Descubre el Fascinante Mundo de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: Análisis y Claves de su Obra Misceláneapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Juan Ruiz, conocido como el Arcipreste de Hita, fue el autor del Libro del buen amor, obra miscelánea predominantemente narrativa considerada como una de las más importantes de la Literatura medieval española. El Libro de buen amor es uno de los grandes clásicos de la literatura medieval española. Su autor, Juan Ruiz, más conocido por el cargo eclesiástico que desempeñó, Arcipreste de Hita, lo escribió hacia 1330.

El Arcipreste de Hita: Biografía y Contexto

No se sabe casi nada de Juan Ruiz, autor de una de las obras más singulares de nuestra literatura medieval: parece indudable que era arcipreste de Hita (cerca de Guadalajara) y de la lectura del Libro de buen amor se desprende que era hombre de cultura universitaria. Numerosos son los trabajos realizados sobre la vida del Arcipreste de Hita (1283-1350). Los historiadores dicen que nació en 1230 y murió aproximadamente en 1350. Su lugar de nacimiento fue Alcalá de Henares (Guadalajara). El principal motivo por el que se considera que es oriundo de este municipio es por su cercanía geográfica a Hita.

Sería en Toledo (es posible que en la escuela catedralicia), donde Juan Ruiz adquiriría su formación, que le llevaría a ocupar cargos eclesiásticos no solo en Hita (donde, supuestamente, ejerció de arcipreste), sino también en Guadalajara, Alcalá de Henares, Madrid o Segovia. Uno de los episodios más apasionantes de su vida fue cuando formó parte del séquito del arzobispo Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo entre 1337 y 1350, acompañándolo a Aviñón (Francia) y Roma (Italia). Con este arzobispo, figura muy poderosa de la Iglesia en Castilla, tuvo una relación conflictiva a causa, según parece, de su obra satírica, muy crítica con las autoridades eclesiásticas.

De hecho, sus escritos, junto con los conflictos con el arzobispo, se consideran la causa por la que fue encarcelado. En el Libro de buen amor menciona la prisión, por lo que se sugiere que escribió parte de la obra en reclusión. Los últimos años de la vida de Juan Ruiz son un misterio, sin datos precisos.

El Mester de Clerecía y el Propósito Didáctico

Juan Ruiz escribió su obra siguiendo las reglas de la escuela literaria conocida como mester de clerecía, pero en gran medida superó esas reglas. Su escritura tenía un claro propósito didáctico. El nombre del mester de clerecía procede de la introducción del Libro de Alexandre (siglo XIII), donde se indican algunas de las características de esta escuela poética. Se agrupan dentro de esta denominación una serie de obras creadas por clérigos cultos, que componían basándose en fuentes escritas con temáticas variadas, aunque centradas fundamentalmente en los temas religiosos. En este contexto y frente al anonimato generalizado de las obras del mester de clerecía del siglo XIII, aparece la obra de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, pseudónimo de un autor culto, de quien se conoce poco más que su nombre.

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El Libro de buen amor: Una Joya Miscelánea de la Literatura Medieval

Juan Ruiz solo cuenta con una obra reconocida, El Libro de buen amor, ya que no se conservan otros escritos que se le puedan atribuir. Considerada un clásico de la literatura medieval castellana, tiene al menos dos versiones, una aproximadamente del año 1330 y otra sobre el 1343. También conocido como Libro de los cantares, esta extensa obra, con más de 1.700 estrofas, tiene como hilo conductor una autobiografía ficticia del propio arcipreste de Hita.

A menudo, El Libro de Buen Amor ha sido definido como una miscelánea de canciones, fábulas, proverbios, refranes y sermones, en prosa y en verso, donde los relatos populares con toques de ingenio humorístico se mezclan con otros satíricos o llenos de sensualidad. En torno a la panacea de emociones y sentimientos que destila un contenido que podríamos definir de carácter autobiográfico, se observa que Juan Ruiz utiliza un tono jovial y moralizante combinado con elementos didácticos, anecdóticos y otros de carácter religioso y devoto.

