El Tren Maya: Descubre Cómo Afecta Realmente a Tu Bolsillo y al Futuro del Paíspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Desde diciembre de 2018, se anunció el plan de desarrollo llamado “Tren Maya”. El presidente Andrés Manuel López Obrador lo considera el principal proyecto de infraestructura del Gobierno federal. Este documento tiene como objetivo presentar los desafíos que enfrentan este tipo de megaproyectos a partir de la información disponible.

El proyecto del Tren Maya está incluido en el Plan Nacional de Desarrollo (PND), donde se menciona que es un proyecto orientado a incrementar la derrama económica del turismo en la Península de Yucatán, crear empleos, impulsar el desarrollo sostenible, proteger el medio ambiente de la zona desalentando actividades como la tala ilegal y el tráfico de especies, y propiciar el ordenamiento territorial de la región. El Gobierno de México (GOBMX, 2024) indica que el Tren Maya es propiedad de la empresa pública Olmeca-Maya-Mexica y es un proyecto de transporte ferroviario que conecta las principales ciudades y zonas turísticas de la península de Yucatán.

Alcance y Ruta del Proyecto

El proyecto comprende, entre otros, 1,460 kilómetros de ferrocarril de velocidad media (su velocidad máxima será de 160 km/h para pasajeros y 120 km/h para carga), varias estaciones de ferrocarril, infraestructura vial, acueductos y nuevos centros de población y polos de desarrollo. Abarca más de 50 municipios y 5 estados del sureste de la República mexicana (Chiapas, Tabasco, Yucatán, Campeche y Quintana Roo), donde viven diversas poblaciones indígenas y campesinas, además de ser una de las zonas más biodiversas del mundo.

La ruta del Tren Maya comienza en Palenque, en el estado de Chiapas, y viaja hacia el noreste hasta Cancún, en Quintana Roo, por medio de dos rutas que rodean la península. Se divide en siete tramos con estaciones. Cada parada tiene una duración de dos minutos y el tiempo de recorrido entre estaciones va de 15 a 20 minutos. La página oficial del Tren Maya señala que tendrá una longitud total de 1,460 km con 18 estaciones y se prevé que la ruta se divida en siete tramos, pero el trazo final del ferrocarril se desconoce, así como el exacto número de estaciones o de nuevas zonas de desarrollo que se quieren realizar. El proyecto pretende aprovechar la infraestructura ferroviaria ya existente en algunos de los estados, usando el derecho de vía del ferrocarril. Para el resto de la ruta, el 68% del proyecto, se tiene que gestionar el derecho de vía.

Incumplimientos y Controversias en su Ejecución

La principal obra de infraestructura impulsada por el gobierno federal en la península de Yucatán, el Tren Maya, se ha caracterizado por el incumplimiento de las leyes y normatividad aplicable. Los trabajos de la obra se iniciaron sin contar con las autorizaciones correspondientes. De hecho, cuando se inició la construcción del tramo 5 del proyecto, que va de Cancún a Tulum, la propia Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), entidad responsable de la obra, reconoció que no contaba con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) y que trabajaría con instituciones académicas para dar cumplimiento a la normatividad.

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Sin embargo, iniciar los trabajos sin la MIA ni la autorización de ésta por parte de la SEMARNAT constituye una violación flagrante de las leyes y por lo tanto de los derechos de las personas a contar con un medio ambiente sano. El artículo 28º de la LGEEPA establece que antes de iniciar cualquier desmonte o actividad de construcción se debe contar con una MIA aprobada. De igual manera, se incumplió el artículo 93º de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable (LGDFS) que obliga a la presentación de un estudio técnico justificativo para el cambio de uso de suelo.

Consultas Indígenas Inadecuadas

El 15 de noviembre de 2019 inició un proceso de consulta indígena que se realizó de forma simultánea en diversos municipios del sureste mexicano, con una sesión informativa y otra deliberativa, donde participaron autoridades y personas de comunidades indígenas. No obstante, la “consulta indígena” sobre el Tren Maya no fue convocada con el propósito de obtener el consentimiento de los pueblos y comunidades indígenas, como establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, ni fue previa, culturalmente adecuada, informada, ni de buena fe.

