En muchas ocasiones, cuando pienso en el tema de este artículo: la solución de problemas, vienen a mi mente diversos ejemplos y modos de ilustrar estas situaciones. Sin embargo, la historia sobre el “nudo gordiano” me resulta especialmente apropiada. El rey Gordio, en homenaje a Zeus, ató a su templo la lanza y el yugo del carro con el que entró por primera vez en la ciudad. Cuando Alejandro Magno se apoderó de Frigia -y aquí llega la parte más interesante de la historia- conocedor de la leyenda popular, se enfrentó al nudo gordiano. ¿Y qué hizo? Pues se acercó al nudo, lo miró con serenidad… sacó su espada, y le asestó un tajo que cortó el nudo: ¡problema resuelto! Pero, ¿es adecuado dar una solución simple a un problema complejo? Indudablemente hay problemas complejos que no tienen una solución simple, pero creo que la moraleja de esta historia es que un mismo problema tiene muchas soluciones, y a veces, la solución más sencilla está delante de nuestras narices. Alejandro Magno resolvió de un modo muy directo el llamado «nudo gordiano». Ahora esta expresión alude a un problema de difícil solución.
El punto de partida es aceptar que los problemas forman parte de la vida, son un componente natural de las dinámicas cotidianas y constituyen desafíos y motores de cambio y crecimiento. Si los problemas son inherentes a la vida, la pregunta es: ¿qué vas a hacer con los problemas?
¿Qué Significa No Asimilar los Problemas? La Negación y Evitación
Negar los problemas es una conducta común que actúa como un mecanismo de defensa ante situaciones que percibimos como amenazantes o dolorosas. Este mecanismo puede definirse como la falta de reconocimiento consciente de una realidad incómoda o perturbadora. Las personas pueden negar problemas en diversas áreas de su vida. Por ejemplo, en términos de salud, es común que alguien ignore síntomas preocupantes o evite hacerse chequeos médicos por temor a un diagnóstico adverso. En el ámbito financiero, muchos evitan revisar sus deudas o gastos descontrolados, esperando que los problemas se resuelvan por sí solos.
De hecho, hay personas que “buscan los problemas”. También podemos hablar de personas que no se enfrentan a los problemas, que renuncian a sus metas ante las primeras dificultades. Que tienen un bajo nivel de tolerancia a la frustración, o a cometer errores, que les cuesta afrontar la adversidad y tienden definitivamente a la evitación. La psicología sostiene que evitar conflictos de manera constante puede ser más que un rasgo de personalidad: puede convertirse en un verdadero obstáculo emocional. Este comportamiento, que muchas veces se confunde con tranquilidad o pasividad, en realidad puede esconder un problema profundo con un significado complejo y, a veces, doloroso. Y no es tan raro como parece.
Razones detrás de la Evitación
No encarar los problemas, aunque parezca una forma de protegerse del sufrimiento, suele tener raíces más hondas. La psicología da explicación a este tipo de patologías para que podamos comprenderlas de mejor manera. Según la psicología, este patrón puede estar vinculado a baja autoestima, experiencias pasadas traumáticas o incluso al miedo al rechazo. Cuando una persona siente que no está preparada para enfrentar algo, muchas veces no es porque no tenga herramientas, sino porque cree que no las tiene. Esa necesidad de aparentar fortaleza puede terminar jugando en contra, ya que evita el aprendizaje que traen las situaciones difíciles.
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La impulsividad y la baja tolerancia a la frustración incrementa la probabilidad de poner en marcha respuestas o intentos de solución incompletos, de manera precipitada y sin haber sopesado las consecuencias de los actos. El miedo a cometer errores ante una situación problemática, puede llevarte a no decantarse por ninguna solución y postergar continuamente las decisiones en una búsqueda incesante de la mejor opción, “la solución perfecta”. La tendencia a la evitación favorece la preocupación, darle vueltas y postergar las decisiones o la puesta en marcha de soluciones concretas, incrementando la percepción de amenaza y malestar. En general podemos decir que no son los problemas los que nos definen, sino la forma en la que los afrontamos.
Consecuencias de No Asimilar los Problemas
Negar los problemas, aunque puede proporcionar un alivio temporal, tiende a exacerbarlos. Ignorar un problema no lo hace desaparecer; por el contrario, a menudo lo agrava, haciendo que las soluciones sean más difíciles y costosas a medida que el tiempo pasa.