Estructura y Temas Centrales

Su obra, el Libro de buen amor, es un extenso poema de más de mil setecientas estrofas, la mayor parte en cuaderna vía, aunque abundan otros metros y estrofas. En cuanto a la estructura externa, se trata de un texto en verso compuesto por 12 estrofas de cuaderna vía, una estrofa característica de la cuaderna vía, aunque en el siglo XIV esta estrofa se combinaba con otras. Por lo que respecta a la estructura interna, hay que recordar que Juan Ruiz era un clérigo culto por lo que la estructura de sus textos está perfectamente organizada siguiendo, con frecuencia, el esquema de la argumentación: presentación de la tesis, cuerpo argumentativo y conclusión.

Esta obra presenta una gran riqueza de asuntos organizados alrededor de las vicisitudes sufridas por el protagonista en sus pretensiones amorosas, todo ello relatado unas veces en tono jocoso, o mediante registros y técnicas variadas en otras ocasiones. Allí se suceden, entre otros elementos, la parodia del lenguaje de signos utilizado en los monasterios y que constituía la base de ciertas discusiones entre los gramáticos del siglo XIV. Luego, se incluyen reflexiones acerca de la necesidad que tiene el hombre de amar, tema frecuentado por los filósofos. Ovidio, Aristóteles o Averroes y otros muchos autores suministran parte de los materiales que van formando esta obra heterogénea, entretejidos con elementos tomados de la tradición oral: la religiosidad popular se mezcla con el espíritu profano; la exaltación de la vida y la fiesta, con la reflexión más o menos trascendental. Y en el fondo, la búsqueda de la mujer, lo que convierte al libro en una especie de arte de amar.

El texto desarrolla uno de los temas centrales de la obra: el amor. El tono regocijante y divertido con el que habla de los placeres que proporcionan las mujeres pequeñas hace difícil ver el sentido moral que el arcipreste dice plantear en su obra: dar a conocer los caminos y formas de ejercitarse en el buen amor, es decir, en el amor a Dios; no obstante, el mismo autor nos indica que su obra tiene más de una lectura y que hay que profundizar en ella. A lo largo de toda la obra, el arcipreste intenta moralizar a los lectores presentando lo contrario de lo que intenta enseñar, es decir, el amor profano o sexual. Su fundamento es la libertad de elección que, tal como defendía san Agustín, solo es posible si se presentan varias opciones. De este modo, el arcipreste nos indica en la última estrofa su consejo moral: «Del mal tomar lo menos, dícelo el sabedor», esto es, ya que la pasión amorosa es muy difícil de controlar, hay que intentar pecar lo menos posible.

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Personajes Notables y Narrativas

En el Libro de buen amor, el autor aparece representado por el personaje de don Melón de la Huerta. Otro de los personajes centrales de la obra es Urraca, conocida como “Trotaconventos”, una alcahueta que ayuda al protagonista en la conquista de sus amantes. Este personaje se considera el antecedente de la Celestina, protagonista del clásico de Fernando de Rojas escrito a principios del Siglo XV. Los fracasos del protagonista en sus pretensiones le llevan a buscar una intermediaria, la alcahueta Trotaconventos, brillante precursora de Celestina.

Entre otras historias que se tratan en la obra destacan fragmentos como la pelea entre el autor y don Amor (personaje alegórico), considerado por el primero como el responsable de los pecados capitales. También se narran los amores entre los personajes de don Melón y doña Endrina, en una adaptación de la comedia medieval Pamphilus, escrita en latín en el siglo XII. Uno de los relatos alegóricos más famosos del libro es la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma, que es una parodia de los cantares de gesta medievales.

