Descubre Cómo la Paráfrasis, Inducción y Deducción Transforman tu Razonamientopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Paráfrasis

La paráfrasis es un recurso intelectual que consiste en expresar un mensaje determinado con nuestras propias palabras para facilitar su comprensión. Así, se facilita su comprensión, ya que se expresa la información original extraída de una forma diferente bajo el mismo código de comunicación. Cuando se parafrasea, se busca transmitir el mensaje original de una manera más breve o explicar algo de una forma más sencilla. Paráfrasis puede entenderse también como una «traducción» que da al texto una visión clara, precisa y didáctica para otros lectores.

Una paráfrasis, coloquialmente parafraseo, puede dar como resultado un mensaje completamente nuevo y diferente al original en lo que respecta a la forma, pero es importante que el sentido sea conservado y transmitido correctamente. La paráfrasis es una técnica fundamental en la escritura, que consiste en reescribir o expresar con otras palabras un texto o una idea sin alterar su significado original. En términos simples, la paráfrasis es una reescritura de un contenido original.

La paráfrasis puede realizarse tanto en el discurso escrito como en la oralidad. Es también un recurso que se basa en el uso de sinónimos para evitar repeticiones. Es también un recurso didáctico y que facilita la adquisición de conocimiento y su memorización.

Se diferencia de una cita directa, en la que se toman las palabras exactas del autor, y de un resumen, en el que se reducen las ideas principales. Es importante no confundir la paráfrasis con el resumen. Mientras que la paráfrasis reescribe el texto manteniendo todos los detalles importantes, el resumen reduce el contenido a sus ideas más esenciales. En resumen, la paráfrasis es una herramienta valiosa para evitar el plagio, demostrar comprensión y adaptar el lenguaje a diferentes audiencias.

Tipos de Paráfrasis

Existen distintas formas de realizar una paráfrasis:

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  • Paráfrasis mecánica: Se reemplazan palabras y expresiones simples por sinónimos y prácticamente no se realizan cambios en la sintaxis.
  • Paráfrasis constructiva: Este tipo de paráfrasis implica una mayor reestructuración del texto original manteniendo su sentido esencial.

Ejemplos de Paráfrasis

Cita Original Paráfrasis
“Cada acto de nuestra vida cotidiana tiene implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el ejemplo” (René Favaloro). Siempre hay personas a nuestro alrededor que podrían aprender de nuestras acciones, por eso debemos comportarnos de manera ejemplar.
“La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte” (Leonardo Da Vinci). A diferencia de las personas, que envejecen y mueren indefectiblemente con el paso del tiempo, las obras artísticas son capaces de conservar la belleza intacta.
“Un libro que no merece una segunda lectura no merece la primera” (Carl Maria von Weber). Si un libro es bueno, amerita que sea leído varias veces. De lo contrario, no conviene leerlo ni siquiera una vez.
“La vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes” (John Lennon). La vida es demasiado corta como para estar pensando en el futuro y desaprovechar el presente.
“Vivir sin amigos no es vivir” (Cicerón). Los amigos son una parte fundamental de la vida.
“Nuestra tarea debe ser vivir libres, ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivientes y la totalidad de la naturaleza y su belleza” (Albert Einstein). Aspiremos a vivir en libertad y de una manera compasiva, respetando a todos los seres vivientes y a la naturaleza en su conjunto.

Cómo Parafrasear un Texto

Si queremos parafrasear un texto, primero debemos leerlo con atención para comprender cabalmente su significado. Además, es útil marcar las palabras que podemos reemplazar por sinónimos y aquellas demasiado específicas o técnicas que vamos a tener que conservar para no modificar el sentido. Una vez hecho esto, escribimos la paráfrasis, es decir, explicamos con nuestras propias palabras lo que dice el texto que acabamos de leer e interpretar. Los diccionarios de sinónimos y antónimos son un recurso muy útil si queremos buscar alternativas para modificar las palabras de un texto y conservar el sentido.

La Paráfrasis en Diversos Contextos

La paráfrasis es una capacidad cognitiva humana fundamental que todos utilizamos para procesar la información y facilitar la comunicación. Reformular la misma información con palabras diferentes, utilizar sinónimos, etc., forma parte de la experiencia de todos los usuarios de la lengua. Posiblemente guiados por factores pragmáticos, como el contexto del intercambio comunicativo y los participantes, ajustamos y reformulamos la forma en que queremos comunicar algo muchas veces al día en función de a quién nos dirigimos y con qué propósito.