El proyecto del Tren Maya no fue decidido por el pueblo maya, ni por otro pueblo indígena mexicano, sino que el nombre busca apropiarse de la denominación cultural indígena del pueblo maya, con el propósito de hacerlo más amigable. Al tratarse de una obra de gran magnitud que implicaba la realización de trabajos sobre territorios indígenas, las autoridades promoventes del megaproyecto debieron realizar un proceso de consulta para obtener el consentimiento de las comunidades, como está establecido en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, del cual México es firmante. El gobierno mexicano, en los últimos meses del 2019, convocó a representantes de ejidos a una “consulta indígena” en la cual se informó a los comisariados ejidales asistentes de los beneficios que traería el desarrollo de la obra, y ofreció el mejoramiento de los servicios públicos en cada comunidad.

Frente a ello, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) señaló que el ejercicio de consulta indígena realizado del 15 de noviembre al 15 de diciembre de 2019 por el gobierno federal, en relación con el “Proyecto de desarrollo Tren Maya”, no cumplió con todos los estándares internacionales en la materia. El Alto Comisionado también señaló que “la convocatoria, el protocolo y la información presentada sólo hacían referencia a los posibles beneficios del proyecto y no a los impactos negativos que pudiera ocasionar”. Dada esta situación, varios integrantes del pueblo maya peninsular y ch´ol interpusieron una demanda de amparo ante el Poder Judicial, logrando la suspensión del proyecto en el territorio del municipio de Calakmul, Campeche.

Graves Impactos Ambientales

El proyecto del Tren Maya y las obras conexas implican numerosos riesgos e impactos ambientales a todo el sureste mexicano, zona de alta riqueza biológica e importancia para la conservación y protección de la selva maya, del acuífero y de la biodiversidad. Aunque la falta de certeza sobre el trazo final del proyecto impide identificar los impactos puntuales que se pudieran ocasionar al hábitat y a los ecosistemas terrestres y costeros, es posible identificar que el Tren Maya y las obras conexas causarán diversos riesgos e impactos ambientales.

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Especialistas ambientales han manifestado su preocupación en torno a la ruta del Tren Maya, la cual atraviesa una región con diversidad biológica y cultural única, así como en la evaluación económica del impacto ambiental que deberá retroalimentar la factibilidad y el análisis costo-beneficio del proyecto. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha advertido que el proyecto impactará en diversos municipios de Chiapas y Tabasco, las selvas altas, los pantanos y sabanas; en la Península de Yucatán impactará los macizos de selva más grandes y en mejor estado de conservación de México y Mesoamérica, áreas con manglar y otros humedales. Estos ecosistemas sufrirán alteraciones (degradación, fragmentación y deforestación) asociadas con la construcción, circulación y desarrollo propuesto por el proyecto del Tren Maya.

Fragmentación de Ecosistemas y Deforestación

La fragmentación del territorio romperá y dividirá los ecosistemas terrestres de la Península de Yucatán. El proyecto Tren Maya afectará 23 Áreas Naturales Protegidas (incluidas las Reservas de la Biosfera de Sian Kaan y Calakmul), 7 Regiones Terrestres Prioritarias, 11 Regiones Hidrológicas Prioritarias y 10 Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves. Las obras propuestas acrecentarán la fragmentación y la pérdida de conectividad ecológica entre las áreas de conservación, favoreciendo la reducción de la cobertura boscosa, el aislamiento de las poblaciones de flora y fauna, la interrupción de los corredores biológicos, el cambio de microclimas, la transformación del hábitat y la extinción de especies.