Al referirse a las mujeres, Juan Ruiz suele nombrarlas en función de su origen, medio de vida o colectivo al que pertenecen (la mora, la serrana, la monja), féminas a las que se suelen referir con tono irónico o divertido. Son variados, por tanto, los temas sobre los personajes femeninos que vertebran y protagonizan buena parte de la obra ya que fueron creados con la finalidad de servir de referente para enseñar o reprochar. Resulta curioso el tratamiento que da a las tres únicas mujeres a las que cita por sus nombres o apodos, figuras que simbolizan, en el caso de Doña Endrina (la viuda ávida de sexo), la Trotaconventos (la alcahueta) y Doña Garoza (mujer virtuosa que le rechazó).

Entre aquellas que cortejó, Doña Garoza es la única que se resiste a sus requiebros, mujer independiente y trasgresora que se alejaba del patrón patriarcal en el que incluye al resto, de ahí que, ante el rechazo por parte de la mujer, despechado la despida con un ¡Amxi, amxi! (1512c).

Recursos Literarios y Estilo

El Libro de buen amor se caracteriza porque combina hábilmente recursos de la tradición culta como de la popular puestos ambos al servicio del propósito final: enseñar y deleitar. A lo largo del texto el autor va a comparar a las mujeres con objetos y materias que son más valiosos por su escasez o su pequeñez. La segunda estrofa adquiere la forma de un juego de palabras entre los adjetivos «grande» y «chica» que constituyen un ejemplo de antítesis.

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A partir de ahí, el arcipreste desarrolla el cuerpo argumentativo a lo largo de siete estrofas, en ellas explica las bondades de las mujeres pequeñas a través de diversos recursos basados en la oposición de elementos contrarios: lo pequeño frente a lo grande y el frío frente al calor, así como referencias a especias, flores, piedras preciosas o aves cantoras que vinculan ambos aspectos. La tercera estrofa comienza la alabanza de las mujeres pequeñas, a las que se refiere en este caso con el adjetivo «chicas»; esta alabanza será expresada de forma amena «lo tendréis por juego», aludiendo en este verso a su propósito didáctico: el texto será serio, pero divertido.

A este simbolismo añade otra antítesis entre lo que se muestra al exterior de las mujeres pequeñas (la frialdad) y lo que ocurre en el interior (la pasión): «Son heladas por fuera, pero, en amor ardientes». Esta oposición entre lo que ocurre fuera y lo que ocurre dentro se desarrolla a través de un paralelismo «en la cama solaz, placenteras, rientes / en la casa, hacendosas, cuerdas y complacientes» en el que expone el distinto comportamiento de las mujeres pequeñas que son aparentemente frías, pero muy apasionadas en la intimidad. En estos versos puede apreciarse un zeugma, una figura retórica que consiste en que un elemento explícito en una parte del enunciado debe sobrentenderse, a veces con sentido diferente, en otras partes de ese enunciado o en enunciados contiguos, es decir, los dos versos que comentamos deben entenderse precedidos por el verbo del primer verso «son» y así leerse: «son en la cama solaz, placenteras, rientes/ en la casa [son] hacendosas, cuerdas y complacientes».

La selección del vocabulario no es arbitraria y da buena muestra del extraordinario repertorio léxico del arcipreste; cuando habla del comportamiento sexual de las mujeres pequeñas elige un sustantivo «solaz», que significa ‘consuelo, placer, esparcimiento, alivio de los trabajos’ y dos adjetivos relacionados con el placer y la risa «placenteras» y «rientes»; sin embargo, cuando habla de cómo se comportan en la casa los adjetivos pasan a ser los que corresponderían a la esposa perfecta: «hacendosas, cuerdas y complacientes». Precisamente para advertir de que estas cualidades no son fácilmente percibidas a simple vista culmina con el verso «veréis más cualidades tan pronto paréis mientes», es decir, descubriréis la verdad si os detenéis a considerarla con cuidado y atención. Este es precisamente uno de los mensajes de la obra del arcipreste: no dejarse llevar por las apariencias, no juzgar solo lo superficial y hacer un análisis más profundo de todo lo que nos rodea.

