Descubre los Secretos Ocultos de los Postulados Psicoanalíticos sobre la Causalidad: ¡Un Debate Epistemológico y Clínico que Cambiará tu Visión!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El modelo de ciencia que la psicología académica ha adoptado se atiene casi exclusivamente a criterios empírico-experimentales, lo que implica supuestos epistemológicos como el estudio de hechos objetivos y explicaciones causalistas o funcionalistas. Desde este bastión, se ha tratado de derruir el saber psicoanalítico, arrojándolo a la cárcel de las pseudociencias o de los mitos.

En un momento determinado, se intentó acercar el psicoanálisis a tal modelo positivista, lo que trajo consigo la pérdida de lo más esencial del mismo. Sin embargo, desde la década de los sesenta del pasado siglo, algunos venimos insistiendo en ubicarlo en el marco de las ciencias histórico-hermenéuticas, donde la teoría y la práctica psicoanalíticas recuperan su total identidad. Para que ello sea posible, es preciso abandonar una serie de apriorismos, como el de concebir la realidad, campo de estudio de toda ciencia, como un conjunto exclusivamente formado por hechos objetivos u objetivables. Así mismo, es imprescindible ir más allá de las explicaciones causalistas y funcionalistas, así como de las fenomenológicas, que sólo dan cuenta de las vivencias conscientes, proponiendo en su lugar explicaciones de carácter dinámico-exegéticas o interpretativas.

I. La Naturaleza Científica del Psicoanálisis y el Problema de la Causalidad

El psicoanálisis, a pesar de los deseos de Freud de ubicarlo dentro de las ciencias naturales, no puede ser encuadrado en el marco empírico-experimental. De aquí que haya sido sometido reiteradamente a críticas muy duras, tratando de condenarlo al infierno de las pseudociencias o de los mitos. Ante esta situación, algunos psicoanalistas adoptaron variadas salidas, desde encerrarse en una torre de marfil, hasta proponer reformulaciones del cuerpo teórico psicoanalítico en una línea acorde con la perspectiva de las llamadas ciencias empíricas, así como otras alternativas más interesantes, como la de fundamentarlo como un saber ajeno a tal modelo, como lo histórico-hermenéutico, pero no por ello ajeno a lo científico.

En cuanto a las reformulaciones empiristas, la gran falla de sus defensores fue el dejar al psicoanálisis sin su alma, sin su esencia, pues tales propuestas derruían totalmente el soporte metapsicológico, su núcleo fundamental.

Intentos de Reformulación Empírica del Psicoanálisis

Debe atribuirse a Bridgman el primer intento de convertir al psicoanálisis en una teoría empírica, para lo que se valió de la estrategia de la utilización del llamado lenguaje operacional. Bridgman trató, con ello, de dotar al psicoanálisis de unos conceptos objetivables y cuantificables, pero su análisis operacional resultó un híbrido psicoanálisis-conductismo que no permitió la puesta en marcha de programas de investigación productivos.

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Algunos años después, Madison llevó a cabo una propuesta similar, tratando de establecer definiciones operacionales y reglas de correspondencia entre conceptos como la represión y la defensa con ciertas conductas manifiestas, sin éxito. Ya desde dentro del sistema psicoanalítico, no pocos saludaron con júbilo las aportaciones de Sullivan, entendiendo que favorecían el definitivo progreso del estatuto científico del psicoanálisis, al asentarlo en el tan anhelado camino empírico. Sullivan llevó a cabo la inclusión de factores socio-culturales y una interesante renovación del lenguaje psicoanalítico para dar una explicación de la determinación de la estructura del carácter individual. Puede decirse que Sullivan fue uno de los iniciadores del psicoanálisis culturalista.

En cuanto al intento de sistematización de David Rapaport, fue mucho más comprometido con la perspectiva cientifista de la época, ya que trató de encajar los conceptos psicoanalíticos básicos en un marco empirista a través de una serie de tesis, axiomas y teoremas. Rapaport reconoció pronto la inoportunidad de su proyecto, que tuvo como principal defecto el alejarse mucho de los hechos clínicos. Sin embargo, su propuesta mostró ciertas posibilidades de formalización y sistematización de la teoría psicoanalítica.

En una línea más revolucionaria, Peterfreund planteó la necesidad de sustituir el modelo metapsicológico por un modelo sistémico y de procesamiento de la información. Desde este enfoque se propuso el abandono de conceptos tan esenciales para el psicoanálisis como los relativos al yo o a la energía psíquica. Gear y Liendo, por su parte, trataron de articular en el ámbito metodológico el psicoanálisis con la informática. Esto no llegó a cuajar, habiendo caído hoy prácticamente en el olvido, no sólo porque tal propuesta se alejaba absolutamente de lo que es el genuino psicoanálisis, sino también porque la simplificación que exige la informatización se torna imposible con los hechos clínicos.