La habilidad de reformular el significado desempeña un papel importante en la adquisición de conocimientos. La paráfrasis o reformulación está muy valorada en la enseñanza y el aprendizaje de lenguas extranjeras. Harmer (2007: 382) señaló que reescribir oraciones, realizar transformaciones, sustituciones léxicas y circunloquios son tareas muy beneficiosas para los estudiantes de idiomas. Por ello, los ejercicios de paráfrasis se emplean con frecuencia en las pruebas de idiomas para comprobar si los alumnos pueden expresar el mismo contenido o uno similar utilizando palabras y estructuras diferentes. En los exámenes orales, la capacidad de reformular ideas se valora como una “estrategia de reparación” que ayuda al alumno a evitar una ruptura de la comunicación y a mostrar que es consciente del contexto situacional.

En el ámbito de la escritura académica, la necesidad de interpretar los textos científicos y de comentar su contenido hace que sea necesario parafrasear mediante manipulaciones dinámicas de las estructuras, asegurando al mismo tiempo que el sentido esencial siga siendo equivalente al del texto original. Parafrasear es una habilidad valorada en la educación y el aprendizaje de idiomas y, por supuesto, en la formación de traductores e intérpretes.

Paráfrasis y Traducción

Dado que la paráfrasis opera sobre las estructuras y el significado, resulta de gran interés para el estudio cognitivo de la mediación comunicativa a través de la traducción, tanto intralingüística como interlingüística. La traducción intralingüística (o reformulación) es uno de los tres tipos de traducción que distingue Jakobson en su artículo de 1959 “On linguistic aspects of translation”. Hace referencia a las situaciones en las que el significado de los signos verbales se interpreta «by means of other signs of the same language» (Jakobson 1959: 114).

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La traducción intralingüística conlleva el mismo proceso de interpretación y reformulación del significado que la paráfrasis (intralingüística) y un objetivo similar, que es expresar un significado equivalente con formas lingüísticas diferentes (redacción), con frecuencia para un propósito y un receptor diferentes. El procesamiento intralingüístico del significado es operativamente similar a la traducción interlingüística (traducción propiamente dicha).

Zethsen (2009: 805) señaló cuatro factores que justifican la necesidad de la traducción intralingüística para hacer accesible el contenido a los usuarios de una misma lengua: (1) las barreras del conocimiento; (2) el paso del tiempo; (3) las diferencias culturales que se dan para entender un texto; (4) las limitaciones de espacio. La traducción intralingüística y la estrategia de la paráfrasis se basan en el principio de la semiosis ilimitada (Eco & Nergaard 2001: 219), según el cual el sentido de los signos lingüísticos se revela al ser traducido o interpretado por otro signo.

Una traducción satisfactoria constituye una especie de paráfrasis interlingüística. La paráfrasis se menciona también como estrategia eficaz cuando se estudia a los intérpretes. La habilidad de parafrasear el contenido informativo y de adaptar el texto a las necesidades y expectativas del nuevo lector también es necesaria a la hora de poseditar el resultado de la traducción automática.

Pym (2013: 490) predice que en la práctica de la traducción altamente tecnologizada prevalecerá el trabajo intralingüístico, ya que gran parte de la transferencia interlingüística se realizará mediante sistemas de traducción automática.

La Inducción y la Deducción: Modos de Razonamiento

Los procesos de inducción y deducción son fundamentales en el razonamiento y la adquisición de conocimiento. Históricamente, los filósofos empíricos (Bacon y otros) atribuían una importancia exclusiva a la inducción, subordinándole la deducción. Las filósofos racionalistas (Spinoza, Leibnitz, Descartes), por el contrario, colocaban en primer plano la deducción. En la concepción metafísica, la inducción y la deducción, como modos de indagación, están mutuamente contrapuestas y se excluyen una y otra. En cambio, la dialéctica materialista sólo las considera como formas particulares, pero no autónomas, no aisladas, de investigación, siendo imposible la una sin la otra.

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Toda deducción científica es el resultado del previo estudio inductivo del material y se basa en este estudio. A su vez, la inducción es auténticamente científica sólo cuando el estudio de los fenómenos singulares, particulares, se basa en el conocimiento de las leyes generales que rigen el proceso del desarrollo. Hay que “tener en cuenta su conexión entre sí, su mutuo complemento” (Engels). En el proceso real del conocimiento, la inducción se presenta siempre unida a la deducción.

