El Antiguo Régimen es el conjunto de estructuras políticas, sociales y económicas que caracterizaban a varios países de la Europa occidental entre los siglos XVI y XVIII, aunque algunos de sus rasgos son muy anteriores a este período, y otros perdurarán tras las revoluciones de los siglos XVIII y XIX. La duración temporal del Antiguo Régimen coincidiría con lo que llamamos Edad Moderna: del siglo XV al XVIII. Esto es válido tanto para Francia (desde el fin de la guerra de los Cien Años hasta la Revolución francesa) como para España (de 1492 a 1808). El Antiguo Régimen es el sistema político, económico y social predominante en Europa durante la Edad Moderna, caracterizado por la monarquía absoluta, la sociedad estamental, el estancamiento demográfico y la economía agraria de subsistencia.
El nombre fue utilizado por primera vez por dirigentes de la Revolución Francesa en un sentido crítico: los revolucionarios pretendían terminar con todo lo que constituía ese Antiguo Régimen. Antiguo Régimen (en francés: Ancien Régime) es un concepto acuñado por los revolucionarios franceses para designar al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789-1799 (la monarquía absoluta de Luis XVI), y que, por extensión, se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. Desde el punto de vista de los reaccionarios enemigos de la revolución, el término Antiguo Régimen fue reivindicado con un punto de nostalgia, siguiendo el tópico literario del «paraíso perdido». La aplicación del término a las estructuras económicas y sociales se atribuye a Ernest Labrousse, y fue difundido por la contemporánea escuela de Annales, con gran aceptación en España a través de hispanistas como Pierre Vilar o Bartolomé Bennassar. Su utilización con este sentido, que no era usual antes, se hizo habitual por los autores del tercer cuarto del siglo XX, como Antonio Domínguez Ortiz, Gonzalo Anes o Miguel Artola, que terminaron por fijar el concepto en la historiografía española.
Los enfrentamientos entre nobles y burgueses por su predominio en la sociedad, además de los conflictos entre estados y revueltas internas, favorecieron el establecimiento del Antiguo Régimen, porque provocaron en la población el deseo de un poder fuerte que restableciera la paz y el orden.
El Sistema Político: La Monarquía Absoluta
El tipo de gobierno durante el Antiguo Régimen era la Monarquía Absoluta o Absolutismo. El rey considera que su poder es de origen divino (Dios se lo ha dado) y, por tanto, ilimitado y sólo responden ante Dios. Por eso a la monarquía absoluta se la llama de "derecho divino". Los monarcas absolutos concentran en sus manos el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial, mandan sobre el ejército y todas las instituciones del estado. El estado en su conjunto, incluyendo sus habitantes, que son considerados como súbditos, son todos una propiedad personal del Rey que puede disponer de ellos a su voluntad. La propaganda convierte al monarca en una figura paternal y la rodea de símbolos religiosos y del lujo extremo de la Corte.
Este poder absoluto necesitaba ser justificado. En Francia fue formulado por J.B Bossuet, quien decía frases como: "...Los príncipes actúan pues como ministros de Dios y como sus lugartenientes sobre la tierra. Es a través de ellos que Dios ejerce su imperio." En Inglaterra, la justificación la realizó Thomas Hobbes, que planteaba que antes los hombres vivían en estado de guerra permanente, donde predominaba la ley del más fuerte.
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Pese a la concentración de poder, el Rey tenía algunas limitaciones, sino sería un tirano: no podía cambiar ninguna de las leyes fundamentales del reino. Además, la extensión del reino, las dificultades de las comunicaciones y de los transportes, la escasez de funcionarios y de la falta de dinero para cubrir los gastos del estado, hacían imposibles el cumplimiento de las órdenes reales, de modo eficiente.
De la Atomización Feudal al Poder Real Centralizado
Durante la Edad Media, el poder se hallaba atomizado en los distintos señores feudales. De hecho, los distintos monarcas europeos tenían más o menos poder en función de sus territorios feudales propios. Durante el siglo XV, los monarcas fueron sometiendo a los señores feudales y acumulando todo el poder político en sus manos, justificando la medida en el origen divino de su poder.