El impacto del proyecto sobre la cobertura forestal existente en la Península de Yucatán es grande. De acuerdo con la Serie VI de la cobertura de uso de suelo y vegetación, publicada por INEGI (2018), el 71% (2,578 ha) de la superficie que será devastada corresponde a selvas húmedas y secas. En particular, el proyecto cruza áreas de gran importancia para la conservación de la selva como la región de Calakmul. Para la construcción del terraplén donde se instalaron los durmientes y rieles del Tren Maya fue necesario nivelar el terreno con el relleno de miles de toneladas de piedra y sascab que fue extraído en bancos de materiales que se construyeron a partir de la deforestación y excavación de terrenos forestales de entre 10 y 100 hectáreas cada uno.

Asimismo, la construcción de infraestructura vial, estaciones del ferrocarril y los polos de desarrollo acrecentarán las actividades agropecuarias, los asentamientos humanos y las actividades turísticas, y por lo tanto acelerarán el cambio de uso de suelo en toda la Península de Yucatán, afectando la cobertura forestal.

Agotamiento y Contaminación del Acuífero

El agotamiento y la contaminación del acuífero de la Península de Yucatán son preocupaciones centrales, ya que la única fuente de abastecimiento de agua para todos los usos en la Península es el agua subterránea. Con el proyecto se afectarán diversos cuerpos de agua superficiales, entre los que destacan lagunas perennes e intermitentes, zonas de inundación, aguadas, jaguey, escurrimientos temporales y humedales, sobre todo en los municipios de Benito Juárez, Tulum, Felipe Carrillo Puerto, Pedro Antonio Santos, Bacalar y Othón P. Blanco del estado de Quintana Roo; Calakmul del estado de Campeche.

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El Conacyt ha determinado que el Tren Maya tendrá un impacto negativo en los servicios ambientales que brindan los ecosistemas que serán afectados, en particular en el anillo de cenotes denominado en 2013 como Reserva Geohidrogeológica y en las selvas de la región de Calakmul, donde las aguas cosechadas son transportadas y acumuladas para, en algún momento, fluir hacia los principales sistemas costeros de la Península de Yucatán. Además, la Península de Yucatán no tiene un sistema de recolección de residuos capilar, sino que en muchos municipios los habitantes queman los residuos al aire libre. Asimismo, no cuenta con un sistema de alcantarillado eficiente y en funcionamiento en todos los municipios, siendo las descargas de aguas residuales uno de los principales problemas de contaminación del agua subterránea en la península de Yucatán.

Las actividades turísticas y los nuevos centros urbanos traerán consigo aumento de población. Ello ocasionará un incremento en la generación de residuos, así como contaminación que se filtrará en el acuífero, debido al tipo de suelo kárstico, a su alta permeabilidad, a la ausencia de un medio poroso que sirva de material filtrante, así como a la escasa profundidad del nivel del agua subterránea.

Riesgos para la Biodiversidad y la Salud

El proyecto impactará el área donde se albergan diversas especies, como por ejemplo árbol de ramón, cedro, ciricote, especies de mangle, especies de palmas; jaguar, ocelote, tapir, mono aullador, mono araña, especies de tortuga, tlacuache, cacomixtle, mapache, puma, cocodrilo, especies de serpientes, especies de murciélagos, especies de iguanas, guacamaya, flamenco, quetzal, tucán, gran variedad de aves residentes y migratorias, entre muchas otras, que están catalogadas como amenazadas, sujetas a protección especial o en peligro de extinción o que cuentan con protección especial por diversas normas. En particular, se han señalado los graves impactos a la biodiversidad en la zona de Calakmul que causará el proyecto. Asimismo, entre los efectos más comunes de la infraestructura ferroviaria se encuentran los atropellamientos de fauna y el efecto de barrera, por lo cual los ecosistemas pierden conectividad.

El Tren Maya y las obras conexas generarán un aumento del ruido en diversos municipios de la Península de Yucatán. El Estado mexicano no tiene información relacionada con el ruido que causará el proyecto y las medidas tomadas para mitigarlo, tanto en su construcción como en su operación. El ruido del proyecto puede afectar a la salud humana y causar impactos severos al ser humano.