Impacto en la Salud Mental y el Desarrollo Personal
- Aumento del estrés y la ansiedad: Negar los problemas puede tener profundas consecuencias psicológicas que afectan significativamente la salud mental. Los problemas no desaparecen por sí solos; al contrario, tienden a crecer y a complicarse, creando una carga constante en la mente de la persona. Este estrés prolongado puede manifestarse en síntomas físicos como dolores de cabeza, problemas digestivos y trastornos del sueño. Cuando una persona decide ignorar sus problemas en lugar de enfrentarlos, está evitando el malestar inmediato, pero esta evasión puede llevar a una acumulación de estrés y ansiedad a largo plazo.
- Trastornos psicológicos más graves: Más allá del estrés y la ansiedad, la negación puede contribuir al desarrollo de trastornos psicológicos más graves. La evasión de problemas puede ser un factor en la depresión, ya que la acumulación de problemas no abordados puede llevar a sentimientos de desesperanza e impotencia. A veces la vida nos somete a duras pruebas, pero cerrar los ojos ante lo que sucede no cambiará los hechos, al contrario, puede conducir a la aparición de trastornos psicológicos debido a la represión de los contenidos emocionales que siguen perturbándonos desde el inconsciente.
- Interferencia con el desarrollo personal: La negación puede interferir con el desarrollo personal y emocional. Al evitar enfrentar los problemas, las personas pierden la oportunidad de aprender y crecer a partir de sus experiencias. La capacidad de afrontar y resolver problemas es crucial para el bienestar emocional y el crecimiento personal. No afrontar los problemas afecta a la capacidad de aprender y crecer a través de las dificultades. Esto deriva en la falta de resiliencia en la persona.
Repercusiones en las Relaciones y la Sociedad
- Deterioro de las relaciones interpersonales: Negar los problemas no solo afecta a nivel individual, sino que también tiene repercusiones significativas en nuestras relaciones y en la sociedad en general. En el ámbito interpersonal, la negación de problemas puede erosionar la confianza y la comunicación entre las personas. Cuando uno o ambos miembros de una relación, ya sea familiar, amistosa o laboral, eligen ignorar los conflictos o problemas, se crea un ambiente de tensión y resentimiento. En las familias, la negación de problemas como las adicciones, los problemas de salud mental o las dificultades económicas puede generar un ciclo de disfunción y sufrimiento que afecta a todos sus miembros.
- Impacto social más amplio: A nivel comunitario y social, la negación de problemas puede tener efectos aún más amplios. Por ejemplo, la negación de problemas ambientales o de salud pública puede llevar a una falta de acción oportuna, exacerbando crisis que podrían haberse mitigado con una intervención temprana.
Consecuencias Económicas
- A nivel individual: Negar los problemas también puede tener graves consecuencias económicas tanto a nivel personal como empresarial. A nivel individual, la negación de problemas financieros, como el endeudamiento excesivo o la falta de ahorros, puede llevar a situaciones de crisis económica personal. Las personas que no enfrentan sus problemas financieros a menudo acumulan deudas sin un plan claro de cómo manejarlas, lo que puede resultar en una espiral de intereses crecientes y pagos atrasados.
- En el ámbito empresarial: En el ámbito empresarial, la negación de problemas puede ser catastrófica. Las empresas que ignoran señales de problemas financieros, como la disminución de ingresos o el aumento de costos, pueden encontrar dificultades insuperables. La falta de reconocimiento y acción temprana puede llevar a la pérdida de competitividad, disminución de la moral de los empleados y, finalmente, al cierre del negocio.
- Impacto macroeconómico: Además, a nivel macroeconómico, la negación de problemas como el cambio climático o las burbujas financieras puede tener efectos devastadores. Los gobiernos y las instituciones que no actúan ante las señales de advertencia pueden enfrentar crisis económicas de gran escala, como recesiones prolongadas o desastres naturales costosos.
Afrontar vs. Enfrentar: Una Diferencia Crucial
Existe una gran diferencia entre enfrentar y afrontar. El primer término se refiere a darle la cara al problema con lo primero que sentimos, mientras que el segundo habla de un estado de madurez para superar los líos. Sin saberlo escogemos enfrentar y, otras veces, afrontar las adversidades. A menudo tropezamos con problemas y situaciones negativas que sacan lo peor de nosotros. Debido a ellas reñimos, gritamos, nos rebelamos, actuamos sin pensar. En definitiva, perdemos el control.