Las estrofas que vienen a continuación vuelven a estructurarse en torno al valor de lo pequeño. Todas ellas se organizan con la figura retórica del paralelismo: «en [elemento pequeño] yace [elemento grande]» en la estrofa quinta; «como en [elemento pequeño] verbo [elememto grande] en las estrofas sexta y séptima. Las tres terminan con una afirmación conclusiva sobre el valor de las mujeres pequeñas, en un caso por medio de un refrán que recuerda la tradición popular de la obra del arcipreste: «pocas palabras bastan al buen entendedor» y en los otros por medio del adverbio «así» se establece la conclusión de que la mujer pequeña es más placentera, amorosa y bella.

En todas estas estrofas el arcipreste ha elegido como términos metafóricos elementos lujosos y no al alcance de todo el mundo: especias como la pimienta y la nuez moscada, flores como la rosa, el oro, el perfume y los rubíes, indicando que la mujer pequeña es una «joya oculta» que solo los más advertidos pueden identificar. Las estrofas 9 y 10 se centran en las aves cantoras, la calandria y el ruiseñor cuyo pequeño tamaño no impide que su canto sea más «dulce» que el de otras aves más grandes. La estrofa 11 sirve como conclusión hiperbólica. La enumeración de «beneficios» que elegir a una mujer pequeña dispuestos en forma de bimembración: «terrenal paraíso y gran consolación», «recreo y alegría», «placer y bendición» concluyen con una idea que se ha repetido a lo largo del poema: «mejor es en la prueba que en la salutación», es decir, la mujer pequeña es mejor cuanto más se conoce y descubrir sus virtudes requiere especial cuidado y atención. Tras esta apoteosis de adjetivos y sustantivos que enumeran las virtudes de las mujeres pequeñas, el poeta concluye en la última estrofa con el verdadero mensaje de la obra, cargado con tintas misóginas: ya que dejarse llevar por la pasión es algo inevitable, el arcipreste aconseja elegir el «mal menor», es decir, la mujer pequeña.

Lenguaje e Influencias Culturales

Hombre libresco y erudito por su vinculación con la clerecía y la pertenencia al mundo eclesiástico, el conocimiento profundo que denota sobre las músicas e instrumentos de las distintas comunidades peninsulares le identifican y definen como conocedor o practicante de estas artes. Su vinculación con la diócesis de la Toledo medieval, lugar de convivencia de las tres culturas, también late por los diferentes niveles y formas lingüísticas utilizadas por el autor.

Diferentes son los niveles del lenguaje inmerso en el contenido, culto y popular, mediante un prólogo en prosa con intención didáctica y ejemplarizante, centrado en pasajes y citas de carácter religioso. El corpus, sin embargo, lo conforman unos textos en verso que se ajustan, en ocasiones, a la poesía lírica culta en cuaderna vía, propia del mester de clerecía con versos alejandrinos de dos hemistiquios (7+7) con cesura o pausa entre ambos, mientras que el lenguaje en otros es más apropiado para la poesía popular, con estructura de zéjel y distintos tipos de metros.

Aunque Juan Ruiz se confiesa: «de muy poquilla ciencia y de mucha gran rudeza», en calidad de clérigo era un intelectual culto, conocedor del latín y la lengua romance en sus diferentes grados, saberes a los que unía un cierto conocimiento oral de vocablos procedentes del árabe coloquial y del hebreo. Su erudición es evidente, ante la utilización de términos latinos de los que se hace eco en los textos referidos a los salmos, versículos, libros de la sabiduría, la Apocalipsis y los hechos de los apóstoles. La heterogeneidad lingüística que imprimió a esta obra también se palpa en la riqueza del vocabulario utilizado en unos textos en prosa y verso donde, como tónica general, el lenguaje coloquial convive con el culto, de tal forma que confluyen los términos propios de la lengua romance con los griegos y otros tomados del latín.

