La Hacienda de Ciénega: Descubre Tres Siglos de Historia Fascinante en los Altos de Jaliscopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El presente trabajo tiene como finalidad dar a conocer la trayectoria histórica de la hacienda de Ciénega durante la última centuria del periodo colonial. Ubicada a menos de cien kilómetros de Guadalajara -entre las jurisdicciones de Tepatitlán y La Barca-, Ciénega fue una de las propiedades más extensas de la Nueva Galicia; sin embargo, su tamaño e importancia económica no han motivado estudios para entender su funcionamiento, auge y decadencia. Este ensayo pretende aportar nuevo conocimiento historiográfico sobre la misma e insertarse en el debate sobre la conformación de los latifundios en México.

La Conformación del Latifundio

Según las crónicas de la conquista del occidente de México, a la llegada del ejército de Nuño de Guzmán, el área aledaña a La Barca, se encontraba poblada con gran cantidad de pequeños asentamientos indígenas, los cuales fueron dando obediencia al rey de España a medida que fueron sometidos por el ejército hispano e indígenas aliados que le servían. Agrupados en encomiendas y explotados, los nativos recién sometidos comenzaron a cansarse. La paz duró poco tiempo. En 1541, se dio el gran levantamiento indígena de la Guerra del Mixtón, los indígenas del área también se rebelaron.

Luego de una serie de enfrentamientos donde los encomenderos y vecinos de Guadalajara quedaron en malas condiciones y donde perdiera la vida el conquistador Pedro de Alvarado, las autoridades de México tuvieron que intervenir. El 29 de septiembre de 1541, se puso en marcha hacia la Nueva Galicia el virrey Antonio de Mendoza con un formidable ejército de más cincuenta mil hombres, en su mayoría indígenas aliados. Al pasar cerca de Poncitlán arrasó el área y destruyó Coyna, el poblado principal donde los indígenas locales se habían fortificado para tratar de resistir al ejército del virrey. En efecto, luego de lo del Mixtón, se dice que perecieron cinco de cada seis indígenas alzados.

El resultado de dicha guerra fue una redistribución de congregaciones indígenas. Lo que sería luego la alcaldía mayor de Poncitlán, quedó con una gran cantidad de pueblos a orillas del río Santiago. La situación fue distinta en los valles de Coyna, Atotonilco, y las planicies de Ayo, Arandas y las montañas del Cerro Gordo. A excepción de Atotonilco, Tototlán y Zapotlán del Rey, el resto del territorio donde se expandió la hacienda de Ciénega se mantuvo sin pueblos indios.

Es en ese marco histórico en que se mercedó la tierra en el área. Según David Brading, el nacimiento de latifundios en el Bajío y otras áreas del Norte, estuvo influido por la inmensidad de territorios que fueron entregados en manos de pocos conquistadores, aunado a la necesidad de poblar áreas que se consideraban inseguras debido a los ataques de grupos chichimecas renuentes a aceptar al colonizador español. Ello implicó, entre otras cosas, que la propiedad ranchera no se consolidara tempranamente en una vasta área del sur alteño. No hay constancia que Nuño de Guzmán haya repartido tierras en la jurisdicción de Poncitlán. Las primeras mercedes registradas, fueron entregadas por Francisco Vázquez de Coronado cuando estuvo por capitán general y gobernador de la Nueva Galicia.

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Posteriormente, tanto el virrey Antonio de Mendoza como Luis de Velasco I y Martín Enríquez de Almanza, concedieron mercedes de tierras a soldados y colonos hispanos. La Real Audiencia de la Nueva Galicia, en especial, cuando fue su presidente Santiago de Vera, otorgó a vecinos de Guadalajara gran cantidad de sitios y caballerías de tierra en la alcaldía de Poncitlán cuya sede luego se cambió a La Barca. El origen de la hacienda de Ciénega se encuentra en una serie de sitios de tierra que comenzó a acaparar el conquistador Andrés de Villanueva. Este encomendero del pueblo de Atotonilco (hoy el Alto) y también regidor de Guadalajara fue conformando una propiedad considerable mediante la compra de tierras a diversos dueños. Otros sitios, en cambio, los recibió por merced de las autoridades o por herencia. Con estos y otros bienes logró que el 15 de julio de 1568 se le concediera licencia para constituir mayorazgo.

De éste, las tierras pasaron a sus hijos Juan y María de Villanueva, quien quedó como heredera del mayorazgo en virtud de la muerte del primero. Posteriormente, las tierras se vendieron al capitán Marcos García de Sotomayor, quien era un prominente ganadero de la ciudad de Santiago de Querétaro y a Tomás González de Figueroa, alférez real de la ciudad de Valladolid. Marcos García de Sotomayor compró gran cantidad de tierras en el occidente de México, como lo prueba el hecho de que durante el siglo XXVII era dueño también de amplias zonas de los valles de Tala y Cocula. Tomás González de Figueroa por su parte, era un poderoso ganadero que también había incursionado en la obtención de mercedes de las autoridades virreinales y en la compra de las mismas.