Enfrentar los Problemas: Un Desgaste Emocional
Enfrentar los problemas aumenta el riesgo de perder el control, de dejarnos llevar por lo primero que sentimos, sin buscar la calma o una perspectiva diferente. Nuestras emociones toman el mando y nos dejamos llevar. Sin embargo, esta especie de liberalismo emocional suele ir acompañado de una consecuencia: arrepentimiento por lo que hemos hecho o dicho sin pensar. Sin darnos cuenta, nos encontramos en medio de riñas y disputas sin sentido que tan solo nos aportan un desgaste emocional muy grande, a veces, incluso físico. Enfrentar eso que se te viene encima como una amenaza o un enemigo, en vez de como un desafío, te vuelve intolerante, te bloquea, evita que pienses con claridad y en muchas ocasiones te deja dando vueltas alrededor del arrepentimiento. Enfrentar los problemas no te hace más fuerte: liberas una gran cantidad de energía sin dirigirla con inteligencia. Te dejas llevar por tus instintos más primarios sin control alguno, lo que te impide gestionar la situación de la forma más adecuada.
Afrontar las Dificultades: Una Oportunidad para Crecer
Cuando afrontas creces, te vuelves más fuerte, más maduro. Así, estás en condiciones de abordar toda dificultad con mayor eficacia. Cuando una adversidad se planta frente a ti sabes pararte a respirar para ver las cosas más claras y tomar la mejor decisión. Sabes que puedes tomarte tu tiempo, ¡no es indispensable reaccionar o dar una respuesta ya! Así, precipitar la respuesta, cuando la situación no lo demanda, puede ser el primer error, el primer motivo por el que después te tires de los pelos. Eres consciente de que, aunque a tu alrededor exista un verdadero caos, cuando estás tranquilo y relajado piensas de manera inteligente. Con este aliento, la solución a la situación está más cerca. Además, afrontar los problemas impide que hieras a los demás de forma innecesaria. Con esta opción ganarás en asertividad, sabrás solucionar las dificultades de manera eficaz y las tomarás como una oportunidad para crecer, madurar y aprender. Las adversidades siempre encierran una oportunidad: nos permiten aprender. No son una desgracia, no nos convierten en víctimas. Pensar así hará que las enfrentemos, no que las afrontemos.
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Estrategias Efectivas para Asimilar y Resolver Problemas
Enfrentar los problemas de manera efectiva es crucial para evitar las consecuencias negativas de la negación. La orientación positiva hacia el problema es la disposición a evaluar los problemas como resolubles. Es decir, conlleva una visión positiva y constructiva de los problemas, afrontarlos como desafíos, con expectativas positivas de poder resolverlos, con autoconfianza y percepción de autoeficacia.
El Proceso Racional de Resolución de Problemas
La psicóloga nos explica los 4 pasos en la resolución racional de los problemas:
- Definir y formular el problema: ¿Cuál es el problema? ¿Cuál es el estado actual del problema? ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Cuál es la meta u objetivo que quiero conseguir?
- Generar alternativas de solución: ¿Qué posibles soluciones hay? No descartes ninguna en este momento, por muy descabellada que parezca, puede servir posteriormente para generar nuevas ideas sumando distintas soluciones.
- Escoger una solución: ¿Cuál es la mejor solución, aunque no sea perfecta? ¿Qué aspectos soluciona? ¿Puedo ponerla en práctica? ¿Qué necesito? ¿Cuánto tiempo necesitaré?
- Puesta en práctica y verificación: ¿Cómo sabré que ha funcionado? Ponte indicadores concretos para evaluar los resultados.
En este proceso, necesitaremos tiempo, y a veces también colaboración. Una de las primeras y más importantes estrategias es la autorreflexión y la aceptación. Reconocer que existe un problema es el primer paso hacia su resolución.
Respuestas Típicas ante las Dificultades
Podríamos resumir en cinco, las respuestas más frecuentes ante una dificultad. Algunas son más útiles que otras:
- Depositar las esperanzas en un golpe de suerte: Ganar la lotería, recibir una herencia inesperada o una oferta de trabajo por sorpresa… Respuesta: Orientación positiva hacia los problemas. Estilo pasivo y centrado en emociones. Desadaptativo.
