Los actos o conductas humanas constituyen el presupuesto básico sobre el cual se construye la ciencia ética. El hombre es un ser racional, consecuentemente, sus actos pueden ubicarse desde dos puntos de vista: el primero, en sus acciones como una especie viviente, determinada por su naturaleza física; el segundo punto de vista tiene que ver con los actos del hombre originados por su razón, a saber, inteligencia, voluntad y libertad. El acto moral como tal es estudiado por la filosofía, la sociología, la psicología y, naturalmente, la ética, entre otras ciencias, que se encargan de investigarlo, describirlo y catalogarlo.
Los actos humanos son, como su nombre lo indica, originados en la parte más típicamente humana del hombre, es decir, en sus facultades específicas, como son la inteligencia y la voluntad. Los actos del hombre sólo pertenecen al hombre, porque él los ha ejecutado, pero no son propiamente humanos, porque su origen no está en el hombre en cuanto hombre, sino en cuanto ente físico. Efectivamente, los actos humanos son los únicos que pueden juzgarse como buenos o malos desde el punto de vista moral. Los actos del hombre carecen de valor moral, son amorales, aun cuando pudieran ser buenos o malos bajo otro aspecto.
Elementos constitutivos de la moralidad
La moralidad de los actos humanos depende del objeto elegido, del fin que se busca o la intención, y de las circunstancias de la acción. El objeto, la intención y las circunstancias son las “fuentes” o elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos. El objeto moral es el fin próximo de una elección deliberada que determina el acto de querer de la persona que actúa. El valor moral de los actos humanos depende ante todo de la conformidad del objeto o del acto querido con el bien de la persona, según el juicio de la recta razón.
La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. La intención del sujeto que actúa es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. Una buena intención no hace ni bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado. Las circunstancias son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos, pero no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.
La libertad y la responsabilidad
El término libertad significa la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. La libertad es la conditio sine qua non de la ética; la obligación moral y la realización del acto moral presuponen la libertad. La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios. El ejercicio de la libertad comporta siempre una responsabilidad ante Dios: en todo acto libre de alguna manera aceptamos o rechazamos la voluntad de Dios.
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Tabla: Actitudes y hábitos en el desarrollo moral
| Actitudes/Hábitos Positivos (Virtudes) | Actitudes/Hábitos Negativos (Vicios) |
|---|---|
| Honradez | Envidia |
| Justicia | Pereza |
| Fortaleza de voluntad | Egoísmo |
| Generosidad | Soberbia |
| Constancia | Avaricia |
El ser humano está capacitado para elegir cuando actúa, pero no siempre es fácil acertar. Este conocimiento y aplicación de las exigencias de la ley natural a las situaciones concretas de la vida, empezando por nuestro propio actuar personal, es a lo que se llama conciencia moral. El obrar es moralmente bueno cuando las elecciones de la libertad están conformes con el verdadero bien del hombre y expresan así la ordenación voluntaria de la persona hacia su fin último.
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