En el plano de la historia política de México, existe una famosa expresión popular que encapsula el desencanto social frente a las transiciones gubernamentales. "¡Que se vayan los pendejos y regresen los ladrones!", fue una leyenda que comenzó a aparecer pintada a brocha gorda en las principales vías de la capital del país durante el inicio de la campaña electoral de 2006. Esta frase expresaba el profundo descontento de muchos votantes ante la decepción social por el gobierno de Vicente Fox, quien para muchos perdió la gran oportunidad para enderezar el país luego de 70 años de regímenes priistas.
La fama pública y las marcas de los partidos
Este fenómeno social dejó una huella en la percepción ciudadana. Si bien es cierto que los priistas tenían fama de ladrones, los panistas la tenían de no saber gobernar. El dilema ético y de capacidades ha marcado las campañas. Por lo pronto, los virtuales gobernadores que hicieron campaña con la oferta de meter a prisión a quienes serán sus antecesores y hacer justicia al reclamo social, tendrán que contratar despachos de abogados integrados por verdaderos expertos, porque irán bajo auténticos delincuentes que no tienen un pelo de pendejos.
La impunidad y el marco de la ley en México
El problema del país no es solo de partidos, sino de un sistema estructural. He aquí el problema de México: debido a que entre norma y realidad media un abismo que hace más fácil y conveniente ser corrupto que ser honesto, la corrupción es rampante. En las sociedades donde violar la ley implica pagar un costo mayor al beneficio que obtiene al hacerlo, solo una minoría la transgrede. Por cierto, la impunidad no es un fenómeno distinto: es parte esencial de la corrupción.
A continuación se presenta un recuento del comportamiento histórico de los partidos y las percepciones de la opinión pública respecto a la gobernanza y la corrupción:
- El viejo PRI: Identificado históricamente con el saqueo sistemático de recursos, pero con una operación política experimentada.
- El PAN de la alternancia: Señalado por la falta de pericia técnica y lenidad para castigar las faltas internas, perdiendo su brújula ética a partir de 2005.
- La actual transformación: Críticas orientadas a que, a pesar de las promesas de honestidad, no supieron gobernar ni detuvieron el deterioro en áreas como la salud y la seguridad.
De la rectitud histórica a la crisis interna
El Partido Acción Nacional ejemplifica esta dolorosa evolución institucional. El PAN ha tenido 22 presidentes. De 1939 a 2005, sus dirigentes nacionales contaban con una cualidad muy especial: nadie, repito nadie, dudaba de su honestidad y rectitud. La integridad de estos presidentes nacionales fue intachable, comenzando por el ideólogo principal, Manuel Gómez Morín. Sin embargo, luego de 2005 las cosas cambiaron y la vida interna del partido entró en una caída continua hasta nuestros días. Las historias que corren por los pasillos reconocen un proceso corruptivo de varios de sus más altos dirigentes.
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Ante las exigencias de pruebas, la respuesta histórica se asemeja a las viejas defensas priistas. Cuando el poderoso usa sus recursos y los laberintos legales para que sus fechorías queden impunes, la sociedad civil queda indefensa. En México, los mecanismos supletorios para castigar a quienes al amparo del poder o del dinero se salen con la suya son inexistentes o limitados, y buena parte de la ciudadanía aún admira al transa que avanza.
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