Francisca Pizarro Yupanqui (1534, Jauja - 1598, Trujillo) es fruto de la unión entre Francisco Pizarro y la ñusta o princesa incaica Quispe Sisa. Como nieta del emperador inca Huayna Cápac y sobrina de los emperadores Huáscar, Atahualpa y Manco Inca, Francisca era la heredera llamada a convertirse en la primera representante del mundo mestizo. Su vida es un recorrido a los primeros años del Perú, a la Europa envejecida, a un mundo que de repente se volvió más grande pero también más pequeño.
Una infancia marcada por la tragedia y la supervivencia
La vida de Francisca estuvo plagada de giros siniestros, traiciones y pérdidas. Rehén casi siempre de intereses políticos superiores, con solo siete años, Francisca Pizarro Yupanqui, la primera mestiza noble del Perú, debe hacerse invisible e iniciar una huida sin tregua para salvar su vida y la de su hermano, tras el brutal asesinato de su padre. Es entonces cuando aprende a luchar en un mundo de hombres y a zafarse de la violencia de un poder despiadado que se resiste a ser perdido.
El 26 de junio de 1541, un grupo de españoles asesinó al conquistador extremeño como revancha. Inés Muñoz, que también perdió a su esposo en el ataque, escondió a la segunda esposa de Pizarro y a sus hijos, incluida Francisca, en la casa de amigos del patriarca. Sabedora de que no habría paz para los Pizarro, Inés Muñoz escondió a Francisca y a su hermano en un convento. Tras la muerte de su hermano pequeño por enfermedad en Lima, la niña, de solo nueve años, se encontró aislada y lejos de todos sus familiares directos.
El contexto de la Gran Rebelión
Señala Martín Rubio que, aunque pobre de afecto, la Princesa Francisca era enormemente rica gracias a la herencia de su padre, con encomiendas en Huaylas, Chimú y Conchucos y los cacicazgos de Lima y Chiquitanta. En este contexto de persecución a los grandes terratenientes, el hermano menor de Pizarro, Gonzalo, abandonó su retiro en Charcas para encabezar la Gran Rebelión de Encomenderos en 1544 contra la Corona española. Gonzalo Pizarro insistió en su rebelión y planteó abiertamente la posibilidad de instaurar una dinastía real valiéndose de la sangre inca y española de su sobrina, organizando el matrimonio con su sobrina de 12 años.
Prevenido por sus espías, Carlos V se adelantó a los planes de Gonzalo y torpedeó sus intentos de que el Papa Paulo III diera autorización a aquel matrimonio consanguíneo. El 9 de abril de 1548, en la batalla de Jaquijahuana, Gonzalo fue capturado y al día siguiente asesinado. Con 15 años, Francisca sintió una profunda pena con la muerte de su tío, al que «amé y quise mucho», pero logró salvar parte de su patrimonio de la nueva ráfaga de confiscamientos.
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La vida en España y el legado de los Pizarro
La Gasca ordenó que la Princesa mestiza viajara a España para evitar que otros se valiesen de su sangre para legitimar futuras rebeliones. En Extremadura se sintió otra vez en casa rodeada de familiares. Hernando Pizarro, que había sido encarcelado por el Emperador, reclamó a su sobrina que le visitara y pudieran defender juntos el patrimonio confiscado de la familia. De aquel amor palpitante derivó, en 1552, que tío y sobrina contrajeran matrimonio después de haber recibido dispensa papal.
La diferencia de edad de 28 años no fue impedimento para un matrimonio considerado feliz, unido en el deseo de que la familia recuperara las tierras confiscadas. A su muerte, en 1578, una gran herencia permitió a Francisca y a sus hijos vivir con esplendor en Trujillo. A sus 46 años, la Princesa mestiza aún sorprendió a todos con un inesperado golpe de efecto al contraer matrimonio con Pedro Arias Dávila Portocarretero y dar el salto a la Corte madrileña.
| Evento | Año |
|---|---|
| Nacimiento en Jauja | 1534 |
| Asesinato de Francisco Pizarro | 1541 |
| Matrimonio con Hernando Pizarro | 1552 |
| Fallecimiento en Trujillo | 1598 |
Años más tarde, en el Madrid de la corte del rey Felipe II, Francisca, convertida en una de las mujeres más poderosas y ricas del momento, demostrará nuevamente su personalidad imbatible, desafiando convenciones y pasando a formar parte de la corte al más alto nivel. Francisca Pizarro murió en Trujillo en 1598, a la edad de 63 años.
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