemática que el Ministerio de Salud de Japón reconoció legalmente la existencia del karoshi en 1987 catalogándolo como un problema social grave. El suicidio de una empleada de 24 años que no podía soportar sus largas jornadas laborales, ha reabierto en Japón el debate en torno al "karoshi" o muerte por exceso de trabajo. Una lacra que el país no consigue dejar atrás. El karoshi pone de manifiesto un fenómeno contemporáneo interesante: hoy en día, el riesgo de muerte ya no implica sólo al obrero que trabaja en condiciones de inseguridad extrema, sino que toca también al oficinista de traje que día con día se sienta tras su escritorio.
Historia y Origen del Karoshi en Japón
La súbita detonación en los índices de karoshi tiene su origen en la historia de la producción japonesa. "Tradicionalmente en Japón el trabajo no se ha entendido como una carga si no como una virtud." "Después de la Segunda Guerra Mundial los japoneses eran los que tenían las jornadas de trabajo más largas del mundo." "Eran unos adictos al trabajo de marca mayor", comenta Cary Cooper, un experto en manejo del estrés, de la Universidad de Lancaster, Reino Unido. En los años de la posguerra el trabajo ofreció a los hombres una nueva motivación. Las generaciones posteriores a este conflicto encontraron en el trabajo una motivación, no sólo financiera sino también psicológica, para sobrellevar el dolor de las pérdidas en el campo de batalla. Por ello se implementaron las jornadas de trabajo más largas del mundo, una táctica que fue aceptada de buena gana por los empresarios, quienes al encontrarse en buena posición económica comenzaron a financiar sindicatos, hogares para los trabajadores, así como su transporte, grupos culturales y deportivos, clínicas y guarderías. En poco tiempo la vida comenzó a girar en torno al trabajo.
Décadas más tarde, a mediados de los 80, hubo giro oscuro. Las distorsiones de la economía japonesa impulsaron un rápido e insostenible aumento del precio de las acciones y de las propiedades. En los años 80 se formó lo que se conoce como «La Burbuja económica». Este fenómeno significó un aumento en los precios de las acciones y las propiedades; se disparó el crecimiento económico y los sueldos de los habitantes llegaron al límite. En el punto más alto de esta burbuja, cerca de siete millones de personas (alrededor del 5% de la población total del país) mantenía una agobiante carga de 60 horas semanales de trabajo, mientras que en países como Estados Unidos, Alemania o Reino Unido los empleados tenían un horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Cuando la burbuja de la economía estalló a principios de la década de los 90, la cultura del trabajo en exceso empeoró todavía más. En los años siguientes, conocidos como la "década perdida", el karoshi alcanzó proporciones de epidemia. La cifra de muertes en niveles gerenciales alcanzó picos de los que Japón no se ha recuperado. Finalmente, la burbuja estalló a principios de los años 90, provocando que la rutina laboral se intensificara, impulsada por una creciente desesperación generalizada en la población.
Casos Emblemáticos de Karoshi
El fenómeno del karoshi ha cobrado víctimas que conmocionaron a la sociedad japonesa:
- Así pues, el primer caso conocido de karoshi fue reportado en 1969, cuando un empleado de una gran compañía de periódicos falleció de un ataque al corazón con tan sólo 29 años después de pasar semanas trabajando sin parar y sin apenas dormir.
- En octubre de 2016 Japón reaccionó a una triste noticia relacionada con el karoshi y el karojisatsu: se aceptaba como muerte por exceso de trabajo el suicidio en diciembre de 2015 de Matsuri Takahashi, una joven empleada de 24 años que había sido contratada por la agencia de publicidad Dentsu tan sólo unos meses antes, en abril de 2015. La joven Matsuri Hatakashi puso fin a su vida saltando por el balcón de un edificio de Dentsu, enorme empresa publicitaria para la que trabajaba. Una inspección de trabajo certificó que llegó a trabajar 105 horas extras el mes anterior a su muerte. Las autoridades establecieron que se trataba de un caso claro de "karoshi". Se investiga si la empresa, que supuestamente limita las horas extras a un máximo de 50 horas, no sólo permite sino exige que los empleados hagan más horas extra de las permitidas, algo que según parece es la norma. Días más tarde se estableció que la muerte en 2013 de otro trabajador de 30 años de la misma compañía se debió también al exceso de trabajo.
- Otro caso reciente que ha causado conmoción es el de la periodista Miwa Sado, de 31 años, empleada de la radio japonesa NHK. Murió por una insuficiencia cardiaca congestiva en 2013 después de realizar más de 159 horas extras en un mes.