Impactos Sociales y Derechos Humanos

El Tren Maya causará diversos impactos sociales, pues es una propuesta de desarrollo diversa a la cultura de las comunidades indígenas, campesinas, pesqueras que ahí se encuentran, además de que exacerbará la desigualdad y marginación entre las personas que viajan y los habitantes que ofrecen servicios. En México, muchos de estos megaproyectos se encuentran planeados, aprobados y ubicados en áreas rurales donde se encuentra parte significativa del patrimonio biocultural del país y en donde habitan comunidades indígenas y campesinas. A causa de la política económica y social que prevalece, se están generando diversas violaciones a los derechos humanos colectivos, puesto que no se respetan ni garantizan derechos humanos como la autonomía, el territorio, el acceso tradicional a los recursos naturales, el medio ambiente sano, así como el acceso a la información, a la consulta y demás derechos vinculados.

No se ha ofrecido información adecuada y fidedigna sobre el proyecto y no se ha permitido una participación real y eficaz en la toma de las decisiones, y ya se está viendo un deterioro en el tejido social y división comunitaria entre quienes aprueban y quienes rechazan el proyecto. El derecho de los pueblos y comunidades indígenas a la autonomía y libre determinación como un derecho humano reconocido en la Constitución y en varios instrumentos internacionales ratificados por México no ha sido respetado, puesto que el proyecto no fue decidido por ellos.

En otros proyectos con un esquema de desarrollo de industria turística masiva, se ha observado el despojo de tierras y tradiciones culturales, así como la comercialización de las culturas, de los sitios sagrados, de los saberes y las memorias ancestrales y de los productos artesanales, además del acaparamiento de territorios y tierras indígena y campesina. Esta transformación de las dinámicas sociales, culturales y económicas de la región desplazan los medios y formas de vida de las familias campesinas que cada vez sufren mayor hostigamiento para despojarlos de sus tierras y recursos naturales. En el caso del Tren Maya, se ha planteado que las personas que tienen propiedades sobre el área del proyecto puedan participar en el fideicomiso Tren Maya, aportando en dotación, como soporte material y financiero, sus tierras.

La realización de la obra ha generado la inconformidad de decenas de comunidades indígenas, académicos, investigadores y organizaciones de la sociedad civil por los severos daños e impactos negativos que ha ocasionado a los territorios comunitarios como la afectación de humedales, cenotes, cavernas subacuáticas, fauna silvestre, flujos de agua, familias desplazadas y miles de hectáreas deforestadas. El proyecto pone en riesgo también el manejo tradicional del agua que han hecho los pueblos indígenas en la Península de Yucatán. Los principales asentamientos indígenas se encuentran en los estados de Yucatán y Campeche, en zonas que generalmente carecen de servicios de agua potable entubada y drenaje.

La Perspectiva Financiera y Económica para el Contribuyente

Desde la perspectiva del contribuyente, el Tren Maya presenta desafíos económicos significativos. En 2026, el gobierno federal planea destinarle 30 mil millones de pesos, mientras que sus ingresos estimados rondan apenas los 1,271 millones. Es decir, por cada peso que el Tren genera, necesita más de veinte pesos en subsidios. Para un empresario privado, sostenerla sería una decisión irracional.

El Tren Maya no se financia solo. México destina apenas el 2.6 % del PIB en salud, cuando la OMS recomienda un mínimo del 6 %. En otras palabras, los impuestos de los ciudadanos se están destinando a un proyecto que no cubre necesidades prioritarias. El Tren Maya no es un proyecto empresarial, sino un gasto político disfrazado de infraestructura. Desde la perspectiva de negocios, es inviable: no genera ingresos suficientes, su mercado es limitado y su operación es costosa e insegura. La verdadera pregunta no es si el Tren Maya algún día será rentable, sino cuánto más estarán dispuestos los mexicanos a pagar por sostener un proyecto que nunca debió plantearse como negocio. En el mundo de la empresa, un proyecto así se cancela. En el mundo de la política, se celebra como “logro histórico”.