Los tintes autobiográficos implícitos en el «yo» del poeta evidencian que, como clérigo, conocía a fondo la vida y las costumbres propias de las comunidades cristianas y judías. Las referencias al cristianismo y al judaísmo son evidentes en la profusión de salmos y personajes bíblicos que va esparciendo en los pasajes en prosa y verso (Set, Caín, Jafet, David, Jonás, Abrahán, Moisés, Isaac, Gabriel, Enmanuel, Salomón, Nabucodonosor, rabí Acelín...), o los términos referidos a las costumbres judías y la gastronomía (adefinas, jaquíma, rabí...).

En pasajes dedicados a «La aventura con la mora», o en las cuartetas donde cita a Doña Garoza (1392ª, 1484ª, 1492ª), adopta una serie de vocablos que procedían del dialecto andalusí y debían ser bastante usuales en su época, como los referidos a al-‘arusa (la novia musulmana). Términos castellanos salpicados con algunos arabismos e interjecciones que aparecen en el diálogo de Trotaconventos con la mora, como les nedrí (no sé), le gu Alá (no por Dios), alaúd (el laúd)12, la wa-llab (no, por Dios), askut (cállate), amxi, amxi (vete, vete)13, recursos y contrastes lingüísticos que debía conocer tras sus vivencias durante una década en el Reino de Granada, último bastión musulmán y zona fronteriza con los reinos cristianos.

La Música en el Libro de buen amor

En la concepción del Libro de buen amor, literatura y música conforman buena parte de los versos reunidos en la variedad de las cuartetas acuñadas. En el terreno religioso, Juan Ruiz muestra su intención de loar a Dios a través de la prosa, la poesía y el canto. Son manifiestas las cuartetas presentes en el rezo y el canto de las horas eclesiásticas y en los gozos dedicados a Santa María.

Como acuñadores de cierta audacia en el dominio de los giros idiomáticos, el paralelismo lingüístico y musical existente entre Juan Ruiz y el poeta zejelero Ben Guzmán (1078-1160) se observa en la utilización del léxico popular y la espontaneidad con la que se mueven en el campo literario. El Arcipreste de Hita, autor de seis canciones zejelescas, incluidas en su Libro de buen amor, nos dice que compuso cantigas para juglaresas moras, y es bien sabido que los tañedores y cantores sarracenos servían en la Corte de Alfonso X y Sancho IV de Castilla lo mismo que en la de Pedro IV o Juan II de Aragón. Las pinceladas musicales que Juan Ruiz inserta en algunas cuartetas profanas, a menudo están concebidas para el deleite de los sentidos y presentes en los personajes de Don Amor y Don Carnal.

Un total aproximado de cuarenta instrumentos conforman las distintas coplas y versos que reflejan el ambiente festivo del Medievo. La organología propia de los ambientes cortesanos aparece unida a las fiestas palaciegas y están unidas, de forma habitual, a las músicas de la tradición culta (versos 1213, 1227-1234, 1515-1517), mientras que la organología popular está latente en las conmemoraciones del pueblo llano y utilizada por los juglares en calles y plazas.

Un despliegue de instrumentos y cantos acompañan al episodio sobre «El consejo que el Arcipreste da a las mujeres y de los nombres de la Alcahueta», entre ellos el de Urraca. Aquí, juglares y animales aparecen reunidos formando una gran algarabía, cantando y bailando para animar la fiesta, en la personificación del asno, el lobo, el león, la raposilla y un burro juglar percutiendo y retozando a los sones y compases de un tambor atronador. Juan Ruiz sitúa un importante capítulo que aparece bajo el epígrafe: «Aquí narra cómo los clérigos, legos, frailes, monjas, dueñas y juglares salieron a recibir a Don Amor». En este pasaje compuesto de once cuartetas (1225-1235), cabe analizar y diferenciar, entre:

  1. los instrumentos propios de cristianos y/o musulmanes;
  2. los cultos y populares;
  3. las características de los cordófonos, aerófonos y membranófonos.