La Inducción

Inducción (del latín “inductio”: conducción a o hacia) es el modo de razonar desde lo particular a lo general, desde los hechos a las síntesis. Es uno de los tipos de razonamiento y método de investigación. Las cuestiones relativas a la teoría de la inducción se encuentran ya en los trabajos de Aristóteles, pero sólo se las dedica especial atención cuando aparece la ciencia natural empírica, en los siglos XVII-XVIII. Contribuyen en gran manera a elucidar los problemas de la inducción, Francis Bacon, Galileo Galilei, Isaac Newton, John Herschel y John Stuart Mill.

Como forma de razonamiento, la inducción hace posible el paso de los hechos singulares a los principios generales. Suelen distinguirse tres tipos fundamentales de razonamientos inductivos:

  1. Inducción completa: Consiste en inferir un principio general acerca de la clase en su conjunto partiendo del examen de todos sus elementos; proporciona una conclusión fidedigna, pero su esfera de aplicación es limitada, pues sólo es aplicable a clases cuyos miembros, por su número, sean fácilmente observables.
  2. Inducción por simple enumeración (inducción en el sentido ordinario o popular): La presencia de un carácter cualquiera en parte de los elementos de la clase, sirve de fundamento para llegar a la conclusión de que todos los elementos de la clase dada poseen el carácter de referencia. Tiene una esfera de aplicación ilimitada, pero sus conclusiones forman sólo proposiciones probables, necesitadas de una subsiguiente demostración.
  3. Inducción científica: Representa una conclusión inferida de una parte de los elementos de la clase dada y aplicada a toda la clase, pero en este caso lo que sirve de fundamento a la conclusión es el descubrimiento -en los elementos de la clase investigados- de conexiones esenciales, que condicionan de manera necesaria la pertenencia del rasgo dado a toda la clase. De ahí que en la inducción científica ocupen el lugar fundamental los procedimientos que permiten descubrir nexos esenciales. Un descubrimiento de este tipo presupone un complejo análisis.

En la lógica tradicional, se encuentran formulados algunos de tales procedimientos, los denominados métodos inductivos de investigación del nexo causal: método de la concordancia única, método de la diferencia única, método combinado de concordancias y diferencias (método de la doble concordancia), método de las variaciones concomitantes y método de los residuos. En su calidad de método de investigación, la inducción se entiende como vía del estudio experimental de los fenómenos de modo que partiendo de hechos singulares se pasa a proposiciones generales; es como si los primeros condujeran a la proposición general.

El estudio de los hechos debe preceder a la formación de las nociones más simples, sin lo cual, la generalización queda suspendida en el vacío, desprovista de valor científico. El gran fisiólogo ruso Pavlov decía que los hechos constituyen el aire del sabio. La verdadera ciencia de la naturaleza no ha comenzado sino con un conocimiento fundado en la experiencia y el análisis de los hechos. A su vez, la inducción no es científica a menos que el estudio de los hechos se inspire en el conocimiento de las leyes generales. En su Dialéctica de la naturaleza, Engels somete a una crítica implacable a los “inductivistas” para quienes sólo la inducción constituye “un método infalible”.

La acumulación puramente empírica de los hechos sin su generalización teórica no puede conducir a un conocimiento científico. Al tiempo que concedía a los hechos una importancia considerable, Pavlov hacía notar que era siempre indispensable una idea general del objeto a fin de “fijar los hechos”, a fin de marchar adelante. Los hechos no iluminados por la teoría, se conservan opacos.

Así, antes de Mendeleiev se habían acumulado conocimientos sobre los diferentes elementos químicos, pero no se había descubierto aún el lazo real y las relaciones recíprocas entre esos elementos. Apoyándose en los hechos acumulados por vía de la inducción, Mendeleiev elaboró su célebre sistema periódico que puso en claro el vínculo interno necesario entre los elementos químicos. La teoría de Mendeleiev, sus deducciones científicas, permitieron comprender e interpretar los hechos más profundamente. Gracias a su sistema, Mendeleiev predijo la existencia de varios elementos desconocidos y ofreció una descripción detallada de ellos. Poco después, esos elementos fueron descubiertos. Ninguna inducción es capaz por sí misma de semejantes pronósticos.

