Las relaciones entre México y Cuba a lo largo de la historia son un tema de creciente interés para la reflexión histórica. En particular, el estudio de los diplomáticos que fortalecieron los lazos de solidaridad y reconocimiento de una nación en formación ha cobrado relevancia. En este contexto, el General Carlos García Vélez destaca como el primer ministro plenipotenciario de Cuba en México, representando a la recién inaugurada República cubana entre 1902 y 1906.
El Contexto Político de la Primera República Cubana
El período de la vida política cubana que se inicia en 1902 está marcado en la discusión historiográfica por el carácter que asumió el Estado o primera República. Para algunos, se trata de la primera República en forma, para otros se trata de una República mediatizada. Se asumiría entonces la existencia de un Estado que no es capaz de cumplir todas sus funciones en plenitud, aunque algunas de ellas si las realice con total autonomía. Precisamente el tema de las relaciones diplomáticas -teniendo siempre en cuenta la presencia de Estados Unidos y su forma jurídica de dominio: la Enmienda Platt- es en donde la primera República cubana ejerce de manera plena su capacidad de representación frente a otros estados.
El período que nos ocupa en este estudio sobre la relación entre México y Cuba es el que va de 1902 a 1906 y lo iniciaremos a través de la revisión del primer representante diplomático, exponiendo la importancia del personaje y la actitud que tomó durante su estancia en México. Esta forma de tratar la historia diplomática sigue la línea de los trabajos presentados en el libro Artífices y operadores de la Diplomacia Mexicana.
En este sentido es pertinente recordar las palabras de Margarita Espinosa cuando dice que para el gobierno de Porfirio Díaz "el asunto cubano pasó a un segundo plano en los intereses mexicanos, este hecho se entiende dada la situación prevaleciente, pero además se consideró prioritario centrar la atención en los asuntos ístmicos y contrarrestar en ese flanco la presencia norteamericana".
Las relaciones diplomáticas que se entablen en 1902 no estarán cargadas de la polémica ni la conflictividad social que provocaba tener núcleos de cubanos patriotas en nuestro territorio. Todo lo contrario, la relación toma cauces menos acalorados, hasta parecer por momentos casi inexistente. Volveremos a esta cuestión más adelante.
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El trabajo se ha dividido en dos apartados. En el primero de ellos presentamos datos relevantes de dicho personaje, algunos básicos pero sustanciales, así como una perspectiva de su actividad como hombre público; en el segundo apartado se revisarán algunos aspectos de su estancia en México, conforme a las fuentes disponibles en los archivos diplomáticos de ambos países. Debemos señalar al lector que la decisión de incluir aspectos de la biografía de este personaje responde a la necesidad de dar pasos hacia la comprensión de cómo la naciente República cubana conformó un equipo diplomático con base en los combatientes de la guerra que sacudió ese país años atrás.
En otras palabras, queremos mostrar algunos aspectos que tuvo el representante diplomático más allá de este cargo, que permiten inferir un perfil político y una muy particular capacidad de visión crítica de la realidad mexicana.
Carlos García Vélez: La Figura y el Símbolo
El primer diplomático que de forma oficial -enviado por el gobierno cubano encabezado por Tomás Estrada Palma- tuvo funciones en nuestro país fue Carlos García Vélez. Carlos García Vélez nace en Jiguaní en el año de 1873, cuyo padre es el reconocido patriota independentista Calixto García Íñiguez, quien fue una pieza clave para entender todo el proceso de independencia cubana, pues inició su participación en la gesta emancipadora junto a uno de los máximos líderes de la lucha que estalla en 1868: Donato Marmol. A la muerte de éste, Calixto García Íñiguez se convierte en el jefe militar de la provincia de Oriente. A partir de ahí su presencia será fundamental en la búsqueda por la independencia, como lo demuestra su participación en la llamada "Guerra Chiquita" (1879-1880), siendo el principal jefe militar.
Para Carlos García Vélez ser hijo de Calixto García Íñiguez no sólo será un dato biográfico más, será un acontecimiento que lo marcará para el resto de su vida, comenzando con su traslado a Madrid -muy probablemente ante el encarcelamiento de su padre en esa ciudad, luego de un intento fallido de suicidio- en donde desarrollará su actividad profesional. Es precisamente en esa ciudad española, donde, ante la falta de una carrera de odontología como la que existe el día de hoy, el futuro representante diplomático se graduó mediante exámenes de suficiencia como Cirujano Dentista en la Escuela de Medicina de San Carlos, instalando posteriormente su propio consultorio.
Dentro del campo de la estomatología cubana se le ha llegado a considerar uno de los dos grandes fundadores. Su prestigio en la profesión era lo bastante grande en aquella época. En un sucinto análisis de la estomatología cubana, se dice que:
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Los profesionales criollos del siglo XIX dejaron constancia de sus trabajos y afanes no sólo en Cuba, pues la labor desarrollada por ellos en este sentido fue también notoria en otras regiones. Por ello es justo mencionar además su participación destacada en publicaciones editadas fuera de su tierra natal. Ejemplos de esta ejecutoria fueron el del doctor Oscar Amoedo, quien ejerció la función de redactor de la revista Odontología de Madrid; y el del doctor Carlos García Vélez, colaborador de dicha publicación, quien fundó en la capital española la Revista Estomatológica, la cual llegó a adquirir fama mundial al recoger en sus páginas los mejores trabajos de la época. Esta revista cesó cuando el doctor García Vélez respondió al llamado de la patria para participar en la guerra de 1895.
