El origen de la contabilidad como herramienta para llevar registro y control de los bienes y transacciones humanas se remonta a los inicios de la historia. La humanidad siempre ha tenido diversas necesidades y, si bien es cierto que en cada una de las épocas, éstas no han sido las mismas, nos hemos visto en la constante necesidad de llevar a cabo un control y registro de todas las transacciones o hechos económicos que se derivan de su actividad.
Por lo tanto, desde tiempos muy remotos la contabilidad ha tenido su cauce en la cotidianidad de cada una de esas épocas, adaptándose a las características del momento. Sin embargo, su objetivo se ha preservado: tener conocimiento e información respecto de los bienes, derechos y obligaciones con las que cuenta.
Un Vistazo a los Inicios de la Contabilidad
Diversos historiadores han demostrado que el ser humano ha necesitado hacer cuentas y dejar constancia de su actividad económica, así como de su patrimonio. Es decir, de los bienes que elaboraba y los que recolectaba en su momento, de los que cazaba, de los que consumía y de los que aún poseía; bienes que mantenía guardados o almacenados, que prestaba y/o de los que enajenaba por lo que a lo largo del tiempo ha empleado técnicas contables para proyectar este intercambio comercial.
Las primeras civilizaciones se las ingeniaron para dejar constancia de lo anterior mediante símbolos y elementos gráficos, por ejemplo, los jeroglíficos de la época egipcia, mientras que años más tarde aparecería la escritura babilónica, el alfabeto fenicio, el alfabeto griego y por último el abecedario latino.
El Renacimiento y los Primeros Teóricos de la Contabilidad
Se tiene información de que, en el Renacimiento, Benedetto Cotrugli Raugeo fue el pionero del estudio de la contabilidad ya que en 1458 concluyó su obra Della mercatura et del mercante perfetto, en la que se muestra el registro de operaciones mercantiles por partida doble, la cual fue impresa hasta 1573. Sin embargo, en 1494 aparece Fray Luca Pacioli, considerado como el padre de la contabilidad por su obra publicada en Venecia titulada La Summa de Arithmética, Geometría Proportioni et Proportionalitá, en la que se documentó por primera vez el concepto de principios contables y el de partida doble, explicándolo a detalle, así como los distintos libros contables utilizados en su época. De igual forma se aprecia la creación del método: la teoría y la práctica interdisciplinaria.
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El hecho de que desde tiempos remotos las civilizaciones llevaran registros y controles de sus bienes y transacciones, es un factor muy significativo ya que si estudiamos más a fondo la manera de organizar y cuantificar la economía de su momento, es decir, si alguna de estas civilizaciones tuvo un mayor nivel de administración sería sumamente interesante conocer si fue un factor que la llevó a perdurar más en el tiempo en comparación con algunas otras. Esto no sería descabellado, puesto que si ya se llevaba dicho control significa que requerían tomar decisiones con base en los resultados de éste, como sucede con la contabilidad contemporánea. El impacto que tiene hacia las decisiones que se toman se ha adaptado con el paso del tiempo, sin embargo, jamás se ha extinto.
Ahora bien, la trascendencia de la obra de Pacioli en la actualidad es indiscutible y notoria, ya que sin esta publicación detallada respecto de cómo llevar la contabilidad, sería incierto saber cómo sería su proceso al día de hoy, ¿cuánto tiempo más habría transcurrido para que las entidades que se formaron años después llevaran un proceso basado sobre una misma línea? Es incluso tan importante en ese momento histórico, ya que cuando se comenzaron a formar negocios que dependían de más de una persona -porque había más de un propietario y por lo tanto varios a cargo de la entidad-, la necesidad de llevar contabilidad era imperiosa, ya que no sólo una persona era la interesada de esta información.
Dicho lo anterior, no cabe duda de que la contabilidad es una actividad que, a pesar de haber tenido diferentes formas de plasmarse a lo largo de la historia, su objetivo ha estado encaminado a un mismo fin, de tal manera que los individuos interesados tuvieran al alcance conocimiento estadístico respecto del estado de su economía catapultando las decisiones que se tomasen siempre con la intención de mejorar.
Historia de la Contabilidad Pública
La contabilidad gubernamental provino primero de España, que como Estado conquistador fue consciente de su importancia y por ello vinculó como partícipes indispensables de toda expedición, junto a los militares, al geógrafo, el cura doctrinero y el contador, organizando las cuentas de la Colonia desde sus inicios. España consolidó la organización contable sobre criterios de la cultura latina, consecuencia de su actitud abierta al arte y el conocimiento europeo de la época.
