La palabra consolación proviene del latín consolatio y significa "acción y efecto de calmar completamente". Desde una perspectiva bíblica, el término proviene del griego “paraklesis” (παρακλήσις), que se refiere al consuelo y la exhortación ofrecida en momentos de necesidad con el propósito de fortalecer. Sorprendentemente, este término se usa para describir la obra del Espíritu Santo como “El Consolador”, definido como “uno que es llamado al lado de otro para brindarle ayuda”.
La consolación como experiencia espiritual
La consolación espiritual es una experiencia de alegría interior que permite ver la presencia de Dios en todas las cosas; esta refuerza la fe, la esperanza y la capacidad de hacer el bien. La persona que vive la consolación no se rinde frente a las dificultades, porque experimenta una paz más fuerte que la prueba. Se trata, por tanto, de un gran don para la vida espiritual y para la vida en su conjunto.
La consolación es un movimiento íntimo que toca lo profundo de nosotros mismos. No es llamativa, sino suave y delicada, como una gota de agua en una esponja. La persona se siente envuelta en la presencia de Dios, siempre de una forma respetuosa con la propia libertad. Ser consolado es estar en paz con Dios, sentir que todo está arreglado en paz; es una paz genuina que hace brotar los buenos sentimientos en nosotros.
Diferencias entre consolación y desolación
Cuando pasamos por tiempos de crisis, hay dos actitudes que podemos tener. Mientras que la resignación es la aceptación y conformidad de la situación en que te encuentras, la consolación es encontrar el alivio necesario para ser libres en el interior. La consolación nos impulsa a ir adelante y a hacer las cosas que, en tiempo de desolación, no seríamos capaces de realizar; nos impulsa a dar el primer paso.
| Aspecto | Consolación Espiritual | Falsa Consolación |
|---|---|---|
| Naturaleza | Suave, íntima y de Dios. | Ruidosa, llamativa y efímera. |
| Resultado | Fortalece la fe y el servicio. | Deja vacío y lejos del centro. |
| Orientación | Hacia Dios y el prójimo. | Hacia el interés propio. |
Nuestra fuente y propósito de consolación
En 2 Corintios 1:3 se nos revela la fuente de nuestro auxilio: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. Este versículo nos enseña tres verdades fundamentales:
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- Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: Revela su identidad como creador y libertador.
- Padre de misericordias: Revela su amor, cuyas misericordias son nuevas cada mañana.
- Dios de toda consolación: Revela su grandeza, pues Él es la fuente para recibir toda clase de consuelo en cualquier aflicción.
Los propósitos de esta consolación son claros: recibir consuelo de Dios para poder consolar a otros que atraviesan cualquier tribulación. Cuando consolamos a los demás, estamos actuando en el mover del Espíritu Santo. Es necesario señalar la importancia de la familia de Dios, la iglesia; nos hizo ser compañeros en las tribulaciones y en la consolación. No estamos solas: Jesús prometió estar con nosotras todos los días de nuestra vida, y nos ha dejado al Consolador morando en nuestros corazones.
La importancia del discernimiento
Es preciso hacer discernimiento, también cuando uno se siente consolado, para distinguir la consolación que es de Dios de las falsas consolaciones. Si la consolación auténtica es como una gota en una esponja, sus imitaciones son puro entusiasmo, sin consistencia, y llevan a plegarse sobre uno mismo. Como diría san Bernardo, se deben buscar las consolaciones de Dios y no buscar al Dios de las consolaciones, pues corremos el riesgo de vivir la relación con Dios de forma infantil, reduciéndolo a un objeto para nuestro uso y consumo.
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