Finalmente, tanto Gerard S. Klein como Schafer trataron de salir del atolladero dándole la espalda a todos los elementos teóricos del psicoanálisis, proponiendo una práctica sin psicodinámica, un lenguaje en acción, que transformó el psicoanálisis en una actividad sin ninguna fundamentación conceptual, o, dicho de otra forma, en una especie de tarea artesanal. La crítica que a todas las anteriores reformulaciones empiristas podemos hacer es que sus autores trabajaron con presupuestos más o menos desgajados del contexto clínico psicoanalítico, suponiendo además en muchos casos el abandono del más específico soporte teórico freudiano.

Las disciplinas psicológicas empírico-experimentales se ocupan de hechos que derivan de la observación directa de la conducta manifiesta, mientras que la esencia del psicoanálisis está en desenvolverse en un campo dado por la búsqueda de relaciones de sentido entre los objetos sustituidos y los objetos originarios (y perdidos) de la pulsión. El psicoanalista ha de ocuparse del estudio de los derivados del inconsciente, estableciendo cuál es la semántica de los deseos pulsionales en juego en el seno de las relaciones objetales (transferenciales) y siempre a la luz de los determinantes inconscientes. Los aspectos manifiestos o públicos de la conducta no son sino elementos indirectos o secundarios, aunque sirvan al psicoanalista como soporte para alcanzar los objetivos primarios que guían su tarea.

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Lo que interesa al psicoanalista va más allá de acceder a tales reconstrucciones históricas de hechos objetivos, dado que es la realidad subjetiva, tanto la creada en el pasado personal como en el presente analítico, lo que más llama su atención. El psicoanálisis, además, supera la mera reconstrucción histórica, dado que busca, sobre todo, una hermenéutica de lo que el sujeto expresa en sus palabras y en su conducta. El analista está particularmente comprometido con la exégesis de la realidad subjetiva implícita en las reconstrucciones que efectúa, tratando de encontrar el último significado, el determinado por la acción del inconsciente. Por ello, podemos afirmar que, aun siendo el psicoanálisis en parte una ciencia histórica, su peculiaridad está en lo hermenéutico, superando así la mera reconstrucción biográfica y las explicaciones históricas, para comprometerse en explicaciones dinámicas y profundas, en las interpretaciones.

II. La Causalidad en Freud: Entre el Fisicalismo, el Determinismo y la Interpretación

Hay acuerdo en que Freud confundía, o por lo menos no hizo una distinción rigurosa a lo largo de su trabajo, entre razones y causas. Esta distinción se debe analizar en Freud en relación con dos paradigmas de explicación que generaron una tensión constante: el paradigma mecanicista y el paradigma psicológico. Debido a su formación como fisiólogo, no quería renunciar al paradigma mecanicista, y por ello insistió en describir el inconsciente en términos de flujo y descarga de energía. Sin embargo, empujado por las necesidades de su práctica, Freud tuvo que recurrir a la descripción intencional, a un lenguaje más psicológico, que incluía deseos, creencias, motivos, razones para actuar.

Freud siempre estuvo interesado en incluir al psicoanálisis dentro de las ciencias de la naturaleza, ya que para él la única ciencia como tal es la ciencia de la naturaleza. Se adhiere a un monismo epistemológico que rechaza cualquier consideración de "ciencias" del espíritu. Su contribución a la ciencia consiste, justamente, en haber extendido la investigación al ámbito anímico. Las principales influencias científicas en su pensamiento fueron el fisicalismo de Du Bois-Reymond, que planteaba la reducción de todo fenómeno a la acción de fuerzas físicoquímicas, y el materialismo mecanicista de Helmholtz.

Hay también una orientación determinista en su pensamiento. Freud consideraba que el Universo sigue un orden único determinado en el cual no puede haber algo que no encaje; y el ámbito de lo mental, como parte de la naturaleza, no podía escapar a esta determinación. Encontró que una parte importante de los estados mentales y acciones del ser humano no tenían explicación, lo cual constituía una laguna en ese cuadro determinista. Por ello, consideró que debía haber una estructura mental encargada de determinarlos y le pareció necesario postular la existencia de los estados mentales inconscientes. Afirmaba que "si alguien quebranta de esa suerte en un solo punto el determinismo de la naturaleza, echa por tierra toda la cosmovisión científica". Este determinismo nunca fue abandonado por Freud.