Ambos personajes tienen más en común: con su llegada tendieron a desplazar a encomenderos hijos de conquistadores y a las elites locales de Guadalajara del control de la tierra. Las grandes propiedades eran imprescindibles para la ganadería extensiva. Con características trashumantes, los hatos de borregos de estos ganaderos se movían año con año desde Querétaro y Valladolid hasta los llanos de la Nueva Galicia y la carne y la lana que obtenían se comercializaba en la ciudad de México a principios de siglo XXVII. Ahora bien, la acumulación de tierras que lograron tanto Tomás González de Figueroa como Marcos García de Sotomayor no sólo fueron el antecedente de la hacienda de Ciénega, sino de otros importantes latifundios que florecieron durante el virreinato en el actual estado de Jalisco, entre los que se pueden mencionar Santa Ana Pacueco, Cuisillos, Huaxtla, Milpillas, Cerro Gordo, tierras del vínculo de Mazatepec y las haciendas de Jerónimo Sánchez de Porras en la jurisdicción de Tlacotán.

Este fenómeno que abarca la última mitad del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII coincide también con la merma más fuerte de la población indígena. Muchos sitios repartidos en realidad fueron tierras de pueblos y asentamientos indígenas deshabitados. En esta época vemos también que los límites entre las distintas propiedades no habían sido aún establecidos con exactitud, tal situación debió estar relacionada con el poco valor que aún tenía la tierra de los valles aledaños a Ocotlán y Atotonilco.

Volviendo a la conformación de Ciénega, diremos que para 1600, Marcos García de Sotomayor y Tomás González de Figueroa habían logrado adueñarse por separado de prácticamente todas las tierras de los valles de Coyna y Milpillas. Dado que los sitios comprados por ambos ganaderos estaban imbricados en tierras del otro con los inconvenientes que ello implicaba, en 1612 decidieron cederse mutuamente los sitios que tenían en el polígono del otro. De este modo quedó todo el valle de San Silvestre o de Milpillas para Tomás González de Figueroa y el valle de Coyna y sus adyacentes para el capitán Marcos García.

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Gabriel Sotomayor heredó de su padre Marcos García las propiedades de Ciénega. El alférez Tomás González de Figueroa heredó a José de Figueroa y Campofrío sus propiedades. En 1645, Joseph de Figueroa había compuesto 98 sitios de ganados mayores y menores más 213 caballerías en las jurisdicciones de La Barca y Colimilla por lo cual pagó mil pesos ante las autoridades de la Nueva Galicia. La gran extensión detentada tendió a fragmentarse. La mayoría de sus bienes los cedió a los Campofrío y Sámano, quienes en 1631 vendieron diversos sitios a la hacienda de Ciénega. Otra parte de las tierras que acaparara Tomás González de Figueroa, constituyeron la hacienda de Milpillas.

Su hijo Joseph de Figueroa y Campofrío, vendió los sitios del valle de Milpillas a Juan de Sotomayor, vecino de la jurisdicción de Celaya en la Nueva España. Este dueño heredó las tierras a su única hija Mariana de Guzmán y Sotomayor, la cual casó con el capitán Sebastián de Andía, importante criador de ganados, vecino y dueño de tierras en el distrito de Acámbaro. En 1638, este personaje presentó los títulos de la hacienda de Milpillas, la propiedad constaba de diez sitios de ganado mayor, tres sitios de menor y cuatro caballerías, es decir, alrededor de veinte mil hectáreas que utilizaba de agostadero de ganado en el valle de Atotonilco. Con el tiempo, Sebastián de Andía y su esposa vendieron estas tierras y las de la hacienda de Cerro Gordo al capitán Pedro Albarrán Carrillo.

A diferencia de los Figueroa, quienes en la segunda mitad del siglo XXVII prácticamente desaparecen de la Nueva Galicia, los sucesivos descendientes del capitán Marcos García conservaron y ampliaron las propiedades que detentaban por otro medio siglo. Destaca entre ellos, Alonso de Estrada Altamirano quien había heredado por línea materna varias de estas propiedades, es decir, las haciendas de Ciénega, Santa Ana Pacueco y las tierras de Huaxtla, El Astillero y Llanos de Guadalajara, todas ellas en la Nueva Galicia; aparte de otras haciendas ubicadas en jurisdicción de la Nueva España.