- Confiar en que el paso del tiempo contribuirá a la mejora de la situación: Centrarse sólo en lo bueno de la situación y pensar que las cosas cambiarán por sí solas. Respuesta: Orientación positiva hacia los problemas. Estilo pasivo y centrado en emociones. Desadaptativo.
- Centrarse en la situación y analizar cómo adaptarse: Cómo reducir gastos, ordenar prioridades, qué actividades podrían generar nuevos ingresos… Respuesta: Orientación positiva hacia el problema. Afrontamiento centrado en la tarea.
- Ver la situación como una oportunidad: Un impulso, para formarse en nuevas carreras profesionales, que les ofrezcan, a medio y largo plazo, mayor estabilidad y condiciones económicas. Respuesta: Orientación positiva hacia el problema. Estilo de afrontamiento centrado en tarea y combinación de dos estrategias de regulación emocional adaptativas (reevaluación positiva y solución de problemas).
- Evitar pensar en las circunstancias, resignarse a lo que venga: Respuesta: Orientación negativa hacia el problema. Estilo pasivo. Desadaptativo.
Cultivando Habilidades para el Afrontamiento
El 1921 Lewis Terman, profesor de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un estudio que desmonta la idea de que el coeficiente intelectual es sinónimo de éxito en la vida. Eligió de entre 250.000 alumnos y alumnas de primaria y secundaria, a los 1.470 de mayor CI (coeficiente intelectual). Y comprobó, tras varias décadas de seguimiento, que este grupo seleccionado no fue el que mayores éxitos alcanzó o el que mayores aportaciones hizo a la sociedad. Las habilidades de gestión emocional son muy relevantes en la consecución de logros. Los modos de regular las emociones son diversos y pueden ponerse en marcha en diferentes momentos y ante diferentes circunstancias. El desarrollo de habilidades de afrontamiento es esencial para manejar el estrés y la ansiedad asociados con los problemas. Técnicas como la meditación, el ejercicio regular y la práctica de la atención plena pueden ayudar a reducir el estrés y mejorar el bienestar emocional.
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Otras estrategias fundamentales incluyen:
- Buscar apoyo: Hablar sobre los problemas con amigos, familiares o profesionales puede ofrecer nuevas perspectivas y soluciones. La terapia, por ejemplo, puede proporcionar un espacio seguro para explorar problemas personales y desarrollar estrategias de afrontamiento. Puedes apoyarte en tus seres queridos para que te den ánimos o en referencias de personas que han llegado dónde quieres llegar tú y ver qué han hecho para conseguirlo.
- Establecer metas claras y alcanzables: Dividir un problema grande en tareas más pequeñas y manejables puede hacer que el proceso sea menos abrumador.
- Mantener una actitud positiva y resiliente: Aceptar que los problemas son una parte inevitable de la vida y verlos como oportunidades para el crecimiento personal puede transformar la manera en que se enfrentan los desafíos. Finalmente, es importante mantener una actitud positiva y resiliente.
- La asertividad: Es una de las cualidades que debemos cultivar desde pequeños. Aprender a afrontar conflictos es clave para el desarrollo emocional. Hablar con claridad, decir lo que necesitás y al mismo tiempo escuchar al otro, te ubica en una mejor posición para resolver los conflictos. Para ello, debes expresar los sentimientos y necesidades de una forma clara y directa.
- Gestionar las emociones: Poder identificar qué sentís y por qué, te va a permitir actuar desde un lugar más tranquilo y menos impulsivo. Si no lo hacés, el malestar no desaparece: se guarda, se acumula y, tarde o temprano, estalla en otro lado. La gestión emocional es una de las claves para aprender a resolver un conflicto. Aprovecha las emociones incómodas o displacenteras para identificar la emergencia de un problema.
- No ahogarse en las quejas: Lamentarte por lo que te ha ocurrido no cambiará la situación. Hasta cierto punto puede ser catártico, pero si te quedas atascado/a en las quejas te convertirás en una víctima de las circunstancias. Las quejas que no conducen a un plan de acción son una pérdida de energía, una energía que podrías usar de manera más inteligente para buscar soluciones alternativas.
