¡Descubre la Impactante Primera Declaración de Mr. Darcy en Orgullo y Prejuicio!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

La primera declaración de amor del señor Darcy a Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio es uno de los momentos más cruciales y resonantes de la literatura. Su importancia para la trama es innegable, marcando un punto de inflexión para ambos personajes. Lingüísticamente es magistral, al menos en inglés, y su impacto en los lectores perdura a lo largo de los siglos.

En el universo de Jane Austen, el poder de las palabras puede hacer mella en las personas y causar vuelcos inesperados. Si una frase tan aparentemente común y simple como "Te quiero" puede causar una gran impresión, hay que ver qué sucede cuando esa misma idea se expresa de la manera en que lo hace Fitzwilliam Darcy.

La propuesta en Rosings: Un torbellino de emociones

Fitzwilliam Darcy, uno de los protagonistas de la famosa obra de Jane Austen, Orgullo y prejuicio, publicada en 1813, es el heredero de una de las familias más influyentes y posee una enorme fortuna. En apariencia, es un hombre regio, reservado, altivo y bastante complejo de tratar, que se relaciona únicamente con unas cuantas personas y no tiene habilidades sociales. Sin embargo, en el punto álgido de su lucha interna, se rinde a sus sentimientos.

En la confrontación en Rosings, Darcy se confiesa:

"Señorita Elizabeth, he luchado en vano, y ya no lo soporto más. Estos últimos meses han sido un tormento. Vine a Rosings con la única idea de verla a usted. He luchado contra el sentido común, las expectativas de mi familia, su inferioridad social, mi posición y circunstancia, pero soy incapaz de contener mis sentimientos y estoy dispuesto a dejarlos a un lado y pedirle que ponga fin a esta agonía. Permítame que le diga que la admiro y la amo, apasionadamente."

Esta declaración, que resuena profundamente en el corazón de los lectores, es el momento en que Darcy se rinde por completo a lo que siente y se abre en canal ante la protagonista. No se trata solo de una declaración al uso: es una rendición emocional. El momento en que deja de luchar por reprimir y ocultar todo lo que ha estado experimentando. Ha perdido la lucha y es precioso verlo así, con su tono de voz tembloroso, su orgullo resquebrajándose y, por primera vez, una cosa preciosa cruzando su coraza: vulnerabilidad.

Lea también: La confesión de amor de Darcy en Orgullo y Prejuicio

Las múltiples facetas de una confesión icónica

La frase original de Darcy, "In vain have I struggled. It will not do. My feelings will not be repressed. You must allow me to tell you how ardently I admire and love you," ha sido traducida de diversas maneras, cada una capturando matices distintos de la pasión contenida del personaje. A continuación, algunas de las versiones más destacadas:

Versión Texto
Original en inglés "In vain have I struggled. It will not do. My feelings will not be repressed. You must allow me to tell you how ardently I admire and love you."
Traducción común "He luchado en vano. Ya no puedo más. Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame que le diga que la admiro y la amo apasionadamente."
Otra traducción "He luchado en vano, pero ya no quiero hacerlo. No quiero reprimir mis sentimientos. Debe permitirme confesarle lo ardientemente que la admiro y la amo."
Una versión más "He luchado en vano. Es inútil. No puedo ahogar mis sentimientos. Usted me permitirá que le diga en qué forma tan apasionada la admiro y la amo."

La palabra "ardor" es clave en muchas de estas traducciones, evocando una pasión contenida, un deseo y una emoción compleja de disfrazar. Es una frase que viene de una persona que ha hecho todo lo posible por no enamorarse, pero que ahora se rinde de forma plena ante la presencia de Elizabeth.

La contundente negativa de Elizabeth y sus acusaciones

Lamentablemente, Darcy no pudo limitarse a decir eso, sino que se explayó en sus explicaciones e irremediablemente, como consecuencia, tuvo que recibir su merecido a manos de Elizabeth. Ella respondió:

"También podría yo --replicó Elizabeth-- preguntar por qué con tan evidente propósito de ofenderme y de insultarme me dice que le gusto en contra de su voluntad, contra su buen juicio y hasta contra los dictados de su razón. ¿No es ésta una excusa para mi falta de cortesía, si es que en realidad la he cometido? Aunque mis sentimientos no hubiesen sido contrarios a los suyos, aunque hubiesen sido indiferentes o incluso favorables, ¿cree usted que yo podría caer en la tentación de aceptar al hombre que ha sido el culpable de arruinar, tal vez para siempre, la felicidad de mi adorada hermana? ¿Se atreve a negarlo, Señor Darcy?"

