El 19 de octubre de 2015, la tragedia sacudió a la localidad de Ajalpan, Puebla, cuando una turba de aproximadamente 1000 personas sacó de la comandancia municipal a los hermanos José Abraham y Rey David Copado Molina, para llevarlos a la plaza principal y lincharlos. Los hermanos, trabajadores de la empresa Marketing Estratégico, se encontraban en el poblado aplicando cuestionarios sobre el consumo de tortillas cuando fueron falsamente acusados de ser secuestradores tras rumores difundidos en redes sociales.
Detalles del proceso judicial y situación de los acusados
Tras el linchamiento, las autoridades iniciaron las investigaciones para identificar a los responsables de este acto de barbarie. A continuación, se presenta la situación procesal de algunos de los involucrados conforme a los reportes judiciales:
- Alejandro Temaxtle Bravo: Fue el primer implicado en recibir una condena de 5 años y 6 meses de prisión, sentenciado únicamente por el delito de motín, al quedar exculpado del cargo de homicidio.
- Krishna, Wibaldo y Luis Raúl: Se encuentran a la espera de la resolución de los juicios de garantías promovidos por sus respectivas defensas.
- Orlando, Gabriel, Juan, Vladimir, Juan Carlos, Julio César, Pedro Reyna y Alejandro: Su estado procesal se encuentra actualmente en la fase escrita de la etapa intermedia.
De acuerdo con información obtenida por Intolerancia Diario, en el Tribunal Superior de Justicia aún quedan pendientes de juicio 11 involucrados más. Es importante señalar que, debido a las leyes del nuevo proceso penal acusatorio, se reserva el uso de apellidos completos para aquellos individuos que aún no han sido sentenciados.
Contexto social y causas del linchamiento
Los linchamientos acontecen en determinado clima social, teniendo un contexto que contribuye para tratar de comprender la conducta límite de quienes perpetran el horror. José Antonio Aguilar Rivera, en su ensayo La soga y la razón, señaló la debilidad del Estado, su incapacidad para garantizar la impartición de justicia y la crónica desconfianza que le tiene la ciudadanía como factores detonantes. La tragedia de Ajalpan nos apremia, como sociedad, a implementar programas y acciones pedagógicas que atajen la barbarie de los linchamientos, internalizando principios que contengan a la ciudadanía cuando se le convoca a ser parte de una turba que hace (in)justicia por propia mano.
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