En su discurso donde narra cómo todos salieron a recibir a Don Amor, recoge el mosaico de instrumentos que se daban cita. Por el cortejo van desfilando juglares con coplas placenteras e instrumentos que servían para enamorar. El Arcipreste continúa describiendo el regocijo de la fiesta por donde desfilan instrumentos de todas las juglarías (cuartetas 1225-1234). Curioso es el detalle sobre el salterio, al destacar la altura de los sonidos y notas que emiten sus cuerdas metálicas «más alto que la mota».

Analizada, siglos después, por Michaëlis de Vasconcelos, Dámaso Alonso, Felipe Pedrell, Julio Cejador, Juan Facundo Riaño, Julián Ribera y Ramón Menéndez Pidal, entre otros, García Gómez estudió en profundidad la canción famosa «calvi vi calvi calvi aravi», tras cotejar las diferentes versiones y teorías respecto a su traducción e interpretación, consideró que la traducción sería, «mi corazón está en mi corazón, mi corazón es árabe»38. Un tanto extraño parece el hecho de interpretar el verso (1229b), en algunas copias del Libro de Buen Amor, como «un músico morisco tañendo va su rota», ya que el concepto de morisco se acuñaría a partir del año 1604 y terminó aplicado a la comunidad musulmana que vivía bajo dominio cristiano. Por otra parte, la rota se trata de un instrumento que aparece asociado a músicos cristianos en las fuentes documentales y en las representaciones iconográficas religiosas. Se trata de un cordófono medieval dotado de una rueda y una manivela que permite frotar las cuerdas.

Legado del Arcipreste de Hita

Es indudable que el arcipreste de Hita ha dejado una huella imborrable en nuestro pueblo. En la actualidad no se puede hablar de la villa medieval de Hita sin mencionar a Juan Ruiz.

Festival Medieval de Hita

El festival medieval que se celebra cada mes de julio, y es uno de los más populares de España. Tiene entre sus principales actividades las representaciones teatrales en torno al Libro de buen amor del arcipreste. El festival se celebró por primera vez en 1961, con la representación de la obra “Doña Endrina”, adaptación teatral del libro de Juan Ruiz que hizo Manuel Criado del Val, impulsor de este evento. En las ruinas de la iglesia de San Pedro cobran vida los principales personajes de la obra. Dos de las representaciones más aplaudidas por el público son la boda de doña Endrina y don Melón y el combate de don Carnal y doña Cuaresma, que son el homenaje que los habitantes de Hita dedican al arcipreste. Los protagonistas del Libro de buen amor también se convierten en los personajes de carnaval que recorren las calles de la villa durante el festival, acompañados de músicos y juglares.

Cátedra Arcipreste de Hita

Para promocionar actividades de formación, investigación y difusión de la obra de Juan Ruiz y el Libro de buen amor se creó la Cátedra Arcipreste de Hita, formada por profesores de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH). La cátedra lleva a cabo proyectos multidisciplinares relacionados con Hita y realiza talleres, seminarios y otras actividades didácticas, además de organizar eventos culturales, conferencias y jornadas.

Casa-Museo del Arcipreste

En Hita el arcipreste cuenta con un espacio cultural con salas que muestran diferentes exposiciones sobre su vida y obra. En la sala del Libro de buen amor está la recreación de un escritorio con reproducciones de hojas de manuscritos medievales de esta obra. También se exponen ediciones de bolsillo, ilustradas e internacionales, entre otras publicaciones. Otra de las salas más conocidas es la de las máscaras, en la que el público puede ver los distintos objetos de atrezzo que utilizan los vecinos de Hita en su festival medieval. Con estas máscaras se representa todos los años la pelea de don Carnal y doña Cuaresma.

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