Elizabeth no solo se refirió a la separación de Jane y Bingley, donde Darcy no negó:

"No he de negar que hice todo lo que estuvo en mi mano para separar a mi amigo de su hermana, ni que me alegro del resultado. He sido más amable con él que conmigo mismo. Era la falta de distinción de su madre, de sus tres hermanas pequeñas incluso de su padre. Perdóneme."

También trajo a colación la historia de Wickham:

"Pero no sólo en esto se funda mi antipatía --continuó Elizabeth--. Mi opinión de usted se formó mucho antes de que este asunto tuviese lugar. Su modo de ser quedó revelado por una historia que me contó el señor Wickham hace algunos meses. ¿Qué puede decir a ésto? ¿Con qué acto ficticio de amistad puede defenderse ahora? ¡Por su culpa! --exclamó Elizabeth con energía--. Usted le redujo a su actual relativa pobreza. Usted le negó el porvenir que, como bien debe saber, estaba destinado para él. En los mejores años de la vida le privó de una independencia a la que no sólo tenía derecho sino que merecía. ¡Hizo todo esto!"

Lea también: Requisitos Cita SAT

En medio de la tensión, Darcy, herido, exclamó:

"¡Y ésa es --gritó Darcy mientras se paseaba como una exhalación por el cuarto-- la opinión que tiene usted de mí! ¡Ésta es la estimación en la que me tiene! Le doy las gracias por habérmelo explicado tan abiertamente. Mis faltas, según su cálculo, son verdaderamente enormes. Pero puede --añadió deteniéndose y volviéndose hacia ella-- que estas ofensas hubiesen sido pasadas por alto si no hubiese herido su orgullo con mi honesta confesión de los reparos que durante largo tiempo me impidieron tomar una resolución. Me habría ahorrado estas amargas acusaciones si hubiese sido más hábil y le hubiese ocultado mi lucha, halagándola al hacerle creer que había dado este paso impulsado por la razón, por la reflexión, por una incondicional y pura inclinación, por lo que sea. Pero aborrezco todo tipo de engaño y no me avergüenzo de los sentimientos que he manifestado, eran naturales y justos."

Elizabeth, por su parte, sentenció:

"Usted no habría podido ofrecerme su mano de ningún modo que me hubiese tentado a aceptarla."

A lo que Darcy finalmente replicó:

"Ha dicho usted bastante, señorita. Comprendo perfectamente sus sentimientos y sólo me resta avergonzarme de los míos."

La carta de Darcy: La verdad revelada en el capítulo 35

Tras la explosiva confrontación, el señor Darcy, más calmado, y entendiendo la necesidad de hablar de las cosas importantes con claridad, le escribe una carta a Elizabeth respondiendo a las acusaciones que ella le había hecho el día anterior. Este capítulo 35 es un punto pivotal en la novela.

Darcy, lejos de resentirse, es todavía más galante y educado en su misiva. Hay que tener un cuajo tremendo para, después del repaso que le dio Elizabeth, empezar una carta de esta manera tan elegante. Darcy se asegura de que ella la lea, empezando por bajarle las defensas, prometiendo que en la carta no habría nada de lo que anteriormente la había hecho saltar como una pantera. Su apertura es magistral:

Lea también: ¿Necesitas tu RFC? Aprende cómo hacerlo online

"Llevo un rato paseando por la arboleda con la esperanza de poder encontrarla. Le ruego, por lo tanto, que disculpe la libertad con la que solicito su atención. Si, al explicarle el motivo de mis actos, … me encuentro ante la necesidad de relatar sentimientos que puedan ofender a los suyos, tan sólo puedo decir que lo siento."

Un verdadero señor de los pies a la cabeza, Darcy empatiza con los sentimientos de Elizabeth, los entiende y, a la vez, pide ser escuchado.