Inviabilidad Financiera y Subsidios

El mercado es limitado: entre diciembre de 2023 y junio de 2025 transportó apenas 1.3 millones de pasajeros, una cifra muy por debajo de la meta inicial de 3 millones anuales. En el mundo de los negocios, una empresa que no genera ingresos suficientes ni tiene perspectivas reales de crecer se considera un activo improductivo.

Credibilidad Operativa y Costos Ocultos

Además de su inviabilidad financiera, el Tren Maya enfrenta un serio problema de credibilidad operativa. En tan solo 19 meses ha tenido cuatro descarrilamientos, el más reciente en agosto de 2025 en Izamal, Yucatán. Aunque no hubo heridos, estos incidentes evidencian deficiencias técnicas y de seguridad. Para un turista extranjero, la noticia de descarrilamientos recurrentes es suficiente para elegir otro destino. Para un empresario, es la confirmación de que el proyecto no cumple estándares mínimos de confiabilidad. El gobierno ha presentado al Tren Maya como motor de desarrollo regional. Sin embargo, el desarrollo no se construye con infraestructura deficitaria.

Argumentos a Favor y Expectativas Oficiales

A pesar de las críticas, existen proyecciones optimistas sobre el impacto del Tren Maya. ONU-Habitat ha generado una base de datos con un total de 30 indicadores para 268 municipios de Campeche, Chiapas, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo, lo que permite conocer la situación previa a la construcción del tren y calcular su impacto en los años siguientes.

ONU-Habitat estima que, gracias al Tren Maya, de aquí al año 2030 se crearán 715,000 nuevos empleos en los 16 municipios con una estación de tren (en el análisis, se tuvo en cuenta el trazado propuesto inicialmente), 150,000 empleos en la economía rural asociada al tren y 80,000 más con los trabajos de construcción de los cinco primeros tramos en 2020. La probabilidad de integrarse en el mercado laboral es un indicador de inclusión productiva y social. En el caso de la población originaria, la llegada del Tren Maya favorecerá su empleo en trabajos directa e indirectamente asociados al ferrocarril. En total, se registrará un incremento del 38% con respecto a la población originaria ocupada en 2015.

Estimaciones de Impacto del Tren Maya por ONU-Habitat para 2030
Indicador Sin Tren Maya Con Tren Maya (estimado)
Empleos creados (total) -
  • 715,000 (16 municipios con estación)
  • 150,000 (economía rural asociada)
  • 80,000 (construcción en 2020)
Incremento empleo población originaria (vs. 2015) - 38%
Impacto económico local (crecimiento) 0.84 (1.5 billones MXN) 1.59 (2.1 billones MXN)
Descenso personas en situación de pobreza - 15%
Incremento años cursados (media) - 2 años

Si no existiera el tren, el impacto económico local (valor total de la producción y de la transformación de los bienes que se da en la región) crecería 0.84 (1.5 billones de pesos). Con el tren, el crecimiento será de 1.59, casi el doble (2.1 billones de pesos). Para 2030, las personas en situación de pobreza habrán descendido un 15% gracias al impacto económico del Tren Maya en la región sureste. La población pasará de los 12.1 millones actuales a 17.3 millones de personas. De ellas, 6.1 millones estarán en situación de pobreza. La cantidad de años cursados por cada habitante de 15 años o más en las localidades por las que pasará el Tren Maya se incrementará una media de dos años.

Aunque se espera desarrollo económico, es esencial abordar los impactos ambientales y contar con la participación de las comunidades locales para garantizar sostenibilidad. Si bien la mejora en la conectividad y el impulso al turismo pueden tener impactos positivos en la economía, las desventajas ambientales y sociales son significativas. Por ello, es esencial encontrar un equilibrio que permita el desarrollo económico sin comprometer irreversiblemente el medio ambiente y el bienestar de las comunidades locales. El éxito del proyecto no sólo depende de la infraestructura ferroviaria, sino también de la planificación efectiva y la gestión cuidadosa de aspectos ambientales y sociales.

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