Existía un debate sobre sus aspiraciones fisicalistas, reflejadas en el "Proyecto de psicología para neurólogos," donde Freud buscaba los correlatos neuronales de las instancias psíquicas. Algunos argumentan que el abandono de este proyecto se debió a la falta de avances neurofisiológicos de su época, pero que nunca dejó de pensar que la confirmación de sus hipótesis fisicalistas le daría el estatus científico al psicoanálisis. Otros consideran que el "Proyecto" fue un desvío insignificante, basándose en pasajes donde Freud muestra escepticismo sobre la explicación materialista de la mente, como cuando dice: "Aquí se nos abre una laguna; por hoy no es posible llenarla, ni es tarea de la psicología. Nuestra tópica psíquica provisionalmente nada tiene que ver con la anatomía." También indicó: "Pero no parece probable que puedan obtenerse tales soluciones del problema" en referencia a una causa única de las neurosis.

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Lo cierto es que Freud tuvo que limitar sus aspiraciones fisicalistas, pero nunca abandonó su fe en la verdad del fisicalismo. Así, Freud fluctuó entre una actitud cientificista y una más psicologizante. Recurrió al lenguaje psicológico de creencias, deseos o motivos para explicar las acciones incomprensibles de los pacientes neuróticos, pero siempre aspirando a encontrar el correlato físico de lo inconsciente. El manejo de Freud de la causalidad estuvo claramente influenciado por estas doctrinas.

III. Fundamentos Filosóficos de la Causalidad: La Perspectiva de David Hume

Hume entendió su búsqueda de la causa de forma que "il faut tout à fait distinguer de la cause finale". Para Hume, la relación de causalidad es una relación de hecho, no de ideas, y lo que es demostrable no puede ser contradictorio. Sin embargo, en la naturaleza, no podemos demostrar la necesidad de una causa. Nunca podemos observar un vínculo entre ellos, solo que están unidos, pero no conectados. La habitud y la contigüidad son elementos constitutivos de la causalidad.

La inferencia y la creencia van a la par en un mismo plano, haciendo posible diferenciar series causales verdaderas de las que no lo son. La creencia se especifica en la definición de la causa humana. La convicción que entregan los hombres a su presencia no es intuitivamente cierta. La causa no describe ningún trazo de "certitud". La creencia humana, que vivimos con la intensidad de una experiencia inmediata, es producto de la imaginación y de nuestra memoria. Este problema de la metafísica lleva a Hume a afirmar que "el hombre se encuentra obligado a vivir" en la costumbre en la orientación de la vida humana. Así, la búsqueda de la causa se describe como un término ilusorio, demostrando que lo contrario es imposible.

IV. La Causalidad en Jacques Lacan: El Lenguaje y la Función de la Pérdida

El psicoanalista francés Jacques Lacan pidió un regreso a la obra de Freud, pero con un enfoque renovado en el inconsciente y una mayor atención al lenguaje, inspirado en la lingüística. Lacan teorizó que "lo real" es el nivel más fundamental de la mente humana. A diferencia de lo simbólico, al que Freud propuso que se podía acceder a través del psicoanálisis, no se puede acceder a lo real. Una vez que aprendemos y entendemos el lenguaje, nos separamos completamente de lo real. Lo describe como el estado de naturaleza, en el que no existe más que una necesidad de comida, sexo, seguridad, etc. Nuestros deseos y emociones viven en el Orden Simbólico, y aquí es donde se interpretan, si es posible. Una vez que aprendemos un idioma, pasamos de lo real a lo simbólico y no podemos volver a lo real. Lacan propuso que la "etapa de espejo" se inicia cuando los bebés se reconocen en un espejo su propia imagen, incorporando lo que ven en su sentido del "yo" o sentido de sí mismo.

La causa en Lacan está ligada al Otro primordial, al inconsciente y a la lógica del significante. Se ubica en la estructura misma del lenguaje, en la imposibilidad, en la falta de un significante en el Otro del discurso. El inconsciente es lenguaje, y el trauma se presenta como inasimilable. La causalidad se une a un imposible. En esta perspectiva, la relación del sujeto al significante es siempre fallida. El sujeto está sometido a los efectos del significante.

La "cosa" (Das Ding) en Lacan se encuentra indeclinablemente perdida para el sujeto, carente de realidad, y el vacío la "autoriza". El significante y la vertiente de la cosa son realidades absolutamente opuestas. La "jouissance" del sujeto es el originario primordial que la teoría de la represión intenta recubrir, siendo una "jouissance" originaria. El análisis gira en torno a la confesión subjetiva de los dichos del sujeto, sometido al significante para que su realidad se devele. La metáfora paterna es útil a estos propósitos, representándose bajo el significante del falo, una sustitución primordial de la "jouissance" primaria. La "jouissance" se aloja en el proceso de lo pensado, de lo rememorado y de lo acontecido, rescatando su peso al interrogar el sentido de la vida, que se une a la muerte en el campo del Otro.