- Aprender a dejar ir: No siempre podrás cambiar las situaciones ya que tu nivel de control sobre lo que sucede es limitado. En ese caso debes aprender a dejar ir todos esos pensamientos y sentimientos dañinos a los que te estás aferrando. El mindfulness te ayudará a encontrar la serenidad que necesitas aquí y ahora.
- Practicar la gratitud: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”, escribió Erich Fromm. En vez de centrarte en todo lo que te falta, recuerda todo lo que tienes. Llevar un diario de la gratitud es una excelente herramienta para que aprendas a fijarte en todas las cosas valiosas que probablemente estás dando por sentado. Un estudio realizado en la Universidad de California comprobó que realizar un diario de gratitud, es decir, una lista de cosas por las cuales sentirse agradecidos incrementa en un 25% nuestra felicidad y el nivel de satisfacción con la vida en apenas diez semanas.
- Cambiar tu narrativa: Eres tu historia. No se trata de la historia de los acontecimientos de tu vida sino de la narrativa que has construido a su alrededor y del papel que has asumido: héroe o víctima, competente o incompetente… En vez de colocarte etiquetas generalizadoras que te limiten, céntrate en la situación que te genera malestar. Piensa en lo que no te gusta y en lo que necesitarías cambiar para sentirte satisfecho/a.
Tipos de Afrontamiento ante los Problemas
En psicología, es habitual observar cómo ante una misma situación problemática, las personas reaccionan de formas muy diferentes. Esta diversidad de respuestas puede explicarse a través de los estilos de afrontamiento, entendidos como patrones relativamente estables de manejar el malestar, la incertidumbre y los desafíos.
- La persona que afronta: Este perfil se caracteriza por su disposición a mirar el problema de frente. Analiza lo que ocurre, busca comprender sus causas y consecuencias, y pone en marcha estrategias concretas para solucionarlo o reducir su impacto. Suele tener un buen nivel de autoconocimiento, tolerancia a la frustración y confianza en su capacidad para actuar.
- La persona que acepta: En este caso, el individuo reconoce que hay situaciones que no pueden cambiarse -por ejemplo, una pérdida, una ruptura afectiva o una enfermedad crónica- y opta por aceptar la realidad. Esto no significa resignación, sino atravesar un proceso de duelo emocional y adaptación. Esta persona no lucha contra lo inevitable, sino que aprende a convivir con el dolor, integrándolo en su experiencia vital.
- La persona que evita: Este tipo de persona tiende a actuar como si el problema no existiera. Busca distraerse o anestesiarse con trabajo excesivo, entretenimiento compulsivo, comida, alcohol u otras sustancias. Aunque a corto plazo puede experimentar alivio, la evitación impide la resolución real del conflicto y suele incrementar el malestar con el tiempo.
- La persona que se queja: Este perfil se centra en señalar culpables, quejarse constantemente y justificar su malestar sin asumir un papel activo en el cambio. Se mantiene en un rol pasivo o de víctima, lo que le impide avanzar y le lleva a perpetuar su sufrimiento.
Las habilidades de gestión emocional son muy relevantes en la consecución de logros. Para dejar de sentirte frustrado, tienes que aceptar tu frustración previamente. A veces hay que reconocer que no podemos conseguir todo lo que nos proponemos y esto es natural y normal. Podemos encontrarnos obstáculos ajenos a nosotros que no podamos cambiar, limitaciones personales, situaciones vitales que actúen como impedimento, etc. En general, las cosas no ocurren cuando y como queremos. Lo que sí podremos hacer siempre es buscar otras vías, otras formas o momentos para focalizar esos objetivos. Es la normalización del sentimiento de frustración. De nada nos puede servir tomar el papel de víctima, hundirte en los malos sentimientos que provoca la frustración y culpar a la injusticia del mundo. Dedica esfuerzo por invertir el discurso. Busca otros caminos para llegar dónde te habías propuesto. Busca soluciones a los problemas que hayas encontrado. Hazte las preguntas necesarias: ¿Por qué no lo conseguiste en el último intento? ¿Qué está en tu mano para cambiar la situación? Valora cada pequeño logro, pues es un paso más que forma parte del objetivo final. Este post nos tiene que servir para darnos cuenta de que no todo lo que pasa en la vida depende de nosotros. La frustración llega y hay que aprender a llevarla. No podemos controlar todo lo que ocurre, porque existen situaciones que se salen del alcance de nuestra mano.