Una característica importante eran las asambleas estamentales, que recibían distintas denominaciones según el reino (Cortes en España, Parlamento en Inglaterra, Estados Generales en Francia) y estaban integradas por representantes de los tres estamentos sociales (nobleza, clero y estado llano, en este último caso la burguesía rica de las ciudades), que se reunían de manera separada y votaban por estamento, lo que hacía que las votaciones siempre fueran ganadas por los estamentos privilegiados. Durante la Edad Media las asambleas estamentales tenían poderes como jurar al príncipe heredero, aprobar ciertas leyes y dar el consentimiento a la aprobación de nuevos impuestos por parte del rey. Sin embargo, durante la Edad Moderna, las monarquías absolutas fueron quitándoles estos poderes e incluso dejaron de reunirlas periódicamente.
La Sociedad Estamental del Antiguo Régimen
La sociedad del Antiguo Régimen tenía su origen en la Edad Media y se estructuraba en estamentos, es decir, grupos cerrados a los que se pertenecía por nacimiento y que se diferenciaban por sus privilegios, ya que era una sociedad en la que primaba el principio de desigualdad.
Estamentos Privilegiados
Los estamentos privilegiados constituían una minoría social y tenían privilegios como:
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- La exención fiscal (no pagaban impuestos).
- Justicia propia (se les juzgaba por leyes específicas para ellos y por tribunales compuestos por sus iguales).
- El monopolio de cargos públicos (sobre todo en sus puestos superiores eran copados por ellos).
- La posesión de señoríos feudales (no toda la nobleza y el clero las tenía, pero sólo nobleza y clero podían tenerlos).
A estos estamentos se pertenecía por nacimiento, ya que para ser noble se debía ser hijo de nobles o recibir la concesión del rey. En el caso del clero, dado el celibato, no se heredaba, pero los puestos del alto clero eran copados por los nobles, mientras que los del bajo clero eran ocupados por miembros del Estado Llano.
El Tercer Estado o Estado Llano
El Tercer Estado o Estado Llano se caracterizaba por su ausencia de privilegios, siendo muy heterogéneo en sus miembros. En Francia, el Tercer Estado no era un grupo homogéneo, pues se encontraban desde ricos burgueses dedicados al comercio internacional o a actividades bancarias, que podían llegar a ser tan ricos como los nobles, hasta el más humilde de los campesinos, quienes constituían la mayoría de la población. Tenían en común ser quienes sostenían económicamente el país con su trabajo, y al estado con sus impuestos.
Economía y Demografía
Régimen Demográfico Antiguo
Durante el Antiguo Régimen predominaba el denominado régimen demográfico antiguo, caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad, por lo que el crecimiento vegetativo era muy bajo y además desaparecía periódicamente debido a crisis de sobremortalidad provocadas por hambrunas y epidemias. Por tanto, la población tendía al estancamiento. Se caracterizan por tener una población estancada, con periódicas crisis de subsistencia. La natalidad era muy alta pero la mortalidad también (guerras, epidemias, hambres, falta de higiene), con lo cual el crecimiento de la población era muy lento. La esperanza de vida de una persona al nacer era de entre 20 y 40 años, raramente alguien llegaba a los 70. La muerte era algo familiar y la gente aprendía a convivir con ella.
Sin embargo, a partir del siglo XVIII en los países de Europa Occidental se inicia la Transición Demográfica. Durante esta fase, la tasa de natalidad se sigue manteniendo alta, pero la mortalidad inicia un paulatino descenso debido al carácter menos mortífero de las guerras y a las mejoras higiénico-sanitarias y alimentarias.
Economía de Subsistencia
En cuanto a la economía, se caracterizaba por el predominio del sector primario (agricultura y ganadería) y su baja productividad, lo que provocaba que fuera de subsistencia, es decir, su objetivo principal era asegurar el autoconsumo del productor, por lo que el cultivo principal eran los cereales (base de la alimentación de la época) y, junto con ello, predominaba el policultivo. Tenía una muy fuerte base agraria, ya que hasta tres cuartas partes de la población se ocupan de tareas agropecuarias. Era una agricultura con bajísima productividad, por estar dirigida al autoconsumo, el campesino piensa sobre todo en alimentarse a él y a su familia, y no en la comercialización, además se utilizaban técnicas y herramientas muy rudimentarias: como el arado romano, muy común en casi toda Europa y el mantenimiento del barbecho (dejar sin cultivar cada año un tercio o la mitad de las tierras para que esta recupere sus nutrientes).