V. El Sujeto, la Causa y la Libertad en Psicoanálisis

La hipótesis del sujeto, fundamental en psicoanálisis, resiste a las leyes de la ciencia y resulta imposible de comprender para la razón. Existe un punto de falta en el sujeto que es cubierto por el lenguaje, marcando una diferencia constitutiva. El significante es el lugar donde se acumula la causalidad, y esa marca solo es registrable a nivel de la significación. La ley, al igual que la cadena significante, constituye un elemento de libertad y alienación. El sujeto ingresa con toda la subjetividad que le es fundante, a un punto donde lo imposible se corporiza.

El sujeto es solo un efecto de los significantes que lo constituyen. El consentimiento del sujeto es crucial en el psicoanálisis. La división fundamental del sujeto es un procedimiento último de la realidad psicoanalítica, que permite considerar como suyas sus afirmaciones y sus negaciones. La causalidad psíquica se articula en la escena de las representaciones psíquicas que hacen el mundo alrededor del sujeto, una instancia de segundo orden frente a la fuerza del significante. La interrogación fundante del sujeto es: "¿Qué soy?", "¿Qué es lo que en mí desea?", "¿Qué quiere el Otro de mí?". Esto significa la aceptación de la propia causalidad, la determinación que le es esencial. La locura es su verdadero sentido, para acceder a su realización más plena. Los problemas que se encuentran dentro de la locura son problemas de la propia causalidad.

VI. La Causa Psíquica y el Efecto Terapéutico

El psicoanálisis es un tipo de terapia que tiene como objetivo liberar emociones y recuerdos reprimidos para llevar al cliente a la catarsis o curación. El objetivo es llevar a la conciencia lo que existe en el nivel inconsciente o subconsciente. El fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien se interesó en la mente inconsciente tras el caso de «Anna O.», propuso un modelo de la mente dividido en consciente, preconsciente e inconsciente, donde este último es el repositorio de deseos primitivos e instintivos.

Más tarde, Freud propuso un modelo más estructurado con el Id (impulsos instintivos), el Ego (control y atado a la realidad) y el Superego (moralidad y principios superiores). Estas tres partes están en constante conflicto, y el ego puede usar mecanismos de defensa como la represión, negación, proyección, desplazamiento, regresión y sublimación para proteger al individuo. Freud también planteó las 5 etapas psicosexuales del desarrollo (oral, anal, fálica, latente, genital), cuya exitosa finalización es crucial para la salud psicológica adulta, advirtiendo que las fijaciones pueden causar problemas emocionales y de comportamiento. La interpretación de los sueños es otro concepto clave, donde el análisis de los sueños da una visión valiosa de la mente inconsciente, revelando el cumplimiento de deseos y resolviendo problemas reprimidos mediante la distinción entre contenido manifiesto y latente, y el uso de la condensación, desplazamiento y elaboración secundaria.

Jung, a pesar de sus diferencias con Freud, también contribuyó a la psicología analítica, con divergencias sobre la libido (energía psíquica general vs. gratificación sexual), la naturaleza del inconsciente (colectivo/transpersonal vs. deseos reprimidos) y las causas del comportamiento (aspiraciones futuras vs. experiencias pasadas). En el enfoque psicoanalítico, el comportamiento está determinado por las experiencias del pasado alojadas en la mente inconsciente. Las técnicas psicoanalíticas incluyen la interpretación (aclaración, confrontación), el análisis de transferencia (repetición inconsciente de conflictos pasados) y el análisis de contratransferencia.

El sujeto de nuestro tiempo demanda el efecto terapéutico rápido, es decir que no haya espera entre la causa y el efecto. Sin embargo, si la causa es del inconsciente, demandar la no espera es imposible. Freud planteaba que el efecto terapéutico es por añadidura. Para el psicoanálisis, el efecto terapéutico es en primer lugar el objeto de una demanda, y el efecto terapéutico rápido es más concretamente la demanda del sujeto en una civilización donde el tiempo para comprender tiende a esfumarse. La casi identidad del efecto y la causa, la obtención inmediata del efecto, es también el ideal de la pulsión, que es la demanda de una satisfacción inmediata.

Para Freud, el efecto terapéutico no era un efecto vinculado de manera inmediata a la causa. Descubrió una abertura irreductible entre efecto y causa que hace de esta causa algo que siempre cojea y que nombró con el término de inconsciente. A partir de este momento, todo efecto es siempre un efecto de lenguaje.

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