En 1263 Alfonso el Sabio ordenó la organización de las cuentas reales e impuso a los funcionarios encargados de la administración, la obligación de rendir cuentas, practica regulada totalmente en 1436, cuando la función de vigilancia se asigno a los Oidores de la Real Audiencia; en 1476 se emiten ordenanzas reales estableciendo la forma de rendir las cuentas. Todas las prácticas fueron trasplantadas a la Nueva España (América española), con la designación de contadores reales, quienes junto con su nombramiento recibían una cédula de instrucciones con elaborados reglamentos de contabilidad fiscal y forma de llevar los libros. A partir de 1551 el rey Felipe II ordena llevar contabilidad por partida doble, procedimiento retractado en 1923, cuando se retornó a la partida simple y los sistemas de caja.
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Durante este siglo largo de historia, la contabilidad se caracteriza por la incertidumbre de su quehacer y la responsabilidad de su construcción. La responsabilidad de la elaboración de información contable se desplazó reiteradamente de las ramas ejecutiva, a legislativa y judicial del poder público, sin establecer un criterio acertado sobre la importancia administrativa de la contabilidad, cuya práctica fue accidentada e intermitente, siendo normal su abandono en épocas de guerra, constituyendo los eventos bélicos, tan rutinarios en el pasado siglo, el argumento justificativo ante el parlamento para no informar las cuentas de la Nación.
A continuación, algunos hitos en la historia de la contabilidad pública:
- 1819: Se determina la vigencia de las normas contables del gobierno español, restableciendo el Tribunal de Cuentas y creando una Dirección y Superintendencia General de la Hacienda.
- 1824: Por Ley del 3 de agosto se suprime la Contaduría General de la Hacienda, se crea la Dirección General de Hacienda, con Contadurías Seccionales, formada por cinco directores. Se reglamenta el pago de la deuda pública y el libro de la deuda nacional.
- 1846: La Ley del 9 de junio reglamenta el funcionamiento de la Contaduría General de la Hacienda y determina trámites para el fenecimiento de cuentas.
- 1847: Por Ley séptima se establece la Corte de Cuentas, compuesta por un juez y sus jueces auxiliares nombrados por el ejecutivo, con funciones de examen y fenecimiento de cuentas en primera instancia.
- 1850: La Ley 20 crea la Oficina General de Cuentas sustituyendo a la Corte de Cuentas, dirigida por un Contador Mayor Presidente.
- 1857: Por Ley del 19 de febrero los contadores de la Oficina General de Cuentas pasan a ser nombrados por el Congreso.
- 1912: Se deroga el Código Fiscal de 1873 determinando que la Corte de Cuentas tendrá diez magistrados, nombrados por el Tribunal Supremo de lo Contencioso Administrativo para períodos de cuatro años y se reglamenta su funcionamiento. La Ley 110 del mismo año determina procedimientos para el cálculo de rentas.
- 1918: Se eleva el número de magistrados a trece, los cuales son nombrados seis por la Cámara de Representantes y siete por el Senado para períodos de cuatro años.
Esta etapa tiene su origen en la aplicación de las recomendaciones de la Misión Kemmerer, que visitó con fines de monitoreo económico a nuestro país en el año de 1923 a instancias del gobierno de Pedro Nel Ospina. Colombia llegó por entonces a un punto crítico de su desarrollo Económico, consolidándose como República agro exportadora, requiriendo de manera inaplazable una reconversión de su estructura para los fines del comercio exterior.
La necesidad de obras de Infraestructura que dieran integración a las zonas de producción con las vías a la exportación no aceptaban aplazamientos y requerían una financiación, por política monetaria considerada imposible a nivel interno, encontrando como alternativa recursos externos. El mayor oferente internacional de crédito era el triunfador de la primera guerra mundial, Estados Unidos, país con significativos desarrollos del saber administrativo, financiero y económico; en virtud de tal conocimiento no arriesgaba sus recursos.
Por eso hizo exigencias a Colombia para que organizara sus finanzas y demostrara tener la capacidad de pago suficiente para responder por sus acreencias, enviando a sus consultores encabezados por Edwin Walter Kemmerer, especialista en moneda y banca, quien se acompañó del experto en presupuesto y contabilidad, Joseph T. Byne, el experto en aduanas, W. W. Renwick, el experto en crédito público, Walter E. Laguerquist, y el experto en impuestos y rentas Kossuth Williamson, además de personal auxiliar, apoyados por contables colombianos como Leopoldo Lascarro, Regulo Domínguez y Rafael Caballero.
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