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La baja productividad estaba provocada por la concentración de la propiedad en manos de los estamentos privilegiados, ideológicamente contrarios a las ideas de progreso y cambio y que además no cultivaban sus tierras de manera directa, sino a través de arrendamientos, censos o utilizando a vasallos feudales o jornaleros. A ello se debe unir la limitación a la propiedad privada por los usos comunales, lo que explica la prohibición del cercado de fincas, predominando así los “openfields” o campos abiertos. Como consecuencia de todo ellos, apenas había inversiones en las tierras y predominaba un acusado atraso tecnológico. La propiedad de la tierra, principal factor de la producción, estaba sometida a vinculaciones que incluían los mayorazgos en poder de la nobleza, las manos muertas en poder del clero y las tierras comunales de los ayuntamientos.
Limitaciones de la Artesanía y el Comercio
En cuanto al sector secundario (artesanía), su desarrollo estaba limitado fundamentalmente por dos factores. Por un lado, el hecho de que la mayor parte de la población dependiera de la agricultura de subsistencia provocó que la demanda de productos artesanales fuera muy limitada. Por otra parte, la existencia de los gremios, asociaciones de artesanos que regulaban bajo régimen de monopolio una determinada actividad artesanal en cada localidad o zona, limitaba la oferta y la fragmentaba en pequeños talleres artesanales. El comercio tenía enormes dificultades, porque existían muchas aduanas interiores o por la pésima calidad de las vías terrestres, además los gremios de artesanos fijaban rígidamente sus derechos (horarios, precios, salarios, herramientas, número de trabajadores por taller) e impedían cualquier avance técnico que pudiese dar ventaja a unos talleres sobre otros. Por último, en cuanto al comercio estaba igualmente limitado por la limitada oferta (subdesarrollo agrario y artesanal, dificultades de transporte) y demanda (predominio de población agraria de subsistencia). Por ello, el comercio interior estaba poco desarrollado, desarrollándose en mercados, ferias y lonjas.
El Declive del Antiguo Régimen y la Transición
A finales del siglo XVIII, el fortalecimiento de la burguesía provocó su definitivo asalto al poder. El Antiguo Régimen, caracterizado por la monarquía absoluta, la sociedad estamental y el estancamiento demográfico y económico por el predominio de una agricultura de subsistencia, se hubo de enfrentar a la creciente presión de la burguesía, fortalecida por el crecimiento del siglo XVIII.
La Ilustración como Catalizador del Cambio
El primer paso fue el surgimiento de un movimiento ideológico, la Ilustración, que puso en duda los principios ideológicos del Antiguo Régimen, basados en la religión y la tradición, sustituidos por la razón y el espíritu crítico. La Ilustración es un movimiento ideológico cuyos precedentes se localizan en Inglaterra y Holanda en el siglo XVII, pero que se consolida en Francia en el XVIII y de allí se extendió por Europa y América. Su base social era la burguesía, aunque también hubo nobles y clérigos, y sus principios básicos eran la defensa de la libertad individual, el racionalismo, la mentalidad crítica, la autonomía del poder civil frente al eclesiástico, la tolerancia religiosa, la defensa del progreso material, de la educación y de las ciencias experimentales, el antropocentrismo y la búsqueda de la felicidad. La “Enciclopedia”, publicada a partir de 1751, pretendía ser un compendio del saber de su época y en sus distintas entradas sirvió de difusor de las ideas de la Ilustración. El crecimiento demográfico y económico en el siglo XVIII fortalecieron a la burguesía, un grupo social perteneciente al Estado Llano que, teniendo riqueza.
El Despotismo Ilustrado y sus Límites
Las monarquías absolutas reaccionaron ante la Ilustración con el Despotismo Ilustrado, que no solucionó el problema político y fortaleció aún más a la burguesía. Consiste en la adopción por parte de las monarquías absolutas europeas de parte de las ideas de la Ilustración, especialmente en el terreno económico, ya que se consideraba que las reformas basadas en ellas podían producir un crecimiento que beneficiaría a sus súbditos y fortalecería a las mismas monarquías. Sin embargo, no se adoptaron sus principios políticos y sociales, ya que estos ponían en duda a la propia monarquía absoluta y a la sociedad estamental que la sostenía. Las reformas económicas del Despotismo Ilustrado favorecieron la tendencia general al crecimiento económico del siglo XVIII pero provocaron el descontento de los estamentos privilegiados, contrarios a las reformas, y la insatisfacción de la burguesía, que deseaba también reformas políticas y sociales.
Hacia Nuevos Sistemas de Gobierno
La Bastilla, fortaleza del rey en París usada como cárcel, era considerada como símbolo del Antiguo Régimen por sus enemigos, y su toma como el inicio de la Revolución que llevó al Nuevo Régimen (1789-1799).