En El Capital, Marx analiza una multitud de hechos y descubre las leyes generales de todo el desarrollo del capitalismo con la ayuda de la inducción y de la deducción. La fuerza de la doctrina marxista-leninista, reside en el hecho de que cada una de sus tesis reposa sobre un análisis profundo de una multitud de hechos y de fenómenos reales. Sus principios teóricos, las leyes del desarrollo que esa doctrina ha descubierto, proyectan una clara luz sobre los hechos más intrincados, los fenómenos y los acontecimientos más complejos de la vida social, lo cual ayuda a orientarse en medio de ellos y permite no sólo conocer el pasado y el presente, sino también prever, de una manera rigurosamente científica, el desarrollo en el porvenir.

La Deducción

Deducción es el modo de razonar desde lo general a lo particular, desde las tesis generales a las conclusiones particulares (del latín, deductio, razonamiento que va de lo general a lo particular, de las proposiciones generales a las conclusiones particulares). Como las creencias de las personas deben estar fundamentadas en razones, tenemos que entender alguna cosa sobre esas razones, que en filosofía se suelen llamar premisas: información que justifica una conclusión.

Premisas y Silogismos

Un silogismo es, básicamente, la cuenta matemática resultante de dos premisas (sumandos) y la conclusión que se extrae de ellas (resultado). Es decir, las premisas X e Y implican la conclusión Z.

Por ejemplo:

  • Premisa 1: todos los humanos son mortales
  • Premisa 2: Sócrates es humano
  • Conclusión: Sócrates es mortal

Lo que acabamos de hacer es deducir en el sentido estricto de la palabra: si las dos premisas son verdaderas, la conclusión ha de ser verdadera, por lo que el razonamiento es válido.

Sin embargo, puede darse el caso de un razonamiento inválido incluso si las premisas son verdaderas y la conclusión también es verdadera.

Por ejemplo:

  • Premisa 1: todos los humanos son mortales
  • Premisa 2: Sócrates es humano
  • Conclusión: Sócrates fue el maestro de Platón

Todo lo dicho es verdadero, pero la conclusión no tiene nada que ver con las premisas: la conclusión no se deduce de las premisas o, dicho de otro modo, las premisas no implican esa conclusión.

También podemos tener premisas verdaderas pero llegar a una conclusión falsa si el razonamiento es un non sequitur (por tanto, falaz):

  • Premisa 1: yo soy mamífero
  • Premisa 2: los gatos son mamíferos
  • Conclusión: yo soy un gato

En el siguiente ejemplo vemos que la consecuencia es potencialmente falsa:

  • Premisa 1: si estoy en Madrid, entonces estoy en España
  • Premisa 2: estoy en España
  • Conclusión: estoy en Madrid (pero no: estoy en Málaga, aunque sí que podría estar en Madrid, lo cual sería simplemente casualidad, no consecuencia de las premisas)

Es también interesante que entendamos cómo puede manipularse la información:

  • Premisa 1: los hombres son animales inteligentes
  • Premisa 2: las mujeres no son hombres
  • Conclusión: las mujeres no son animales inteligentes

El problema aquí es que se ha usado torticera y capciosamente la palabra «hombre», pues en la premisa 1 el significado es de ‘persona (de cualquier sexo)’, mientras que en la premisa 2 el significado es de ‘persona macho’. Básicamente, con la apariencia de estar refiriéndonos a lo mismo, hemos usado de hecho dos conceptos diferentes, por lo que la conclusión no es verdadera.

La deducción propiamente dicha es la única forma de razonamiento que nos da una consecuencia cierta al cien por cien (siempre que el razonamiento haya sido correcto). El problema es que para ello se requiere partir de premisas que se sepa con certeza que son verdaderas, lo que suele causar que a menudo las deducciones sean sobre cosas bastante obvias.

Argumentos y el Método Socrático

Cuando hacemos uso de algún tipo de razonamiento es para dar un argumento basado en las conclusiones que hemos sacado. Otra persona puede no estar de acuerdo con ese argumento-conclusión, por lo que puede contraargumentar, es decir, tratar de invalidar el argumento. Esto no se debe hacer mediante falacias. Por el contrario, el contraargumento debe sustentarse en razonamientos similares a los de un argumento. Los contraargumentos pueden a su vez contraargumentarse.

El método socrático se trata de llegar a la verdad mediante un intercambio de ideas entre interlocutores, en lugar de una transmisión pasiva de la información. El diálogo-conversación no busca obtener un vencedor y un perdedor, sino simplemente acercarse conjuntamente, mediante el intercambio de ideas y el debate, a la verdad. Si alguien te contraargumenta y no puedes contraargumentar ese contraargumento, tu deber es seguir investigando para a tu vez contraargumentar o, de hecho, aceptar el contraargumento de la otra persona.

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