Clarificación sobre Jane y Bingley

En la carta, Darcy explica sus acciones respecto a Bingley y Jane, revelando sus motivaciones:

"Ya le había visto enamorado en muchas ocasiones…. Su parcialidad hacia la Srta. Jane era correcta, pero Bingley no podría adivinar si estaba enamorada de él. La situación de la familia de su madre, aunque cuestionable, no era nada en comparación con la falta total de educación que, con frecuencia y casi de manera uniforme, pusieron en evidencia a ella misma, a sus tres hermanas más jóvenes y, ocasionalmente, incluso a su padre. Es decir, Darcy podría haber pasado por alto las deficiencias de Jane si hubiera estado seguro de que el afecto era sincero: pero con la experiencia que tenía de ver a su amigo enamorándose fácilmente, y de Jane que no parecía demasiado entusiasmada, lo mejor era dar un paso atrás. Pero Bingley es de naturaleza modesta, y depende más de mis propias opiniones que de las suyas. La debilidad de Bingley es la responsable de las decisiones que tomó, en su contra. Darcy cree que, si Bingley hubiese tenido un criterio más sólido sobre sus sentimientos y pensamientos, lo que él le hubiera dicho le podría haber entrado por un oído y salido por otro. Pero se dejó influir. Lo que Darcy quiere decir es que en ningún momento hubo intención de hacer daño, y que, sobre todo, se hizo debido a la aparente falta de reciprocidad entre ambos."

La verdad sobre Wickham y Georgiana

La carta también desvela la verdadera naturaleza del señor Wickham. Darcy le cuenta a Elizabeth sobre el padre de Wickham, un hombre honesto y trabajador. Después, Darcy le relata cómo tardó muchos años en darse cuenta de cómo era realmente su amigo, pero una vez que se dio cuenta de sus tendencias, sabía que los demás no eran conscientes de ellas, pues siempre daba una cara muy amable.

Darcy explica la manipulación de Wickham:

"Cualesquiera que sean los sentimientos que el Sr. Fantástico. Efectivamente, sabe que lo que pueda sentir la gente por el Sr. Wickham no sale de quien le observa; no es un sentimiento natural y libre en los demás provocado por su buena disposición; sino que él se encarga de manipular lo que los otros tienen que sentir hacia él… Fabuloso análisis."

El quid de la cuestión llega cuando Darcy le cuenta a Elizabeth lo que pasó con su hermana Georgiana y Wickham, y le pide que lo guarde en secreto. Wickham, sin dinero, y en connivencia con la cuidadora de Georgiana, la convencen para escapar. Darcy remarca la manera de trabajar de los manipuladores con los sentimientos de los demás, haciéndoles creer que son propios.

Darcy, en su carta, reflexiona:

"Desconozco de qué manera, o bajo qué tipo de falsedad se ha ganado su confianza. Efectivamente, para que la manipulación tenga éxito debe de existir un ingrediente fundamental: la confianza. Darcy está plenamente acertado en esta apreciación. Lo que hace ahora no es propio de lo que ocurre habitualmente. Por lo general, y esto lo vemos a diario, se suele pensar que quien está cerca del manipulador es tan consciente de sus vicios como él mismo…. Se obvia que, para engañar, el manipulador necesita del afecto y de la confianza."

La revelación de Elizabeth: Orgullo y vanidad

Esta carta es un catalizador para Elizabeth, quien se da cuenta de lo confundida que ha estado y de cómo sus propios prejuicios y orgullos le han jugado una mala pasada con él al juzgarlo tan rápido. Es una crítica a sí misma que marca el inicio de su transformación:

"Hasta entonces no supe lo que era tener una opinión humilde de mí misma. Me había envanecido por mi perspicacia. Pero fue la vanidad, no el sentido, lo que me guio."

Ella comienza a comprender que Darcy era, por su modo de ser y su talento, el hombre que más le habría convenido. El entendimiento y el carácter de Darcy, aunque no semejantes a los suyos, habrían colmado todos sus deseos. Su unión habría sido ventajosa para ambos: con la soltura y la viveza de ella, el temperamento de él se habría suavizado y habrían mejorado sus modales. Y el juicio, la cultura y el conocimiento del mundo que él poseía le habrían reportado a ella importantes beneficios. Como Mary Bennet señala,

"La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros."

Elizabeth, finalmente, se enfrenta a su propia vanidad.

El amor no siempre es fácil; no es un camino recto. Es una lucha interna constante e intensa. El hecho de que Darcy lo reconozca de esta manera en su primera declaración, y que Elizabeth lo entienda después de la carta, ofrece más belleza a sus personajes y a su transformación emocional.

tags: #orgullo #y #prejuicio #primera #declaracion