En el caso de Inglaterra, las revoluciones de 1649 y 1688 terminaron con la Declaración de Derechos de 1689, que aumentó el poder legislativo del parlamento y estableció derechos individuales.
En España, como en otros lugares de Europa, tuvo lugar un proceso revolucionario que desmanteló el sistema político del Antiguo Régimen. La mayoría de los historiadores data el fin del Antiguo Régimen en España en 1834-1837, aunque algunos han ofrecido razones sólidas para alargarlo unos decenios más. Novedades sustanciales fueron la declaración del principio de la soberanía nacional, realizada significativamente en la sesión de apertura de la legislatura extraordinaria de Cádiz, la aplicación de la división de poderes, el reconocimiento de los derechos del individuo, la implantación de la libertad de imprenta, la supresión de instituciones con gran arraigo histórico destinadas a la salvaguarda del orden anterior, como la Inquisición, así como las reformas introducidas en la administración del Estado. El elemento más perceptible de la unidad del proceso revolucionario fue la Constitución aprobada por las Cortes de Cádiz en 1812.
Esta Constitución alteró sustancialmente los dos elementos definitorios fundamentales de la nación española (monarquía y religión): sustituyó la monarquía absoluta por otra de carácter constitucional y atribuyó a la religión católica un lugar en el nuevo régimen político distinto al que anteriormente venía ocupando. En 1812, los españoles esperaron mucho de la Constitución; casi podríamos decir que casi todo en materia de libertades y de derechos. Uno de los extremos más subrayados del texto constitucional fue su carácter contrario al despotismo y la tiranía. La Constitución de 1812 actuó, de hecho, como eje fundamental sobre el que giró en lo sucesivo el proceso revolucionario liberal español, bien porque se tomó como pauta a seguir, bien porque se negó su viabilidad.
El Antiguo Régimen perdura brevemente en el siglo XIX hasta la guerra de la Independencia española, cuando, al promulgarse la Constitución de 1812 en Cádiz, se abrió el proceso de constitucionalismo. Tras los años de ocupación francesa y la final derrota de Napoleón en 1814, se produjo la Restauración absolutista, lo que provocó la involución de la política española al Antiguo Régimen durante la mayor parte del reinado de Fernando VII. Su sombra, aunque ya fuera del poder, continuó presente durante el segundo tercio del siglo XIX con las guerras carlistas, a pesar de la sucesión de textos constitucionales, la llegada de liberales más o menos moderados al Gobierno -casi siempre tras pronunciamientos- y de iniciarse una modesta industrialización.
En 1808, con un intervalo únicamente de dos meses, se pasó de la renuncia de Carlos IV al Trono a una situación inédita, caracterizada por el protagonismo del pueblo, la libertad de expresión y el cese de hecho, aunque no de derecho, de las instituciones e instancias de poder del Antiguo Régimen, incluyendo al gobierno, los consejos y la Inquisición. La Nación crea un poder diferente al del Antiguo Régimen (las Juntas Provinciales y luego la Central), pero no asume la soberanía, sino que la ejerce en nombre de un rey, Fernando VII, que, en el breve tiempo en que había actuado como tal (del 19 de marzo a mediados de abril de 1808), había dado muestras fehacientes de su pretensión de mantener en su integridad el Antiguo Régimen en una línea -además- marcadamente antiilustrada. El intento de Godoy-generalísimo fracasó, fundamentalmente porque no convenía a casi nadie y porque en ese tiempo la concentración del poder en manos de quien no ocupaba el Trono provocó de inmediato todo tipo de alarmas.
Comparativa de Sistemas: Antiguo Régimen vs. Nuevo Régimen
Para entender la magnitud del cambio, es útil contrastar las características fundamentales del Antiguo Régimen con las de los nuevos sistemas que comenzaron a emerger:
| Característica | Antiguo Régimen | Nuevo Régimen (Primeras Fases Liberales) |
|---|---|---|
| Sistema Político | Monarquía Absoluta (Derecho Divino) | Monarquía Constitucional, República Parlamentaria o Presidencialista |
| Fuente de Soberanía | Rey (Origen Divino) | Nación / Pueblo |
| División de Poderes | Concentración en el Rey | Separación (Legislativo, Ejecutivo, Judicial) |
| Sociedad | Estamental (Privilegios por nacimiento) | Ciudadanos iguales ante la ley |
| Economía | Agraria de subsistencia, gremios, escaso comercio | Base mercantil e industrial en desarrollo, libre mercado |
| Demografía | Régimen demográfico antiguo (altas tasas) | Transición demográfica (descenso de mortalidad) |