- Kenji Hamada era un empleado de una compañía de seguridad en Tokio, casado con una joven esposa y exhibía una ética de trabajo impresionante. Su rutina semanal incluía una jornada de 15 horas diarias de trabajo y 4 extenuantes horas de traslados entre su casa y la oficina. Un día lo encontraron desplomado sobre su escritorio. La causa del fallecimiento fue un fulminante ataque cardíaco a la edad de 42 años.
Criterios de Certificación y Causas Médicas del Karoshi
Para que un juez pueda determinar la muerte de alguien como karoshi es necesario que el fallecido haya trabajado más de 100 horas extra en el mes anterior a su muerte, o más de 80 en dos meses consecutivos antes de su defunción. Los jueces japoneses también toman en cuenta la salud del individuo antes de sufrir su terminante paro cardiaco o suicidio. El karoshi afecta sobre todo a hombres entre los 30 y los 40 años en puestos de dirección. Sin embargo, puede ocurrir en personas trabajadores jóvenes y saludables.
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A pesar de los diversos estudios realizados por los centros de investigación médica, no se ha podido comprobar la relación directa entre las muertes y el estrés o la falta de sueño. No obstante, la falta de sueño puede contribuir en el largo plazo a incrementar el riesgo de enfermedades del corazón, desórdenes del sistema inmunológico, diabetes y ciertas formas de cáncer. No hay evidencia de que el estrés pueda causar un ataque cardíaco, o incluso una enfermedad del corazón directamente. En suma, no se encontró correlación entre el estrés, la infelicidad y el riesgo de morir de manera directa. Aunque parezca mentira, la causa principal puede estar en el tiempo que se pasa en la oficina.
Según informes de la OMS, trabajar 55 horas o más a la semana supone un grave peligro para la salud del individuo. Al analizar los hábitos y la salud de más de 600.000 personas, un grupo de investigadores encontró que aquellos que trabajaron 55 horas a la semana tenían un tercio más de probabilidad de sufrir un infarto que aquellos que trabajaron menos de 40 horas. El reporte concluye que trabajar 55 horas o más a la semana se asoció con un 35 % más de riesgo de accidente cerebrovascular y un 17 % más de riesgo de morir por una enfermedad cardíaca. Los autores especularon que el problema podría ser simplemente estar sentado por largos periodos frente al escritorio.
La Cultura Laboral Japonesa y los Desafíos Actuales
La vida del trabajador asalariado o sarariiman en Japón es estresante: largas jornadas laborales, pocos días de vacaciones, presiones por la jerarquía de la sociedad vertical. En la tercera economía mundial se consume de media solo el 40 por ciento de las vacaciones pagadas y cuando un trabajador toma días libres, es costumbre pedir disculpas a sus compañeros. Al mismo tiempo, el sistema de horas extras de Japón es de los más baratos del mundo -un 25 por ciento sobre la jornada normal- por lo que se tiende a abusar de ellas en vez de contratar nuevos empleados. "Pero por desgracia es una práctica que se puede considerar demasiado habitual en las empresas japonesas", explica Syozo Yamada, profesor de derecho laboral del la Universidad de Chuo de Tokio.
Japón cuenta con una serie de condiciones de posibilidad que facilitan la explotación laboral de los ciudadanos. El punto culmen de lo anterior yace en la figura de las black companies, las compañías negras. Estas empresas nutren su bolsillo y funcionamiento a través de la vulnerabilidad de sus empleados: estos, constantemente temerosos de ser reemplazados y perder su fuente de ingreso, se someten a un número descomunal de horas extra que no les pagan. Por si esto fuese poco, los empleados son instados a falsificar sus fechas de trabajo para evitarle problemas a las empresas.
"Ahora se trata de hacer ver que llegar temprano y eres de los últimos en irte, aunque este comportamiento sea improductivo", explica Cooper. En Japón muchos empleados jóvenes se sienten incómodos si se van de la oficina antes que sus jefes. Algunas empresas han comenzado a limitar o a prohibir totalmente el número de horas extras, además de intentar ofrecer soluciones para un mejor equilibrio de la vida personal y profesional, aunque en muchos casos todo queda en una simple acción que pocos siguen, porque lo cierto es que todavía está mal visto salir pronto del trabajo mientras el resto se queda. Por eso, Japón aprobó en 1948 varios días festivos que dieron lugar a la llamada Golden Week. De ahí que haya surgido la figura del freeter (フリーター), jóvenes que se niegan a entrar en este círculo vicioso del sarariiman y viven encadenando trabajos temporales, quizás sin tantos beneficios extra como los de un sarariiman, pero con muchísima más libertad y tiempo personal.
