Descubre qué es ECP Contabilidad y cómo transforma la gestión empresarialpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Los flujos de caja son una herramienta empresarial útil para el análisis de la liquidez y solvencia de las organizaciones. Esta información es proporcionada por el estado de flujos de efectivo (EFE), lo que lo convierte en un estado financiero indispensable para la toma de decisiones en la gestión empresarial (Arimany Serrat et al., 2015; Terreno et al., 2017).

Importancia del Estado de Flujos de Efectivo (EFE)

El EFE da cuenta de la variación del efectivo y sus equivalentes en una organización, resultante de sus actividades de operación, inversión y financiación. Así mismo, proporciona información sobre la capacidad que tiene la entidad para generar efectivo y las necesidades que tiene para utilizarlo (Duque-Sánchez, 2015). El EFE es importante en la gestión empresarial, más allá de lo normativo, porque muestra los movimientos del efectivo y equivalentes de efectivo de una entidad durante un periodo determinado, identificando el origen y el destino de los flujos que se han empleado en cada una de las transacciones de la organización (Duque-Sánchez, 2015).

Según Shamsudin y Kamaluddin (2015), el desempeño de las organizaciones no es posible realizar con tan solo información sobre las ganancias que arroja un estado de resultados. También es necesario detallar la capacidad de las compañías para generar determinados niveles de efectivo, con el fin de evaluar la supervivencia de las organizaciones.

Hasta la fecha de la investigación, se tiene certeza de que este trabajo es uno de los primeros en explorar las prácticas de presentación y revelación del EFE en el marco de las NIIF, lo cual tiene implicaciones relevantes para los preparadores y usuarios de la información, ya que lo analizado sirve como base para la preparación de futuros EFE, además de que les permite a los inversionistas tomar decisiones de inversión y financiación, y a los académicos considerarlo como base para investigaciones posteriores. Esto trajo consigo cambios drásticos en las políticas y la presentación de los estados financieros (Ferrer de la Hoz, 2013).

Reportes Financieros y la Información Corporativa

Para la presentación de información corporativa y los estados financieros, las organizaciones cuentan con opciones de reportes, las cuales dependen de qué tantos datos financieros y no financieros se desean proporcionar a los usuarios de la información para la toma de decisiones; de qué imagen general se quiere mostrar de cada compañía que informa, haciendo énfasis en aspectos estratégicos, de gobierno y creación de valor (Navarrete y Gallizo, 2019); y de qué tanta credibilidad quiere alcanzar la entidad frente a los inversionistas y los usuarios para tomar diversas decisiones (Véliz y Carpio, 2019).

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El Reporte Financiero, también conocido en el mundo empresarial y la literatura como Reporte Anual (Venturelli et al., 2018), se enfoca principalmente en la información financiera obligatoria que debe revelar la entidad, es decir, los informes de gestión, los estados financieros y las notas. Este reporte viene acompañado de la certificación a los estados financieros, por el informe de auditoría externa (revisoría fiscal en el caso de Colombia), en donde se muestra la opinión sobre la fiabilidad de los estados financieros de expertos externos a la empresa (Bonsón Ponte et al., 2009).

Por su parte, el Reporte Combinado incluye la información financiera obligatoria (Reporte Financiero) y el informe de sostenibilidad, que corresponde a las revelaciones en temas ambientales, sociales y de gobierno corporativo (Correa-García et al., 2018). El reporte financiero presenta información regulada, es decir, los estados financieros, sus respectivas notas y el informe de auditoría (Véliz y Carpio, 2019), mientras que los reportes combinados incluyen el informe anual (financiero) y el informe de sostenibilidad en uno solo (Bonsón Ponte et al., 2009).

En estos reportes, las entidades presentan bajo NIIF los cuatro estados financieros obligatorios, que son el Estado de Situación Financiera (ESF), el Estado de Resultados Integrales (ERI), el Estado de Cambios en el Patrimonio (ECP) y el Estado de Flujos de Efectivo (EFE); adicional a ello, se deben presentar las notas. A pesar de que la información presentada en los estados financieros es de importancia para la toma de decisiones de los usuarios de la información, a menudo las empresas solo presentan el EFE por ser obligatorio (Correa, 2005).

Evolución Normativa del EFE

El EFE ha tenido una evolución constante en cuanto a su normatividad, pero esta no ha tenido cambios sustanciales en relación a la información revelada por el Estado (Rondi et al., 2017). En principio, se menciona el EFE en el Decreto 2469 de 1993, y a partir de allí se empieza a tener en cuenta en las demás normas contables. Actualmente, el EFE se encuentra expresamente reglamentado en la NIC 7, la cual presenta definiciones asociadas al mismo, suministra información de cómo debe ser presentado y, a su vez, qué partidas contables deben ser clasificadas en los flujos de efectivo de cada actividad, tema que en la normatividad había estado ausente (Duque-Sánchez, 2015). Esta norma plantea que hay dos métodos para informar los flujos de las actividades de operación: el directo y el indirecto.

Presentación y Revelación de Rubros según la NIC 7

En cuanto a la presentación y revelación de los rubros, la NIC 7 establece que las empresas deben informar, por separado, en términos brutos, las principales categorías de cobros y pagos procedentes de las EAI y EAF, a excepción de los cobros y pagos por cuenta de clientes y de las partidas en las que la rotación es elevada, los importes son grandes y el vencimiento es próximo, que se deben revelar en términos netos.

