Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Entender es relacionar, encontrar la unidad bajo la diversidad. En este contexto, Ernesto Sabato invita a cuestionar tanto los razonamientos feroces como las deducciones que a menudo pretendemos imponer sobre la realidad. Al repasar su obra y pensamiento, nos enfrentamos a la naturaleza de la verdad, la fama y la creación.
La ciencia y la metafísica ante el orden universal
Hay muchos pensadores que sostienen la ineptitud de la Metafísica para probar nada. La ciencia es totalmente ajena a esta cuestión y la prueba está en que de ella se ha pretendido sacar argumentos en favor y en contra de la existencia de Dios:
- Kepler y Newton: Se extasiaban ante el orden universal que, según ellos, implicaba la existencia de Alguien que lo hubiese establecido.
- Maupertuis: Suponía que el principio de mínima acción de la dinámica era la mejor prueba de una Sabiduría divina.
- Jeans: Piensa que este universo ha sido construido por un Dios matemático, con conocimiento del cálculo tensorial y la teoría de los grupos.
En realidad, un censo de opiniones mostraría que buena parte de los sabios creen en un Principio Ordenador. Por mi parte, me parece que la ciencia estricta nada puede probar en este problema.
La ilusión de la fama y la autenticidad
La gloria se equivoca casi siempre y rara vez se adquiere por motivos que podrían justificarla. La fama la realizan sucesos contingentes o equivocados: Einstein, por la frase todo es relativo, que jamás pronunció y que enérgicamente refuta; Newton, por la caída de una manzana que parece no haber caído nunca. En estos hombres, por ejemplo, la fama es merecida, pero sus causas son equivocadas.
Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa? ¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es su autenticidad? A veces, la búsqueda de la verdad requiere intrepidez, pues no basta la inteligencia. Se requiere mucho valor para defender a la vez la parte de verdad en Berkeley contra los marxistas y la parte de verdad en los marxistas contra Berkeley.
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El lenguaje y la profundidad
Habría que distinguir la oscuridad de expresión y la expresión de la oscuridad. Es cierto que hay problemas oscuros, como el de Dios o el de la eternidad. La riqueza del lenguaje puede ser medida por el número de las palabras, pero no su poderío. Como en el ajedrez, una palabra no vale por sí sola sino por su posición relativa, por la estructura total de que forma parte. En general, todos los conceptos en que entra la palabra pura, son sospechosos de escolasticismo: poesía pura, raza pura, música pura.
Propongo la siguiente definición: poesía pura es toda poesía exenta de impureza. Al final, el presente engendra el pasado, y la formidable crisis del hombre, esta crisis total, está sirviendo al menos para reconsiderar los modelos. Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable.
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