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Medidas Gubernamentales y el Panorama en Japón
El Gobierno, ante la gravedad de la situación, aprobó el año pasado una ley para frenar la epidemia del exceso de trabajo, que apunta sobre todo a la necesidad de limitar las horas extras legales. Por esto, hoy en día Japón ha modificado sus políticas laborales con el fin de salvaguardar a sus trabajadores. En 2014, promulgó una ley para luchar contra el karoshi y, al año siguiente, hizo de noviembre el mes para concienciar a la gente sobre el asunto. Grandes empresas como Toyota han reducido su número de horas de trabajo por empleado, y otras como Nissan permiten que sus funcionarios trabajen desde casa. Se busca, pues, que los habitantes de Japón no sigan muriendo a causa un excesivo requerimiento laboral.
Promover días libres, días de vacaciones, actividades deportivas y al aire libre, una alimentación sana y equilibrada, horarios de salida controlados nunca más tarde de las 21:00h, y otras medidas, son los primeros pasos que están poniendo a prueba los responsables. El Gobierno japonés ha emitido comunicados y adoptado medidas para combatir el karoshi. Sin embargo, el asunto parece aún lejos de resolverse por completo. Es evidente que todavía queda mucho camino por recorrer, tanto legalmente como mentalmente.
Oficialmente, el gobierno japonés ha reportado alrededor de 200 reclamaciones por “lesiones de trabajo” por karoshi al año, aunque algunos activistas dicen que esta cifra se queda corta y calculan hasta 10,000 muertes anuales por karoshi. De acuerdo con el Consejo Nacional en Defensa de las Víctimas de Karoshi, la verdadera cifra puede llegar a las 10.000 víctimas anuales, más o menos el número de personas que mueren cada año en accidentes de tránsito. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo, un 20% de los japoneses dedican más de 12 horas diarias a su trabajo, dejando de lado su vida personal y el fenómeno karoshi supone unas 10.000 muertes al año, una cifra poco clara, puesto que hay algunos casos que ni siquiera se reportan y es que muchas veces las familias callan por vergüenza o las empresas se hacen las despistadas para evitar responsabilidades. Está tan extendido que si un juez determina que alguien murió por karoshi, su familia recibe una compensación de unos US$20.000 por parte del gobierno y pagos de hasta US$1,6 millones por parte de la compañía.
El Karoshi: Un Problema de Salud Global
Más de treinta años después de su reconocimiento en Japón, hoy nos encontramos con una dura realidad: el fenómeno del karoshi ya es mundial. Como podía esperarse, el karoshi ya no es un drama exclusivamente japonés. En China mueren al día unas 1.600 personas por guolaosi, que es como se conoce a la muerte por exceso de trabajo en ese país. "India, Corea del Sur, Taiwán y China -las nuevas generaciones de economías emergentes- están siguiendo los pasos que dio Japón en la posguerra hacia trabajar largas jornadas", advierte Richard Wokutch, profesor de gerencia en la Universidad Tecnológica de Virginia.
El problema es que los japoneses ya no son los campeones de las horas extra. En 2015 el trabajador promedio japonés trabajó menos horas que el estadounidense. El ranking mundial lo encabeza México. Tras un estudio realizado en 2015 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se concluye que en los países más prósperos su jornada laboral tiene en promedio menos horas que el resto de los países. Entre los 38 países analizados, México encabeza la lista como el país en el que más horas se trabaja, con 2,246 horas en promedio al año, seguido por Costa Rica con 2,230 horas. A ello debe sumarse que el 46% de los empleados de nuestro país goza un máximo de seis días anuales de vacaciones.
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Según un artículo publicado por La Jornada, un 40% de los trabajadores mexicanos padece el Síndrome de Burnout, también conocido como síndrome del quemado. Se trata de un mal producido por someterse a largas horas y temporadas de trabajo, malas condiciones laborales, pocas vacaciones, mucha presión, horarios inflexibles y largos traslados de la casa a la oficina.
El reporte de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo advirtió que las largas jornadas laborales aumentan las muertes por enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Se trata del primer estudio global que analiza las muertes y enfermedades asociadas con el trabajo excesivo y prolongado. El informe de la OMS y la OIT también concluye que trabajar 55 horas o más a la semana se asoció con un 35 % más de riesgo de accidente cerebrovascular y un 17 % más de riesgo de morir por una enfermedad cardíaca. Si bien estas cifras ya son preocupantes, la OMS advierte que la pandemia está acelerando la tendencia hacia un aumento de las horas de trabajo. "La pandemia de COVID-19 ha cambiado significativamente la forma en que muchas personas trabajan", dijo el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.
La incertidumbre financiera, como vivir en una economía frágil, son factores que pueden llevar a los trabajadores a aceptar situaciones peligrosas. Estudios e investigaciones recientes han mostrado que la generación millennial es particularmente vulnerable a la situación económica actual en el mundo. El karoshi pone de manifiesto un fenómeno contemporáneo interesante. ¿Estamos frente a una forma inédita de explotación?