El 5 de marzo de 1681, el capitán Alonso de Estrada Altamirano, alférez real de Celaya y bisnieto del capitán Marcos García de Sotomayor, compró a Francisco de Estrada y a su madre doña Luisa de Castro, 18 sitios de ganado mayor y menor con sus caballerías correspondientes por 5,500 pesos. Miguel de Estrada y Águila, hermano de Francisco de Estrada, vendió a Alonso de Estrada Altamirano la hacienda de Tarimoro el 26 de noviembre de 1687, la cual se ubicaba en la jurisdicción de La Barca, por cuatro mil pesos de censos que se debían al convento de Jesús María de Guadalajara. Se trata de las mesetas que desde Arandas se extienden hasta Degollado, pasando por los actuales municipios de Jesús María y Ayo, con lo cual Alonso de Estrada amplió aun más sus propiedades.

En 1696, cuando Nicolás Hurtado de Mendoza, comisario de Colimilla y Matatlán hizo las mediciones de la hacienda de Ciénega, sus títulos la amparaban en 66 sitios de tierra de ganado mayor, 38 sitios de ganado menor y 134 caballerías. Es decir, poco más de 150 mil hectáreas, de las que el tres cuartas partes se habían entregado en forma de sitios grandes. El cuaderno de títulos primordiales de la hacienda de más de 80 hojas, registra la merced más antigua de un sitio de ganado mayor y una caballería hecha al conquistador Francisco de la Mota, la cual fue confirmada por el virrey Antonio de Mendoza el 20 de noviembre de 1539, y la última merced el 4 de octubre de 1607, concedida por la Real Audiencia de Guadalajara a Antonio Veles de Vargas, quien fuera alcalde de primer voto en el cabildo de la ciudad de Guadalajara y comprador de tributos.

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Muchos beneficiarios con sitios de ganado mayor y menor que luego pasaron a la hacienda de Ciénega habían sido soldados de Nuño de Guzmán. Personajes como Juan de Villaseñor, Diego de Colio Berbén, Diego de García, Juan de Zaldivar, Juan Michel, Diego Vázquez, Andrés de Villanueva entre otros, los podemos rastrear desde la llegada misma de Nuño de Guzmán y el sometimiento de los pueblos indígenas de occidente. Otros de ellos, como Juan de Monteverde, Martín Casillas, Pedro de la Plaza o Diego de Porres, habían sido funcionarios de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, cargos que debieron aprovechar para beneficiarse con mercedes de tierra.

Tampoco es fácil seguir la pista a la gran cantidad de mercedes con que se constituyó el latifundio de Ciénega, debido a que hasta antes de 1728 agrupaba muchos de los sitios...

Ejemplos de oraciones con la palabra hacienda

Para entender mejor el uso de la palabra "hacienda", aquí hay algunos ejemplos de oraciones que ilustran su significado y contexto:

  • La hacienda de Ciénega fue una de las propiedades más extensas de la Nueva Galicia.
  • Muchos beneficiarios con sitios de ganado mayor y menor que luego pasaron a la hacienda de Ciénega habían sido soldados de Nuño de Guzmán.
  • El origen de la hacienda de Ciénega se encuentra en una serie de sitios de tierra que comenzó a acaparar el conquistador Andrés de Villanueva.

Expresiones y palabras de Jalisco

Las palabras y expresiones de Jalisco son un reflejo vivo de su historia, cultura y tradiciones. En esta tierra de occidente, el lenguaje adopta formas únicas que definen la identidad tapatía. El español de Jalisco está lleno de palabras y expresiones que reflejan la identidad y el carácter de su gente.

Aquí hay algunos ejemplos de palabras y expresiones únicas de la región:

  • Ájalas: expresión típica en Jalisco y el occidente de México que se emplea en diversas situaciones, desde una reacción a una noticia inesperada hasta una expresión de admiración.
  • Arre: expresión utilizada para confirmar una invitación o sugerencia “¿Nos vamos en el coche? - ¡Arre!”, dar ánimo o prisa, como un «¡vamos!» o «¡dale!».
  • Birote: pan típico de Jalisco de masa densa que puede ser salado o sin sal (mejor conocido como “fleima”, de “fleischmann”), semejante al bolillo.
  • Chucho: palabra coloquial utilizada para referirse a un perro, en especial a uno de compañía.
  • Lonche: en Jalisco, “lonche” hace referencia a una torta caliente elaborada con birote.
  • Ocupo: quizá la palabra más famosa de Jalisco. Se usa «ocupar» como sinónimo de “necesitar”.
  • Saaaabe: expresión tapatía para expresar cansancio, coraje, cuando un tema no queda completamente claro.
  • ¿Eda?: Forma corta de decir “¿verdad?”, usada para buscar confirmación de algo, a lo que generalmente se responde “ei” en lugar de “sí”.

Estas expresiones no solo forman parte del día a día de los jaliscienses, sino que también son un símbolo de pertenencia y tradición. Sigue explorando la rica cultura y tradiciones del estado para que sepas “bien mucho” de Jalisco en nuestro blog.

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