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Según estudios realizados por Gordon et al. (2017), Costa et al. (2019), Martínez et al. (2011) y De Souza Maciel et al. (2020), la clasificación de estos rubros por parte de las compañías se hace normalmente en dirección a aumentar los flujos operativos, pues esto ayuda a mejorar los indicadores a la hora de realizar valoraciones o contrataciones. Los autores concuerdan en que los principales determinantes e incentivos para que las empresas aumenten su EAO están dados por el nivel de dificultades financieras y apalancamiento que poseen, la rentabilidad que se pretenda lograr, la calificación crediticia que tiene la empresa en el largo plazo y la participación en el mercado de capitales; así mismo, se tienen en cuenta determinantes secundarios tales como el tamaño de la empresa y el sector en que se encuentra.

A su vez, Oliveira-Morais y Fernandes-Martins (2016), Baik et al. (2016) y De Souza Maciel et al. (2020) encontraron que las empresas aprovechan la flexibilidad que otorga la norma, pues con el objetivo de aumentar el EAO y así ser más atractivas financieramente para analistas e inversionistas, la mayoría opta por clasificar los intereses pagados en el EAF y los intereses recibidos, los dividendos recibidos y los impuestos en el EAO, situación que también se encontró en los trabajos de Gordon et al. (2017).

El Ciclo de Vida Empresarial y los Flujos de Efectivo

La capacidad de una empresa para generar efectivo a partir de sus actividades es un determinante fundamental para su supervivencia y crecimiento (Bruwer y Hamman, 2005), y se puede determinar mediante el análisis de los signos de los flujos de efectivo de las diferentes actividades, los cuales permiten identificar la etapa del ciclo de vida en la que se localiza cada organización.

  • Etapa de Introducción: Está normalmente compuesta por empresas nuevas en el mercado, para las cuales es muy probable que no haya ganancias inicialmente, pues los gastos y costos relacionados con el establecimiento de la misma a menudo superan los ingresos (Bruwer y Hamman, 2005). Además, debido a que en esta etapa la penetración en el mercado y la clientela establecida es baja y hay una alta inversión de capital de trabajo, el EAO que exhiben las empresas es negativo (Terreno et al., 2017).
  • Etapa de Crecimiento: Una vez las empresas empiezan a generar ingresos suficientes para obtener utilidades y cubrir sus operaciones básicas, comienza la fase de crecimiento, la cual se caracteriza por el incremento rápido de las operaciones relacionadas con el objeto social, invirtiendo en el capital de trabajo y obteniendo un EAO positivo (Terreno et al., 2017).
  • Etapa de Shake-out o Reestructuración: Las empresas en la etapa de shake-out o reestructuración son aquellas que están en un crecimiento negativo en su proceso, lo que conduce a un flujo de efectivo positivo decreciente o negativo en las actividades operativas (Dickinson, 2011).
  • Etapa de Declinación: Por último, en la declinación las empresas siguen el patrón iniciado en la etapa anterior, con un continuo deterioro, en donde tiende a persistir la disminución de las ganancias que, acompañada de la insolvencia financiera, puede generar flujos operativos negativos (Terreno et al., 2017). De acuerdo con Kepçe (2017), las empresas en esta etapa recurren a vender los activos fijos, ya que no pueden generar suficiente efectivo en las operaciones, presentando así un EAI negativo.

Metodología de Análisis

La investigación se basa en un análisis de contenido, definido por Andreu (2002) como una técnica basada en la interpretación de textos o toda clase de registro de datos, que parte de recolección de información a través de una lectura "sistemática, objetiva, replicable, y válida" (p. 2), lo cual lo convierte en un "método válido y replicable a través de inferencias estadísticas desde el texto a sus fuentes y propiedades" (p. En esta categoría se muestran los resultados sobre cómo las compañías están presentando la información financiera,...

Las variables se agruparon en tres categorías de análisis: 1) aspectos normativos y de presentación; 2) flexibilidad en la presentación del EFE; y 3) perfil del EFE (Baik et al., 2016; Costa et al., 2019; Dickinson, 2011; Gordon et al., 2017). Dentro de la primera categoría se incluyen variables tales como tipo de reporte de cada empresa, su extensión, la cantidad de notas que presenta, el marco normativo contable con que se presenta la información y la identificación de la revisoría fiscal; en cuanto al EFE, algunas variables son la cantidad de notas y el análisis de revelación a valores brutos o netos.

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La segunda categoría de análisis presenta variables relacionadas específicamente con algunos rubros sobre los cuales la NIC 7 presenta flexibilidad en cuanto a su clasificación en el EFE: intereses pagados y recibidos, dividendos recibidos e impuestos. Estas variables de flexibilidad en la presentación del EFE han sido estudiadas previamente por Gordon et al. (2017), Costa et al. (2019), Lee (2012), Baik et al. (2016) y De Souza Maciel et al.

Por último, en la tercera categoría se tienen variables que dan cuenta de los resultados de los flujos de efectivo de las actividades de operación, inversión y financiación, con la idea de conocer si son de signo positivo o negativo, lo cual permitirá determinar en qué estado de bienestar financiero se hallan las empresas elegidas en sintonía con los estudios previos de Yepes y Restrepo (2016), Kordestani et al. (2011), Dickinson (2011), Shamsudin y Kamaluddin (2015), Terreno et al. (2017), Arimany Serrat et al. (2015) y Gup et al. (1993).

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