Además, antes de partir junto a su padre hacia Cuba, Carlos García Vélez tuvo a su cargo la operación de la herida bucofacial de su padre, provocada a raíz de un intento de suicidio al final de la guerra de los diez años.
Renunciando a su prestigio profesional Carlos García Vélez se une a la gesta independentista que finalmente libraría a Cuba del poder colonial español. Sin embargo, la sombra de su padre lo persiguió prácticamente hasta sus últimos años.
Hemos considerado, al seguir aquí la teoría del sociólogo francés Pierre Bordieu, que García Vélez estaba dotado de un capital simbólico que sabrá consolidar con el paso del tiempo. Dice Bordieu que el capital simbólico se basa en [...] la idea de que las luchas por el reconocimiento son una dimensión fundamental de la vida social y que se basan en la acumulación de una forma particular de capital, el honor en sentido de reputación de prestigio y que hay pues una lógica específica de la acumulación del capital simbólico, como capital fundado sobre el conocimiento y reconocimiento.
Sin embargo, este prestigio o reconocimiento en el caso del por entonces ya general Carlos García Vélez, en tanto hijo de un patriota de la Independencia y como un partícipe de ella misma, se fortalecerá cuando es reconocido por una fuerza superior: el naciente Estado cubano. El capital simbólico puede ser sancionado oficialmente y por tanto se garantiza su conservación.
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Este reconocimiento del capital simbólico se percibe claramente cuando observamos las notas periodísticas que informan de su arribo a México en 1902, por ejemplo el Diario del Hogar dice que "el general García Vélez, hijo del difunto general Calixto García, uno de los jefes que más activamente tomaron parte en la guerra de independencia de aquella Isla, viene nombrado ministro de Cuba en México".
También el Correo Español de julio 23 de 1902 informa que "el presidente Estrada Palma ha nombrado ministro de Cuba en México al general García Vélez, hijo del general Calixto García".
El periódico en inglés publicado en México, The Mexican Herald, se limitó a presentar una imagen de Carlos García Vélez debajo de una de su padre, en donde se lee "Padre del presente ministro de Cuba en México".
Aquí podemos observar la proyección internacional de Calixto García Íñiguez, que se traducirá, como se aprecia en estas referencias periodísticas, en un mayor énfasis en la figura del padre sobre la del nuevo representante diplomático. No sólo al inicio de su llegada a México se le vincula de manera tan clara con su padre, el propio García Vélez contribuye a que dicho lazo de continuidad se fortalezca, esto también es muy claro al final de su gestión como diplomático en México.
En el año 1906 cuando se produce la renuncia de García Vélez a la representación diplomática en México dicha decisión se verá motivada por un episodio en donde la figura de su padre está involucrada, aunque éste haya muerto en 1898. El episodio es el siguiente: el todavía presidente cubano Tomás Estrada Palma había nombrado a Ernesto Fonts como secretario de Hacienda en el año de 1906. Fonts había sido miembro del Consejo de Estado que en 1898 lanzó fuertes críticas a Calixto García Iñiguez, las cuales finalmente lograron su destitución como jefe del Departamento Oriental. Carlos García Vélez al enterarse de esta designación atacó públicamente al gobierno de Estrada Palma y al nuevo ministro de Hacienda, para finalmente presentar su renuncia al puesto de diplomático en México.
Con él también renunciaron, según informaba la Legación mexicana en Cuba, a los "cargos de cónsul de Cuba en Hamburgo y canciller de la Legación cubana en Roma, los señores Justo y Mario García Vélez, respectivamente". Además de su renuncia, Carlos García Vélez publica una carta en varios periódicos cubanos en donde, al referirse al nuevo secretario de Hacienda de Estrada Palma, dice que es "un funcionario que tiene como única nota de servicios el haber contribuido con su acción o su pasividad a la ejecución del acto más bochornoso y más injusto que jamás se cometiera contra un fiel servidor de la Patria, que era a la vez Insustituible."
El deslinde de García Vélez con el gobierno cubano tendrá como pretexto a su padre, el Insustituible, como él mismo lo nombra. Unos meses después de renunciar a su primer cargo diplomático y de regreso en su patria, Carlos García Vélez se encontrará a la cabeza de la llamada "Guerrita de Agosto" que se realizó para evitar la reelección de Estrada Palma. Nuevamente la idea de que se trata del "hijo del General" aparecerá, por ejemplo cuando El mundo ilustrado en su edición del 2 de septiembre de 1906 reseña el levantamiento liberal.
Según este periódico: "Aseguran noticias de buen origen que las fuerzas insurrectas llegan a dos mil hombres pero falta el entusiasmo que existió en otras revoluciones y, como ha dicho el Sr. Estrada Palma, carecen los revolucionarios de Programa, de ideales y, por tanto, es de suponer que en breve depongan las armas".
En este mismo número se informa sobre la captura de Carlos García Vélez, ocurrida el 19 de agosto de 1906. Según la versión de El Mundo Ilustrado cuando García Vélez fue capturado y se le detuvo en su casa de Paseo del Vedado, le fueron decomisados un rifle, una tercerola, y dos machetes, "uno de los cuales perteneció a su padre, el general Calixto García", concluye la misma nota.
A pesar de que en agosto de 1906 se registra el primer levantamiento de forma desordenada, el gobierno de Estrada Palma a través de la policía secreta conocía ya los planes de los generales liberales. Así fue como ordenó la captura con una rapidez inusitada. Carlos García Vélez y su hermano Justo García Vélez fueron hechos prisioneros de inmediato.
